F.P.Yockey - Imperium

La Editorial

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LA SITUACION MUNDIAL

 

"La imaginación gobierna el mundo"
NAPOLEON

"Para las tareas del próximo siglo, los métodos de la representación popular son los más inadecuados que se pueden imaginar. La condición de Europa propiciará de nuevo la eclosión de virtudes viriles, porque los hombres vivirán en peligro permanente. Yo veo, por encima y más allá de todas esas guerras nacionales, nuevos Imperios y todo lo demás que aparece en primer plano. Lo que me interesa: algo que ya se insinúa lentamente, y con dudas, es la Europa Unida. Las naciones que llegaron a ser algo nunca llegaron a alcanzar su condición mediante instituciones liberales. Los grandes peligros hicieron de ellas algo que merece reverencia; ese peligro que es lo único que puede hacer que nos demos cuenta de nuestros recursos, nuestras virtudes, nuestros medios de defensa, nuestras armas, nuestro genio... que nos impulsa a ser fuertes."
NIETZSCHE

"El Pacifismo siempre será un ideal; la guerra, un hecho; y si la raza blanca decide no guerrear más, las razas de color lo harán y se convertirán en dueñas del mundo".
SPENGLER

 

 

EL MUNDO POLÍTICO

La Política se relaciona con la Guerra, y la Guerra utiliza la Estrategia. La Estrategia implica inmediatamente las realidades fundamentales de la geografía física y humana. Y también un examen de los hechos y las posibilidades de la política mundial comienza con la geografía.

En esta Edad de la Política Absoluta, todo el globo terráqueo es el objeto de los instintos del poder, tanto de la Civilización Occidental, como, por un proceso de negación externa que es tan completo como la afirmación Imperialista Occidental, de las fuerzas extra-Occidentales. Por lo tanto, la imagen geográfica general del planeta es el punto de partida.

Dividiendo el mundo en dos hemisferios longitudinales a lo largo del Meridiano 20, se ve que en el Hemisferio Oriental se encuentra la gran masa de tierras que abarca Asia-Africa, las apartadas islas de Australia y Oceanía, y la mayor parte de la Antártida. Estas tierras representan, en total, más de cien millones de kilómetros cuadrados. En el Hemiferio Occidental se hallan las dos islas conexas, el Norte de Sudamérica y parte de la Antártida. Esas áreas tienen una extensión de cuarenta y siete millones de kilómetros cuadrados, es decir, menos de la mitad del Hemisferio Oriental. Más importante que el área es la población, ya que poder significa control sobre la gente, y ésta sólo puede ser controlada políticamente allí donde está. La población del Hemiferio Oriental es, aproximadamente, de 1.700.000.000 de personas, mientras que la del Occidental es sólo de 300.000.000.

Esto significa que el mundo — políticamente hablando — se encuentra en el Hemisferio Oriental. El planeta puede también ser dividido en un Hemisferio Norte y un Hemiferio Sur, a lo largo del Ecuador. De acuerdo con tal división más de las 9/10 partes de las tierras y de la población se hallan en el Hemisferio Norte. Si el planeta se divide en cuadrantes, puede verse que más de la mitad de la población de la gran masa de tierra Asia-Africa o, aproximadamente, la mitad de la población total del planeta, se encuentra en el cuadrante Nordeste. Esto incluye Europa, la mayor parte de Rusia, India, Asia Menor y la mayor parte de Africa. Toda esta masa de tierra es contigua, si se exceptúan los cortes representados por los mares estrechos, el Mediterráneo, el Golfo de Arabia, el Golfo Pérsico, el Báltico. Toda esta zona es controlable por una potencia terrestre, a pesar de los mares estrechos, cuyas entradas pueden dominarse desde tierra firme.

Es, pues, completamente obvio que el control mundial significa, en primera instancia, el control de este cuadrante Nordeste. En segunda instancia el control mundial significa el dominio de la masa terrestre Asia-Africa. En tercer lugar, presupone el control del Hemiferio Norte, y, en fin, el control de todos los mares y tierras del planeta. Al ser la zona más importante, el cuadrante Nordeste es el foco de todo el Imperialismo del siglo XX.

Estos hechos geográficos fundamentales son la base de todo pensamiento político a larga escala. La base, pero no la fuente, ya que el origen del gran pensamiento de cualquier clase es una Gran Cultura, haciéndose efectiva a sí misma a través de un estrato de seres humanos portadores de Cultura. La ciencia de la geopolítica fue un sistema de conocimiento creado por una Gran Cultura que había llegado a la etapa del Imperialismo ilimitado, la Epoca de la política Absoluta. No obstante, llevaba consigo una carga de pensamiento materialista que fué causa del error de creer que el origen, determinación o motivación de la política se basaba en hechos físicos. Esto fue un error absoluto, ya que todo el Materialismo, como descripción de los hechos, es un error absoluto. El origen de las ideas, los impulsos, la experiencia, es el alma. El origen de la política misma es el alma humana. El origen de la gran política creativa es el alma de una Gran Cultura. El origen de la política destructiva está en la negación, por las almas de los pueblos externos, del imperativo político de una Gran Cultura.

En la presente etapa de la Civilización Occidental, la motivación de la política está en la Cultura, y ya no en el nacionalismo o en la economía, como sucedió a menudo en el siglo XIX. La unidad espiritual de la Civilización Occidental y sus colonias es un hecho, y este hecho primordial es la fuente de la gran contienda política en este siglo. El imperialismo ilimitado de Occidente ha creado en los pueblos externos una voluntad igualmente fuerte de destruir el Imperialismo Occidental. La única manera de conseguirlo es mediante su propio imperialismo. Así la idea de Imperio domina la forma de la lucha mundial de este siglo y del siguiente. Que uno esté al servicio o se oponga a ello no importa, ya que está forzado por su universalidad.

El error de la geopolítica consistió en creer que lo externo podía determinar lo interno. Pero el alma es siempre primordial, y el uso que se haga de lo material, o de la posición geográfica, no es más que un mero reflejo del tipo de alma. Los indios americanos poseían muchos más recursos que los colonos americanos, pero su primitivismo técnico les dejó indefensos. No obstante, una superioridad técnica total no es superioridad material, sino superioridad espiritual.

La Geopolítica, habiéndose desarrollado en una etapa anterior, no se fundó en la visión del siglo XX sobre la historia y la política, sino en tácitas ideas materialistas arrastradas desde el siglo XIX. Las investigaciones de esta ciencia, no obstante, tienen un valor permanente, y su aserción del pensamiento de los grandes espacios fué, históricamente, una realización esencial. El nombre de Haushofer permanecerá en un lugar de honor y será honrado en el pensamiento Occidental. El Futuro de la geopolítica será la readaptación de toda la estructura a la fundamental orientación espiritual del mundo; la división entre Occidente y sus colonias por una parte, y las fuerzas externas por otra.

 

LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL

Después de la favorable conclusión por Inglaterra de la Guerra Boer en 1901, y el aplastamiento Occidental de la Revuelta Boxer en China, el mundo entero, con la excepción de unas pocas y pequeñas zonas, se hallaba bajo el dominio directo de Occidente y sus colonias. En el Lejano Oriente, sólo Japón y Siam estaban excluídas. En el Cercano Oriente, sólo Turquía, Persia y Afghanistan. En África, únicamente Abisinia y Liberia. En el otro hemisferio, sólo Haití y México. No obstante, existía un control Occidental indirecto sobre Turquía, México y Afghanistan. En el Islam y en China, los Occidentales gozaban de derechos de extraterritorialidad, dependiendo de sus propios tribunales y no de los tribunales locales. La actitud de los pueblos externos hacia los Occidentales era respetuosa y diferente. En una palabra: todo el mundo era políticamente pasivo.

Sólo esta pasividad hizo posible la grotesca desproporción entre el número de hombres y el control de territorios. En la India, por ejemplo, Inglaterra mantenía su dominio sobre 350.000.000 de sujetos con una guarnición de menos de 100.000 soldados. En el Motín Indio de 1857, Inglaterra se encontró con que su control de la India se había reducido, en unos cuantos días, a las zonas costeras y algunos puntos aislados en el interior. Así de fácilmente puede desvanecerse el dominio blanco sobre el territorio no-Occidental cuando las poblaciones sometidas se vuelven políticamente activas.

Junto con la pasividad política de los sujetos exteriores debe tenerse en cuenta un hecho importante en el monopolio de poder de Occidente antes de 1914. Este hecho era la solidaridad de los pueblos Occidentales. Paul Kruger fué un símbolo de esta solidaridad. En la Guerra Boer, a pesar de luchar contra fuerzas materiales netamente superiores, prohibió decididamente el uso, en sus ejércitos, de bárbaros negros contra ingleses blancos.

El genio político demostrado con su conducta no fué apreciado.

Dos grandes desarrollos históricos se producían en el mundo durante el período de preparación de la Primera Guerra Mundial: la aparición, en el alma Occidental, de la Idea supra-personal del Socialismo Etico como forma de la siguiente Edad Occidental; y el crecimiento, en las fuerzas exteriores, de una revuelta mundial contra los dominio de Occidente.

Estos dos acontecimientos fueron los verdaderos problemas de la Primera Guerra Mundial. Eran las tendencias históricas mundiales que formarían el contenido interno de la siguiente Guerra Mundial, el inexorable acercamiento de la cual era comprendido por todos los cerebros rectores de Europa. Este gran acontecimiento fué visto y descrito por muchos hombres de acción y pensadores; entre ellos, Rudolf Kjellen, Werner Sombart, Paul Rohrbach, Bernhardi, Lord Kitchener, Homer Lea.

La Edad del capitalismo estaba llegando a su fin. Inglaterra, el poder de la cual había sido creado por esta Idea que había estado a su servicio, había realizado completamente esta fase del desarrollo orgánico del Alma Occidental. Prusia-Alemania era la potencia que encarnaba la siguiente fase, la realización del Socialismo Ético. Así, el desarrollo interno de Occidente tendía a adoptar la forma de una contienda entre estas dos potencias.

Prusia-Alemania estaba en el estilo de nación de la Edad del Capitalismo. También era democrático-parlamentaria, y estaba comprometida en imperialismo comercial. Su diferencia con Inglaterra consistía en la presencia, en su seno, de la nueva Idea supra-personal del Socialismo Ético.

Inglaterra había conquistado, con su históricamente magnífico Imperativo Interno, el mayor imperio de la historia hasta aquel momento. El monopolio de poder mundial de Occidente se basaba primordialmente en el Imperio Británico. Para las fuerzas externas que se iban despertando en una actividad política anti-Occidental — en Africa, China, Japón, las Indias Orientales, Rusia — no existían diferencias entre las naciones Occidentales. El gran hecho del Nacionalismo Occidental era, ya en aquel tiempo, una gran ilusión, por la cual, no obstante, sólo los pueblos Occidentales sufrían. El mundo exterior sabía mejor que Occidente que éste era históricamente una unidad y no una colección de "naciones" espiritualmente soberanas.

La forma superficial de la Primera Guerra Mundial fué una contienda nacinalista entre dos naciones Occidentales al estilo del siglo XIX. Superficialmente, era Inglaterra contra Prusia-Alemania. Realmente, fue el Capitalismo contra el Socialismo. Superficialmente era una guerra entre dos coaliciones nacionalistas; realmente fue una guerra de las fuerzas externas contra toda la Civilización Occidental.

Hacia 1916, era completamente evidente que la contienda militar entre Alemania e Inglaterra era un empate, y que la continuación de la guerra entre ellas sólo traería como resultado una derrota para ambas. Conforme se iba alargando la guerra, más claro aparecía esto. Las famosas Veintiuna Demandas del Japón fueron una prueba para la fuerza Occidental en el Lejano Oriente, y Occidente sucumbió en medio de su guerra suicida. Japón iba ganando, obviamente, la guerra por el sólo hecho de permanecer alejado de ella. América de manera igualmente obvia, iba también ganando. La Revolución en Rusia demostró que todo el Occidente estaba perdiendo. El poder que había residido en Europa fué gradualmente transferido, según se iba prolongando la Primera Guerra Mundial, a las fuerzas externas: Japón, Rusia, América. Desde el anticuado punto de vista nacionalista Inglaterra estaba perdiendo, y desde el nuevo punto de vista, quien perdía era todo el Occidente. Si cerebros seniles y negativos no hubieran presidido los acontecimientos, se hubiera concluído una paz europea en 1916 para salvar la posición mundial de Europa. Pero cabezas débiles, pensamientos financiero-capitalistas y la rigidez mental, prevalecieron. No sólo se continuó la guerra suicida hasta el amargo final, sino que las fuerzas exteriores fueron movilizadas para tomar parte en la lucha.

Inglaterra y Francia reclutaron tropas de color de sus imperios coloniales para utilizarlas contra toda la Civilización Occidental... incluídas ellas mismas, ya que las fuerzas externas siempre habían considerado a Occidente como una unidad. El genio de Paul Kruger no había sido comprendido. Si la única manera de vencer a un oponente era el suicidio, la guerra había perdido toda significación, y debía terminar. Pero el darse cuenta de proposiciones simples como ésta sólo es asequible al Genio y éste no se hallaba presente en la cumbre de los asuntos europeos.

Durante más de un siglo, Inglaterra había sido el árbitro de Europa. Había conseguido impedir que surgiera cualquier potencia, mientras en cambio ella misma había mantenido unas comunicaciones ininterrumpidas con su imperio ultramarino. A consecuencia de ello, su supremacía comercial en el mundo era indiscutible y podía ganar cualquier mercado extranjero que deseara o necesitara.

En 1918, con su "victoria" en la Primera Guerra Mundial, Inglaterra se dio cuenta de que debía compartir los mares con América y el Japón. Su supremacía comercial había desaparecido, y su poderío militar había declinado rápidamente en beneficio de las potencias exteriores. Alemania había perdido en un sentido militar, pero aún había perdido mucho menos que Inglaterra ya que tenía menos que perder. Los vencedores verdaderos, los vencedores políticos, eran Japón, Rusia y — en un sentido puramente externo — América. El gran perdedor fue la Civilización Occidental.

Esto nos lleva a los resultados políticos, a gran escala, de la Guerra. Los problemas mundiales de 1914 eran dos; el interno del naciente Socialismo Ético, y el externo de la creciente revuelta mundial contra Occidente.

¿Cómo se resolvieron? El problema interno se resolvió de la única manera en que tal acontecimiento orgánico puede resolverse: el Socialismo triunfó sobre el Capitalismo, y a medida en que el tiempo pasó más claramente pudo esto comprobarse. El método de pensamiento y acción parlamentarios capitalista- materialista no pudo enfrentarse con la nueva situación mundial y sus problemas de organización. Se esparció la enfermedad sobre la Vida de Occidente: espiritual, política, social y económica. Esta enfermedad solamente podía ser curada por la nueva actitud del Socialismo Etico ante todos esos problemas. El problema grave, externo de la guerra fue resuelto contra Occidente. En todo el mundo, las poblaciones sometidas se agitaron amenazadoramente. Temblaron y se resquebrajaron los cimientos de los imperios de las naciones Occidentales de la vieja escuela.

Donde ayer el Occidental mandaba, hoy debía halagar y prometer. Donde antes podía moverse libre y orgullosamente, ahora debía ser circunspecto y temiendo como funcionario una revuelta y, como individuo, una muerte súbita. La carga de las tropas de ocupación bárbaras — de color — en una nación Occidental después de la Primera Guerra Mundial confirmó y fortaleció la revuelta externa contra Occidente. A los bárbaros se les inculcó el sentimiento de que podían mandar sobre el hombre blanco. La actividad anti-Occidental se enseñoreó de todo el mundo: en Sudamérica, México, Las Indias Orientales, Islam, Japón, China, Rusia. ¿Qué significó esto?

La base indispensable del dominio Occidental sobre todo el mundo externo había sido la pasividad política de los pueblos sometidos. Después de la Primera Guerra Mundial los súbditos se volvieron activos en la zona afroasiátia; empezaron a agitarse, rebelarse, oponerse, a boycotear, sabotear, exigir, esperar y odiar. La Guerra había minado los fundamentos del sistema mundial de Occidente.

El tercer resultado de la Primera Guerra Mundial se manifestó en la misma escala. Un viejo mundo espiritual fue barrido; todos los fundamentos espirituales del siglo XIX se desvanecieron. El individualismo económico, el parlametarismo, el capitalismo, el materialismo, la democracia, el pensamiento monetario, el imperialismo comercial, el nacionalismo y el mini-estatismo. El fin del capitalismo y el nacionalismo fue simbolizado por la creación y el genio de Benito Mussolini, que proclamó en la cara de la aparente victoria mundial de las ideas del siglo XIX, al voluntad de organización y el Imperativo Interno del siglo XX, el Resurgimiento de la Autoridad, y el Socialismo Etico. Precisamente cuando los ideólogos materialistas hacían ejercicios lógicos con la política internacional y creaban una estúpida e inútil "Liga de las Naciones", este heraldo del Futuro desafiaba al abortivo absurdo de Ginebra, reencarnaba la voluntad de poder y el heroísmo del hombre Occidental. Haciendo oír su voz por encima de los himnos a la "democracia", Mussolini habló del cadáver de la democracia.

La palabra nacionalismo cambió de significado después de la Primera Guerra Mundial. Si antes había significado pendencias fronterizas y patriotismo chauvinista, de entonces en adelante significó la idea de la unidad Occidental. Los "nacionalistas" en cada país buscaron el bienestar de sus propias patrias en la unidad Occidental, mediante el abandono de las guerras intra-Occidentales, lo que automáticamente crearía un nuevo organismo político.

El viejo mini-estatismo de Occidente fué, de hecho, destruido por la Primera Guerra Mundial, aún cuando ello no fuera históricamente visible en aquel tiempo. Ninguna de las anteriores "naciones" Occidentales tenía suficiente fuerza política para enfrentarse a las fuerzas políticas externas. En otras palabras, cada una había dejado de ser una unidad política apta para la gran lucha mundial. Pero todavía no se habían apercibido de su propia unidad, y de ahí que el mundo exterior pudiera continuar desarrollando su creciente actividad anti-Occidental que la Guerra había desatado.

 

LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

La Primera Guerra Mundial fué un fracaso en la resolución de los dos grandes problemas que representaron las auténticas e históricas alternativas de esa guerra. Resolvió el problema del Capitalismo contra el Socialismo dando la victoria aparente y material al Capitalismo que representaba el Pasado, y en ninguna manera podía formar el Futuro. En otras palabras, el resultado de la Guerra fue una mera negación política del venidero espíritu del Socialismo Etico. Resolvió el problema de la rebelión mundial en favor de las fuerzas externas, y contra la Civilización Occidental. El resultado fué, históricamente completamente falso, pues tal resultado no reflejaba las grandes realidades espirituales. En realidad, el Espíritu del Occidente estaba entonces iniciando solamente su más grande etapa imperialista y poseía el necesario poder material para realizar su imperativo Interno de ilimitado, autoritario, Imperialismo político. El históricamente falso planteamiento de la guerra no había correspondido a esas grandes realidades espirituales, pero había hecho parecer superficialmente, que Occidente estaba fatigado, y se retiraba de su posición mundial, y que el mundo externo tenía suficiente vigor para destronar al amo Occidental de ayer.

En su tercer gran resultado — la completa desaparición de los fundamentos espirituales del siglo XIX — la Guerra fue también un fracaso ya que sólo llevó a cabo esta grande transformación en profundidad, pero en la superficie de la Historia los ideales y los tópicos del muerto Pasado fueron todavía objeto de la adoración verbal de los uniformemente estúpidos líderes que la Guerra había encumbrado. Estos ideales fueron incluso llevados a límites de comedia que hubieran sido imposibles en el siglo XIX. Porque, aparte de su trágico significado de símbolo de la victoria del bárbaro sobre Occidente, la Liga de las Naciones fue simplemente una monumental broma histórica.

Pero el Destino es irreversible, y el Espíritu del Socialismo, con su latente Resurgimiento de la Autoridad y su juvenil voluntad de poder progresó rápidamente. El Espíritu de la Epoca capturó a las antiguas potencias de Europa, una detrás de otra. Sólo la intervención de dos regímenes extra-europeos, que se hallaban afincados en Moscú y en Washington, impidió la completa pacificación interna de Europa. Esta pacificación interna habría significado, como demostraron los análisis políticos, la creación autónomica de una nueva unidad política mundial — Europa — con la Civilización de Occidente organizada como unidad político-ecónomica-espiritual -cultural -nacional-militar.

Las potencias que habían existido en el siglo XIX se habían convertido, en último análisis, en meros espectadores de la lucha mundial. Rusia, América, y Japón eran los nuevos árbitros de la situación mundial en los años 20 y 30 del siglo XX. Este fué el legado de la Primera Guerra Mundial y de la ceguera que siguió hasta el punto en que los aliados de Inglaterra triunfaron también sobre Inglaterra así como sobre Prusia-Alemania.

La accesión a la dictadura absoluta del grupo Falseador de Cultura en América permitió que el poderío americano frustrara la pacificación de Europa como preludio de la reconquista europea de su perdida posición mundial de 1900. Es decir: el estado de monopolio de poder en el mundo. Por medios de propaganda parlamentario-financiera, la Distorsión Cultural logró colocar a parte de Europa bajo el control de Washington y determinó la forma de la Segunda Guerra Mundial.

La Revolución Europea de 1933 desató la más tremenda fuerza espiritual que conoce la Historia; el Destino, el Espíritu de la Epoca en marcha. Fue esta misma fuerza la que había dado a los ejércitos de Francia sus victorias en centenares de batallas en toda Europa en las guerras que duraron desde 1790 hasta 1815. Contra este Destino, no podían prevalecer las fuerzas internas de la Cultura. Para derrotar a Napoleón fué necesario apelar a Rusia, y aún entonces la "victoria" fué sólo superficial, ya que Napoleón había sido el símbolo de la destrucción de los fundamentos del siglo XVIII. Estos fundamentos no podían ser reconstruidos, aún cuando los caballeros del Congreso de Viena pensaran que sí podían serlo.

Formalmente, la Segunda Guerra Mundial comenzó en la misma línea que lo había hecho la Primera. Superficialmente, pareció ser una contienda estatal entre dos potencias europeas del Ayer. Pero, en un análisis profundo, la guerra no fué tal cosa. Incluso la lucha entre Socialismo y Capitalismo, que era uno de los problemas aparentes de la guerra, no fué real, ya que tal problema había sido resuelto en favor del Socialismo. La alternativa al Socialismo no era el Capitalismo, sino el caos.

Esto nos conduce a los verdaderos problemas de la Segunda Guerra Mundial. Durante los años 1918-1939, la idea del siglo XX habían triunfado por doquier en Occidente, y sólo la intervención de las fuerzas externas afincadas en Moscú y Washington había frustrado la fundación de la unidad general europea. En el mundo exterior, la revuelta contra Occidente había alcanzado espantosas dimensiones: en India, China, Japón, Islam, Africa, México, Centro y Sudamérica, el Caribe, las Indias Orientales y, sobre todo, en la Rusia Bolchevique. Este desarrollo exterior había sido acelerado por la Primera Guerra Mundial, en vez de ser aplastado como la verdadera distribución de la fuerza militar lo hubiera hecho. En consecuencia, esta gigantesca revuelta exterior dominó la imagen mundial. La reversión de esta revuelta exterior, y la reaserción del vigor imperialista de Occidente fué el gran problema de completar la unidad de Occidente con la expulsión de influencias extra-europeas del solar materno Occidental.

No obstante, debido a la Revolución Americana de 1933 y la consiguiente conquista del poder de América por la Distorsión Cultural, la Guerra empezó en una forma desastrosa: la forma de una lucha entre dos antiguas potencias europeas. El grupo Falseador de la Cultura no se movía sólo a impulsos de su vieja misión de revancha contra Occidente por un milenio de insultos y persecuciones, sino que además estaba enardecido por la afrenta sin par que para él representaba la renovación de la exclusividad Occidental en la Revolución Europea en 1933. Por primera vez, el antisemitismo simplemente social le convenía al Falseador de la Cultura, ya que servía para aglutinar a sus seguidores. Pero el antisemitismo Cultural significaba el final del poder del Falseador dentro de Occidente. Contra esta amenaza, el Falseador de la Cultura preparó una Guerra que deseó continuar, de ser necesario, hasta la exterminación física del mundo Occidental. Desarrolló una fórmula sin sentido, enteramente nueva en la historia Europea: "Rendición Incondicional". Esta fórmula trasciende la política. La política tiende a la rendición política, no a la humillación personal, la privación de la vida, del honor, del rango, de la humanidad y la decencia.

En la forma en que empezó, su grandioso problema fué sentenciado. La revuelta de las fuerzas exteriores contra Occidente fué temporalmente ensombrecida por la lucha suicida entre tropas blancas Occidentales contra otras tropas blancas Occidentales, todas las cuales morían para la derrota de Occidente y el triunfo de las fuerzas exteriores.

¿Quién ganó la Segunda Guerra Mundial? En primer lugar, en un sentido militar, América y Rusia, porque al final de la guerra el mundo apareció dividido entre ellas. Rusia dominaba la mitad del mundo político — la mayor parte del cuadrante Nordeste del planeta — y América dominaba la otra parte. Pero, como hemos visto, América desperdició la mayor parte de su victoria militar, ya que la fuerza que gobernaba la política americana no era americana y de ahí que no pudiera llevar a cabo una política Occidental de construcción de un Imperio sino solamente ejercitar una influencia falseadora sobre la política americana.

En segundo lugar, en un sentido político: el vencedor fué Rusia y, probablemente, el Japón. No puede decirse que América fuera un vencedor político ya que ha ido perdiendo gradualmente poder desde el final de la Guerra. Un país que se halla bajo la custodia total, Cultural, de extranjeros, no puede ganar una victoria política, ya que las victorias militares que pueda obtener serán utilizadas sólo en beneficio del extranjero, y no en el de la nación sometida. Esto se halla en la naturaleza de la relación anfitrión-parásito, y América es un ejemplo de ello. Rusia, en cambio, ganó enormemente en fuerza gracias a su "victoria", que fué ganada para ella por fuerzas americanas. El poder de Rusia ha aumentado en todas partes gracias a la guerra, y es la única potencia de la que se puede decir, definitivamente, que ganó la Guerra. Cuando hayan transcurrido dos décadas, no obstante, es posible que pueda verse que también el Japón ganó la Guerra, aún cuando, naturalmente, tal punto de vista es señalado con reservas, que dependen de otros acontecimientos que puedan ocurrir. Pero la benévola y protectora ocupación del Japón por las fuerzas americanas para reconstruir la economía japonesa y su poderío político puede llevar a un cierto punto en que el ocupante se dé cuenta de que existe una nueva relación de poderes.

En tercer lugar, y en un sentido espiritual; el gran vencedor colectivo es la revolución mundial contra Occidente. Dirigiéndola se halla el Arquitecto de la Guerra, el Falseador de la Cultura. Desde la cumbre de una montaña de cadáveres Occidentales, puede considerar que su misión de revancha ha sido, aparentemente, cumplida de manera completa. Detrás de él está el espíritu del Bolchevismo Asiático que ahora domina sobre el "podrido Occidente", como llamaban a la Europa que ellos tanto odiaban los literatos rusos del siglo XIX. Entonces, por doquier, se levantan las fuerzas exteriores, con renovadas esperanzas de éxito por retirada de Occidente en todas partes. En India, Egipto, China, las Indias Orientales, adelantan constantemente, mientras él hombre blanco se va retirando sin cesar.

Esos son los vencedores. ¿Quiénes son los vencidos?

En primer lugar, Europa, el solar materno de Occidente. El organismo de la Civilización Occidental perdió la Guerra de una manera tan definitiva como Rusia la había ganado. Los millones de hombres muertos en el combate; los cientos de miles asesinados en sus hogares por la guerra americana contra los civiles, los millones de personas que han muerto de hambre y de frío a consecuencia de la ocupación ruso-americana... todos ellos murieron por la victoria de la Rusia Asiática, la Distorsión Cultural y la revuelta mundial contra Occidente.

La sombría realidad de la derrota de Occidente suscita otro aspecto de la Segunda Guerra Mundial: el aspecto económico.

Como ya se ha visto, la base política del monopolio de poder Occidental en el mundo antes de la Primera Guerra Mundial, en 1914, fué la pasividad política de los pueblos sometidos. Su base económica fué el monopolio técnico-industrial de la Civilización Occidental. Los cientos de millones de personas que viven en la reducida zona de Europa están aquí porque su monopolio económico les permitió vivir de la importación de alimentos. Las importaciones de alimentos y el fabulosamente alto nivel de vida Occidental, se mantuvieron gracias a la producción en Occidente de artículos manufracturados para los mercados exteriores. Los numerosos centenares de millones de africanos y asiáticos tenían que obtener sus productos manufracturados en la Civilización Occidental.

Las dos primeras guerras mundiales minaron completamente esta situación. Gigantescas áreas industriales han sido construidas en todas partes en el mundo exterior. La revuelta contra Occidente es no sólo política sino también económica. ¿Qué significa esto?

Significa lo siguiente: no sólo el poderío de Occidente ha sido minado, sino incluso la subsistencia de Occidente está en peligro. El gran problema de la Segunda Guerra Mundial, la restauración del poder mundial de Occidente, presentaba, así, también, un aspecto económico. Fué una lucha por la existencia biológica de más de cien millones de Occidentales [71].

La situación mundial del momento presenta, pues, el aspecto no sólo de una lucha por el poder — lo que es corriente y universal en la Naturaleza — sino también — lo que es extremadamente raro, horrible y anti-heroico — de una lucha por la existencia fisiológica.

No sólo Europa, sino también el Pueblo Americano, perdió la Guerra. Desde la Revolución de 1933, este Pueblo ha trabajado, producido y exportado. Ha dado sus tesoros y las vidas de cientos de miles de sus hijos; ha obecido ciégamente a líderes culturalemente extranjeros que no ha elegido, y en obediencia a ellos ha reducido su nivel de vida y se ha divorciado de su alma... y a cambio no ha recibido nada, ni espiritual ni materialmente. Tampoco se han acabado sus tiempos de sacrificio. Continuará pagando por la Segunda Guerra Mundial, que perdió, durante años. En la copa de la "victoria americana" había veneno para el alma de América.

 

RUSIA

 

- I -

La participación de Rusia como una unidad política en la Historia Occidental empieza con Pedro el Grande. Anteriormente, Rusia, solamente había mantenido competiciones políticas con estados eslavos en la fronteras del área Cultural Occidental. Durante los siglos que precedieron a Pedro el Grande, siempre hubieron dos maneras de pensar en Rusia: una era el sentimiento de las grandes masas de campesinos y hombres de instintos fuertes, la otra era el deseo más intelectual de adoptar formas Occidentales de pensamiento y acción e inculcarlas en la población eslava. Aquella estaba confinada en un pequeño estrato, constituido por los descendientes físicos de los varangios, que, desde Escandinavia, habían invadido Rusia en los tiempos de Carlomagno, y, de vez en cuando, asimilaba nueva sangre de Suecia y de Alemania. Apoyándose en ese estrato, Pedro el Grande superó a la facción "viejo rusa", y arrastró a una Rusia poco deseosa de ello, hasta la comunidad de naciones Occidentales.

Nunca consiguió — ni tampoco pudo hacerlo la dinastía Romanov que vino tras él — implantar las ideas Occidentales por debajo de la superficie del alma rusa. Rusia, la verdadera, la espiritual Rusia, es primitiva y religiosa. Detesta la Cultura Occidental, su Civilización, sus naciones, sus artes, sus formas estatales, sus Ideas, sus religiones, sus ciudades, su tecnología. Este odio es natural y orgánico, ya que su población reside fuera del organismo Occidental y todo lo que es Occidental es, por lógica consecuencia, hostil y mortal para el alma rusa.

La verdadera Rusia es la que el Petrismo intentó coercionar. Es la Rusia de Illya Muromyets, Minin, Ivan Grosny, Pozharsky, Teophylus de Pskov, Avakkum, Boris Godunov, Arakcheyev, Dostoievski, los Stopski y Vassili Shuiski. Es la Rusia de Moscú, la "tercera Roma", la sucesora mística de Roma y Bizancio. "No puede haber una cuarta", escribió el Theophilus. Esta Rusia se identifica a sí misma con la humanidad, y desprecia el "podrido Oeste".

Siendo primitiva, el centro de gravedad espiritual de Rusia está en el instinto, de manera que incluso durante el racionalista e igualitario siglo XIX, Rusia fué una tierra de pogroms. El ruso sintió la completa extranjería de la Cultura-Estado-Nación-Iglesia-Raza del Judío y el régimen zarista estableció unas regiones en las que los judíos estaban confinados.

La alta Rusia, el estrato occidentalizado que jugaba con la filosofía materialista Occidental, hablaba alemán y francés, viajaba por los balnearios de Europa y practicaba la política de gabinete europea. Era objeto de un odio feroz por parte de los rusos puros, los nihilistas, que encarnaban la idea sin palabras de la destrucción completa de Occidente y la rusificación del mundo. Que esta gran Idea destructiva se expresara en la forma religiosa de la aserción de la única verdad de la Cristiandad Ortodoxa Oriental, o en la posterior forma de Eslavofilia y Paneslavismo, o en la actual del Marxismo-Leninismo, el caso es que continúa poseyendo el mismo imperativo interno de destruir todo lo que es Occidental, que siente que está ahogando su alma rusa.

La Revolución Bolchevique de Noviembre de 1917, fué una época política tanto para Rusia como para Europa. La posibilidad de una revolución así había existido siempre, como lo demuestra la insurrección de Pugachev durante el reinado de Catalina la Grande, los numerosos asesinatos de los siglos XIX y XX, los bajos mundos descritos en la obras de Dostoievski, y la masiva policía secreta y la red de espías. La forma real de la Revolución, cuando esta estalló, fué doble: hubo una revuelta de la primitiva alma rusa contra el régimen pro-occidental de los Romanov y todo lo que éste representaba, y también hubo, simultáneamente, una apropiación del mando de esa revuelta por la Cultura-Nación-Estado-Raza Judía. La necesaria financiación fué suministrada en Nueva York por miembros del grupo Falseador de la Cultura en América.

La influencia de la Distorsión Cultural en la política rusa no ha tenido el mismo grado de influencia que en América, por lo menos en política exterior, debido a que la finalidad mundial de Rusia es la misma que la del grupo Distorsionador de la Cultura: la destrucción del enemigo Occidental. Pero, en todo caso esa influencia existe, y es responsable en gran medida de la política rusa. Con medios a la vez astutos y brutales mantiene su poder en Rusia.

La dualidad de la Revolución Bolchevique hizo que un aspecto de la misma — el instintivo, primitivo, asiático — resultara un fracaso. El objetivo del aspecto ruso de la revolución fué barrer todas las instituciones Occidentales, así como las ideas, formas y realidades. Así, deseó extirpar la tecnología Occidental y las formas económicas así como los otros aspectos de la occidentalización de Rusia. Esto no lo consiguió, ya que la minoría bolchevique quiso industrializar Rusia, según módulos occidentales, hasta el grado más elevado, para preparar una serie de guerras contra la odiada Europa.

Durante el periodo 1918-1939, la política rusa en el Extranjero fué realizada a través de su organización internacional, la Komintern, que incluía en su seno a todos los partidos comunistas ubicados en la Civilización Occidental. La política del Grupo Falseador y de la verdadera Rusia coinciden en minar a Occidente desde dentro, utilizando los residuos más ajados de las ideas del siglo XIX en sus formas más degeneradas: guerra de clases, sindicalismo, manipulación financiera, pacifismo, parlamentarismo, democracia, corrupción de las artes y letras, decadencia social-tradicional.

Naturalmente, tal socavamiento interno debía ser el preludio del dominio completo. En caso necesario, la última etapa, la militar, debía llevarse a cabo cuando la corrupción interior hubiera llegado a un grado tal que hiciera inútil la resistencia. Pero la Revolución Europea de 1933 destrozó estos planes. Mediante su positiva y vigorosa reafirmación de los instintos básicos de Occidente, así como de su misión en el mundo, hizo inútil todas las tentativas de socavamiento, ya que el exclusivismo del siglo XX Occidental lo hace orgánicamente inaccesible a todo lo que sea culturalmente extranjero.

El estallido de la Segunda Guerra Mundial en 1939 fué originado por la Distorsión Cultural dentro de Occidente, en cooperación con el régimen bolchevique afincado en Moscú. Los bolcheviques calcularon que una guerra intra-europea desangraría a Occidente hasta el punto en que los ejércitos rusos podría ocupar enteramente a Occidente con un esfuerzo militar comparativamente pequeño, y establecer así el dominio mundial de "La Tercera Roma" sobre las ruinas de Europa.

Las cosas no resultaron así en un principio, y el régimen bolchevique casi se encontró en Nueva York en un momento dado de la Segunda Guerra Mundial. Pero la total intervención de América fué finalmente conseguida por el Grupo Falseador de la Cultura y, como resultado de ello, Rusia fué no solamente salvada, sino que además se le dió una victoria militar que la hizo dueña del más grande imperio contiguo que ha existido jamás en la historia del mundo; un imperio situado, además, en una posición dominante, en el centro del mundo político, el cuadrante Nordeste del planeta.

 

- II -

Así, pues, hay dos Rusias: el régimen bolchevique y la Rusia auténtica, debajo. El Bolchevismo, con su culto a la tecnología Occidental y una necia teoría extranjera sobre la lucha de clases no expresa el alma de la verdadera Rusia. Esta se manifestó en la insurrección de los Streltse contra Pedro el Grande, y de Pugachev contra Catalina la Grande. En su rebelión Puliachev y sus campesinos asesinaron a todos los oficiales, funcionarios y nobles que cayeron en sus manos. Todo lo que guardaba alguna relación con Occidente fue quemado y destruido. Tribus enteras se unieron al movimento. Durante tres años, 1772-1775, se desarrolló con virulencia y la misma Corte de Moscú llegó a estar en peligro. Cuando fué procesado después de su captura, Pugachev explicó que era la voluntad de Dios que él castigara a Rusia. Ese espíritu continúa existiendo, toda vez que es orgánico, y no puede ser muerto, sino que debe expresarse a si mismo. Este es el espíritu del Bolchevismo Asiático, que en la actualidad está enjaezado al Bolchevismo del régimen de Moscú, con su obsesión técnico-económica.

Esto nos lleva a la parte que la ideología bolchevique juega en la situación mundial presente. Identificar a Rusia con una teoría de la lucha de clases, como se hace en la Civilización Occidental, es, en sí mismo, un triunfo de la propaganda rusa. Las teorías, en política, son técnicas; son herramientas. La política es actividad con relación al poder, no es razonar, o discutir, o demostrar. Cualquier Occidental que crea que Rusia representa una especie de deseo de reformar la sociedad o la economía para favorecer a tal o cual clase demuestra que es completamente incapaz de pensar políticamente. Tampoco es más correcto pensar que Rusia desea organizar el mundo entero de acuerdo con las mismas líneas económico-socio-políticas que rigen en la Rusia actual. La misión de Rusia es destruir a Occidente y cualquier agitación interna en el seno de Occidente promueve esta misión. La lucha de clases, la lucha de razas, la degeneración social, el arte loco, las películas decadentes, las teorías salvajes y las filosofías de todas clases, sirven a este vasto programa ruso. El comunismo no es más que una herramienta, pero si otra se manifestara más efectiva mañana, sería reemplazado.

El ideal del comunismo, como programa teórico para la reorganización de la sociedad, no existe en el mundo de los hechos; ni en Rusia, ni en América. El comunismo que Occidente debe temer es de dos clases, ninguna de ellas teórica en lo más mínimo: primero, la lucha de clases, y segundo, la organización comunista. Lo primero es algo enteramente nativo que solamente puede ser liquidado por la Idea del siglo XX del Socialismo Etico y, mientras no se liquide, sirve al propósito ruso de debilitar y desintegrar a Occidente desde adentro. Lo segundo es simplemente el agente directo, ubicado en Occidente, obedeciendo los mandatos políticos de Moscú.

En este momento, 1948, el único enemigo que le queda a Rusia, es América. Con relación a América, ocupa una posición superior en todos los aspectos excepto en el técnico. Su mejor arma contra América es el socavamiento interior a través de la propaganda y la degeneración social. Estos métodos son eficaces contra América a causa de la gran grieta espiritual que existe en ese país entre la verdadera alma del Pueblo Americano y el alto estrato Falseador de la Cultura. El Retraso Cultural en América hace que la propaganda materialista al estilo del siglo XIX y los ideales sociales ultra-dementes sean efectivos en ese país.

La presencia del Falseador en Rusia queda demostrada por el hecho de que el personal gobernante del país está desproporcionadamente escogido en el seno de ese grupo, por el hecho de que el antisemitismo es un delito, y más que nada por la política rusa en relación con Palestina. Durante los cuatro años que van desde 1944 hasta 1948, la política rusa fue, en todos los asuntos, la negación exacta de la política americana. En cambio, en la cuestión del reparto de Palestina, una parte del mundo del Islam, el régimen de Moscú apoyó la política mundial de la Cutura-Estado-Nación-Raza Judía, a pesar de que los intereses imperialistas de Rusia consistían en oponerse a América en esta cuestión.

Pero la Naturaleza de la Distorsión Cultural como una enfermedad es mostrada una vez más por la situación del armamento. A pesar de sus situaciones internas paralelas, Rusia y América se encaminan hacia una guerra entre ambas. El periodo actual es de preparación para la Tercera Guerra Mundial. La naturaleza de la política, del lado político de la naturaleza humana, empuja a esta guerra, y la presencia de grupos activos extranjeros en las dos potencias políticas existentes juega sólo un papel subordinado ante este gran hecho. El papel que juegan estos grupos es procurar que la guerra estalle de manera que su propia posición mundial no resulte dañada por el resultado de la misma. La posición estratégica de Rusia ante América es netamente superior. En primer lugar, el gran hecho fundamental de la posición de Rusia en el planeta le confiere una ventaja inestimable. El cuadrante Nordeste, como hemos visto, es el foco primordial del control mundial en la Edad de la Política Absoluta. Rusia se halla situada dentro de este cuadrante, mientras que América no se halla siquiera en el mundo político, que está en el Hemisferio Oriental, la fuente fundamental que representa seis veces más poder que el Hemisferio Occidental.

El cuadrante Nordeste, en un sentido militar, está controlado parcialmente por armas rusas, y parcialmente por armas americanas. Las posiciones rusas son contiguas e integradas. El método diplomático ruso es el del terror, la ocupación militar, el rapto y el asesinato. El método americano consiste en la propaganda degenerativa, regímenes-marioneta locales que llevan a cabo su propio terrorismo, y conquista financiera. De estos dos métodos, el ruso es netamente superior. Las guerras se hacen con soldados, y no con dinero, y la diplomacia no es más que preparación para la guerra y explotación de la guerra. De manera que los medios financieros son subsidiarios de los medios militares, simples adjuntos de los mismos.

Las posiciones americanas en el cuadrante Nordeste han sido compradas aunque finalmente nunca podrán ser pagadas. Dichas posiciones dependen del mantenimiento de regímenes-marioneta formados por el estrato menos valioso de Europa, los políticos partidistas que se venden por dinero. Así, pues, una revuelta en la esfera americana en Europa, llevada a cabo por el estrato más vigoroso y honorable, terminaría automáticamente con la ascendencia americana, mientras que una revuelta en la esfera rusa de Europa en las condiciones actuales sería ahogada en sangre. Naturalmente, en último término, la diplomacia financiera americana está sostenida por las bayonetas americanas, pero ello no impide la persistencia, en la mente americana, de la peligrosa ilusión sobre el valor de los medios financieros.

La diplomacia rusa aumenta el prestigio ruso, mientras que la diplomacia americana despierta esperanzas de ganancias materiales en las poblaciones a las que se dirige, mientras alcahueta a los más bajos instintos de la codicia y la pereza. América lleva a cabo una gigantesca "fiesta" de ahorcamientos, de acuerdo con los módulos de viejas venganzas semíticas. Rusia valora a los individuos de acuerdo con su utilidad presente o futura para los planes rusos, y no se interesa por sus actos pasados. No obstante, si Rusia decidiera organizar una matanza por "crímenes de guerra", podría dar lecciones de técnica en ese sentido a los americanos. El precendente del "proceso" Florinsky durante el terror rojo de Kiew, en el verano de 1919 es ilustrativo. El Profesor Florinsky, de la Universidad de Kiew, era sospechoso de antisemitismo. Irritada por su falta de humildad, uno de sus jueces, Rosa Schwartz, empuñó un revólver y le disparó un tiro, matándole en pleno juicio.

La situación de Rusia en el Cuadrante Nordeste confiere a Rusia la posibilidad de un alto grado de aplicación de los principios estratégicos de Concentración y Economía de Fuerzas. Por otra parte, la lejanía de América obliga a ésta a mantener una organización naval enorme, que, en caso de guerra, debería llevar el peso de las operaciones antes de poder mandar un sólo soldado al teatro bélico. Rusia, pues, tiene la ventaja de la línea interna ante América.

Y ahora podemos hacer las observaciones finales acerca de Rusia, su misión y sus potencialidades.

Rusia está fuera de Occidente; su imperialismo es una mera negativa del ilimitado imperialismo organizativo Occidental. La misión de Rusia es, pues puramente destructiva en lo que concierne a Occidente. Rusia no es el portador de utópicas esperanzas para Occidente, y quienquiera que lo crea es un idiota Cultural. Rusia está internamente dividida; el régimen gobernante no representa la auténtica, asiática, religiosa, primitiva alma, sino una caricatura tecnológica del petrinismo, y es muy posible que un día el régimen siga el mismo camino que los Romanov.

Esta división puede ser utilizada contra Rusia, de la misma manera en que ella utiliza las tácticas internas revolucionarias contra sus enemigos políticos. Tal táctica fué usada con éxito contra el régimen de los Romanov en 1917 por Occidente. En virtud de su situación física, en las fronteras de Occidente, Rusia es, y siempre continuará siéndolo, el enemigo de Occidente, mientras sus pueblos estén organizados como una unidad política.

 

JAPÓN

La creación de la potencia mundial Japón fué uno de los resultados del imperialismo comercial americano al estilo del siglo XIX. Fué "abierto" — ¡esa hipócrita terminología que acompaña siempre al espíritu del Comercio! — en 1853 por unos cañonazos de la flota americana. No teniendo una igualdad tecnológica, el Emperador japonés se rindió en el acto. A partir de entonces, el desarrollo del Japón fué la historia de la imitación japonesa de la técnica material de Occidente y de los métodos de la diplomacia Occidental. Su desarrollo fué un curso de altos resultados políticos; estudió el arte de lo posible y lo puso en práctica con invariable éxito. Menos de una generación después de la "apertura" el Japón consiguió asegurar una cabeza de puente en el Continente asiático, pues sus dirigentes sabían que un poder político mundial no podía basarse en islas superpobladas sino que debía fundamentarse en el control de territorios continentales y las poblaciones que albergaban, de la misma manera que el Imperio Británico se basaba en la India. Hacia la última década del siglo XIX estaba preparado para la guerra. En la guerra chino-japonesa tuvo éxito y aumentó su cabeza de puente continental. Hacia 1904, juzgó la situación favorable para una guerra contra la más grande de las potencias continentales de Occidente, pues en esa época Rusia figuraba en el mundo como un miembro del sistema de estados Occidentales. En esta segunda gran guerra, Japón resultó victorioso, tanto desde el punto de vista militar como del político. Su capacitada tradición política sabía como explotar una victoria militar. En 1914, atacó inteligentemente la más débil de las guarniciones nacionales en el Extremo Oriente y obtuvo así la totalidad del Imperio Alemán en el Lejano Oriente sin casi ningún esfuerzo militar. Su posición en el Continente Asiático mejoraba constantemente. Después de la Primera Guerra mundial sufrió una derrota diplomática a manos de Inglaterra y América, y se retiró a esperar.

En más de tres cuartos de siglo, desde 1853 hasta 1941, Japón no cometió ningún error político. Esto es un éxito notable en la historia del mundo, y así logró contruir una fuerte tradición de confianza en el mando y la tradición nacionales. Dicha tradición fué reforzada por la primitiva religiosidad del Japón, que cree en la humanidad de Dios, la divinidad del Emperador y la misión divina de Dai Nippon.

En 1941 el gobierno japonés se encontraba con una nueva situación política. En la guerra entre Occidente y Rusia, sus intereses puramente políticos residían en una victoria Occidental. Esto habría extendido las posiciones continentales japonesas hasta vastos límites, hasta las fronteras de la India, del Tibet, del Sinkiang. Pero otra potencia Occidental, América, se encontraba en posesión de una parte del Continente Asiático, de miles de islas en la esfera de expansión del Japón, de una poderosa flota en el Pacífico, y la voluntad de aniquilar al Japón. Dejando a Europa luchar en su guerra contra Rusia, decidió dedicar toda su energía militar a la guerra contra América. Solamente en un sentido muy limitado puede llamarse a esto un error, ya que no existe la certeza de que América no le habría atacado si Japón hubiera atacado a Rusia, en vez de atacar a América. Pero, en líneas generales, es mejor atacar a una potencia que ya está luchando por su vida que a otra que no está siendo atacada por nadie. Cualquier ataque puede entonces ser contenido mientras la potencia que está luchando en dos frentes es liquidada.

En cualquier caso, la Segunda Guerra Mundial terminó con una paz negociada entre Japón y América. La nación japonesa, el Estado, el Emperador y las instituciones fueron respetadas; el ejército japonés fué honorablemente desarmado, y a las tropas americanas se les permitió ocupar Japón. Esta decisión fué llevada a cabo con religiosa disciplina. No implicó ningún deshonor para los líderes del país, para la nación, o para los individuos. Nadie perdió la cara, ya que sólo se adoptaron nuevas condiciones por orden del Dios-Emperador. La superioridad tecnológica americana que había transformado disciplinadamente la enemistad en una situación maestro-discípulo en pocos días, volvió a colocar al Japón en la situación espiritual de 1853. Se requiría un período de aprendizaje. Una vaz más América enseñaría al Japón la técnica necesaria para el poder mundial. Las tropas americanas fueron presentadas como los sirvientes del Emperador para instruir a su pueblo.

¿Puede un Occidental pensar que la tradición de los Samurais se disolvió en una semana? ¿En una nación con la firmeza e integración espiritual japonesa, una nación que produjo una interminable sucesión de pilotos kamikazes, cuyos generales se rindieron para salvar las vidas de sus soldados y luego cometieron hara-kiri? Pensar así es no comprender la Historia con su silenciosa e irresistible fuerza, el Destino. El alma del Pueblo Japonés tiene un destino. Su misión, como el Ruso, y las otras fuerzas no-Occidentales consiste simplemente en la negación y la destrucción de Occidente.

Ni siquiera   una bien coordinada e inteligente política americana en el Japón podría destruir su alma; lo máximo que podría hacer es tratar de monopolizar los medios de expresión político-militar. Pero la política americana, inspirada por la Distorisión Cultural en América, consistente en reconstruir y ayudar a la tradición japonesa, en fortificar su espiritualidad, hace que el futuro del Japón sea muy esperanzador. Lo que será este Futuro, nadie lo puede decir. Una Revolución Americana podría cambiar bruscamente el sentido de la situación. La Tercera Guerra Mundial podría afectarle en uno o en otro sentido. Cuando una potencia es sumergida, como le ocurre al Japón, su propia voluntad cuenta muy poco.

Japón es, y continuará siéndolo, el enemigo de Occidente, porque pertenece a las fuerzas externas y la fuerza motivadora de la política mundial en esta Edad de la Política Absoluta está en la Cultura. En la gran división espiritual del mundo, Japón pertenece a las fuerzas no-Occidentales. La amenaza del Japón contra Europa es mitigada por la distancia geográfica, pero su amenaza a Australia hace aún más real la enemistad americano-japonesa, ya que América tiene el deber Cultural de proteger a Australia desde que la estúpida diplomacia Occidental ha perdido toda la influencia europea en esa zona.

Japón no puede ser considerado de la misma manera que India y China, ya que está integrado. La política es una lucha de voluntad contra voluntad. India y China, como tales, no tienen voluntad. No son unidades orgánicas, sino meras colecciones de tierras y poblaciones reunidas bajo un nombre por pura conveniencia. Su voluntad negativa se difunde a través de todos sus individuos, mientras que la voluntad del Japón está concentrada y articulada en un estrato que representa a la nación. Japón es, así, la potencialidad de un poder del Futuro, mientras que India y China serán siempre botín para potencias extranjeras.

Para Europa y para su Futuro, más importante que las fuerzas externas es América. La situación externa, los planes y posibilidades de América deben ser examinadas.

 

AMÉRICA

Las fuerzas armadas bajo el mando del   régimen de Washington controlan el Norte y el Oeste de Europa, parte del Sudeste de Europa, todo el Mediterráneo, parte del Cercano Oriente, del Medio y del Lejano Oriente, así como toda América Central y la mayor parte de América del Sur. Asimismo, este régimen controla todos los mares del mundo. La amplitud de este imperio es atenuada por su flojedad. La distancia física de América con respecto al mundo político es la primera debilidad de este imperio. La segunda es la falta de pensamiento imperial en sus dirigentes. La tercera, la anticuada diplomacia financiera, que es el único lazo que mantiene unidas grandes zonas del imperio. Y la cuarta, la terrible tensión interna creada por la dualidad planteada entre la verdadera alma del Pueblo Americano y el régimen culturalmente extranjero.

La primera debilidad determina que el esfuerzo bélico de América contra Rusia por el control del mundo debe ser mayor que el de Rusia. Esta debilidad del imperio americano no es apreciada en América, donde es completa la ignorancia de las actuales relaciones de poder y se perpetúa la creencia decimonónica en la supremacía del poder naval sobre el terrestre. Tal vez podía admitirse esta creencia cuando todo el hinterland de Asia — el mundo — era políticamente pasivo y el control de unas cuantas cabezas de puente y puntos fuertes a lo largo de la costa daba automáticamente acceso al hinterland y permitía su control. Pero en las nuevas condiciones de la revuelta exterior, el reflejo de la etapa del desarrollo de la Civilización Occidental cuando las antaño sujetas poblaciones del mundo son políticamente activas, el poder terrestre aparece como el único poder, mientras el poder naval es, simplemente, un auxiliar. No es más que comunicación y transporte, pero lo que decide las guerras es la lucha. Esto implica ejércitos, y así como Rusia puede dedicar todo su esfuerzo a la lucha por el poder terrestre, América debe mantener un gigantesco poderío naval como simple requisito previo para participar en la batalla por el control del mundo. Además, las poblaciones del imperio Ruso más valiosas desde el punto de vista militar, son un cincuenta por ciento más numerosas que las del Imperio americano, y el promedio de nacimientos ruso es primitivamente elevado mientras que el de los elementos luchadores de América se halla en franca disminución.

Otro aspecto de la debilidad del imperio americano es su confianza en la superioridad técnica. Esto es otra forma de la falacia del poder naval, en el sentido de que piensa que el poder puede tener otras bases que los ejércitos. Las armas son meros auxiliares en una lucha: lo primordial es, y siempre lo ha sido, el espíritu. Contra este hecho vital fundamental, ninguna arma puede prevalecer. La superioridad técnica es inútil en último análisis a menos que vaya acompañada por la superioridad de la voluntad de poder, o la voluntad de conquista. La misma arma que pudo dar una victoria militar puede ser inútil más tarde, contra un país ocupado por soldados de la potencia "vencedora", que puede encontrarse políticamente derrotada.

La segunda debilidad del imperio americano es el hecho de que la enfermedad Cultural del Retraso en América ha impedido la aparición de un verdadero pensamiento imperial. El pensamiento imperial no puede desarrollarse en una tierra saturada de propaganda pacifista, con la locura por el placer contenido de la vida, y la mediocridad intelectual como ideal espiritual. El pensamiento imperial no puede ser construido sobre inútiles "ligas de naciones", ni sobre babeantes idealismos de cualquier clase, ni mucho menos sobre el odio ciego como piedra angular de una política exterior. Y no obstante, desde el punto de vista político, esto es todo lo que hay en América. No hay nivel elevado en el pueblo, ni un grupo exclusivamente americano que sienta unas necesidades que se sitúen por encima del auto-enriquecimiento. No, hay Samurai, ni un Komintern, ni una Sociedad del Dragón Negro, ni una nobleza, ni Idea, ni Nación, ni Estado.

Tampoco empezará a desarrollarse el pensamiento imperial simplemente porque un grupo interno culturalmente extranjero-quiera utilizar a las indolentes poblaciones americanas para llevar a cabo su imperativo de venganza contra la Civilización Occidental. El pensamiento imperial debe surgir espontáneamente en los estrato más elevados. Precisamente porque faltan esos estratos como élite dirigente en América un verdadero pensamiento imperial no puede surgir en América en un próximo Futuro.

La tercera debilidad, la de la confinaza en regímenes-marionetas basada primordialmente en medios financieros, y sólo secundariamente en medios militares, es, simplemente, un efecto más del Retraso Cultural. El método de conquista financiero está pasado de moda. Esta es la Edad de la Política Absoluta, y el poder no puede comprarse ni asegurarse como un medio de enriquecimiento. Los que no se den cuenta de cual es el Espíritu de la Epoca se encontrarán súbitamente superados por gigantescos acontecimientos que no podían imaginar.

La diplomacia financiera es, en esta Epoca, una completa estupidez.

La cuarta debilidad es la tensión interna en la misma América. El Futuro del Nacionalismo Americano es completamente definido, espiritualmente hablando: participará en la lucha por el control americano del Destino de América. Esta lucha surge de la naturaleza orgánica de las cosas. El anfitrión y el parásito son mutuamente hostiles, y la hostilidad no puede ser abolida. ¿Cómo?, ¿Con qué éxitos iniciales?... Estos son Imponderables.

En cualquier caso: Europa debe saber, y darse profundamente cuenta, de que ambas potencias ocupantes, América y Rusia, están horizontalmente divididas en lo interno. En ambas, el estrato dirigente es interna y espiritualmente extranjero a la gran masa de pueblos subyuzgados. Este es un hecho primario, elemental. Es esencial para una visión a largo alcance de la posibilidades del mundo, una visión que deja de lado optimismo y pesimismo, cobardía y bravata, exultación y desesperación. Estas dos potencias difieren, para los propósitos de Europa, en que la verdadera América pertenece a la Civilización Occidental, y la verdadera Rusia, no podrá pertenecer nunca a ella. Pero en la visión inmediata, a corto alcance, a lo largo del próximo cuarto de siglo, una de ellas es más peligrosa que la otra.

La extranjería total de Rusia es sentida a lo ancho de toda Europa, tanto horizontal como verticalmente. Bajo una ocupación rusa de Europa, incluso los comunistas europeos participarían en la grandiosa e interminable revuelta contra el Bárbaro. Los elementos espiritualmente más pobres de Europa, con sus aficiones por la charlatanería parlamentarias y su amor por el dinero, así como su odio por la firme y fuerte voluntad de poder Prusiana-Europea, quedarán limpios de su enfermedad espiritual bajo el látigo de los mongoles. Entonces volverán a ser europeos. Además, una ocupación rusa no podría mantener a Europa perpetuamente sometida. En primer lugar, la voluntad e inteligencia europeas son superiores a la voluntad e inteligencia de los Bárbaros. En segundo lugar, el Bárbaro no dispone de suficientes recursos humanos para esclavizar a la Civilización Occidental en esta etapa de su desarrollo, cuando su Imperativo Interno se presenta en la forma de voluntad de poder y la necesidad de un ilimitado autoritario Imperialismo.

América, por otra parte, es generalmente mal comprendida en Europa. Incluso en el estrato portador de la Cultura de Occidente no se ve claro que América, bajo el liderazgo de la Distorsión Cultural, es el enemigo total de Europa. Sólo el desarrollo del pensamiento Cultural ha permitido a Europa comprender la naturaleza orgánica de la Cultura, y de la Patología Cultural. Por primera vez, Europa puede ahora ver en su dualidad; por un lado, la América de Alexander Hamilton, George Washington, John Adams, de los hombres de la frontera, de los exploradores, de los hombres de El Alamo; por el otro lado, la América de la Distorsión Cultural con su monopolio del Cinema, la Prensa, la Radio, la Mente y el Alma, y con su imperativo de venganza dirigido contra el cuerpo y el alma de la Civilización Occidental. Utilizando el Retraso, o la Desaceleración Cultural de Europa, el Falseador afincado en América puede dividir a los Occidentales y empujarles unos contra otros por viejos y desfasados motivos nacionalistas al estilo del siglo XIX. La división y balcanización espiritual de Europa sirve a este propósito. A los que se opongen a sus planes, el Falseador está mostrando ahora las sanciones que empleará contra ellos, con sus matanzas legales por "crímenes de guerra".

La diferencia de las actitudes de Rusia y América, consiste simplemente en que Rusia, aún cuando trate de dividir a Europa, lo único que puede hacer es unirla. En cambio, el efecto de la ocupación americana consiste en dividir, porque apela a los sub-europeos, a los retardarios, a los elementos espiritualmente inferiores, a los adoradores del Dinero, a los perezosos y a los estúpidos y a los peores instintos de cada europeo. La destrucción material que acompaña a una ocupación rusa es considerable; pero también lo es la que acompaña a una devastación americana. ¿Qué diferencia representa para Europa que los rusos desmantelen una industria y se la lleven al Turkestán, o que los americanos la hagan volar por los aires? La diferencia entre el efecto espiritual de las dos ocupaciones hace que la rusa sea menos dañina. Las prácticas rusas de los arrestos nocturnos, de los asesinatos, de las deportaciones a Siberia, no logran convencer a nadie. Mientras que las prácticas americanas de las matanzas legales por "crímenes de guerra" representan otra técnica para la división de Europa mientras, por otra parte, sirven para realizar el imperativo de venganza del Falseador de la Cultura.

 

EL TERROR

"Es una debilidad; de hecho, mezquindad de corazón, no hablar bien de los propios enemigos y no tributarles el honor que merecen."
Federico el Grande
Prefacio a su Historia de la Guerra de los Siete Años, 1764

Dentro de cada Gran Cultura, el sentimiento universalmente prevaleciente ha sido el mismo que el expresado por Federico II. Ni siquiera la aparición de la Crisis de Civilización ha hecho que desapareciera completamente este sentimiento de honor sin palabras. Por feroces que hayan sido las batallas, o por proplongadas que hayan sido las guerras, todo vencedor sobre un oponente que perteneciera a la misma Cultura ha mostrado siempre generosidad y respeto por su enemigo vencido. Este concepto se inserta en la naturaleza de la política dentro de una misma Gran Cultura, la cual es llevada a cabo únicamente por el poder, y no por la matanza de individuos después de la guerra, ya por ejecución, ya por el hambre artificialmente provocado. Una vez que el poder ha sido ganado, el objetivo ha sido alcanzado, y los individuos del anterior enemigo ya dejan de ser considerados como enemigos, sino simplemente como seres humanos. En los mil años de historia Occidental, han habido, naturalmente, unas cuantas excepciones; el deshonor ha existido siempre. Pero el ejercicio de la malignidad y los malos tratos contra el oponente vencido no fue nunca realizado, ni menos fomentado, en gran escala, ni a lo largo de un período prolongado; ello hubiéra sido sencillamente imposible entre dos grupos pertenecientes a la Cultura Occidental.

En tiempos muy recientes este imperativo orgánico ha sido bien ilustrado. Por ejemplo, cuando Lee se rindió en Appomatox, en 1865, el feroz guerrero Grant, tan implacable en el campo de batalla, demostró ser un vencedor magnánimo y bondadoso. El caso de Napoleón muestra el mismo imperativo orgánico en acción por parte de sus apresadores, después de Leipzig, e incluso después de Waterloo. Anteriormente, el gobierno inglés, que se encontraba en guerra con él, le había avisado de que se tramaba un complot contra su vida. Y cuando Napoleón III fue capturado, Bismarck se interesó personalmente por su seguridad y por que recibiera un trato honorable.

Pero entre una potencia perteneciente a una Gran Cultura y otra perteneciente a una Cultura diferente, estos usos de honor nunca han sido generalizados, ni en la conducción de la guerra ni el tratamiento dado al enemigo derrotado. Así, en los tiempos Góticos, la Iglesia prohibió el uso de la ballesta contra miembros de la Cultura Occidental, pero autorizó su empleo contra el Bárbaro. En tales casos, el grupo adversario no había sido considerado como un mero oponente, sino como un verdadero enemigo, en el sentido en el que el siglo XX una vez más utiliza esta palabra para describir a elementos situados fuera de la Civilización Occidental. El tribunal militar español que "juzgó" al último Inca y lo sentenció a muerte; no se sintió ligado con él por la misma obligación de honor que hubiera sentido hacia cualquier líder Occidental de su rango. A fortiori, la comunidad de honor que surge en el seno de una Cultura no se extiende al extranjero que no pertenece a ninguna clase de Cultura, es decir, al Bárbaro. Así Yugurta, Mithridates, Sertorio, Vercingetorix fueron todos ellos perseguidos hasta su muerte personal, por los romanos. El Bárbaro comprende las cosas de la misma manera, como demuestran los asesinatos y matanzas llevadas a cabo por Mithridates, Juba, los Godos, Arminio y Atila. No es una cuestión de pueblo, ni de raza, sino el hecho grandioso de pertenecer, o no pertenecer, a una Gran Cultura, lo que es decisivo en este caso, como lo prueban las matanzas de los mongoles de Gengis Khan y los rusos actuales, ambos externos a una Gran Cultura.

Así, cuando después de la Segunda Guerra Mundial, un enorme y exhaustivo programa de exterminación física y persecusión política, legal, social y económica fué organizado contra el indefenso cuerpo de Europa, se vio muy claramente que esto no era un fenómeno intra-Cultural, sino una manifestación más, transparente y ejemplar, de Distorsión Cultural. Lo que fué distorsionado fueron, específicamente, las costumbres político-militares de honor de un milenio de elevadas tradiciones Occidentales. Estas costumbres fueron aún observadas por Europa durante la Segunda Guerra Mundial, y un númeroso grupo de políticos y generales de pequeños estados sobrevivieron a las cárceles europeas a través de la Segunda Guerra Mundial, porque no se le ocurrió a ninguna mente europea que podrían ser sometidos a simulacros de juicio y ahorcados. Estos usos se extendieron incluso a situaciones extremas, como fué la protección de la vida del hijo del líder bárbaro, Stalin, que estuvo cautivo en Europa durante la guerra, y hasta fueron observados en algunos casos por el bárbaro Japón, que salvó las vidas de militares americanos de alta gradución, cuando podía haberlos matado con o sin simulacros de juicio. Pero la incondicional obligación del honor de guerra, hasta entonces absoluta en la Civilzación Occidental, fué alterada por el Falseador de la Cultura después de la Segunda Guerra Mundial.

Como la enfermedad Cultural no puede nunca influenciar el alma de la Cultura en lo más profundo, no puede nunca cambiar permanentemente esa alma, pero debe llevar a cabo una lucha sin fin contra ella. En esa lucha, no puede hacer paz, ni tregua. Los instintos culturales resistirán siempre a los elementos de la enfermedad, ya sean parasitarios, retardarios o distorsionadores. Siendo así, la Distorsión Cultural procedió a desencadenar el Terror Europeo después de la Guerra, cuando ya no había ninguna lucha política en la Civilización Occidental.

La historia del programa de "crímenes de Guerra"muestra su naturaleza. Sus fundamentos fueron cimentados en la propaganda anti-europea que sumergió a América desde 1933 en adelante. La misma propaganda mostró que actuaban fuerzas extra-europeas, toda vez que rechazó la comunidad de las naciones y el honor político. Los líderes de Europa fueron representados como delincuentes comunes y pervertidos sexuales, y a través de esta propagnada vil se esparció la idea de que esos líderes podían y debían ser muertos. Gradualmente, la tesis fué ampliándose y la Idea del siglo XX del Socialismo Etico fué equiparada con el Mal Absoluto, y las poblaciones a su servicio fueron descritas como afectadas de una locura colectiva, y necesitadas de "re-educación" que debía administrarles América.

La Distorsión Cultural debe siempre utilizar medios eficaces, así como ideas y costumbres establecidas, con el objeto de ser efectiva. Así, en América, apeló al patriotismo y al legalismo americano. Durante la Segunda Guerra Mundial, la propaganda explícitamente empezó a exigir "procesos" a los líderes europeos y del estrato portador de la Cultura de Occidente. Un masivo "proceso por traición" fué intruido en el curso de la guerra, en América, contra elementos americanos hostiles a la Distorsión Cultural y favorables al Imperio de Occidente. Con objeto de superar, por lo menos temporalmente, los nativos instintos de honor Occidentales, la guerra fué presentada como única, como una guerra contra la "humanidad" contra la "inmoralidad", de la "paz" contra la "guerra", una guerra que, por consiguiente, debía ser llevada a cabo con medidas únicas contra el enemigo en caso de victoria; una guerra en la cual el enemigo debía no solamente ser derrotado sino físicamente exterminado como "castigo" por sus "crímenes". Como de costumbre, se recurrió a la Ley, para apoyar la estructura, y a los abogados se les ordenó preparar nuevos "crímenes", idear nuevos tribunales, procedimientos, jurisdicciones, sanciones. No sólo los líderes, sino los ejércitos e incluso la población civil debían ser convictos de nuevos "crímenes".

En el plano intelectual más bajo, esta operación fué francamente presentada como venganza, pero esto hizo necesaria la creación de nuevos hechos, ya que nada parecido a este programa había ocurrido jamás en cinco milenios de Grandes Culturas. Por tal motivo se inventó la infame propaganda de los "campos de concetración", con objeto de inflamar la imaginación pública. La fantasía se convirtió en hechos, la mentira se convirtió en verdad, la sospecha se volvió prueba, la manía persecutoria se transformó en sed de sangre. Como Europa no había llevado a cabo simulacros de juicio que justificaran una revancha, la propaganda dijo que los habría habido en caso de ganar la Guerra, y esta demostrable mentira tomó rango de hecho.

La natural afinidad de los elementos enfermos en una Cultura quedó demostrada por el hecho de que los líderes de los grupos de Retraso Cultural en Occidente, y particularmente en América, dieron su apoyo al programa. Sin las fuerzas retardarias de la Cultura en América, toda la operación de "juicios" y "crímenes" hubiera sido imposible. Como podía esperarse, las mejores mentes de la Civilización Occidental, tanto en América como en Europa, rechazaron totalmente el esquema, pero el poder de llevarlo a la práctica estaba en las manos del exótico vencedor.

El esquema de los "crímenes" presentaba tres grandes facetas; en primer lugar, el procesamiento masivo de los más altos líderes europeos, autores de la Revolución Europea de 1933; en segundo lugar, los procesamientos, también a gran escala, de oficiales de todos los grados que se habían distinguido en la Guerra, del personal militar que había servido en misiones de guardia de los campos de concentración, y de los civiles que habían tomado parte en la defensa contra los ataques antiaéreos; en tercer lugar, los procesamientos individuales de millones de miembros de organizaciones políticas de masas.

Aún cuando esos procesamientos fueron llamados "juicios", en realidad no lo eran en absoluto, ya que no había sistema legal vigente que autorizara sanción alguna. El Derecho Internacional de Occidente excluía la posibilidad de que los líderes de un Estado enemigo pudieran ser juzgados y ahorcados como parte de la explotación de la victoria, ya que su principio básico era la soberanía de los Estados. El Derecho Internacional, pues, reposaba puramente en una comunidad de cortesía, y no en la fuerza. Un juicio genuino presupone, desde un aspecto puramente legal, un sistema jurídico pre-existente, un igualmente pre-existente poder judicial para imponer la ley, una jurisdicción sobre los asuntos a juzgar, y una jurisdicción sobre la persona cuyos actos debían ser juzgados. Sin una ley pre-existente, no puede haber delito, ni tribunal, ni jurisdicción sobre los actos o personas. La mera custodia no es jurisdicción, pues de serlo un secuestrador podría afirmar que tiene jurisdicción sobre su víctima.

Los simulacros de juicio no son nada nuevo en la historia Cultural, pero cuando se celebran entre miembros de la misma Cultura son simplemente deshonor, y el deshonor se refleja en su autor, y en él solamente, y nunca en la víctima. Son deshonor, simplemente por que son engaño y subterfugio; son un intento de hacer, amparándose en las formas y en la Ley, lo que el instinto y la conciencia prohiben. Así, los preliminares de las ejecuciones de Luís XVI de Francia y Carlos de Inglaterra no fueron juicios aún cuando ese nombre les dieran los que en ellos participaron, porque de acuerdo con la ley que existía en aquellos tiempos en Francia y en Inglaterra el monarca era soberano y, como tal, no podía ser sometido a ningún tribunal.

Enteramente a parte de los fundamentos estrictamente legales, y las consideraciones de comunidad de honor intra-Cultural, hay una fuente independiente de razones según las cuales los procesos por "crímenes de guerra" no podían ser descritos como juicios: es la fuente de la psicología humana. Un verdadero juicio presupone imparcialidad en el tribunal; una verdadera imparcialidad mental, aparte de una mera presunción legalista de inocencia del acusado. Pero las acciones judiciales en cuestión estaban abiertamente y francamente formuladas contra enemigos. Las víctimas fueron legalmente llamadas "enemigo", y se declaró que la guerra continuaba legalmente en curso. La enemistad excluye imparcialidad, y esta no se vio por ninguna parte en el programa de los "crímenes". En épocas anteriores, los "juicios" mediante los cuales Felipe el Hermoso eliminó como potencia política a los Caballeros Templarios, los "juicios" de Juana de Arco, de Lady Alice Lisle, y del Duque d'Enghien, no fueron verdaderos juicios a causa de la parcialidad del tribunal. A fortiori, cuando los juicios son el resultado del impacto de dos diferentes Culturas, entonces no puede haber un verdadero e imparcial juicio, como el "juicio" de Cristo por el Procudador Romano y el de Atahualpa por un tribunal marcial español lo demuestran. El espectáculo de Nurenberg fué un ejemplo más, y el más concluyente de todos, de la completa irrenconciliabilidad de las almas de dos Culturas, y de la abismal profundidad a que puede descender la enfermedad Cultural. Incluso mientras el juicio se estaba desarrollando, sus organizadores ordenaron a su prensa que sondeara al público sobre qué métodos de ejecución debieran ser usados contra las víctimas.

Naturalmente, es imposible engañar siempre a la población entera de una Cultura. Hay un cierto estrato que ve la realidad a través de los fraudes, y en ese estrato la propaganda de los "crímenes" y los "juicios" tuvo un efecto precisamente opuesto al buscado. Cualquiera que sea capaz de orientarse históricamente sabe que el epíteto "criminal" puede ser adjudicado, con superficial y temporal éxito, a toda persona en el poder. Durante el milenio de historia Occidental, centenares de personas creativas y de hombres que han ocupado lugares importantes han sido acusadas de crímenes, o encarceladas. El Sacro Emperador Romano Conradino Hohenstaufen fué decapitado a pesar de ser la persona secular de más alto rango en toda la Cristiandad. Algunos más, acusados de crímenes o encarcelados fueron: Ricardo Corazón de León, Roger Bacon, Amaldo de Brescia, Giordano Bruno, Cristóbal Colón, Savoranola, Juana de Arco, Galileo, Cervantes, Carlos de Inglaterra, Shakespeare, Oldenbarneveldt, Luís XVI, Lavoisier, Voltaire, Napoleón, el Emperador Maximiliano de México, Thoreau, Wagner, Carlos III, Federico el Grande, Edgar Poe, Napoleón III, Garibaldi.

El período del Terror durante la Revolución Francesa, empezó en 1793 y duró algo más de un año, aún cuando surgiera y se desarrollara a consecuencia de prolongadas y continuas condiciones de actividad política interna y externa, llevadas hasta un grado de intensidad hasta entonces desconocidas en Europa. La Nueva República Francesa estaba luchando por su vida en los campos de batalla, y simultáneamente se enfrentaba a la mayoría de su propia población. Bajo esos condicionamientos de la lucha por el poder, los abusos del Terror pueden comprenderse históricamente, dadas las circunstancias. Las cualidades dramáticas del Terror no pueden obscurecer el hecho de que únicamente guillotinó, según cálculos de sus oponentes, un número de personas que osciló entre los dos mil y los cuatro mil.

Bien diferente fué el Terror que se produjo después de la Segunda Guerra Mundial. Toda su motivación trascendió a la política, ya que esta palabra sólo se usa en actividades en pro del poder dentro del seno de una Cultura. No fué una fase de la lucha por el poder. La Europa vencida estaba completamente ocupada por ejércitos al servicio de la Distorsión Cultural. No habían ninguna resistencia física. Así, pues, por un puro imperativo revanchista, se organizó un programa de persecución y ejecuciones en masa.

La elaborada pretensión de legalismo es otro signo de enfermedad Cultural. Una orgía tan prolongada de fraudes para intentar enmascarar un tan patente deshonor hubiera sido imposible para cualquier grupo perteneciente a una Gran Cultura contra su oponente intra-Cultural. Baste con decir que no hay precedentes de tal procedimiento en cinco milenios de alta historia.

La Distorsión Cultural queda también patentizada por la prolongación indefinida del programa de ejecuciones. Los organizadores del esquema no tenían una comunidad de honor con las gentes que condenaban a muerte, y hubieran podido continuar su tarea indefinidamente. Tres años después de haber empezado, el "programa" se desarrollaba en una escala mayor que en sus comienzos. El sentimiento de la propia vergüenza no tiene cabida en un extranjero Cultural, al revés de lo que sucedió con los intransigentes jacobinos y la canaille de París.

El ridículo ropaje legalista, que fué usado puramente pro forma, y que en ningún caso pudo influir en los "veredictos" y las "sentencias", es un signo suplementario del origen extra-Cultural. El pensamiento legal Occidental nunca ha pretendido el aniquilamiento del honor entre Occidentales, aún cuando a menudo se ha puesto al servicio de causas políticas, económicas o religiosas, bajo el disfraz de un "puro" pensamiento legal. Pero el extranjero Cultural carece del fino sentido de la limitación, y así continúa usando su disfraz incluso después de haber sido reconocido.

Tampoco es el programa de los "crímenes" una manifestación de barbarismo, porque el barbarismo es mucho más hostil a los polisilábicos malabarismos de los abogados que a los sentimientos de honor de los estratos elevados de una Gran Cultura. Así, en su ocupación de Europa, los rusos no hicieron "juicios" por "crímenes de Guerra", sino que simplemente asesinaron cuando les plugo, sin simulacros legales.

El Terror de la Revolución Francesa tenía, también, una idea positiva para la Nación, y las muertes y destrucciones que llevó a cabo tenían como propósito imponer un nuevo régimen mediante la intimidación y destrucción del anterior. Cuando hubo alcanzado su objetivo político, el Terror se terminó. En cambio, el Terror que siguió a la Segunda Guerra Mundial, empezó con un objetivo político ya alcanzado y no tenía, pues, ninguna razón de ser político-Cultural. Su motivo fue el odio existencial, y su finalidad fué simplemente una venganza total, apocalíptica... pero la venganza no interviene en la política Cultural.

Grupos pertenecientes a una misma Cultura, en la historia pasada, han mostrado siempre rasgos de generosidad contra un enemigo vencido de su misma Cultura, incluso en la etapa de las guerras de aniquilamiento. Lo que se trataba de destruir era el Estado enemigo, no el pueblo. La misma duración de los "juicios" indica enfermedad Cultural. El Terror francés juzgó y condenó a muerte, en sólo dos días, a una persona tan importante como la reina de Francia; pero los infames simulacros jurídicos sobre los "campos de concentración" duraron meses y meses, y la tortura legal de Nuremberg fué prolongada hasta un año.

El aspecto más cruel del amplio esquema fué indudablemente el que se dirigió contra gente de poca importancia, ya que abarcó a millones de personas. Regímenes-marioneta, instalados por el régimen americano, instituyeron tribunales de "desnazificación" para dar nuevos impulsos al ambicioso programa de persecuciones masivas. Las víctimas eran privadas de todas sus propiedades. Profesionales y académicos eran obligados a transformarse en trabajadores manuales. A muchachos de determinadas familias se les prohibía el acceso a la Universidad. Empezaron a distribuirse bajísimas raciones alimenticias entre la población; esta técnica había sido utilizada por Lenin en su programa de exterminación de la "burguesía" en Rusia. Los oponentes a la Distorsión Cultural fueron mandados a la cárcel por varios años. Las familias de las víctimas eran tratadas de idéntica manera, con objeto de que no pudieran prestarles ayuda alguna.

Este programa, en todos sus aspectos, fué contrario a todas las Convenciones Internacionales que ligaban a todos los Estados Occidentales al código común Cultural-internacional de honor político-militar. Estas convenciones representaban sentimientos Occidentales, pues de lo contrario no se hubieran llevado a efecto, y de ahí procede su olvido absoluto por parte de América en su ocupación post-bélica de Europa, y constituye, además, la prueba definitiva de la naturaleza patológico-Cultural del vasto programa de Terror. Ninguna fuerza Occidental hubiera podido implicarse en la prolongada y fraudulenta tentativa de presentar el Derecho Internacional de Occidente como un código penal, ya que nunca se había previsto en el mismo una escala de sanciones. Pero los elementos culturalmente extraños, en última instancia, no pueden nunca penetrar los sentimientos que están detrás de las ideas e instituciones Occidentales, de la misma manera que tampoco los Occidentales podrán nunca comprender totalmente las sutilezas de la Kábala o de la filosofía maimonideana.

Finalmente, y lo que, desde el punto de vista espiritual es más importante, se encuentra la desesperada tentativa llevada a cabo por el terror para lograr la transmutación de todos los valores Occidentales. La vida y la salud del anfitrión son la muerte del parásito, y el florecimiento del parásito es la enfermedad y la distorsión del anfitrión. Por lo tanto, cualquier tentativa, normal y natural, llevada a cabo por elementos portadores de Cultura para oponerse a fenómenos patológico-Culturales en el seno de la Civilización Occidental, fue presentada como criminal y moralmente reprensible. La oposición a la Distorsión Cultural y sus instrumentos fue declarada "delito" y el apoyo a la Revolución Europea de 1933 pudo acarrear la condena de muerte. En este intento de transmutación de valores un oficial de las Fuerzas Norteamericanas — que no era miembro de la Civilización Occidental — llegó a decir que si Bismarck viviera sería "juzgado" como criminal por sus tropas. Finalmente, el notorio "Consejo Legal de Control Núm. 10" definió como "criminales" a los líderes de la vida política, militar, industrial y financiera de Europa y sus Estados asociados del Este de Europa.

Este Terror muestra el significado de una ocupación americana en Europa. La naturaleza de América, como colonia, separada por una gran distancia del solar materno de la Cultura Occidental, explica claramente por qué la enfermedad Cultural ha podido jugar un papel tan determinante allí. Los usos del honor Occidental, existentes también en América, nunca tomaron raíces tan profundas en ese país. y así el extranjero Cultural pudo injertar su imperativo de venganza en el organismo americano. Tal proceso es orgánico y, por consiguiente, tiene una dirección. No puede continuar indefinidamente, para siempre, sin sufrir el desafío profundo y poderoso de los instintos nacionales de América, pero en esta época decisiva, el significado de América para Europa está simbolizado en el programa de Terror de la Distorsión Cultural que ella desató en los antiguos Estados de Europa, ahora convertidos en colonias suyas, después de la Segunda Guerra Mundial.

 

 

EL ABISMO

 

- I -

Europa está en un abismo político-espiritual. La Historia de Occidente desde 1914 impone ahora su precio de vergüenza y horror. La obsesión fronteriza se ha desarrollado hasta el punto en que ya no existen fronteras europeas, y las fronteras de las potencias extra-europeas se encuentran en Europa. Pobreza para todos, enfermedad, hambre, saqueos, fríos y deliberados asesinatos de miembros del estrato portador de Cultura de Occidente: he aquí el legado del nacionalismo y el patriotismo del Ayer. Pensaron en el Rhin, y no en el Amur, el Obi, el Yang-Tsé-Kiang, el Ganges, el Nilo, el Níger. En consecuencia, Europa se ha convertido en botín, y potencias saqueadoras del exterior disponen de sus vidas y sus tesoros, e incluso de las obras de arte que expresan su alma íntima.

¿Hemos visto, en los recientes nueve años, acontecimientos que dejan entrever el final de la Civilización Occidental? El solar sagrado de nuestra Cultura es ocupado por ejércitos de bárbaros y falseadores de nuestros instintos Culturales y nuestra herencia. Antaño, Rollo, Guillermo de Normadía, los Hohenstauffen, Corazón de León, Godofredo de Bouillon, los Caballeros Teutónicos, Rainald van Dassel, Gustavo Adolfo, Wallenstein, el Duque de Alba, Cromwell, Richelieu, Turenne, el Duque de Sajonia, Federico el Grande, Pitt, Napoleón, Bismarck, hollaron su suelo. Actualmente, mientras escribo, es ocupada por Kirghizes, Mongoles, Armenios, Tuskestanos, Indios, Senegaleses, Negros, Americanos, Judíos. Estos ejércitos Culturalmente extranjeros gobiernan a través de gobiernos traidores, cuyos miembros han surgido de entre las grietas de la calle, y que expresan el odio contra el Espíritu de la Epoca.

Desde 1900, el poder mundial de Europa ha decaído firmemente. La Primera Guerra Mundial aceleró marcadamente la Revuelta externa contra Occidente, y la Segunda Guerra Mundial eliminó enteramente a Europa de las combinaciones del poder mundial. La Revolución Europea de 1933, fue un rayo de esperanza para Europa. Pareció que Europa también podría participar en la lucha por el dominio del mundo, y reconquistar la posición mundial que es la base de la vida física de millones de europeos, en vez de ser el simple botín para bárbaros del exterior.

¿Qué recursos puede reunir Europa en la lucha por su supervivencia espiritual y física? Esta es otra manera de preguntar: ¿Cuáles son las posibilidades internas de Europa?

- II -

La falsa y distorsionada forma que adoptó la Segunda Guerra Mundial, puede, tal vez, inducir a algunos a pensar que la Cultura no es la fuerza motivadora de la política en esta época de la Política Absoluta. Pero, en realidad, la Segunda Guerra Mundial es la prueba de ello. De hecho, tres guerras separadas tuvieron lugar al mismo tiempo en el curso del fenómeno llamado Segunda Guerra Mundial. En primer lugar, estaba la guerra del grupo Falseador de la Cultura contra la Civilización Occidental. En segundo lugar, estaba la guerra de la Civilización Occidental contra Rusia. Y finalmente, estaba la guerra entre América, como colonia de la Civilización Occidental, y el Japón. Todas estas guerras estaban culturalmente motivadas.

Los conflictos que actualmente se desarrollan en el mundo están basados en contrastes culturales. En todo el ámbito de la Cultura Occidental hay una lucha horizontal: por debajo, la vigorosa y heroica Idea del siglo XX, el Socialismo Etico; por encima, los fenómenos malsanos del parasitismo, el retraso y la distorsión. Añádase a ello la lucha del Japón contra América, que es, también, una lucha Cultural, y el conflicto entre América y Rusia.

La presente situación en Europa está presidida por el hecho de que, en lo profundo, la Idea del siglo XX triunfó en la Segunda Guerra Mundial, y sólo superficialmente se impusieron las ideas decimonónicas del Capitalismo, el Materialismo, el nacionalismo y el patriotismo del Ayer. En toda Europa, y no solamente en Prusia-Alemania, el lugar de nacimiento de la Idea del siglo XX del Socialismo Etico, está presente el Espíritu de la Epoca. Se intenta confundirlo, distorsionarlo, dirigir su energía hacia vías muertas. Sobre todo, se utiliza la técnica de intentar resucitar el decimonónico odio nacional y el patriotismo pasado de moda, para provocar el suicidio de Europa. En la primera fase de las guerras de aniquilamiento, todas las naciones de Europa fueron víctimas de ese aniquilamiento, y las fuerzas extreriores fueron las vencedoras sobre la Civilización. Este proceso no es reversible. Lo que ha llegado a ser un hecho, permanece, y es preciso adaptarse a él.

Así pues, tanto por razones material como espirituales, el nacionalismo al estilo del siglo XIX ha muerto. Ha muerto espiritualmente por la razón de que Europa ha alcanzado en su desarrollo Cultural la etapa del Imperium. Aún cuando no existiera una amenaza exterior tan espantosa como la que existe, ello continuaría siendo cierto. Pero, además, la base del poder de cada una de las viejas naciones Occidentales ha sido destruida. Ninguna de ellas posee suficientes recursos, espirituales o materiales, para actuar independientemente en la política mundial. Su única alternativa consiste en ser vasallos colectivamente, o formar una unidad de Cultura-Estado-Nación-Raza-Pueblo. Esto crea, automáticamente, una unidad económico-político-militar.

Por otra parte, Europa puede resistir a la Idea Prusiana-Alemana del siglo XX, la Idea del Socialismo Etico y continuar en el presente caos. El resultado será, en ese caso, la eliminación política de la Civilización Occidental, para siempre, de la lucha mundial. Rusia, Japón, u otras potencias que ahora ni existen, lucharán las unas contra las otras por la conquista de las ruinas de Occidente, del mismo modo que los bárbaros del exterior llevaron a cabo interminables guerras por el control de los imperios egipcio, babilonio, chino, romano e islámico. Las tareas puramente espirituales e intelectuales que le quedan por hacer a nuestra Cultura, pueden ser realizadas bajo la dominación de los bárbaros, pero la más grandiosa de todas las tareas internas, y el más enérgico Imperativo de la más fuerte voluntad de poder que ha conocido la Historia, permanecerá incumplido; la creación del Imperio Occidental.

En todos los estratos de Europa debe comprenderse que la unidad de Occidente es algo que solo puede ser cumplido sobre una base. Desde 1940 hasta 1944 casi toda Europa estaba unida, y los sucesos de la Segunda Guerra Mundial mostraron al mundo entero la unidad de Europa, ya que toda Europa fué derrotada, a pesar de la tramposa tentativa de hacer que algunas partes de Occidente se sintieran "victoriosas". La unidad de Europa solamente puede ser llevada a cabo por la fuerza, ya que esta es la única arma que la Historia conoce. La manera en que las fuerzas exteriores derrotaron a Europa es la misma en que puede ser liberada y reunificada. Que esto adopte la forma de guerras civiles o internacionales es indiferente; los dos frentes son los mismos. A un lado, el Bárbaro y el Falseador, el Caos y la Muerte; en el otro, el espíritu de la Epoca, la Idea Prusiano-Europea.

Esta idea no es "nacional" en el sentido decimonónico de la expresión; esto no fué más que propaganda de elementos parásitos, y sólo convenció a los Sub-Europeos. Esta idea pasa por encima de las viejas divisiones "nacionales" de Occidente. Es, en si misma, el alma, la misión, la forma ética, de una Nación, una nación cuya población y territorio metropolitano proceden de las viejas formaciones "nacionales" de Occidente; España, Francia, Inglaterra, Italia y Alemania. No se trata de una federación, ni de una "unión aduanera" ni de ningún artificio económico para mantener Europa a un nivel marginal de existencia suficiente para impedir su revuelta contra el Falseador y el Bárbaro. Se trata de unidad espiritual, y naturalmente, como resultado, de una unidad económica. Pero esta unidad espiritual deberá de ocurrir aún cuando fuera económicamente inconveniente, porque la Economía ya no es el motor de la Historia.

 

 

IMPERIUM

 

- I -

La Historia de la Naciones en la Cultura Occidental sigue un gran desarrollo Triádico. La Tesis fué la unidad Occidental, la unidad de las Cruzadas y el período del Imperio y el Papado. Esto continuó, en el gran hecho esencial de preservar esta unidad ante el Bárbaro, hasta mediados del siglo XVIII. La antítesis fué el periodo del nacionalismo político, que acompañó al Materialismo, y que ejerció tan poderoso influjo que llegó un momento que los hombres pensaron que las naciones producían Cultura, en vez de lo contrario. Finalmente, la insistencia del nacionalismo se hizo tan grande, que algunos líderes prefirieron traicionar a sus naciones al aliarse con fuerzas extra-Occidentales en vez de juntarse con un organismo Occidental unificado. La Síntesis es el período del Futuro. Existe en las mentes de los miembros del estrato portador de la Cultura de Occidente, y durante un corto tiempo, fué actualizado en su primera forma, cruda y provisional, durante la Segunda Guerra Mundial. Vuelve a la Tesis, pero conserva las creaciones de la Antítesis, porque esta gran Síntesis no es una mera negativa. Ninguna "nación" europea del antiguo estilo puede ya, bajo esta nueva idea, ser objeto de ninguna tentativa forzosa para cambiar o abolir sus características locales. Considerada como una realidad espiritual, la Síntesis no puede ser propalada por la fuerza física.

No sólo en la esfera de las naciones, sino en la totalidad de las manifestaciones vitales de la Civilización Occidental, la Síntesis penetra con nuevos valores, su más elevada imaginación, y sus nuevos poderes creativos.

Durante la progresivamente radical desunión de Occidente, el antagonismo de las diversas Ideas entre si degeneró en una manía. El comercio combatió a la Autoridad, el Tercer Estado a la Sociedad, el Protestante al Católico, el Norte combatió al Sur, Inglaterra a España, Francia a España, Inglaterra a Prusia, la Ciencia a la Religión, el Racionalismo al Alma, y la guerra de clases a la Autoridad y a la Propiedad. La Fiebre nacionalista, la peor de todas, fué propalada por todas partes por los ejércitos de Francia bajo el Gran Napoleón. El mismo fervor nacionalista de sus tropas, que le dio la victoria en 150 campos de batalla, se esparció por sí mismo, ya que era el contenido del Espíritu de la Epoca. Este Espíritu infectó a todo Occidente, e informó la resistencia española y la reacción de Prusia que finalmente le derrotaron.

No existía ninguna necesidad interna para el horrible desenlace de la Epoca del nacionalismo, es decir, las guerras de aniquilamiento, No se debió al Destino, sino a la Patología Cultural, el que todo Occidente decayera, y que fuerzas extrañas vinieran a luchar sus guerras en su territorio, y con su sangre. No obstante, así sucedió, y el horrible resultado de la Segunda Guerra Mundial impone una nueva manera de pensar a todo el estrato portador de Cultura de Occidente. Al contrario, ahora existe la necesidad interna del definitivo final de la Edad del nacionalismo y de las guerras de aniquilamiento. La gran síntesis, el Imperium, la reemplaza. La Síntesis contiene dentro de sí los viejos componentes de la Tesis y la Antítesis. Los instintos Góticos esenciales de la Cultura Occidental se hallan aún presentes en la Idea-Imperium. No puede ser de otra manera. También se hallan presentes las diversas Ideas que estos instintos, dentro del marco de esta Cultura, formaron para la misma, las religiones, las naciones, las filosofías, las lenguas, las artes y las ciencias. Pero ya no se hallan presentes como contrastes, sino como meras diferencias.

Muerta — para siempre muerta — está toda noción de que una Idea nacional, lingüística, religiosa, social, tiene la misión de destruir a otra Idea. Los partidarios del Imperio continúan siendo distintos de los partidarios del Papado, pero esta distinción ya no gobierna sus mentes, porque ahora lo predominante es la Idea de Imperium, el retorno a los orígenes supra-personales, y estas dos grandiosas ideas proceden de la misma fuente espiritual. Las diferencias entre Protestantes y Católicos — que en una epoca pasada llegaron a promover un casus belli — han seguido el mismo camino. Continúan existiendo, pero ya es inconcebible que estas diferencias puedan dividir de nuevo a la Civilización Occidental. También existieron las diferencias raciales y temperamentales entre Teutones y Latinos; entre el Norte y el Sur. Antaño contribuyeron a suministrar motivos a la Historia; ahora ya no pueden hacerlo. Una vez más, insistimos, todos son partes de Occidente, aún cuando diferentes, y la Idea del Imperium monopoliza la motivación de la Historia.

Las viejas naciones, las religiones, las razas, las clases; ahora son el material de construcción de la gran estructura Imperial que se está fundamentando a si misma. Las diferencias locales, Culturales, sociales, lingüísticas, permanecerán. La Idea de Imperium no necesita aniquilar a sus Ideas componentes, productos colectivos de mil años de historia Occidental. Al contrario, las afirma todas; en un sentido más elevado las perpetúa a todas ellas, pero las pone a su servicio y ya no volverán a estar en el centro de la Historia.

Tampoco debe confundirse la Idea de Imperium con ninguna estúpida doctrina racionalista, ni ningún cobarde milenio. No es un programa; no es un conjunto de demandas, ni un esquema para la justicia, ni una serie de sofismas jurídicos alrededor del concepto de la soberanía racional. Igual que el Futuro ha debido siempre luchar contra las atrincheradas fuerzas del Pasado, igual deberá hacerlo esta poderosa, universal Idea. Su primera fase consiste en la conquista espiritual de las mentes y almas de los miembros del estrato portador de Cultura de Occidente. Esto es enteramente inevitable. La siguiente fase es la realización externa, en una nueva forma de Estado y una nueva forma de Nación, de la Idea. En esta fase podrán haber guerras civiles, tal vez retardatarias guerras "internacionales" entre antiguas naciones Occidentales, y posiblemente, Guerras de Liberación contra fuerzas externas.

La primera fase ya ha empezado, con lento pero irresistible ritmo. Las otras fases deben sucederse, se alcance o no la última perfección de la Idea en la realidad. El Tratado de Fontainebleau, en 1763, firmado antes de su nacimiento, tuvo fatales consecuencias para Napoleón que luchó contra él y sus consecuencias, en vano. Occidente tiene que luchar contra el legado de dos guerras mundiales, que destronaron a Europa y la convirtieron en vasalla de bárbaros y coloniales. Debe reconquistar la supremacía mundial que los envidiosos y pequeños oponentes del Héroe arrojaron al viento.

- II -

El empleo de la fuerza militar tiene por objeto combatir al Externo porque no es sujeto del Destino de Occidente. Todo organismo político no Occidental, por su simple existencia, niega a Occidente, su Destino, su Imperativo, y su derecho a la existencia Física. Esta lucha por el poder no puede ser eludida.

Como ya hemos visto, la presentes situación de Occidente le impone, no sólo una lucha por el poder, una lucha para impedir que pase a quedar bajo la esclavitud del Bárbaro, sino también una lucha para la continuada existencia biológica de la población de Europa. Hay un excedente de cien millones de europeos para el territorio de Europa. Estos cien millones están para llevar a cabo la tremenda tarea vital del organismo Occidental. Antes, sus vidas podrían mantenerse gracias al monopolio Occidental de la industria y de la técnica. Dos desastrosas y estúpidas guerras mundiales han destruido este monopolio. El trabajo de estos millones ya no es necesario. Ante ellos se yergue el espectro de la dispersión, el paro, el hambre, y la esclavitud. Si la presente situación continúa, este resultado no podrá ser impedido. La Persépolis de Europa ha empezado a tomar forma.

Dentro de un siglo Berlín, Londres, Roma, París, Madrid, pueden alinearse junto a Tenochtitlán, Luxor, Samarra y Tel-el-Amarna, si la actual conquista de Europa puede ser mantenida. ¿Ocurrirá esto?.

Las condiciones previas espirituales para la contienda han sido mencionadas. Toda esta obra se ha dedicado a proponer el único concepto del mundo y el único Imperativo Interno que puede servir para esta lucha por la liberación de Occidente. ¿Cómo puede el liberado Occidente llevar a cabo esta gran tarea de salvar un centenar de millones de vidas Occidentales? Sólo hay una solución, y es la más cercana. El territorio agrícola de Rusia proporciona los medios para preservar la población de Occidente, y la base necesaria para el dominio mundial de esta Civilización, que es la única que puede salvar a Occidente de la amenza de aniquilamiento por las fuerzas externas. Se trata, pues, de una solución militar, y no hay otra solución. Nuestro monopolio técnico-comercial-industrial ha desaparecido. Nuestra superioridad técnico-militar aún existe, así como nuestra superior voluntad de poder, talento organizativo y disciplina. Los días gloriosos de 1941 y 1942, mostraron lo que Occidente es capaz de hacer contra el Bárbaro, por grande que sea la superioridad numérica de éste. Igual que Rusia, la Civilización Occidental está situada en el cuadrante Nordeste. Por consiguiente, Rusia, no dispone, contra Occidente, de ninguna de las ventajas militares de que dispone contra América. Las comunes fronteras terrestres permiten a Occidente prescindir de un gigantesco poder naval como requisito previo para la lucha en tierra firme. Occidente podrá desplegar todas sus fuerzas en las llanuras sobre las que la batalla por el Futuro de Occidente será librada.

Este solución militar presupone una Cultura Occidental liberada y unida. Su condición previa es la liberación del alma Occidental del dominio de traidores y parásitos. He aquí las dos grandes tareas de acción que constituyen el Imperativo interno de Occidente.

Primero la liquidación de la tiranía de las ideas decimonónicas. Esto significa que el Alma Occidental debe quedar completamente limpia de toda forma de Materialismo, Racionalismo, Igualdad, Caos Social, Comunismo, Bolchevismo, Liberalismo, de todas las variedades del Izquierdismo, del Culto al Dinero, de la Democracia, del Capitalismo Financiero, de la dominación del Comercio, del nacionalismo, del parlamentarismo, del Feminismo, de la esterilidad racial, de los débiles ideales de "felicidad", y de toda forma de lucha de clases. Sustituyendo a estos ideales está la fuerte y viril idea de la Epoca de la Política Absoluta: Autoridad, Disciplina, Fe, Responsabilidad, Deber, Socialismo Etico, Fertilidad, Orden, Estado, Jerarquía,... la creación del Imperio de Occidente.

Segundo, la solución del inminente problema vital de Occidente mediante la conquista de las llanuras orientales como base de la futura existencia y cumplimiento de la misión mundial de la Civilización Occidental.

 

- III -

La situación del año 1948 ¿nos permite soñar con que este grandioso Imperativo podrá ser actualizado? Mientras escribo, millones de personas mueren de hambre en Europa y nadie en el mundo exterior se preocupa por ello. Millones más viven en condiciones infra-humanas, en cárceles, campos de concentración, o como una casata de Intocables, desposeídos de todos los derechos humanos. Occidente, no solamente no posee un ejército, sino que sus líderes que no han sido todavía ahorcados están en la cárcel. El poder en Europa, actualmente, es detectado por dos clases de individuos: extranjeros Culturales y traidores.

¿Puede, una Civilización, morir así? ¿Podrán, dos potencias sin forma estrangular una Cultura, dispersar y destuir a su población? Esta obra es una expresión de mi creencia de que no pueden, de que la inescrutable fuerza del Destino prevalecerá sobre las fuerzas exteriores, así como también sobre el obstáculo interno del Pasado. Precisamente en el momento en que su victoria parece madura y permanentemente asegurada, Europa empieza a agitarse. Torturada y castigada por la tragedia, la derrota y la catástrofe, el alma Occidental emerge de las ruinas, indestructible en su voluntad, y más pura que antes en su unidad espiritual. El gran sueño y aspiración de Leibnitz, la unión de todos los Estados de Europa, está ahora más cerca, precisamente en virtud de su derrota, pues en esa derrota se da cuenta de su unidad. La misión de esta generación es la más difícil a que ha debido enfrentarse una generación Occidental. Debe romper el terror que la mantiene en silencio, debe mirar hacia adelante, debe creer cuando aparentemente no hay esperanza, debe obedecer sus impulsos internos aún cuando ello signifique la muerte, debe luchar hasta el límite antes de someterse. Debe fortalecer con el conocimiento de que contra el Espíritu del Heroísmo ninguna fuerza materialista puede prevalecer. Como los hombres de Aragón y Castilla que lucharon contra el Moro, como los Caballeros Teutónicos y los Prusianos que lucharon contra el eslavo, los hombres de esta generación deben luchar por la existencia permanente de Occidente. En último caso, nada puede venderlos, excepto la decadencia interna.

Occidente puede aportar a la contienda algo que no tienen ni el Bárbaro, ni el Parásito: la fuerza del más grande Destino supra-personal que ha aparecido jamás en este globo terráqueo. Esta Idea supra-personal tiene una fuerza tan tremenda que los simulacros de juicios, las matanzas, las pirámides de calaveras, no pueden afectarla.

Occidente, en los próximos siglos, deberá entregar decenas de millones de vidas en la guerra contra el Bárbaro y el Falseador. Tiene una voluntad, que no solo ha emergido intacta tras la Segunda Guerra Mundial, sino que ahora está más articulada en toda Europa, y va ganando en fuerza cada año, cada década. Una simple superioridad material no significará gran cosa en una guerra cuya duración se medirá, posiblemente, en siglos. Napoleón sabía, y Occidente sabe todavía, que lo espiritual es esencial en la guerra. El suelo de Europa, sacralizado por ríos de sangre que lo han hecho espiritualmente fértil por un milenio, volverá a ser regado de sangre hasta que los Bárbaros y los Falseadores hayan sido expulsados y la bandera Occidental ondee en su solar patrio desde Gibraltar hasta el Cabo Norte, y desde los rocosos promontorios de Galway hasta los Urales.

Esto nos es prometido, no por meros propósitos humanos, sino por un elevado Destino, que se preocupa poco de si estamos en 1950, 2000, ó 2050. Este Destino es incansable, no puede quebrarse, y su manto de fortaleza desciende sobre los que nos encontramos a su servicio.

 

Was mich nicht umbringt, macht mich stärker.
(Lo que no me destruye, me fortalece)

 

 

La Editorial
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NOTAS

[71] Probablemente el autor incurre aquí en un error de cálculo. La población de Europa Occidental, sin contar sus Colonias Culturales, alcanza los cuatrocientos millones de habitantes (N. del T.)

 

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