Lenin: El Imperialismo, fase superior del capitalismo

La Editorial

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Vladimir Ilyich Ulyanov - LENIN

EL IMPERIALISMO, FASE SUPERIOR DEL CAPITALISMO

- 1916 -

Edición electrónica Buenos Aires 2004


INDICE

PROLOGO
PROLOGO A LAS EDICIONES FRANCESA Y ALEMANA
I. LA CONCENTRACIÓN DE LA PRODUCCIÓN Y LOS MONOPOLIOS
II. LOS BANCOS Y SU NUEVO PAPEL
III. EL CAPITAL FINANCIERO Y LA OLIGARQUÍA FINANCIERA
IV. LA EXPORTACIÓN DE CAPITAL
V. EL REPARTO DEL MUNDO ENTRE LAS ASOCIACIONES DE CAPITALISTAS
VI. EL REPARTO DEL MUNDO ENTRE LAS GRANDES POTENCIAS
VII. EL IMPERIALISMO, COMO FASE PARTICULAR DEL CAPITALISMO
VIII. EL PARASITISMO Y LA DESCOMPOSICIÓN DEL CAPITALISMO
IX. LA CRITICA DEL IMPERIALISMO
X. EL LUGAR HISTÓRICO DEL IMPERIALISMO
NOTAS (I)
NOTAS (II)


Hace ya más de un siglo que la palabra "imperialismo" viene sufriendo todo tipo de usos y abusos, interpretaciones y variaciones. En esta situación, no estará nunca de más remontarse a los orígenes del término para establecer, al menos, su significado primigenio. Para ello, difícilmente pueda discutirse que la fuente más adecuada en la materia sea Lenin, probablemente la persona que más hizo para introducir el término en el léxico político contemporáneo.


PROLOGO

El folleto que ofrezco a la atención del lector fue escrito en Zurich durante la primavera de 1916. En las condiciones en que me veía obligado a trabajar tuve que tropezar, naturalmente, con una cierta insuficiencia de materiales franceses e ingleses y con una gran carestía de materiales rusos. Sin embargo, la obra inglesa más importante sobre el imperialismo, el libro de J. A. Hobson, ha sido utilizada con la atención que, a mi juicio, merece.

El folleto está escrito teniendo en cuenta la censura zarista. Por esto, no sólo me vi precisado a limitarme estrictamente a un análisis exclusivamente teórico — sobre todo económico —, sino también a formular las indispensables y poco numerosas observaciones de carácter político con una extraordinaria prudencia, por medio de alusiones, del lenguaje a lo Esopo, maldito lenguaje al cual el zarismo obligaba a recurrir a todos los revolucionarios cuando tomaban la pluma para escribir algo con destino a la literatura "legal".

Produce pena releer ahora, en los días de libertad, los pasajes del folleto desnaturalizados, comprimidos, contenidos en un anillo de hierro por la preocupación de la censura zarista. Para decir que el imperialismo es el preludio de la revolución socialista, que el socialchauvinismo (socialismo de palabra, chauvinismo de hecho) es una traición completa al socialismo, el paso completo al lado de la burguesía, que esa escisión del movimiento obrero está relacionada con las condiciones objetivas del imperialismo, etc., me vi obligado a hablar en un lenguaje servil, y por esto no tengo más remedio que remitir a los lectores que se interesen por el problema a la colección de mis artículos de 1914-1917, publicados en el extranjero, que serán reeditados en breve. Vale la pena, particularmente, señalar un pasaje [1] : para hacer comprender al lector, en forma adaptada a la censura, el modo indecoroso de cómo mienten los capitalistas y los socialchauvinistas que se han pasado al lado de aquéllos (y contra los cuales lucha con tanta inconsecuencia Kautsky), en lo que se refiere a la cuestión de las anexiones, el descaro con que encubren las anexiones de sus capitalistas, me vi precisado a tomar el ejemplo. . . ¡del Japón! El lector atento sustituirá fácilmente el Japón por Rusia, y Corea, por Finlandia, Polonia, Curlandia, Ucrania, Jiva, Bujará, Estlandia y otros territorios del imperio zarista no poblados por grandes rusos.

Quiero abrigar la esperanza de que mi folleto ayudará a orientar en la cuestión económica fundamental, sin cuyo estudio es imposible comprender nada en la apreciación de la guerra y de la política actuales, a saber: la cuestión de la esencia económica del imperialismo.

EL AUTOR
Petrogrado, 26 de abril de 1917 [2]

 

PROLOGO A LAS EDICIONES
FRANCESA Y ALEMANA [3]

— I —

Este libro, como ha quedado dicho en el prólogo de la edición rusa, fue escrito en 1916, teniendo en cuenta la censura zarista. Actualmente, no tengo la posibilidad de rehacer todo el texto; por otra parte, sería inútil, ya que el fin principal del libro, hoy como ayer, consiste en ofrecer, con ayuda de los datos generales irrefutables de la estadística burguesa y de las declaraciones de los sabios burgueses de todos los países, un cuadro de conjunto de la economía mundial capitalista en sus relaciones internacionales, a comienzos del siglo XX, en vísperas de la primera guerra mundial imperialista.

Hasta cierto grado será incluso útil a muchos comunistas de los países capitalistas avanzados persuadirse por el ejemplo de este libro, legal, desde el punto de vista de la censura zarista, de que es posible — y necesario — aprovechar hasta esos pequeños resquicios de legalidad que todavía les quedan a éstos, por ejemplo, en la América actual o en Francia, después de los recientes encarcelamientos de casi todos los comunistas, para demostrar todo el embuste de las concepciones y de las esperanzas socialpacifistas en cuanto a la "democracia mundial". Intentaré dar en este prólogo los complementos más indispensables a este libro censurado.

— II —

En esta obra hemos probado que la guerra de 1914-1918 ha sido, de ambos lados beligerantes, una guerra imperialista (esto es, una guerra de conquista, de bandidaje y de robo), una guerra por el reparto del mundo, por la partición y el nuevo reparto de las colonias, de las "esferas de influencia" del capital financiero, etc.

Pues la prueba del verdadero carácter social o, mejor dicho, del verdadero carácter de clase de una guerra no se encontrará, claro está, en la historia diplomática de la misma, sino en el análisis de la situación objetiva de las clases dirigentes en todas las potencias beligerantes. Para reflejar esa situación objetiva, no hay que tomar ejemplos y datos aislados (dada la infinita complejidad de los fenómenos de la vida social, se puede siempre encontrar un número cualquiera de ejemplos o datos aislados, susceptibles de confirmar cualquier tesis), sino indefectiblemente el conjunto de los datos sobre los fundamentos de la vida económica de todas las potencias beligerantes y del mundo entero.

Me he apoyado precisamente en estos datos generales irrefutables al describir el reparto del mundo en 1876 y en 1914 (§ VI) y el reparto de los ferrocarriles en todo el globo en 1890 y en 1913 (§ VII). Los ferrocarriles constituyen el balance de las principales ramas de la industria capitalista, de la industria del carbón y del hierro; el balance y el índice más notable del desarrollo del comercio mundial y de la civilización democrático-burguesa. En los capítulos precedentes de este libro, exponemos la conexión entre los ferrocarriles y la gran producción, los monopolios, los sindicatos patronales, los cartels, los trusts, los bancos y la oligarquía financiera. La distribución de la red ferroviaria, la desigualdad de esa distribución y de su desarrollo, constituyen el balance del capitalismo moderno, monopólico, en la escala mundial. Y este balance demuestra la absoluta inevitabilidad de las guerras imperialistas sobre esta base económica, en tanto que subsista la propiedad privada de los medios de producción.

La construcción de ferrocarriles es en apariencia una empresa simple, natural, democrática, cultural, civilizadora: se presenta como tal ante los ojos de los profesores burgueses, pagados para embellecer la esclavitud capitalista, y ante los ojos de los filisteos pequeñoburgueses. En realidad, los múltiples lazos capitalistas, por medio de los cuales esas empresas se hallan ligadas a la propiedad privada sobre los medios de producción en general, han transformado esa construcción en un medio para oprimir a mil millones de seres (en las colonias y en las semicolonias), es decir, a más de la mitad de la población de la tierra en los países dependientes y a los esclavos asalariados del capital en los países "civilizados".

La propiedad privada fundada en el trabajo del pequeño patrono, la libre competencia, la democracia, todas esas consignas por medio de las cuales los capitalistas y su prensa engañan a los obreros y a los campesinos, pertenecen a un pasado lejano. El capitalismo se ha transformado en un sistema universal de opresión colonial y de estrangulación financiera de la inmensa mayoría de la población del planeta por un puñado de países "avanzados". Este "botín" se reparte entre dos o tres potencias rapaces de poderío mundial, armadas hasta los dientes (Estados Unidos, Inglaterra, Japón), que, por el reparto de su botín, arrastran a su guerra a todo el mundo.

— III —

La paz de Brest-Litovsk, dictada por la monárquica Alemania, y la paz aún más brutal e infame de Versalles, impuesta por las repúblicas "democráticas" de América y de Francia y por la "libre" Inglaterra, han prestado un servicio extremadamente útil a la humanidad, al desenmascarar al mismo tiempo a los coolíes de la pluma a sueldo del imperialismo y a los pequeños burgueses reaccionarios — aunque se llamen pacifistas y socialistas —, que celebraban el "wilsonismo" y trataban de hacer ver que la paz y las reformas son posibles bajo el imperialismo.

Decenas de millones de cadáveres y de mutilados, víctimas de la guerra — esa guerra que se hizo para resolver la cuestión de si el grupo inglés o alemán de bandoleros financieros recibiría una mayor parte del botín —, y encima, estos dos "tratados de paz" hacen abrir, con una rapidez desconocida hasta ahora, los ojos de millones y decenas de millones de hombres atemorizados, aplastados, embaucados y engañados por la burguesía. Sobre la ruina mundial creada por la guerra, se agranda así la crisis revolucionaria mundial, que, por largas y duras que sean las peripecias que atraviese, no podrá terminar sino con la revolución proletaria y su victoria.

El Manifiesto de Basilea de la II Internacional, que, en 1912, caracterizó precisamente la guerra que estalló en 1914 y no la guerra en general (hay diferentes clases de guerra; hay también guerras revolucionarias), ha quedado como un monumento que denuncia toda la vergonzosa bancarrota, toda la traición de los héroes de la II Internacional.

Por eso, uno el texto de ese Manifiesto como apéndice a esta edición, advirtiendo una y otra vez a los lectores que los héroes de la II Internacional rehuyen con empeño todos los pasajes del Manifiesto que hablan precisa, clara y directamente de la relación entre esta guerra que se avecinaba y la revolución proletaria, con el mismo empeño con que un ladrón evita el lugar donde cometió el robo.

— IV —

Hemos prestado en este libro una atención especial a la crítica del "kautskismo", esa corriente ideológica internacional representada en todos los países del mundo por los "teóricos más eminentes", por los jefes de la II Internacional (Otto Bauer y Cía. en Austria, Ramsay MacDonald y otros en Inglaterra, Albert Thomas en Francia, etc., etc.) y por un número infinito de socialistas, de reformistas, de pacifistas, de demócratas burgueses y de clérigos.

Esa corriente ideológica, de una parte, es el producto de la descomposición, de la putrefacción de la II Internacional y, de otra parte, es el fruto inevitable de la ideología de los pequeños burgueses, a quienes todo el ambiente los hace prisioneros de los prejuicios burgueses y democráticos.

En Kautsky y las gentes de su calaña, tales concepciones significan precisamente la abjuración completa de los fundamentos revolucionarios del marxismo, defendidos por Kautsky durante decenas de años, sobre todo, dicho sea de paso, en la lucha contra el oportunismo socialista (de Bernstein, Millerand, Hyndman, Gompers, etc.). Por eso, no es un hecho casual que los "kautskistas" de todo el mundo se hayan unido hoy, práctica y políticamente, a los oportunistas más extremos (a través de la II Internacional o Internacional amarilla) y a los gobiernos burgueses (a través de los gobiernos de coalición burgueses con participación socialista).

El movimiento proletario revolucionario en general, que crece en todo el mundo, y el movimiento comunista en particular, no puede dejar de analizar y desenmascarar los errores teóricos del "kautskismo". Esto es tanto más necesario cuanto que el pacifismo, y el "democratismo" en general — que no sienten pretensiones de marxismo, pero que, enteramente al igual que Kautsky y Cía., disimulan la profundidad de las contradicciones del imperialismo y la ineluctabilidad de la crisis revolucionaria engendrada por éste — son corrientes que se hallan todavía extraordinariamente extendidas por todo el mundo. La lucha contra tales tendencias es el deber del partido del proletariado, que debe arrancar a la burguesía los pequeños propietarios que ella engaña y los millones de trabajadores cuyas condiciones de vida son más o menos pequeñoburguesas.

— V —

Es menester decir unas palabras a propósito del capítulo VIII: "El parasitismo y la descomposición del capitalismo". Como lo hacemos ya constar en este libro, Hilferding, antiguo "marxista", actualmente compañero de armas de Kautsky y uno de los principales representantes de la política burguesa, reformista, en el seno del "Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania" [4], ha dado en esta cuestión un paso atrás respecto del inglés Hobson, pacifista y reformista declarado. La escisión internacional de todo el movimiento obrero aparece ahora de una manera plena (II y III Internacional). La lucha armada y la guerra civil entre las dos tendencias es también un hecho evidente: en Rusia, apoyo de Kolchak y de Denikin por los mencheviques y los "socialistas-revolucionarios" contra los bolcheviques; en Alemania, Scheidemann, Noske y Cía. con la burguesía contra los espartaquistas [5]; y lo mismo en Finlandia, en Polonia, en Hungría, etc. ¿Dónde está la base económica de este fenómeno histórico-mundial?

Se encuentra precisamente en el parasitismo y en la descomposición del capitalismo, inherentes a su fase histórica superior, es decir, al imperialismo. Como lo demostramos en este libro, el capitalismo ha destacado ahora un puñado (menos de una décima parte de la población de la tierra, menos de un quinto, calculando "por todo lo alto") de Estados particularmente ricos y poderosos, que saquean a todo el mundo con el simple "recorte del cupón". La exportación de capital da ingresos que se elevan a ocho o diez mil millones de francos anuales, de acuerdo con los precios de antes de la guerra y según las estadísticas burguesas de entonces. Naturalmente, ahora eso representa mucho más.

Es evidente que una superganancia tan gigantesca (ya que los capitalistas se apropian de ella, además de la que exprimen a los obreros de su "propio" país) permite corromper a los dirigentes obreros y a la capa superior de la aristocracia obrera. Los capitalistas de los países "avanzados" los corrompen, y lo hacen de mil maneras, directas e indirectas, abiertas y ocultas.

Esta capa de obreros aburguesados o de "aristocracia obrera", completamente pequeños burgueses en cuanto a su manera de vivir, por la cuantía de sus emolumentos y por toda su mentalidad, es el apoyo principal de la Segunda Internacional, y, hoy día, el principal apoyo social (no militar) de la burguesía. Pues éstos son los verdaderos agentes de la burguesía en el seno del movimiento obrero, los lugartenientes laborales de la clase capitalista, los verdaderos portadores del reformismo y del chauvinismo. En la guerra civil entre el proletariado y la burguesía se ponen inevitablemente, en número no despreciable, al lado de la burguesía, al lado de los "versalleses" contra los "comuneros".

Sin haber comprendido las raíces económicas de ese fenómeno, sin haber alcanzado a ver su importancia política y social, es imposible dar el menor paso hacia la solución de las tareas prácticas del movimiento comunista y de la revolución social que se avecina.

El imperialismo es el preludio de la revolución social del proletariado. Esto ha sido confirmado, en una escala mundial, desde 1917.

N. LENIN
6 de julio de 1920.


Introducción

Durante los últimos quince o veinte años, sobre todo después de la guerra hispano-americana (1898) y de la anglo-boer (1899-1902), la literatura económica, así como la política, del Viejo y del Nuevo Mundo, consagra una atención creciente al concepto de "imperialismo" para caracterizar la época que atravesamos. En 1902, apareció en Londres y Nueva York la obra del economista inglés J. A. Hobson, "El imperialismo". El autor, que está situado en el punto de vista del socialreformismo y del pacifismo burgueses — punto de vista que coincide, en el fondo, con la posición actual del ex-marxista C. Kautsky — hace una descripción excelente y detallada de las particularidades económicas y políticas fundamentales del imperialismo. En 1910, se publicó en Viena la obra del marxista austriaco Rudolf Hilferding, "El capital financiero" (traducción rusa: Moscú 1912). A pesar del error del autor en la cuestión de la teoría del dinero y de cierta tendencia a conciliar el marxismo con el oportunismo, la obra mencionada constituye un análisis teórico extremadamente valioso de la "fase moderna de desarrollo del capitalismo" (así está concebido el subtítulo de la obra de Hilferding). En el fondo, lo que se ha dicho acerca del imperialismo durante estos últimos años — sobre todo en el número inmenso de artículos sobre este tema publicados en periódicos y revistas, así como en las resoluciones tomadas, por ejemplo, en los Congresos de Chemnitz y de Basilea, que se celebraron en otoño de 1912 — salía apenas del círculo de ideas expuestas o, para decirlo mejor, resumidas en los dos trabajos mencionados. . .

En las páginas que siguen nos proponemos exponer someramente, en la forma más popular posible, el lazo y la correlación entre las particularidades económicas fundamentales del imperialismo. No nos detendremos, tanto como lo merece, en el aspecto no económico de la cuestión. Las indicaciones bibliográficas y otras notas que no a todos los lectores pueden interesar, las damos al final del folleto.

 

I. LA CONCENTRACIÓN DE LA PRODUCCIÓN Y LOS MONOPOLIOS

El incremento enorme de la industria y el proceso notablemente rápido de concentración de la producción en empresas cada vez más grandes constituyen una de las particularidades más características del capitalismo. Las estadísticas industriales modernas suministran los datos más completos y exactos sobre este proceso.

En Alemania, por ejemplo, de cada mil empresas industriales, en 1882, tres eran empresas grandes, es decir, que contaban con más de 50 obreros; en 1895, seis, y en 1907, nueve. De cada cien obreros les correspondían, respectivamente, 22, 30 y 37. Pero la concentración de la producción es mucho más intensa que la de los obreros, pues el trabajo en las grandes empresas es mucho más productivo, como lo indican los datos relativos a las máquinas de vapor y a los motores eléctricos. Si tomamos lo que en Alemania se llama industria en el sentido amplio de esta palabra, es decir, incluyendo el comercio, las vías de comunicación, etc., obtendremos el cuadro siguiente: grandes empresas, 30.588 sobre un total de 3.265.623, es decir, el 0,9% . En ellas están empleados 5,7 millones de obreros sobre un total de 14,4 millones, es decir, el 39,4%; caballos de fuerza de vapor, 6,6 millones sobre 8,8, es decir, el 75,3%; de fuerza eléctrica 1,2 millones de kilovatios sobre 1,5 millones, o sea el 77,2%.

¡Menos de una centésima parte de las empresas tienen más de 3/4 de la cantidad total de la fuerza de vapor y eléctrica! ¡A los 2,97 millones de pequeñas empresas (hasta 5 obreros asalariados) que constituyen el 91% de todas las empresas, corresponde únicamente el 7% de la fuerza eléctrica y de vapor! Las decenas de miles de grandes empresas lo son todo; los millones de pequeñas empresas no son nada.

En 1907, había en Alemania 586 establecimientos que contaban con mil obreros y más. A esos establecimientos correspondía casi la décima parte (1,38 millones) del número total de obreros y casi el tercio (32%) del total de la fuerza eléctrica y de vapor [6]. El capital monetario y los bancos, como veremos, hacen todavía más aplastante este predominio de un puñado de grandes empresas, y decimos aplastante en el sentido más literal de la palabra, es decir, que millones de pequeños, medianos e incluso una parte de los grandes "patronos" se hallan de hecho completamente sometidos a unos pocos centenares de financieros millonarios.

En otro país avanzado del capitalismo contemporáneo, en los Estados Unidos, el incremento de la concentración de la producción es todavía más intenso. En este país, la estadística considera aparte a la industria en la acepción estrecha de la palabra y agrupa los establecimientos de acuerdo con el valor de la producción anual. En 1904, había 1.900 grandes empresas (sobre 216.180, es decir, el 0,9%), con una producción de 1 millón de dólares y más; en ellas, el número de obreros era de 1,4 millones (sobre 5,5 millones, es decir el 25,6%), y la producción, de 5.600 millones (sobre 14.800 millones, o sea, el 38%). Cinco años después, en 1909, las cifras correspondientes eran las siguientes: 3.060 establecimientos (sobre 268.491, es decir, el 1,1%) con dos millones de obreros (sobre 6,6 millones, es decir el 30,5%) y 9.000 millones de producción anual (sobre 20.700 millones, o sea el 43,8%) [7]

¡Casi la mitad de la producción global de todas las empresas del país en las manos de la centésima parte del número total de empresas! Y esas tres mil empresas gigantescas abrazan 258 ramas industriales. De aquí se deduce claramente que la concentración, al llegar a un grado determinado de su desarrollo, por sí misma conduce, puede decirse, de lleno al monopolio, ya que a unas cuantas decenas de empresas gigantescas les resulta fácil ponerse de acuerdo entre sí, y, por otra parte, la competencia, que se hace cada vez más difícil, y la tendencia al monopolio, nacen precisamente de las grandes proporciones de las empresas. Esta transformación de la competencia en monopolio constituye de por sí uno de los fenómenos más importantes — por no decir el más importante — de la economía del capitalismo moderno, y es necesario que nos detengamos a estudiarlo con mayor detalle. Pero antes debemos eliminar un equívoco posible.

La estadística norteamericana dice: 3.000 empresas gigantescas en 250 ramas industriales. Al parecer, corresponden 12 grandes empresas a cada rama de la producción.

Pero no es así. No en cada rama de la industria hay grandes empresas; por otra parte, una particularidad extremadamente importante del capitalismo, que ha alcanzado su más alto grado de desarrollo, es la llamada combinación, o sea la reunión, en una sola empresa, de distintas ramas de la industria que representan en sí o bien fases sucesivas de la elaboración de una materia prima (por ejemplo, la fundición del mineral de hierro, la transformación del hierro en acero y, en ciertos casos, la elaboración de tales o cuales productos de acero), o bien distintas ramas que desempeñan unas con relación a otras un papel auxiliar (por ejemplo, la utilización de los residuos o de los productos accesorios, producción de artículos de embalaje, etc.).

"La combinación — dice Hilferding — nivela las diferencias de coyuntura y garantiza, por tanto, a la empresa combinada una norma de beneficio más estable. En segundo lugar, la combinación determina la eliminación del comercio. En tercer lugar, hace posible el perfeccionamiento técnico y, por consiguiente, la obtención de ganancias suplementarias en comparación con las empresas 'puras' (es decir, no combinadas). En cuarto lugar, consolida la posición de la empresa combinada en comparación con la 'pura', la refuerza en la lucha de competencia durante las fuertes depresiones (estancamiento de los negocios, crisis), cuando la disminución del precio de la materia prima va a la zaga respecto de la disminución de los precios de los artículos manufacturados" [8].

El economista burgués alemán Heymann, que ha consagrado una obra especial a las empresas "mixtas" o combinadas en la industria siderúrgica alemana, dice: "Las empresas puras perecen, aplastadas por el precio elevado de los materiales y el bajo precio de los artículos manufacturados". Resulta lo siguiente:

"Por una parte, han quedado grandes compañías hulleras, con una extracción de carbón que se cifra en varios millones de toneladas, sólidamente organizadas en su sindicato hullero; luego, estrechamente ligadas a ellas, las grandes fundiciones de acero con su sindicato. Estas empresas gigantescas, con una producción de acero de 400.000 toneladas por año, con una extracción inmensa de mineral de hierro y de hulla, con la producción de artículos de acero, con 10.000 obreros alojados en los cuarteles de las colonias obreras, que cuentan a veces con ferrocarriles y puertos propios, son los representantes típicos de la industria siderúrgica alemana. Y la concentración continúa avanzando sin cesar. Las empresas van ganando en importancia cada día; cada vez es mayor el número de establecimientos de una o varias ramas de la industria que se agrupan en empresas gigantescas, apoyadas y dirigidas por media docena de grandes bancos berlineses. En lo que se refiere a la industria minera alemana, ha sido demostrada con exactitud la doctrina de Carlos Marx sobre la concentración; es verdad que esto se refiere a un país en el cual la industria se halla defendida por derechos arancelarios proteccionistas y por las tarifas de transporte. La industria minera de Alemania está madura para la expropiación" [9].

Tal es la conclusión a que se vio obligado a llegar un economista burgués, concienzudo, por excepción. Hay que observar que considera a Alemania como un caso especial a consecuencia de la protección de su industria por elevadas tarifas arancelarias. Pero esta circunstancia no ha podido más que acelerar la concentración y la constitución de asociaciones monopólicas patronales, cartels, sindicatos, etc. Es extraordinariamente importante hacer notar que, en el país del librecambio, en Inglaterra, la concentración conduce también al monopolio, aunque un poco más tarde y acaso en otra forma. He aquí lo que escribe el profesor Hermann Levy, en su estudio especial sobre los "Monopolios, cartels y trusts", hecho a base de los datos del desarrollo económico de la Gran Bretaña:

"En la Gran Bretaña, precisamente las grandes proporciones de las empresas y su alto nivel técnico son las que traen aparejada la tendencia al monopolio. Por una parte, la concentración ha determinado el empleo de enormes sumas de capital en las empresas; por eso, las nuevas empresas se hallan ante exigencias cada vez más elevadas en lo que concierne a la cuantía del capital necesario, y esta circunstancia dificulta su aparición. Pero por otra parte (y este punto lo consideramos como el más importante), cada nueva empresa que quiere mantenerse al nivel de las empresas gigantescas, creadas por la concentración, representa un aumento tan enorme de la oferta de mercancías, que su venta lucrativa es posible sólo a condición de un aumento extraordinario de la demanda, pues, en caso contrario, esa abundancia de productos rebaja su precio a un nivel desventajoso para la nueva fábrica y para las asociaciones monopólicas". En Inglaterra, las asociaciones monopólicas de patronos, cartels y trusts, surgen en la mayor parte de los casos — a diferencia de los otros países, en los que los aranceles proteccionistas facilitan la cartelización — únicamente cuando el número de las principales empresas competidoras se reduce a "un par de docenas" . . . "La influencia de la concentración en el nacimiento de los monopolios en la gran industria aparece en este caso con una claridad cristalina" [10].

Medio siglo atrás, cuando Marx escribió "El Capital", la libre competencia era considerada por la mayor parte de los economistas como una "ley natural". La ciencia oficial intentó aniquilar por la conspiración del silencio la obra de Marx, el cual había demostrado, por medio del análisis teórico e histórico del capitalismo, que la libre competencia engendra la concentración de la producción, y que dicha concentración, en un cierto grado de su desarrollo, conduce al monopolio. Ahora el monopolio es un hecho. Los economistas escriben montañas de libros en los cuales describen manifestaciones aisladas del monopolio y siguen declarando a coro que "el marxismo ha sido refutado". Pero los hechos son testarudos — como dice un refrán inglés — y, de grado o por fuerza, hay que tenerlos en cuenta. Los hechos demuestran que las diferencias entre los diversos países capitalistas, por ejemplo, en lo que se refiere al proteccionismo o al librecambio, condicionan únicamente diferencias no esenciales en la forma de los monopolios o en el momento de su aparición, pero que el engendramiento del monopolio por la concentración de la producción es una ley general y fundamental de la fase actual de desarrollo del capitalismo.

Por lo que a Europa se refiere, se puede fijar con bastante exactitud el momento en que se produjo la sustitución definitiva del viejo capitalismo por el nuevo: fue precisamente a principios del siglo XX. En uno de los trabajos de recopilación más recientes sobre la historia de la "formación de los monopolios", leemos:

"Se pueden citar algunos ejemplos de monopolios capitalistas de la época anterior a 1860; se pueden descubrir en ellos los gérmenes de las formas que son tan corrientes en la actualidad; pero esto constituye indiscutiblemente la época prehistórica de los cartels. El verdadero comienzo de los monopolios contemporáneos lo hallamos no antes de la década de 1860. El primer gran período de desarrollo del monopolio empieza con la depresión internacional de la industria en la década del 70, y se prolonga hasta principios de la última década del siglo". "Si se examina la cuestión en lo que se refiere a Europa, la libre competencia alcanza el punto culminante de desarrollo en los años 1860-1880. Por aquel entonces, Inglaterra terminaba la edificación de su organización capitalista de viejo estilo. En Alemania, dicha organización entablaba una lucha decidida contra la industria artesana y doméstica, y empezaba a crear sus formas de existencia".

"Empieza una transformación profunda con el crac de 1873, o más exactamente, con la depresión que le siguió y que — con una pausa apenas perceptible, a principios de la década del 80, y con un auge extraordinariamente vigoroso, pero breve, hacia 1889 — llena veintidós años de la historia económica europea". "Durante el corto período de auge de 1889-1890, fueron utilizados en gran escala los cartels para aprovechar la coyuntura. Una política irreflexiva elevaba los precios todavía con mayor rapidez y aun en mayores proporciones de lo que hubiera sucedido sin los cartels, y casi todos esos cartels perecieron sin gloria 'enterrados en la fosa del crac'. Transcurrieron otros cinco años de malos negocios y precios bajos, pero en la industria reinaba ya un estado de espíritu distinto del anterior: la depresión no era considerada ya como una cosa natural, sino, sencillamente, como una pausa ante una nueva coyuntura favorable".

"Y el movimiento de los cartels entró en su segunda época. En vez de ser un fenómeno pasajero, los cartels se convierten en una de las bases de toda la vida económica, conquistan una esfera industrial tras otra, y, en primer lugar, la de la transformación de materias primas. Ya a principios de la década del 90, los cartels consiguieron en la organización del sindicato del cok, el que sirvió de modelo al sindicato hullero, una técnica tal de los cartels, que, en esencia, no ha sido sobrepasada por el movimiento. El gran auge de fines del siglo XIX y la crisis de 1900 a 1903 se desarrollan ya enteramente por primera vez — al menos en lo que se refiere a las industrias minera y siderúrgica — bajo el signo de los cartels. Y si entonces esto parecía aún algo nuevo, ahora es una verdad evidente para todo el mundo que grandes sectores de la vida económica son, por regla general, sustraídos a la libre competencia". [11]

Así, pues, el balance principal de la historia de los monopolios es el siguiente:

1. 1860-1880, punto culminante de desarrollo de la libre competencia. Los monopolios no constituyen más que gérmenes apenas perceptibles.

2. Después de la crisis de 1873, largo período de desarrollo de los cartels, pero éstos constituyen todavía una excepción, no son aún sólidos, aun representan un fenómeno pasajero.

3. Auge de fines del siglo XIX y crisis de 1900-1903; los cartels se convierten en una de las bases de toda la vida económica. El capitalismo se ha transformado en imperialismo.

Los cartels se ponen de acuerdo entre sí respecto a las condiciones de venta, a los plazos de pago, etc. Se reparten los mercados de venta. Fijan la cantidad de productos a fabricar. Establecen los precios. Distribuyen las ganancias entre las distintas empresas, etc.

El número de cartels era en Alemania aproximadamente de 250 en 1896, y de 385, en 1905, abarcando cerca de 12.000 establecimientos. [12] Pero todo el mundo reconoce que estas cifras son inferiores a la realidad. De los datos de la estadística de la industria alemana de 1907 que hemos citado más arriba se deduce que hasta esos 12.000 grandes establecimientos concentran seguramente más de la mitad de toda la fuerza motriz de vapor y eléctrica. En los Estados Unidos, el número de trusts era, en 1900, de 185; en 1907, de 250.

La estadística norteamericana divide todas las empresas industriales en empresas pertenecientes a personas aisladas, a firmas y a corporaciones. A las últimas pertenecían, en 1904, el 23,6%; en 1909, el 25,9%, es decir, más de la cuarta parte del total de las empresas. En dichos establecimientos estaban ocupados, en 1904, el 70,6% de obreros; en 1909, el 75,6%, las tres cuartas partes del número total. La cuantía de la producción era, respectivamente, de 10,9 y de 16,3 mil millones de dólares, o sea el 73,7% y el 79% de la suma total.

En las manos de los cartels y trusts se encuentran a menudo las siete o las ocho décimas partes de toda la producción de una rama industrial determinada; el sindicato hullero del Rhin y Westfalia, en el momento de su constitución, en 1893, concentraba el 86,7% de toda la producción del carbón en aquella cuenca, y en 1910, el 95,4% [13]. El monopolio constituido en esta forma proporciona beneficios gigantescos y conduce a la creación de unidades técnicas de producción de proporciones inmensas. El famoso trust del petróleo de Estados Unidos ("Standard Oil Company") fue fundado en 1900.

"Su capital era de 150 millones de dólares. Fueron emitidas acciones ordinarias por valor de 100 millones de dólares y acciones privilegiadas por valor de 106 millones de dólares. Estas últimas percibieron los siguientes dividendos: en el período 1900-1907: 48, 48, 45, 44, 36, 40, 40, 40% o sea, en total, 367 millones de dólares. Desde 1882 a 1907, se obtuvieron 889 millones de dólares de beneficio neto de los que 606 millones fueron distribuidos en dividendos, y el resto pasó al capital de reserva". [14] "En todas las empresas del trust del acero ("United States Steel Corporation") estaban ocupados, en 1907, no menos de 210.180 obreros y empleados. La empresa más importante de la industria minera alemana, la Sociedad Minera de Gelsenkirchen ("Gelsenkirchener Bergwerksgesellschaft") tenía, en 1908, 46.048 obreros y empleados". [15]

Ya en 1902, el trust del acero producía 9 millones de toneladas de acero. [16] Su producción constituía, en 1901, el 66,3% y, en 1908, el 56,1 % de toda la producción de acero de los Estados Unidos. [17] Sus extracciones de mineral de hierro, el 43,9% y el 46,3%, respectivamente.

El informe de la comisión gubernamental norteamericana sobre los trusts dice:

"La superioridad de los trusts sobre sus competidores se basa en las grandes proporciones de sus empresas y en su excelente instalación técnica. El trust del tabaco, desde el momento mismo de su fundación, consagró todos sus esfuerzos a sustituir en todas partes en vasta escala el trabajo manual por el trabajo mecánico. Con este objeto, adquirió todas las patentes que tenían una relación cualquiera con la elaboración del tabaco y empleó para esto sumas enormes. Muchas patentes resultaban al principio inservibles y tuvieron que ser modificadas por los ingenieros que se hallaban al servicio del trust. A fines de 1906, fueron constituidas dos sociedades filiales con el único objeto de adquirir patentes. Con este mismo objeto, el trust creó fundiciones, fábricas de construcción de maquinaria y talleres de reparación propios. Uno de dichos establecimientos, en Brooklyn, da ocupación, por término medio, a 300 obreros; en él se experimentan y se perfeccionan los inventos relacionados con la producción de cigarrillos, cigarros pequeños, tabaco rapé, papel de estaño para el embalaje, cajas, etc." [18]

"Hay otros trusts que tienen también a su servicio a los llamados developping engineers (ingenieros para el desarrollo de la técnica), cuya misión consiste en inventar nuevos procedimientos de producción y en comprobar los perfeccionamientos técnicos. El trust del acero abona a sus ingenieros y obreros premios importantes por los inventos susceptibles de elevar la técnica o reducir los gastos". [19]

Del mismo modo está organizado todo cuanto se refiere a los perfeccionamientos técnicos en la gran industria alemana por ejemplo, en la industria química, la cual se ha desarrollado en proporciones gigantescas durante estas últimas décadas. El proceso de concentración de la producción creó ya en 1908 en dicha industria dos "grupos" principales, que, a su manera, evolucionaban hacia el monopolio. Al principio, esos grupos constituían "alianzas dobles" de dos pares de grandes fábricas con un capital de 20 a 21 millones de marcos cada una; de una parte, la antigua fábrica de Meister, en Höchst, y la de Cassella, en Francfort del Main; de otra parte, la fábrica de anilina y sosa en Ludwigshafen y la antigua fábrica de Bayer, en Elberfeld. Uno de los grupos en 1905 y el otro en 1908 se pusieron de acuerdo, cada uno por su cuenta, con otra gran fábrica, a consecuencia de lo cual resultaron dos "alianzas triples" con un capital de 40 a 50 millones de marcos cada una, y entre las cuales se inició ya una "aproximación", se estipularon "acuerdos" sobre los precios, etc. [20]

La competencia se convierte en monopolio. De aquí resulta un gigantesco progreso de la socialización de la producción. Se efectúa también, en particular, la socialización del proceso de inventos y perfeccionamientos técnicos.

Esto no tiene ya nada que ver con la antigua libre competencia de patronos dispersos, que no se conocían entre sí y que producían para un mercado ignorado. La concentración ha llegado hasta tal punto, que se puede hacer un cálculo aproximado de todas las fuentes de materias primas (por ejemplo, yacimientos de minerales de hierro) en un país, y aun, como veremos, en varios países, en todo el mundo. No sólo se realiza este cálculo, sino que asociaciones monopólicas gigantescas se apoderan de dichas fuentes. Se efectúa el cálculo aproximado del mercado, el que, según el acuerdo estipulado, las asociaciones mencionadas se "reparten" entre sí. Se monopoliza la mano de obra calificada, se toman los mejores ingenieros, y las vías y los medios de comunicación — las líneas férreas en América, las compañías navieras en Europa y América — van a parar a manos de los monopolios citados. El capitalismo, en su fase imperialista conduce de lleno a la socialización de la producción en sus más variados aspectos; arrastra, por decirlo así, a pesar de su voluntad y conciencia, a los capitalistas a un cierto nuevo régimen social, de transición entre la plena libertad de competencia y la socialización completa.

La producción pasa a ser social, pero la apropiación continúa siendo privada. Los medios sociales de producción siguen siendo propiedad privada de un número reducido de individuos. El marco general de la libre competencia formalmente reconocida persiste, y el yugo de un grupo poco numeroso de monopolistas sobre el resto de la población se hace cien veces más duro, más sensible, más insoportable.

El economista alemán Kestner ha consagrado una obra especial a la "lucha entre los cartels y los outsiders", es decir, empresarios que no formaban parte de los cartels. El autor ha titulado dicha obra: "La organización forzosa", cuando hubiera debido hablar, naturalmente, para no embellecer el capitalismo, de la subordinación forzosa a las asociaciones monopólicas. Es instructivo echar una simple ojeada aunque no sea más que a la enumeración de los medios a que acuden dichas asociaciones en la lucha moderna, novísima civilizada por la "organización": 1) privación de las materias primas (. . . "uno de los procedimientos más importantes para obligar a entrar en el cartel"); 2) privación de mano de obra mediante "alianzas" (esto es, mediante acuerdos entre los capitalistas y los sindicatos obreros para que estos últimos acepten trabajo solamente en las empresas cartelizadas); 3) privación de medios de transporte; 4) privación de mercados; 5) acuerdo con los compradores para sostener relaciones comerciales únicamente con los cartels; 6) disminución sistemática de los precios (con objeto de arruinar a los "outsiders", es decir, a las empresas que no se someten a los monopolistas, se gastan millones para vender, durante un tiempo determinado, a precios inferiores al coste: en la industria de la bencina se ha dado el caso de bajar el precio de 40 a 22 marcos, es decir, ¡casi a la mitad!); 7) privación de crédito; 8) declaración del boicot.

Nos hallamos en presencia, no ya de una lucha de competencia entre grandes y pequeñas empresas, entre establecimientos técnicamente atrasados y establecimientos de técnica avanzada. Nos hallamos ante la estrangulación, por los monopolistas, de todos aquellos que no se someten al monopolio, a su yugo, a su arbitrariedad. He aquí cómo se refleja este proceso en la conciencia de un economista burgués.

"Aun en el terreno de la actividad económica pura — escribe Kestner —, se produce cierto desplazamiento de la actividad comercial, en el sentido tradicional de la palabra, hacia una actividad organizadora especulativa. Consigue los mayores éxitos, no el comerciante que, basándose en su experiencia técnica y comercial, sabe determinar mejor las necesidades del comprador, encontrar y, por decirlo así, "descubrir" la demanda que se halla en estado latente, sino el genio (?!) especulador que por anticipado sabe tener en cuenta o intuir el desenvolvimiento en el terreno de la organización, la posibilidad de determinados lazos entre las diferentes empresas y los bancos" . . .

Traducido al lenguaje común, esto significa: el desarrollo del capitalismo ha llegado a un punto tal, que, aunque la producción de mercancías sigue "reinando" como antes y siendo considerada como la base de toda la economía, en realidad se halla ya quebrantada, y las ganancias principales van a parar a los "genios" de las maquinaciones financieras. En la base de estas maquinaciones y de estos chanchullos se halla la socialización de la producción; pero el inmenso progreso logrado por la humanidad, que ha llegado a dicha socialización, beneficia . . . a los especuladores. Más adelante veremos cómo, "basándose en esto", la crítica pequeñoburguesa y reaccionaria del imperialismo capitalista sueña con volver atrás, a la competencia "libre", "pacífica", "honrada".

"La elevación persistente de los precios, como resultado de la constitución de los cartels — dice Kestner —, hasta ahora se ha observado sólo en lo que se refiere a los principales medios de producción, sobre todo a la hulla, el hierro, la potasa, y, por el contrario, no se ha observado nunca en lo que se refiere a los artículos manufacturados. Como consecuencia de ello, el aumento de los beneficios se ha limitado igualmente a la industria de los medios de producción. Hay que completar esta observación con la de que la industria de transformación de las materias primas (y no de productos semimanufacturados) no sólo obtiene, como resultado de la constitución de cartels, ventajas en forma de las ganancias elevadas, en perjuicio de la industria dedicada a la transformación ulterior de los productos semimanufacturados, sino que ha pasado a mantener, respecto de esta última industria, relaciones de dominación, que no existían bajo la libre competencia". [21]

Las palabras subrayadas por nosotros muestran el fondo de la cuestión, que de tan mala gana y sólo de vez en cuando reconocen los economistas burgueses y que se empeñan tanto en no ver y pasar por alto los defensores actuales del oportunismo, con C. Kautsky al frente. Las relaciones de dominación y de violencia — violencia que va ligada a dicha dominación —: he aquí lo típico en la "nueva fase del desarrollo del capitalismo", he aquí lo que inevitablemente tenía que derivarse y se ha derivado de la constitución de los monopolios económicos todopoderosos.

Citaremos otro ejemplo de los manejos de los cartels. Allí donde es posible apoderarse de todas o de las más importantes fuentes de materias primas, la aparición de cartels y la constitución de monopolios es sobremanera fácil. Pero sería un error pensar que los monopolios no surgen también en otras ramas de la producción en las cuales la conquista de todas las fuentes de materias primas es imposible. En la industria del cemento, la materia prima existe en todas partes. Sin embargo, también esta industria está extremadamente cartelizada en Alemania. Las fábricas se han agrupado en sindicatos regionales: el de Alemania del Sur, el renanowestfaliano, etc. Los precios establecidos son precios de monopolio: ¡de 230 a 280 marcos por vagón, cuando el valor de coste es de 180 marcos! Las empresas dan dividendos del 12 al 16%; además, no hay que olvidar que los "genios" de la especulación contemporánea saben canalizar hacia sus bolsillos grandes sumas de ganancias, aparte de las que se reparten en concepto de dividendo. Para eliminar la competencia en una industria tan lucrativa, los monopolistas se valen incluso de artimañas diversas: hacen circular rumores falsos sobre la mala situación de la industria; publican en los periódicos anuncios anónimos: "¡Capitalistas! ¡No coloquéis vuestros capitales en la industria del cemento!"; por ultimo, compran empresas "outsiders" (es decir, que no forman parte de los sindicatos), abonando 60, 80, 150 mil marcos al que "cede". [22] El monopolio se abre camino en todas partes, valiéndose de todos los medios, empezando por el pago de una "modesta" indemnización al que cede y terminando por el "procedimiento" americano del empleo de la dinamita contra el competidor.

La supresión de las crisis por los cartels es una fábula de los economistas burgueses, los cuales lo que hacen es embellecer el capitalismo a toda costa. Al revés, el monopolio que se crea en ciertas ramas de la industria aumenta y agrava el caos propio de todo el sistema de la producción capitalista en su conjunto. La desproporción entre el desarrollo de la agricultura y el de la industria, desproporción que es característica del capitalismo en general, se acentúa aún más. La situación privilegiada en que se halla la industria más cartelizada, la llamada industria pesada, particularmente el hierro y la hulla, determina en las demás ramas de la industria "la falta mayor aún de coordinación sistemática", como lo reconoce Jeidels, autor de uno de los mejores trabajos sobre "las relaciones entre los grandes bancos alemanes y la industria". [23]

"Cuanto más desarrollada está la economía nacional — escribe Liefmann, defensor acérrimo del capitalismo — tanto más se entrega a empresas arriesgadas o, en el extranjero, a empresas que exigen largo tiempo para su desarrollo o, finalmente, a las que sólo tienen una importancia local". [24]

El aumento del riesgo es consecuencia, al fin y al cabo, del aumento gigantesco de capital, el cual, por decirlo así, desborda el vaso y se vierte hacia el extranjero, etc. Y junto con esto los progresos extremadamente rápidos de la técnica traen aparejados consigo cada vez más elementos de desproporción entre las distintas partes de la economía nacional, de caos, de crisis.

"Probablemente — se ve obligado a reconocer el mismo Liefmann — la humanidad asistirá en un futuro próximo a nuevas y grandes revoluciones en el terreno de la técnica, que harán sentir sus efectos también sobre la organización de la economía nacional . . . (la electricidad, la navegación aérea). Habitualmente, y por regla general, en estos períodos de radicales transformaciones económicas se desarrolla una fuerte especulación" . . [25] Y las crisis — las crisis de toda clase, sobre todo las crisis económicas, pero no sólo éstas — aumentan a su vez en proporciones enormes la tendencia a la concentración y al monopolio. He aquí unas reflexiones extraordinariamente instructivas de Jeidels sobre la significación de la crisis de 1900, la cual, como sabemos, desempeñó el papel de punto crucial en la historia de los monopolios modernos:

"La crisis de 1900 se produjo en un momento en que, al lado de gigantescas empresas en las ramas principales de la industria, existían todavía muchos establecimientos con una organización anticuada, según el criterio actual, establecimientos 'puros' (esto es, no combinados), que se habían elevado sobre las olas del auge industrial. La baja de los precios, la disminución de la demanda, llevaron a esas empresas 'puras' a una situación calamitosa que o no conocieron en modo alguno las gigantescas empresas combinadas o que sólo conocieron durante un breve período. Como consecuencia de esto, la crisis de 1900 determinó la concentración de la industria en proporciones incomparablemente mayores que la crisis de 1873, la cual efectuó también una determinada selección de las mejores empresas, pero, dado el nivel técnico de entonces, esta selección no pudo crear un monopolio de las empresas que habían conseguido salir victoriosas de la crisis. Precisamente de un tal monopolio persistente, y, además, en un alto grado, gozan las empresas gigantescas de la industria siderúrgica y eléctrica actuales, gracias a su técnica complicadísima, a su extensa organización, a la potencia de su capital, y, en menor grado, también las empresas de construcción de máquinas, determinadas ramas de la industria metalúrgica, las vías de comunicación, etc."[26]

El monopolio es la última palabra de la "fase más reciente del desarrollo del capitalismo". Pero nuestro concepto de la fuerza efectiva y de la significación de los monopolios contemporáneos sería en extremo insuficiente, incompleto, reducido, si no tomáramos en consideración el papel de los bancos.

 

II. LOS BANCOS Y SU NUEVO PAPEL

La operación fundamental y primordial de los bancos consiste en servir de intermediarios para los pagos. En relación con ello, los bancos convierten el capital monetario inactivo en activo, esto es, que rinde beneficio; reúnen toda clase de ingresos metálicos y los ponen a disposición de la clase de los capitalistas.

A medida que van desarrollándose los bancos y que va acentuándose su concentración en un número reducido de establecimientos, de modestos intermediarios que eran antes, se convierten en monopolistas omnipotentes que disponen de casi todo el capital monetario de todos los capitalistas y pequeños patronos, así como de la mayor parte de los medios de producción y de las fuentes de materias primas de uno o de varios países. Esta transformación de los numerosos y modestos intermediarios en un puñado de monopolistas constituye uno de los procesos fundamentales de la transformación del capitalismo en imperialismo capitalista, y por esto debemos detenernos, en primer término, en la concentración de los bancos.

En el año económico de 1907 a 1908, los depósitos de todos los bancos anónimos de Alemania que poseían un capital de más de un millón de marcos eran de 7.000 millones de marcos; en el año económico de 1912 a 1913, de 9.800 millones; un aumento de un 40% en cinco años. Además, de esos 2.800 millones de aumento, 2.750 millones correspondían a 57 bancos con un capital de más de 10 millones de marcos. La distribución de los depósitos entre los bancos grandes y pequeños era la siguiente: [27]

PORCENTAJE DEL TOTAL DE DEPÓSITOS

Años
En los grandes bancos berlineses, en número de 9
En los 48 bancos restantes con un capital de más de 10 millones
En 115 bancos con un capital de 1 a 10 millones
En los pequeños bancos con menos de 1 millón
1907/8
47 32,5 16,5 4
1912/13 49 36 12 3

Los pequeños bancos van siendo eliminados por los grandes, de los cuales nueve concentran casi la mitad de todos los depósitos. Pero aquí no se tiene todavía mucho en cuenta, por ejemplo, la transformación de una serie de pequeños bancos en agencias efectivas de los grandes, etc., de lo cual trataremos más adelante.

A fines de 1913, Schulze-Gaevernitz fijaba los depósitos de los nueve grandes bancos berlineses en 5.100 millones de marcos sobre un total de cerca de 10.000 millones. Tomando en consideración no sólo los depósitos, sino todo el capital bancario, ese mismo autor escribía:

"A fines de 1909, los nueve grandes bancos berlineses, junto con los bancos adheridos a ellos, administraban 11.300 millones de marcos, esto es, cerca del 83% de la suma del capital bancario alemán. El 'Banco Alemán' ("Deutsche Bank"), que administra, junto con los bancos adheridos a él, cerca de 3.000 millones de marcos, representa, al lado de la administración prusiana de las líneas férreas del Estado, la aglomeración de capital más considerable, con la particularidad de estar en alto grado descentralizada, del viejo mundo" [28].

Hemos subrayado la indicación relativa a los bancos "adheridos", porque esto se refiere a una de las particularidades características más importantes de la concentración capitalista moderna. Los grandes establecimientos, particularmente los bancos, no sólo absorben directamente a los pequeños, sino que los "incorporan", los subordinan, los incluyen en "su" grupo, en su consorcio (Konzern) — según el término técnico — por medio de la "participación" en su capital, de la compra o del cambio de acciones, del sistema de crédito, etc., etc. El profesor Liefmann ha consagrado un voluminoso "trabajo" de medio millar de páginas a la descripción de las "sociedades contemporáneas de participación y financiación", [29] pero, por desgracia, agregando razonamientos "teóricos" de calidad más que inferior a un material bruto, a menudo mal digerido. El resultado a que conduce este sistema de "participación", desde el punto de vista de la concentración, se halla indicado mejor que en ninguna otra parte en la obra del "financiero" Riesser sobre los grandes bancos alemanes. Pero antes de examinar sus datos daremos un ejemplo concreto del sistema de "participación".

El "grupo" del "Banco Alemán" es uno de los más importantes, por no decir el más importante, de los grupos de grandes bancos. Para darse cuenta de los hilos principales
que atan entre sí a los bancos del grupo mencionado, hay que distinguir la "participación" de primero, segundo y tercer grado, o, lo que es lo mismo, la dependencia (de los bancos más pequeños con respecto al "Banco Alemán") de primero, segundo y tercer grado. Resulta lo siguiente [30]:

El "Banco Alemán" participa
Dependencia de primer grado
Dependencia de segundo grado
Dependencia de tercer grado
De un modo permanente en 17 bancos de los cuales 9
participan en 34
de los cuales 4
participan en 7
Durante un tiempo indeterminado
en 5 bancos
---
---
De vez en cuando en 8 bancos de los cuales 5
participan en 14
de los cuales 2
participan en 2
Total en 30 bancos
de los cuales 14 participan en 48
de los cuales 6
participan en 9

Entre los ocho bancos de "dependencia de primer grado" sometidos al "Banco Alemán" "de vez en cuando", figuran tres bancos extranjeros: uno austriaco (la "Sociedad Bancaria", de Viena — "Bankverein" —) y dos rusos (el "Banco Comercial Siberiano" — "Sibirski Torgovi Bank" — y el "Banco Ruso para el Comercio Exterior" — "Russki Bank dliá vneshnei torgovli" —). En total forman parte del grupo del "Banco Alemán", directa o indirectamente, parcial o totalmente, 87 bancos, y el capital total, propio o ajeno, de que dispone el grupo se calcula en dos o tres mil millones de marcos.

Es evidente que un banco que se halla al frente de un grupo tal y que se pone de acuerdo con media docena de otros, casi tan importantes como él, para operaciones financieras singularmente grandes y lucrativas, tales como, por ejemplo, los empréstitos de Estado, ha superado ya el papel de "intermediario" y se ha convertido en la alianza de un puñado de monopolistas.

Los datos de Riesser que damos a continuación, en forma abreviada, muestran la rapidez con que a fines del siglo XIX y principios del XX se ha efectuado la concentración de los negocios bancarios en Alemania:

SEIS GRANDES BANCOS BERLINESES TENÍAN

Años
Sucursales
en
Alemania
Cajas de de-
posito y ofi-
cinas de
cambio
Participación
permanente
en los bancos
anónimos
alemanes
Total de
estable-
cimientos
1895...
16
14
1
42
1900
21
40
8
80
1911
104
276
63
450


Estos datos nos permiten ver cómo se extiende la espesa red de canales que abrazan a todo el país, que centralizan todos los capitales e ingresos monetarios, que convierten a los millares y millares de explotaciones dispersas en una explotación capitalista única, nacional en un principio y mundial después. La "descentralización" de que en el pasaje que hemos reproducido más arriba, hablaba Schulze-Gaevernitz en nombre de la economía política burguesa de nuestros días, consiste, en realidad, en la subordinación a un centro único de un número cada día mayor de unidades económicas que antes eran relativamente "independientes", o, más exactamente, que tenían un carácter estrictamente local. Se trata, pues, en efecto, de la centralización, del refuerzo del papel, de la importancia y del poder de los gigantes monopólicos.

En los países capitalistas más viejos, dicha "red bancaria" es todavía más espesa. En Inglaterra (comprendida Irlanda), en 1910, el número de sucursales de todos los bancos era de 7.151. Cuatro grandes bancos contaban con más de 400 sucursales cada uno (de 447 a 689); otros cuatro, con más de 200, y 11 con más de 100 cada uno.

En Francia, los tres bancos más importantes: el "Crédit Lyonnais", el "Comptoir National" y la "Société Générale" han desarrollado sus operaciones y la red de sus sucursales del modo siguiente: [31]

Años
Número de sucursales y de cajas
Capitales
(en millones de francos)
En Provincias
En París
Total
Propios
Ajenos
1870...
47
17
64
200
427
1890
192
66
258
265
1.245
1909
1.033
196
1.299
887
4.363

Para caracterizar las "relaciones" de un gran banco moderno, Riesser suministra datos sobre el número de cartas enviadas y recibidas por la "Sociedad de Descuento" ("Disconto-Gesellschaft"), uno de los bancos más importantes de Alemania y de todo el mundo (su capital ascendía, en 1914, a 300 millones de marcos):

Años
N° de Cartas recibidas
N° de Cartas emitidas
1852
6.315
6.292
1870
85.000
87.513
1900
533.102
626.043

En el gran banco parisién "Crédit Lyonnais", el número de cuentas corrientes, que en 1875 era de 28.535, pasó a 633.539, en 1912. [32]

Estas simples cifras muestran, quizá con mayor evidencia que largos razonamientos, cómo la concentración del capital y el aumento del giro de los bancos transforman radicalmente la importancia de estos últimos. Los capitalistas dispersos vienen a formar un capitalista colectivo. Al llevar una cuenta corriente para varios capitalistas, el banco, al parecer, realiza una operación puramente técnica, únicamente auxiliar. Pero cuando esta operación crece en proporciones gigantescas, resulta que un puñado de monopolistas subordina las operaciones comerciales e industriales de toda la sociedad capitalista, obteniendo la posibilidad — por medio de sus relaciones bancarias, de las cuentas corrientes y otras operaciones financieras —, primero, de enterarse con exactitud del estado de los negocios de los distintos capitalistas, y, después, de controlarlos, de ejercer influencia sobre ellos mediante la ampliación o la restricción del crédito, facilitándolo o dificultándolo y, finalmente, de determinar enteramente su destino, de determinar su rentabilidad, de privarles de capital o de permitirles acrecentarlo rápidamente y en proporciones inmensas, etc.

Acabamos de aludir al capital de 300 millones de marcos de la "Sociedad de Descuento" de Berlín. Este aumento del capital de dicha sociedad fue uno de los episodios de la lucha por la hegemonía entre los dos bancos berlineses más importantes: el "Banco Alemán" y la "Sociedad de Descuento". En 1870, el primero, todavía un novato, no contaba más que con un capital de 15 millones, mientras que el del segundo se elevaba a 30 millones. En 1908, el primero tenía un capital de 200 millones; el del segundo era de 170 millones. En 1914, el primero elevó su capital a 250 millones; el segundo, mediante la fusión con otro banco importantísimo, la "Alianza Bancaria de Schaffhausen", a 300 millones. Y, naturalmente, esta lucha por la hegemonía se desarrolla paralelamente a los "acuerdos", cada vez más frecuentes y más sólidos, entre los dos bancos. He aquí a qué conclusiones hace llegar este desarrollo de los bancos a los especialistas en cuestiones bancarias, que examinan los problemas económicos desde un punto de vista que no va más allá, ni mucho menos, de los límites del reformismo burgués más moderado y puntual:

"Los demás bancos seguirán el mismo camino — decía la revista alemana 'Die Bank', con motivo de la elevación del capital de la 'Sociedad de Descuento' a 300 millones —, y los trescientos individuos que en el momento actual rigen los destinos económicos de Alemania se verán reducidos con el tiempo a 50, 25 o menos. No hay que esperar que el movimiento moderno de concentración quede circunscrito a los bancos. Las estrechas relaciones entre diferentes bancos conducen asimismo, de un modo natural, al acercamiento entre los sindicatos de industriales que se hallan protegidos por estos bancos. . . Un buen día nos despertaremos, y ante nuestros ojos asombrados no habrá más que trusts, y nos hallaremos en la necesidad de reemplazar los monopolios privados por los monopolios de Estado. Y, sin embargo, en realidad, nosotros no tendremos nada que reprocharnos, a no ser el haber dejado que la marcha de las cosas se desarrollara libremente, acelerada un poco por el uso de las acciones". [33]

He aquí un ejemplo de la impotencia del periodismo burgués, del cual la ciencia burguesa se distingue sólo por una menor franqueza y por la tendencia a velar la esencia de las cosas, a ocultar el bosque tras los árboles. "Asombrarse" de las consecuencias de la concentración, hacer "reproches" al gobierno de la Alemania capitalista o a la "sociedad" capitalista ("nosotros"), temer la "aceleración" de la concentración como consecuencia de la introducción de las acciones, del mismo modo que un especialista alemán en cartels, Tschierschky, teme los trusts norteamericanos y "prefiere" los cartels alemanes, porque, según él, no son tan susceptibles "de acelerar de un modo tan excesivo como los trusts el progreso técnico y económico" [34] , ¿no es todo esto una prueba de impotencia?

Pero los hechos no dejan de ser hechos. En Alemania no hay trusts, sino "solamente" cartels, pero el país está gobernado por no más de 300 magnates del capital, y su número disminuye sin cesar. Los bancos, en todo caso, en todos los países capitalistas, cualquiera que sea la diferencia entre las legislaciones bancarias, intensifican y aceleran enormemente el proceso de concentración del capital y de constitución de monopolios.

"Los bancos crean en escala social la forma, y nada más que la forma, de la contabilidad general y de la distribución general de los medios de producción", escribía Marx, hace medio siglo, en "El Capital" (trad. rusa, t. III, parte II, pág. 144). Los datos que hemos reproducido referentes al incremento del capital bancario, al aumento del número de oficinas de cambio y sucursales de los bancos más importantes, de sus cuentas corrientes, etc., nos muestran concretamente esa "contabilidad general" de toda la clase de los capitalistas y aun no sólo de los capitalistas, pues los bancos recogen, aunque no sea más que temporalmente, toda clase de ingresos monetarios de los pequeños propietarios, de los funcionarios, de la reducida capa superior de los obreros, etc. La "distribución general de los medios de producción": he aquí lo que brota, desde el punto de vista formal, de los bancos modernos, de los que los más importantes en número de 3 a 6 en Francia, y de 6 a 8 en Alemania, disponen de miles y miles de millones. Pero, por su contenido, esa distribución de los medios de producción no es "general", ni mucho menos, sino privada, esto es, conforme a los intereses del gran capital, y, en primer lugar, del capital monopólico más grande, el cual obra en unas condiciones en las que la masa de la población vive semihambrienta; condiciones en las que todo el desarrollo de la agricultura se retrasa irremediablemente respecto del de la industria, una parte de la cual, la "industria pesada", percibe un tributo de todas las demás ramas industriales.

En lo que se refiere a la socialización de la economía capitalista, empiezan a competir con los bancos las cajas de ahorro y los establecimientos postales, los cuales son más "descentralizados", es decir, atraen al círculo de su influencia a un número mayor de localidades, a un número mayor de puntos recónditos, a sectores más vastos de la población. He aquí los datos recogidos por la comisión norteamericana encargada de investigar el desarrollo comparado de los depósitos en los bancos y en las cajas de ahorro: [35]

DEPÓSITOS
(En miles de millones de marcos)

Año
Inglaterra
Francia
Alemania
En los bancos
En las cajas de ahorro
en los bancos
en las cajas de ahorro
en los bancos
en las sociedades de crédito
en las cajas de ahorro
1880
8.4
1.6
?
0.9
0.5
0.4
2.6
1888
12.4
2.0
1.5
2.1
1.1
0.4
4.5
1909
23.2
4.2
3.7
4.2
7.1
2.2
13.9

Las cajas de ahorro, que pagan el 4 y el 4 1/4% a los depositarios, se ven obligadas a buscar la manera de colocar de un modo "remunerativo" sus capitales, lanzarse a operaciones sobre las letras de cambio, las hipotecas y otras. Las fronteras existentes entre los bancos y las cajas de ahorro "van desapareciendo cada vez más". Las Cámaras de Comercio de Bochum y de Erfurt, por ejemplo, exigen que se "prohiba" a las cajas de ahorro realizar operaciones "puramente" bancarias, tales como el descuento de letras; exigen la limitación de la actividad "bancaria" de los establecimientos postales. [36] Los magnates bancarios temen verse alcanzados por el monopolio del Estado cuando menos lo esperen. Pero, naturalmente, dicho temor no va más allá de los límites de la competencia entre dos jefes de despacho de una misma cancillería, porque de un lado, son de hecho, y al fin y al cabo, esos mismos magnates del capital bancario los que disponen de los miles de millones que constituyen el capital de las cajas de ahorro, y, de otro lado, el monopolio del Estado en la sociedad capitalista no es más que un medio de elevar y asegurar los ingresos de los millonarios que están a punto de quebrar en tal o cual rama de la industria.

La sustitución del viejo capitalismo, en el cual reina la libre competencia, por el nuevo capitalismo, en el que domina el monopolio, se expresa, entre otras cosas, por la disminución de la importancia de la Bolsa. "Hace ya tiempo — dice la revista 'Die Bank' — que la Bolsa ha dejado de ser el intermediario necesario de la circulación, como lo era antes, cuando los bancos no podían todavía colocar la mayor parte de sus emisiones entre sus clientes". [37]

"Todo banco es una Bolsa". Este aforismo moderno es tanto más justo cuanto más grande es el banco, cuanto mayores son los éxitos de la concentración en los negocios bancarios". [38] "Si antes, en los años del 70, la Bolsa, con sus excesos de juventud" (alusión "delicada" al crac bolsista de 1873, a los escándalos de Gründer [39], etc.), "abrió la época de la industrialización de Alemania, en el momento actual los bancos y la industria 'se las pueden arreglar de un modo independiente'. La dominación de nuestros grandes bancos sobre la Bolsa . . . no es otra cosa que la expresión de la organización completa del Estado industrial alemán. Si se restringe de este modo el campo de acción de las leyes económicas que funcionan automáticamente y se ensancha extraordinariamente el de la regulación consciente a través de los bancos, aumenta así en proporciones gigantescas la responsabilidad por la economía nacional de unas cuantas cabezas dirigentes", dice el profesor alemán Schulze-Gaevernitz [40], apologista del imperialismo alemán, quien es considerado como una autoridad por los imperialistas de todos los países y que se esfuerza en disimular una "pequeñez", a saber, que esa "regulación consciente" a través de los bancos se basa en el despojo del público por un puñado de monopolistas "completamente organizados". La tarea del profesor burgués consiste no en poner al descubierto todo el mecanismo y en desenmascarar todas las artimañas de los monopolistas bancarios, sino en embellecerlos.

Del mismo modo, Riesser, economista y financiero más prestigioso todavía, sale del paso por medio de frases que no dicen nada, respecto de hechos que es imposible negar:

"La Bolsa va perdiendo cada día más la cualidad, absolutamente indispensable para toda la economía y para la circulación de los valores, no sólo de ser el instrumento más fiel de evaluación, sino también el regulador casi automático de los movimientos económicos que convergen hacia ella". [41]

En otros términos: el viejo capitalismo, el capitalismo de la libre competencia, con su regulador absolutamente indispensable, la Bolsa, pasa a la historia. En su lugar, ha aparecido el nuevo capitalismo, que tiene los rasgos evidentes de un fenómeno transitorio, que representa una especie de mescolanza de la libre competencia y del monopolio. Surge de un modo natural la pregunta: ¿a qué tiende la "transición" de este nuevo capitalismo? Pero los sabios burgueses tienen miedo de hacerse esta pregunta.

"Treinta años atrás, los empresarios que competían libremente entre sí realizaban las 9/10 de la labor económica que no pertenece a la esfera del trabajo físico de los "obreros". en la actualidad, son los funcionarios los que realizan las 9/10 de esa labor económica intelectual. Los bancos se hallan al frente de esta evolución". [42] Esta confesión de Schulze-Gaevernitz lleva una y otra vez a la cuestión de saber a qué tiende esta transición del nuevo capitalismo, del capitalismo en su fase imperialista.

Entre el reducido número de bancos que, como consecuencia del proceso de concentración, se queda al frente de toda la economía capitalista, se observa y se acentúa cada día más, como es natural, la tendencia a llegar a un acuerdo monopólico, al trust de los bancos. En los Estados Unidos, no son nueve, sino dos grandes bancos, de los multimillonarios Rockefeller y Morgan, los que dominan sobre un capital de 11.000 millones de marcos [43]. en Alemania, la absorción, a que hemos aludido antes, de la "Alianza Bancaria Schaffhausen" por la "Sociedad de Descuento", provocó las siguientes reflexiones por parte del periódico de los intereses bursátiles, la "Gaceta de Francfort": [44]

"Con el incremento de la concentración de los bancos, se restringe el círculo de instituciones a las cuales uno se puede dirigir en demanda de crédito, como consecuencia de lo cual aumenta la dependencia de la gran industria respecto de un reducido número de grupos bancarios. Como resultado de la estrecha relación entre la industria y el mundo financiero, la libertad de movimiento de las sociedades industriales que tienen necesidad del capital bancario se ve restringida. Por eso, la gran industria asiste con cierta perplejidad a la trustificación de los bancos (unificación o transformación en trusts), cada día más intensa; en efecto, a menudo se ha podido observar el germen de acuerdos determinados entre los consorcios de grandes bancos, acuerdos cuya finalidad es limitar la competencia". [45]

Una y otra vez más se ve que la última palabra en el desarrollo de los bancos es el monopolio.

En cuanto a la estrecha relación existente entre los bancos y la industria, es precisamente en esta esfera donde se manifiesta, acaso con más evidencia que en ninguna otra parte, el nuevo papel de los bancos. Si el banco descuenta las letras de un empresario, le abre una cuenta corriente, etc., esas operaciones, consideradas aisladamente, no disminuyen en lo más mínimo la independencia de dicho empresario y el banco no pasa de ser un modesto intermediario. Pero si estas operaciones son cada vez más frecuentes e importantes, si el banco "reúne" en sus manos inmensos capitales, si las cuentas corrientes de una empresa permiten al banco — y es así como sucede — enterarse, de un modo cada vez más detallado y completo, de la situación económica de su cliente, el resultado es una dependencia cada día más completa del capitalista industrial respecto del banco.

Paralelamente se desarrolla, por decirlo así, la unión personal de los bancos con las más grandes empresas industriales y comerciales, la fusión de los unos y de las otras por la posesión de las acciones, la entrada de los directores de los bancos en los consejos de vigilancia (o administración) de las empresas industriales y comerciales, y viceversa. El economista alemán Jeidels ha reunido datos muy detallados sobre esta forma de concentración de los capitales y de las empresas. Seis grandes bancos berlineses estaban representados, por sus directores, en 344 sociedades industriales, y por los miembros de sus consejos de administración, en otras 407, o sea, en total, 751 sociedades. En 289 sociedades tenían a dos de sus miembros en los consejos de administración u ocupaban en ellos la presidencia. Entre esas sociedades mercantiles e industriales hallamos las ramas industriales más variadas: compañías de seguros, vías de comunicación, restaurantes, teatros, industria artística, etc. Por otra parte, en los consejos de administración de esos seis bancos había (en 1910) 51 grandes industriales, entre ellos el director de la firma Krupp, el de la gigantesca sociedad marítima "Hapag" (Hamburgo-América), etc., etc. Cada uno de los seis bancos, desde 1895 a 1910, participó en la emisión de acciones y obligaciones para varios centenares de sociedades industriales, más concretamente, de 281 a 419. [46]

"La unión personal" de los bancos y la industria se completa con la "unión personal" de ambas con el gobierno. "Los puestos en los consejos de administración — escribe Jeidels — son confiados voluntariamente a personalidades de renombre, así como a antiguos funcionarios del Estado, los cuales pueden proporcionar no pocas facilidades (!!) en las relaciones con las autoridades. . . en el consejo de administración de un banco importante hallamos generalmente a un miembro del parlamento o del ayuntamiento de Berlín".

Los grandes monopolios capitalistas van surgiendo y desarrollándose, por decir así, a toda máquina, siguiendo todos los caminos "naturales" y "sobrenaturales". Se establece sistemáticamente una determinada división del trabajo entre algunos centenares de reyes financieros de la sociedad capitalista actual.

"Paralelamente a esta extensión del campo de acción de algunos grandes industriales (que entran en los consejos de administración de los bancos, etc.) y al hecho de que se confíe a los directores de los bancos de provincias únicamente la administración de una zona industrial determinada, se produce cierto aumento de la especialización entre los dirigentes de los grandes bancos. Tal especialización en general es concebible únicamente en el caso de que la empresa bancaria, y particularmente sus relaciones industriales, tengan grandes dimensiones. Esta división del trabajo se efectúa en dos sentidos: de una parte, la relación con la industria en su conjunto se confía, como ocupación especial, a uno de los directores; de otra parte, cada director es encargado del control de empresas aisladas o de grupos de empresas afines por su producción o por sus intereses (el capitalismo ha llegado ya a ejercer la supervisión organizada de las empresas aisladas). . . La especialidad de uno es la industria alemana, o simplemente la de la Alemania occidental (la Alemania occidental es la parte más industrial del país); la de otro, las relaciones con los industriales y los gobiernos extranjeros, los informes sobre los industriales, etc., sobre los negocios bursátiles, etc. Además de esto, cada uno de los directores de banco, a menudo queda encargado de una localidad o de una rama especial de industria; uno trabaja principalmente en los consejos de administración de las sociedades eléctricas, otro en las fábricas químicas, azucareras o de cerveza, el tercero en un cierto número de empresas aisladas y, paralelamente, en el consejo de administración de sociedades de seguros. . . en una palabra, es indudable que en los grandes bancos, a medida que aumentan las proporciones y la variedad de sus operaciones, se establece una división del trabajo cada vez mayor entre los directores, con el fin (que consiguen) de elevarlos un poco, por decirlo así, por encima de los negocios puramente bancarios, de hacerlos más aptos para tener un juicio propio sobre los asuntos, para orientarse mejor sobre las cuestiones generales de la industria y sobre las cuestiones especiales de sus diversas ramas, de prepararlos para su actividad en la esfera industrial de la influencia del banco. Este sistema de los bancos se halla completado por la tendencia de los mismos a elegir para sus consejos de administración a gente que conozca bien la industria, a empresarios, a antiguos funcionarios, particularmente a los que hayan trabajado en los departamentos de ferrocarriles, minas", etc. [47]

En los bancos franceses hallamos instituciones similares, sólo que en una forma un poco diferente. Por ejemplo, uno de los tres grandes bancos franceses, el "Crédit Lyonnais", ha organizado una sección especial dedicada a recoger informaciones financieras: "Service des études financieres". en dicha sección trabajan permanentemente 50 personas: ingenieros, estadísticos, economistas, abogados, etc. Cuesta de 600 a 700 mil francos anuales. La sección se halla dividida a su vez en ocho subsecciones: una recoge datos especiales sobre las empresas industriales, otra estudia la estadística general, otra las sociedades ferroviarias y navieras, otra los fondos, otra los balances financieros, etc. [48]

Resulta, de una parte, una fusión cada día mayor, o según la acertada expresión de N. Bujarin, la ensambladura de los capitales bancario e industrial, y de otra, la transformación de los bancos en instituciones de un "carácter" verdaderamente "universal". Juzgamos necesario reproducir los términos exactos relativos a esta cuestión empleados por Jeidels, el escritor que mejor la ha estudiado:

"Como resultado del examen de las relaciones industriales en su conjunto, obtenemos el carácter universal de los establecimientos financieros que trabajan para la industria. En oposición a otras formas de los bancos, en oposición a las exigencias, formuladas a veces en la literatura, de que los bancos deben especializarse en una esfera determinada de negocios o en una rama industrial determinada a fin de pisar terreno firme, los grandes bancos tienden a hacer sus relaciones con los establecimientos industriales lo más variadas posible, tanto desde el punto de vista del lugar como del género de la producción; se esfuerzan en eliminar la distribución desigual del capital entre las distintas regiones o ramas de la industria, desigualdad que halla su explicación en la historia de diversos establecimientos. . . Una tendencia consiste en convertir la relación con la industria en un fenómeno de orden general; la otra, en trocarla en sólida e intensiva; ambas están realizadas en seis grandes bancos no de un modo completo, pero ya en proporciones considerables y en un grado igual".

En los medios comerciales e industriales se oyen con frecuencia lamentaciones contra el "terrorismo" de los bancos. Y no tiene nada de sorprendente que surjan tales lamentaciones cuando los grandes bancos "mandan" tal como lo demuestra el ejemplo siguiente: El 19 de noviembre de 190l, uno de los bancos berlineses llamados bancos D (el nombre de los cuatro bancos más importantes empieza por la letra D) se dirigió a la administración del "Sindicato del cemento de la Alemania del Norte, del Oeste y del Centro", con la carta siguiente:

"Según la nota publicada por ustedes el 18 del mes actual en el periódico tal, se ve que debemos admitir la posibilidad de que la asamblea general de su sindicato, que debe celebrarse el 30 de este mes, adopte resoluciones susceptibles de determinar en su empresa modificaciones que son inaceptables para nosotros. Por esto, sintiéndolo profundamente, nos vemos obligados a retirarles el crédito de que hasta ahora gozaban. . . Pero si dicha asamblea general no toma resoluciones inaceptables para nosotros y se nos da garantías a este respecto para lo futuro, estamos dispuestos a entablar negociaciones con el fin de abrir un nuevo crédito". [49]

En esencia, se trata de las mismas lamentaciones del pequeño capital respecto del yugo del grande, ¡pero, en este caso, ha pasado a la categoría de "pequeño" capital todo un sindicato! La vieja lucha entre el pequeño y el gran capital se reproduce en un nuevo e inconmensurablemente más elevado grado de desarrollo. Es evidente que, disponiendo de miles de millones, las empresas de los grandes bancos pueden también hacer avanzar el progreso técnico, valiéndose de medios incomparablemente superiores a los anteriores. Los bancos crean, por ejemplo, sociedades especiales de investigación técnica, de cuyos resultados se aprovechan, naturalmente sólo las empresas industriales "amigas". Entre ellas figuran la "Sociedad para el estudio del problema de los ferrocarriles eléctricos", la "Oficina central de investigaciones científico-técnicas", etc.

Los dirigentes mismos de los grandes bancos no pueden dejar de ver que están creándose nuevas condiciones de la economía nacional, pero ellos son impotentes ante las mismas.

"El que haya observado durante los últimos años — dice Jeidels — el cambio de personas en los cargos de directores y miembros de los consejos de administración de los grandes bancos, no habrá podido dejar de darse cuenta de que el poder pasa paulatinamente a manos de hombres que consideran que el fin necesario y cada vez más vital de los grandes bancos consiste en intervenir activamente en el desenvolvimiento general de la industria; y que entre estos hombres y los viejos directores de los bancos, se producen con este motivo divergencias en el terreno de los negocios y, a menudo, en el terreno personal. Se trata, en el fondo de saber si no perjudica a los bancos, en su calidad de instituciones de crédito, esa intervención de los mismos en el proceso industrial de la producción, si no se sacrifican los principios firmes y el beneficio seguro a una actividad que no tiene nada de común con el papel de intermediario para la facilitación de créditos y que coloca a los bancos en un terreno en el que se hallan todavía más expuestos que antes al dominio ciego de la coyuntura industrial. Así hablan muchos de los viejos directores de bancos, mientras que la mayoría de los jóvenes considera la intervención activa en los problemas de la industria como una necesidad semejante a la que ha originado, junto con la gran industria moderna, los grandes bancos y las empresas industriales bancarias modernas. En lo único en que están de acuerdo las dos partes es en que no existen principios firmes ni fines concretos para la nueva actividad de los grandes bancos". [50]

El viejo capitalismo ha caducado. El nuevo constituye una etapa de transición hacia algo distinto. Encontrar "principios firmes y fines concretos" para la "conciliación" del monopolio con la libre competencia, es, naturalmente, imposible. Las confesiones de los prácticos tienen un sentido bien distinto de los himnos oficiales a las excelencias del capitalismo "organizado", entonados por sus apologistas, tales como Schulze-Gaevernitz, Liefmann y otros "teóricos".

Jeidels nos da una respuesta bastante exacta a la cuestión importante de saber a qué período se refieren con precisión los comienzos de la "nueva actividad" de los grandes bancos:

"Las relaciones entre las empresas industriales con su nuevo contenido, sus nuevas formas, sus nuevos órganos, a saber: los grandes bancos organizados de un modo a la vez centralizado y descentralizado, se forman, como fenómeno característico de la economía nacional, hacia los años del 90; en cierto sentido, puede incluso ser considerado como punto de partida el año 1897, con sus grandes "fusiones" de empresas que introdujeron por vez primera la nueva forma de organización descentralizada, por razones de la política industrial de los bancos. Este punto de partida se puede tal vez llevar incluso a un período más reciente, pues únicamente la crisis de 1900 aceleró en proporciones gigantescas el proceso de concentración tanto de la industria como de la banca, consolidó dicho proceso, convirtió por primera vez las relaciones con la industria en verdadero monopolio de los grandes bancos y dio a dichas relaciones un carácter incomparablemente más estrecho y más intenso". [51]

En resumen, el siglo XX señala el punto de viraje del viejo al nuevo capitalismo, de la dominación del capital en general a la dominación del capital financiero.

 

III. EL CAPITAL FINANCIERO Y LA OLIGARQUÍA FINANCIERA

"Una parte cada día mayor del capital industrial — escribe Hilferding — no pertenece a los industriales que lo utilizan. Pueden disponer del capital únicamente por mediación del banco, que representa, respecto de ellos, al propietario de dicho capital. Por otra parte, el banco también se ve obligado a colocar en la industria una parte cada vez más grande de su capital. Gracias a esto, se convierte, en proporciones crecientes, en capitalista industrial. Este capital bancario, por consiguiente, capital en forma de dinero, que por este procedimiento se trueca de hecho en capital industrial, es lo que llamo capital financiero". "El capital financiero es el capital que se halla a disposición de los bancos y que es utilizado por los industriales". [52]

Esta definición no es completa, por cuanto no se indica en ella uno de los hechos más importantes, a saber: el aumento de la concentración de la producción y del capital en un grado tan elevado, que conduce y ha conducido al monopolio. Pero en toda la exposición de Hilferding, en general, y en particular en los dos capítulos que preceden a aquél del cual hemos entresacado esta definición, se subraya el papel de los monopolios capitalistas.

Concentración de la producción; monopolios que se derivan de la misma; fusión o ensambladura de los bancos con la industria: he aquí la historia de la aparición del capital financiero y el contenido de dicho concepto.

Ahora pasaremos a describir cómo el poder de los monopolios capitalistas se convierte indefectiblemente, en las condiciones generales de la producción de mercancías y de la propiedad privada, en la dominación de la oligarquía financiera. Señalemos que los representantes de la ciencia burguesa alemana — y no sólo de la alemana —, tales como Riesser, Schulze-Gaevernitz, Liefmann y otros, son todos unos apologistas del imperialismo y del capital financiero. No ponen al descubierto, sino que disimulan y embellecen el "mecanismo" de la formación de las oligarquías, sus procedimientos, la cuantía de sus ingresos "lícitos e ilícitos", sus relaciones con los parlamentos, etc., etc. se quitan de encima las "cuestiones malditas" por medio de frases altisonantes y oscuras, de invocaciones al "sentido de la responsabilidad" de los directores de los bancos; por medio de elogios al "sentimiento del deber" de los funcionarios prusianos; por medio del análisis en serio de las minucias de proyectos de ley nada serios sobre el "control" y la "reglamentación", por medio de infantiles juegos teóricos, tales como la siguiente definición "científica" a que ha llegado el profesor Liefmann: . . . "el comercio es una actividad profesional encaminada a reunir bienes, conservarlos y ponerlos a disposición" [53] (el subrayado es del profesor) . . . ¡Resulta que el comercio existía entre los hombres primitivos, los cuales no conocían todavía el cambio, y que también existirá en la sociedad socialista!

Pero los monstruosos hechos relativos a la monstruosa dominación de la oligarquía financiera son tan evidentes, que en todos los países capitalistas — en América, en Francia, en Alemania — ha surgido una literatura que se coloca en el punto de vista burgués y que, no obstante, traza un cuadro aproximadamente exacto y hace una crítica — pequeñoburguesa, naturalmente — de la oligarquía financiera.

Hay que consagrar una atención preferente al "sistema de participación", del que ya hemos hablado brevemente más arriba. He aquí cómo describe la esencia del asunto el economista alemán Heymann, el cual ha sido uno de los primeros, si no el primero, en prestarle atención:

"El director controla la sociedad fundamental (textualmente, la 'sociedad madre'); ésta, a su vez, ejerce el dominio sobre las sociedades que dependen de ella ('sociedades filiales'); estas últimas, sobre las 'sociedades nietas', etc. De esta forma, es posible, sin poseer un capital demasiado grande, dominar sobre ramas gigantescas de la producción. En efecto: si la posesión del 50% del capital es siempre suficiente para controlar una sociedad anónima, al dirigente le basta poseer sólo un millón para tener la posibilidad de controlar 8 millones de capital de las 'sociedades nietas'. Y si esta 'combinación' va todavía más lejos, con un millón se pueden controlar dieciséis, treinta y dos millones, etc." [54]

En efecto, la experiencia demuestra que basta con poseer el 40% de las acciones para disponer de los negocios de una sociedad anónima [55], pues cierta parte de los pequeños accionistas dispersos no tienen en la práctica ninguna posibilidad de tomar parte en las asambleas generales, etc. La "democratización" de la posesión de las acciones, de la cual los sofistas burgueses y los pretendidos socialdemócratas que son oportunistas esperan (o afirman que esperan) la "democratización del capital", el acrecentamiento del papel y de la importancia de la pequeña producción, etc., es en realidad uno de los modos de reforzar el poder de la oligarquía financiera. Por eso, entre otras cosas, en los países capitalistas más adelantados o más viejos y "experimentados", la legislación autoriza la emisión de acciones más pequeñas. En Alemania, la ley no permite acciones de menos de mil marcos, y los magnates financieros de dicho país vuelven los ojos con envidia hacia Inglaterra, donde la ley consiente acciones hasta de una libra esterlina (es decir, de 20 marcos, o alrededor de 10 rublos). Siemens, uno de los "reyes financieros" e industriales más poderosos de Alemania, declaraba el 7 de junio de 1900, en el Reichstag, que "la acción de una libra esterlina es la base del imperialismo británico". [56] Este negociante tiene una concepción considerablemente más profunda, más "marxista" de lo que es el imperialismo, que cierto escritor poco honorable que se considera como el fundador del marxismo ruso [57] y que supone que el imperialismo es un defecto propio de uno de los pueblos. . .

Pero el "sistema de participación" no sólo sirve para aumentar en proporciones gigantescas el poderío de los monopolistas, sino que, además, permite llevar a cabo impunemente toda clase de negocios oscuros y sucios y robar al público, pues los dirigentes de las "sociedades madres", formalmente, según la ley, no responden por la "sociedad filial", que es considerada como "independiente" y a través de la cual se puede "hacer pasar" todo. He aquí un ejemplo que entresacamos del número de mayo de 1914, de la revista alemana "Die Bank":

"La 'Sociedad anónima de acero para resortes', de Cassel, hace unos años, era considerada como una de las empresas más lucrativas de Alemania. Como consecuencia de la mala administración, los dividendos descendieron del 15% al 0%. Como se pudo comprobar después, la administración, sin informar a los accionistas, había hecho un préstamo de seis millones de marcos a una de sus 'sociedades filiales', 'Hassia', cuyo capital nominal era únicamente de algunos centenares de miles de marcos. Ese préstamo, tres veces superior al capital en acciones de la 'sociedad madre', no figuraba en los balances de ésta; jurídicamente, tal silencio era completamente legal y podía continuar durante dos años, pues con ello no se vulneraba ni un solo artículo de la legislación comercial. El presidente del consejo de administración, que en calidad de personalidad responsable firmó los balances falsos, era y sigue siendo presidente de la Cámara de Comercio de Cassel. Los accionistas se enteraron de este préstamo a la sociedad 'Hassia' sólo mucho tiempo después, cuando resultó que dicho préstamo había sido un error. . . (el autor debiera haber colocado esta palabra entre comillas) . . . y cuando las acciones del 'acero para resortes', a consecuencia de que empezaron a deshacerse de ellas los enterados, vieron bajar su precio aproximadamente en un 100%. . .

"Este ejemplo típico de equilibrismo en los balances, el más común en las sociedades anónimas, nos explica por qué las direcciones de éstas emprenden negocios arriesgados con mucha más facilidad que los negociantes particulares. La técnica moderna de elaboración de los balances no sólo les da posibilidad de ocultar al accionista medio la operación arriesgada, sino que incluso permite a los individuos principalmente interesados descargarse de la responsabilidad por medio de la venta oportuna de las acciones en el caso de que fracase el experimento, mientras que el negociante particular responde con su piel de todo lo que hace . . .

"Los balances de muchas sociedades anónimas se parecen a los palimpsestos de la Edad Media, de los cuales era necesario borrar lo que llevaban escrito para descubrir los signos escritos debajo y que daban el contenido real del manuscrito. (El palimpsesto era un pergamino en el cual el texto fundamental estaba cubierto por otro manuscrito.)

"El medio más sencillo y, por esto, más comúnmente empleado para hacer indescifrable un balance, consiste en dividir una empresa en varias partes por medio de la creación de 'sociedades filiales' o de la incorporación de establecimientos de este género. Las ventajas de este sistema, desde el punto de vista de diversos fines — legales e ilegales —, son tan evidentes, que en la actualidad constituyen una excepción las grandes sociedades que no lo adoptan". [58]

Como ejemplo de sociedad monopólica de gran importancia, que aplica en gran escala dicho sistema, el autor cita la famosa "Sociedad General de Electricidad" (A.E.G., de la cual volveremos a hablar más adelante). en 1912, se calculaba que esta sociedad participaba en otras 175 a 200, dominándolas, claro está, y reuniendo entre todas ellas un capital de cerca de 1.500 millones de marcos. [59]

Cualesquiera reglas de control, de publicación de balances, de elaboración de esquemas precisos para los mismos, de institución de control, etc., con lo que distraen la atención del público los profesores y funcionarios bien intencionados, esto es, que tienen la buena intención de defender y de embellecer el capitalismo, no pueden tener aquí ninguna importancia, pues la propiedad privada es sagrada, a nadie se le puede prohibir comprar, vender, permutar, hipotecar acciones, etc.

Se puede juzgar de las proporciones que el "sistema de la participación" ha alcanzado en los grandes bancos rusos por los datos comunicados por E. Agahd, quien durante quince años fue funcionario del Banco Ruso-Chino y que en mayo de 1914 publicó una obra con el título, no del todo exacto, "Los grandes bancos y el mercado mundial". [60] El autor divide los grandes bancos rusos en dos grupos fundamentales: a) los que funcionan con el "sistema de participación", y b) los "independientes", entendiendo, sin embargo, arbitrariamente por "independencia" la independencia respecto de los bancos extranjeros. El autor divide el primer grupo en tres subgrupos: 1) participación alemana, 2) inglesa y 3) francesa, entendiendo por ello la "participación" y el dominio de los más grandes bancos extranjeros de la nacionalidad correspondiente. Los capitales de los bancos los divide en "productivos" (los invertidos en el comercio y en la industria) y en "especulativos" (los empleados en las operaciones bursátiles y financieras), suponiendo, de acuerdo con el punto de vista pequeñoburgués reformista que le es propio, que, bajo el capitalismo, es posible separar la primera forma de inversión de la segunda y suprimir esta última.

Los datos del autor son los siguientes:

ACTIVO DE LOS BANCOS
(Según los balances de octubre-noviembre de 1913 y en millones de rublos)

Grupos de bancos rusos
Capitales colocados
Total
Productivos
Especulativos
a1) 4 bancos: Comercial Siberiano, Ruso, Internacional y de Descuento

413,7
859,9
1.272,8
a2) 2 bancos: Comercial e Industrial y Ruso-Inglés

239,3
169,1
408,4
a3) 5 bancos: Ruso-Asiático, Privado de San Petersburgo, Del Azov y del Don, Unión y Comercial Ruso-Francés . .

711,8
661,2
1.373,0
(11 bancos) Total : . . . . . . a) =

1.364,8
1.689,4
3.054,2
b) 8 bancos: Comercial de Moscú, Comercial del Volga y del Kama, I. W. Junker y Cía., Comercial de San Petersburgo (antes Wawelberg), De Moscú (antes Riabushinski), de Descuento de Moscú, Comercial de Moscú y Privado de Moscú
504,2
391,1
895,3
(19 bancos) Total
1.869,0
2.080,5
3.949,5


De estos datos resulta que del total aproximado de 4 mil millones de rublos que constituyen el capital "activo" de los grandes bancos, más de los 3/4, más de 3 mil millones, corresponden a bancos que, en el fondo, son "sociedades filiales" de los bancos extranjeros, en primer lugar, de los parisienses (el famoso trío bancario: "Unión Parisiense", "Banco de París y de los Países Bajos", "Sociedad General") y de los berlineses (particularmente el "Banco Alemán" y la "Sociedad de Descuento"). Dos de los bancos rusos más importantes, el "Ruso" ("Banco Ruso de Comercio Exterior") y el "Internacional" ("Banco Comercial Internacional de San Petersburgo") vieron pasar sus capitales, en el período comprendido entre 1906 y 1912, de 44 a 98 millones de rublos, y las reservas, de 15 a 39 millones, "trabajando en los 3/4 con capitales alemanes"; el primer banco pertenece al "consorcio" del "Banco Alemán", de Berlín; el segundo, a la "Sociedad de Descuento", de la misma capital. El bueno de Agahd se indigna profundamente de que los bancos berlineses tengan en sus manos la mayoría de las acciones y de que, a consecuencia de ello, los accionistas rusos sean impotentes. Y, naturalmente, el país que exporta el capital se queda con la nata: por ejemplo, el "Banco Alemán", de Berlín, introduciendo en esta ciudad las acciones del Banco Comercial Siberiano, guardó durante un año dichas acciones en cartera y después las vendió al curso de 193 por 100, es decir, casi al doble, "obteniendo" de este modo un beneficio de cerca de 6 millones de rublos, calificado por Hilferding de "beneficio de constitución".

El autor estima en 8.235 millones de rublos la "potencia" de los bancos petersburgueses más importantes. La "participación" o, para decirlo mejor, el dominio de los bancos extranjeros lo fija en las proporciones siguientes: franceses, 55%; ingleses, 10%; alemanes, 35%. De esta suma, de 8.235 millones de capital activo, 3.687 millones, esto es, más del 40%, corresponden, según los cálculos del autor, a los sindicatos: el "Produgol", [61] el "Prodamet" [62] y los sindicatos del petróleo, de la metalurgia y del cemento. Por consiguiente, la fusión del capital bancario e industrial, con motivo de la constitución de los monopolios capitalistas, ha dado también en Rusia un gran paso adelante.

El capital financiero, concentrado en un puño y que goza del monopolio efectivo, obtiene un beneficio enorme, que se acrece sin cesar, de la constitución de sociedades, de la emisión de valores, de los empréstitos del Estado, etc., consolidando la dominación de la oligarquía financiera, imponiendo a toda la sociedad los tributos en provecho de los monopolistas. He aquí uno de los innumerables ejemplos de los "negocios" de los trusts americanos, citado por Hilferding: En 1887, Havemeyer constituyó el trust del azúcar mediante la fusión de 15 pequeñas compañías, cuyo capital total era de 6,5 millones de dólares. Pero el capital del trust, "diluido", según expresión norteamericana, fue determinado en 50 millones de dólares. La "sobrecapitalización" calculaba de antemano los futuros beneficios monopólicos, del mismo modo que, también en América, el trust del acero calcula los futuros beneficios monopólicos acaparando un número cada vez más considerable de yacimientos de mineral de hierro. Y, en efecto, el trust del azúcar fijó precios de monopolio y percibió tales beneficios, que pudo pagar un dividendo del 10% al capital siete veces "diluido", es decir, ¡casi el 70% del capital aportado efectivamente al ser constituido el trust! En 1909, su capital era de 90 millones de dólares. En veintidós años, había aumentado su capital en más de 10 veces.

En Francia, la dominación de la "oligarquía financiera" ("Contra la oligarquía financiera en Francia" es el título del conocido libro de Lysis, cuya quinta edición apareció en 1908) ha adoptado una forma sólo un poco modificada. Los cuatro bancos más importantes gozan no del monopolio relativo, sino "del monopolio absoluto" para la emisión de valores. De hecho, se trata de un "trust de los grandes bancos". Y el monopolio garantiza beneficios monopólicos de las emisiones. Al hacerse los empréstitos, el país que los negocia percibe habitualmente no más del 90% del total; el 10% restante va a parar a los bancos y demás intermediarios. El beneficio de los bancos en el empréstito ruso-chino de 400 millones de francos fue del 8%; en el ruso (1904) de 800 millones, del 10%; en el marroquí (1904) de 62,5 millones, del 18,75%. El capitalismo, que inició su desarrollo con el pequeño capital usurario, llega al final de este desarrollo con un capital usurario gigantesco. "Los franceses son los usureros de Europa", dice Lysis. Todas las condiciones de la vida económica sufren una modificación profunda a consecuencia de esta transformación del capitalismo. Con el estancamiento de la población, de la industria, del comercio y del transporte marítimo, "el país" puede enriquecerse por medio de las operaciones usurarias. "Cincuenta individuos, que representan un capital de 8 millones de francos, pueden disponer de dos mil millones colocados en cuatro bancos". El sistema de la "participación", que ya conocemos, conduce a las mismas consecuencias: uno de los bancos más importantes, la "Sociedad General" (Société Générale) emitió 64.000 obligaciones de la "sociedad filial", "Refinerías de azúcar de Egipto". El curso de la emisión era del 150%, es decir, que el banco se beneficiaba en cincuenta céntimos por cada franco. Los dividendos de dicha sociedad resultaron ficticios, el "público" perdió de 90 a 100 millones de francos; "uno de los directores de la 'Sociedad General' era miembro de la administración de las 'Refinerías'. No tiene nada de sorprendente que el autor se vea obligado a llegar a la siguiente conclusión: "la República francesa es una monarquía financiera"; "es el dominio completo de la oligarquía financiera, que reina sobre la prensa y sobre el gobierno". [63]

Los beneficios excepcionalmente elevados que proporciona la emisión de valores, como una de las operaciones principales del capital financiero, desempeñan un papel muy importante en el desarrollo y consolidación de la oligarquía financiera. "En el interior del país no hay ningún 'negocio' que dé, ni aproximadamente, un beneficio tan elevado como el servir de intermediario para la emisión de los empréstitos extranjeros", dice la revista alemana "Die Bank". [64]

"No hay ninguna operación bancaria que produzca beneficios tan elevados como las emisiones". En la emisión de valores industriales, según los datos de "El Economista Alemán", el beneficio anual fue, por término medio, el siguiente:

1895
38.6%
1896
38.6%
1897
66.7%
1898
67.7%
1899
66.9%
1900
55.2%

"En diez años, de 1891 a 1900, la emisión de valores industriales alemanes produjo un 'beneficio' de más de mil millones". [65]

Si durante los períodos de auge industrial los beneficios del capital financiero son inconmensurables, durante los períodos de decadencia se arruinan las pequeñas empresas y las empresas inconsistentes, mientras que los grandes bancos "participan" en la adquisición de las mismas a bajo precio o en su "saneamiento" y "reorganización" lucrativos. Al efectuarse el "saneamiento" de las empresas que trabajan con pérdida, "el capital anónimo sufre una baja, esto es, los beneficios son distribuidos sobre un capital menor y se calculan en lo sucesivo a base de ese capital. O, si la rentabilidad ha quedado reducida a cero, se incorpora nuevo capital, el cual, al unirse con el capital viejo, menos lucrativo produce ya un beneficio suficiente. Conviene decir — añade Hilferding — que todos esos saneamientos y reorganizaciones tienen una doble importancia para los bancos: primero, como operación lucrativa, y segundo, como ocasión propicia para colocar a esas sociedades necesitadas bajo su dependencia".[66]

He aquí un ejemplo: la sociedad anónima minera "Unión" de Dortmund, fundada en 1872. Fue emitido un capital en acciones por cerca de 40 millones de marcos, y, cuando el primer año se percibió un dividendo del 12%, el curso se elevó hasta el 170%. El capital financiero se quedó con la nata, embolsándose la pequeñez de unos 28 millones de marcos. Desempeñó el papel principal en la fundación de dicha sociedad ese mismo gran banco alemán "Sociedad de Descuento", que sin contratiempos alcanzó un capital de 300 millones. Después, los dividendos de la "Unión" descendieron hasta cero. Los accionistas tuvieron que consentir en hacer pasar el capital "a pérdidas y ganancias", es decir, en perder una parte de su capital, a fin de no perderlo todo.

Como resultado de una serie de "saneamientos", de los libros de la sociedad "Unión" desaparecen, en el transcurso de treinta años, más de 73 millones de marcos. "En la actualidad, los accionistas primitivos de esta sociedad tienen en sus manos únicamente el 5% del valor nominal de sus acciones", [67] y a cada nuevo "saneamiento" los bancos seguían "embolsándose ganancias".

Una de las operaciones particularmente lucrativas del capital financiero es también la especulación con terrenos en las afueras de las grandes ciudades que crecen rápidamente. El monopolio de los bancos se funde en este caso con el monopolio de la renta del suelo y con el monopolio de las vías de comunicación, pues el aumento de los precios de los terrenos, la posibilidad de venderlos ventajosamente por partes, etc., dependen principalmente de los buenos medios de comunicación con el centro de la ciudad, y dichas vías de comunicación se hallan en manos de grandes cornpañías, ligadas, por el sistema de la participación y por la distribución de los puestos directivos, con esos mismos bancos. Resulta de todo ello lo que el escritor alemán L. Eschwege, colaborador de la revista "Die Bank", que se ha especializado en el estudio de las operaciones relacionadas con la venta e hipoteca de terrenos, etc., ha calificado de "charca" la furiosa especulación con los terrenos de las afueras de las ciudades, los cracs de las sociedades de construcciones, como, por ejemplo, la firma berlinesa "Boswau y Knauer", que había embolsado hasta 100 millones de marcos por mediación del banco "más importante y respetable", el "Banco Alemán", el cual, naturalmente, obraba según el sistema de la "participación", esto es, en secreto, en la sombra, y salió del paso no perdiendo "más" que 12 millones de marcos; después, la ruina de los pequeños patronos y de los obreros que no consiguen percibir ni un céntimo de las sociedades de construcción ficticias; los trapicheos fraudulentos con la "honrada" policía berlinesa y la administración para tener en sus manos el servicio de información sobre los terrenos y las autorizaciones del municipio para construir, etc. [68]

Los "hábitos norteamericanos" de los que tan hipócritamente se lamentan los profesores europeos y los burgueses bien intencionados, en la época del capital financiero se han convertido en hábitos de toda ciudad importante de cualquier país.

En Berlín, a principios de 1914, se hablaba de la fundación de un "trust del transporte", esto es, una "comunidad de intereses" de las tres empresas berlinesas de transporte: los ferrocarriles eléctricos urbanos, la sociedad de tranvías y la de autobuses.

"Que este propósito existe — decía la revista 'Die Bank' — lo sabíamos desde que fue del dominio público que la mayoría de las acciones de la sociedad de ómnibus había sido adquirida por las otras dos sociedades del transporte. . . Se puede dar entero crédito a quienes persiguen dicho propósito, cuando afirman que, mediante la regulación uniforme de los transportes, tienen la esperanza de obtener economías de una parte de las cuales, en resumidas cuentas, se beneficiaría el público. Pero la cuestión se complica a consecuencia de que, detrás de ese trust del transporte en formación, están los bancos, que, si quieren, pueden subordinar los medios de comunicación monopolizados por ellos a los intereses de su tráfico de terrenos. Para convencerse de lo justificado de esta suposición basta recordar que, ya al ser fundada la sociedad del ferrocarril eléctrico urbano, se hallaban mezclados en ella los intereses del gran banco que patrocinó la constitución de dicha sociedad. Esto es: los intereses de la mencionada empresa de transporte estaban íntimamente relacionados con los del comercio de terrenos. La cuestión es que la línea oriental de dicho ferrocarril debía pasar por los terrenos que más tarde ese banco, cuando la construcción del ferrocarril estaba ya asegurada, vendió con un enorme beneficio para sí y para algunas personas que intervinieron en la venta". . . [69]

El monopolio, una vez que está constituido y maneja miles de millones, penetra de un modo absolutamente inevitable en todos los aspectos de la vida social, independientemente del régimen político y de otras "particularidades". En la literatura económica alemana son habituales los autobombos serviles a la honradez de los funcionarios prusianos y las alusiones al "Panamá" francés [70] o a la venalidad política norteamericana. Pero el hecho es que aun la literatura burguesa consagrada a los asuntos bancarios de Alemania, se ve constantemente obligada a salirse de los límites de las operaciones puramente bancarias y a escribir, por ejemplo, sobre la "atracción de los bancos", a propósito de los casos, cada día más frecuentes, de funcionarios que pasan al servicio de los bancos: "¿Qué se puede decir de la incorruptibilidad del funcionario de Estado cuya secreta aspiración es a un cómodo pueso en la Behrenstrasse?" (la calle de Berlín en la que se ubica la sede central del Banco Alemán).

En 1909, el editor de "Die Bank", Alfred Lansburgh escribió un artículo titulado "El Significado Económico del Bizantinismo". En el mismo se refirió incidentalmente al viaje de Guillermo II por Palestina y al "resultado inmediato de este viaje, la construcción del ferrocarril de Bagdad, ese fatal 'gran producto del empresariado alemán' que tiene más responsabilidad por el 'cerco' puesto alrededor de Alemania que todos nuestros errores político en conjunto." (Por 'cerco' el autor se refería a la política de Eduardo VII de aislar a Alemania rodeándola con una alianza imperialista antialemana). En 1911, Eschwege, el colaborador de la misma revista a quien ya nos hemos referido, escribió un artículo titulado "Plutocracia y Burocracia" en el cual exponía, por ejemplo, el caso de un funcionario alemán de nombre Volker, quien era un celoso miembro del Comité Anticartel parlamentario y quien, como se descubrió más tarde, obtuvo un puesto lucrativo en el cartel más grande, es decir: en el Sindicato del Acero. Casos similares, en absoluto casuales, han forzado a este autor burgués a admitir que "la libertad económica garantizada por la Constitución alemana se ha vuelto una frase carente de sentido en muchos sectores de la vida económica" y que bajo el gobierno de la democracia vigrente "aun la libertad política más generosa no puede salvarnos de quedar convertidos en una nación de personas carentes de libertad".

En cuanto a Rusia, nos limitaremos a un ejemplo. Hace algunos años, todos los periódicos anunciaron que Davydov, el director del Departamento de Crédito de la Tesorería Nacional, había renunciado a su cargo para ocupar un puesto en cierto gran banco, con un salario que, de acuerdo con el contrato, ascendería a más de un millón de rublos en el transcurso de varios años. El Departamento de Crédito es una institución cuya función es la de "coordinar las actividades de todas las instituciones de crédito del país" y otorgar subsidios a los bancos de San Petersburgo y de Moscú por sumas de entre 800 y 1.000 millones de rublos.

Una característica del capitalismo en general es que la titularidad del capital se halla separada de la aplicación del capital a la producción; que el capital financiero está separado del capital industrial o productivo, y que el rentista que vive enteramente del ingreso obtenido del capital financiero está aislado del empresario y de todos aquellos que se encuentran directamente involucrados en la administración del capital. El imperialismo, o el dominio del capital financiero, es aquella fase superior del capitalismo en la cual esta segregación alcanza grandes proporciones. La supremacía del capital financiero por sobre todas las otras formas de capital significa el predominio del rentista y de la oligarquía financiera; significa la separación de un pequeño número de Estados financieramente "poderosos" de todo el resto. La magnitud con que este proceso está avanzando puede ser juzgada a través de las estadísticas de las emisiones, es decir, por la emisión de todo tipo de bonos.

En el "Boletín del Instituto Internacional de Estadísticas", A. Neymarck ha publicado cifras muy amplias, completas y comparativas, cubriendo la cuestión de los bonos por todo el mundo; cifras que han sido parcialmente citadas en reiteradas oportunidades en la literatura económica. Los siguientes son los totales que indica para las décadas consignadas:

TOTAL DE EMISIONES
(En miles de millones de francos)

Década
Emisión
1871-1880 76.1
1881-1890 64.5
1891-1900 100.4
1901-1910 197.8

En la década del 1870, el monto total de las emisiones de todo el mundo fue alto debido, particularmente, a los empréstitos flotantes en conexión con la guerra franco-prusiana y el auge de fundación de empresas que se produjo en Alemania después de la guerra. En general, el aumento no es muy rápido durante las tres últimas décadas del Siglo XIX y solamente en los primeros diez años del Siglo XX se observa un enorme incremento de casi un 100%. Consecuentemente, el comienzo del Siglo XX marca el punto de inflexión, no sólo en cuanto al crecimiento de los monopolios (cartels, sindicatos, trusts), de los cuales ya hemos hablado, sino también en cuanto al crecimiento del capital financiero.

Neymarck estima el total de bonos emitidos, vigentes en el mundo hacia 1910 en aproximadamente unos 815.000 millones de francos. Deduciendo de esta suma montos que pueden estar duplicados, reduce el total a entre 575.000 y 600.000 millones. La distribución entre los distintos países es como sigue: (consideraremos 600.000 millones)

BONOS FINANCIEROS VIGENTES EN 1910
(En miles de millones de francos)

País
Monto
Suma
Gran Bretaña
142
479
Estados Unidos
132
Francia
110
Alemania
95
Rusia
31
Austria-Hungría
24
 
Italia
14
 
Japón
12
 
Holanda
12.5
 
Bélgica
7.5
 
España
7.5
 
Suiza
6.25
 
Dinamarca
3.75
 
Suecia, Noruega, Rumania, etc.
2.5
 
TOTAL
600
 

En estas cifras podemos ver inmediatamente cómo se destacan en nítido relieve los cuatro países más ricos, cada uno de los cuales posee bonos por montos que van aproximadamente de 100.000 a 150.000 millones de francos. De estos cuatro países, dos, Inglaterra y Francia, son los países capitalistas más antiguos y, como veremos, poseen la mayoría de las colonias. Los otros dos, los Estados Unidos y Alemania, son países capitalistas líderes en lo que respecta a rapidez de desarrollo y grado de extensión de monopolios capitalistas en la industria. En conjunto, estos cuatro países poseen 479.000 millones de francos, esto es, cerca del 80% del capital financiero mundial. De un modo o de otro, prácticamente todo el resto del mundo es más o menos deudor y tributario de estos países banqueros internacionales que constituyen los cuatro "pilares" del capital financiero mundial.

Es particularmente importante examinar el papel que juega la exportación de capital en la creación de la red internacional de dependencia y las conexiones del capital financiero.

 

IV. LA EXPORTACIÓN DE CAPITAL

Lo típico del antiguo capitalismo, en la época en que la libre competencia tenía vigencia, fue la exportación de bienes. Lo típico de la fase reciente del capitalismo, bajo la vigencia de los monopolios, es la exportación de capital.

El capitalismo es la producción de bienes en su etapa más alta de desarrollo, cuando la fuerza laboral misma se convierte en un bien transable. El crecimiento del intercambio interno, y particularmente del intercambio internacional, es la característica distintiva del capitalismo. El desarrollo desigual y espasmódico de empresas individuales, de ramas individuales de la industria y de países individuales, es inevitable bajo el sistema capitalista. Inglaterra se convirtió en un país capitalista antes que cualquier otro y, hacia mediados del Siglo XIX, después de haber adoptado el libre comercio, se vanagloriaba de ser la "fábrica del mundo" proveedora de bienes a todos los países que, en contrapartida, habrían de mantenerla provista de materias primas. Pero en el último cuarto del Siglo XIX este monopolio ya estaba socavado. Otros países, resguardándose mediante tarifas "protectoras", se convirtieron en Estados capitalistas independientes. Al alborear el Siglo XX asistimos a la formación de un nuevo tipo de monopolio: primero, convergencias capitalistas en todos los países capitalistas desarrollados; segundo, la posición monopólica de unos pocos países muy ricos en los cuales la acumulación de capital ha llegado a proporciones gigantescas. En los países avanzados ha surgido una enorme "superabundancia de capital".

Demás está decir que no podría hablarse de superabundancia de capital si el capitalismo pudiera desarrollar la agricultura que hoy se arrastra penosamente detrás de la industria en todas partes, si pudiera levantar el nivel de vida de las masas que en todas partes se encuentran semi exánimes y golpeadas por la pobreza a pesar del sorprendente progreso técnico. Este "argumento" es muy frecuentemente utilizado por los críticos pequeñoburgueses del capitalismo. Pero si el capitalismo hiciera estas cosas, no sería capitalismo; puesto que ambas cosas — desarrollo desigual y un nivel de existencia de las masas cercano a la inanición — constituyen condiciones y premisas fundamentales e inevitables de este modo de producción. Mientras el capitalismo permanezca siendo lo que es, el capital sobrante será utilizado, no para aumentar el nivel de vida de las masas en un país determinado, ya que esto significaría una declinación de las ganancias de los capitalistas, sino para aumentar las ganancias a través de la exportación de capital hacia los países atrasados. En estos países atrasados las ganancias son generalmente altas porque el capital es escaso, el precio de la tierra es relativamente bajo, los salarios son bajos, las materias primas son baratas. La posibilidad de exportar capital surge del hecho de que una cantidad de países atrasados ya han sido arrastrados hacia el intercambio capitalista; ferrocarriles principales hacia esos lugares ya se han construido o se hallan bajo construcción; las condiciones elementales para el desarrollo industrial han sido creadas, etc. La necesidad de exportar capital surge del hecho que en unos pocos países el capitalismo ha "sobremadurado" y (debido al estado atrasado de la agricultura y el empobrecimiento de las masas) el capital ya no puede hallar un campo propicio para una inversión "rentable".

He aquí las cifras aproximadas que muestran los montos de capital invertidos fuera del país por las tres principales naciones:

CAPITAL INVERTIDO EN EL EXTRANJERO
(En miles de millones de francos)

Año
Gran Bretaña
Francia
Alemania
1862
3.6
---
---
1872
15.0
10 (1869)
---
1882
22.0
15 (1880)
?
1893
42.0
20 (1890)
?
1902
62.0
27-37
12.5
1914
75-100
60
44.0

Esta tabla demuestra que la exportación de capital ha adquirido dimensiones formidables recién a principios del Siglo XX. Antes de la guerra, el capital invertido en el extranjero por parte de los tres países principales ascendía a entre 175.000 millones y 200.000 millones de francos. A una modesta tasa del 5%, el ingreso por esta suma habrá ascendido a entre 8.000 y 10.000 millones de francos por año. ¡Una sólida base de opresión imperialista y de explotación de la mayoría de los países y las naciones del mundo para el parasitismo capitalista del puñado de Estados ricos!

¿Cómo se distribuye entre los distintos países el capital invertido en el extranjero? ¿Dónde se halla invertido? A esta pregunta sólo puede darse una respuesta aproximada, pero suficiente para arrojar luz sobre ciertas relaciones generales y conexiones del imperialismo moderno.

DISTRIBUCIÓN APROXIMADA DEL CAPITAL EXTRANJERO
(HACIA 1910 - En miles de millones de marcos)

 
Gran Bretaña
Francia
Alemania
Total
Europa
4
23
18
45
América
37
4
10
51
Asia, África y Australia
29
8
7
44
TOTAL
70
35
35
140

Las principales áreas de inversión del capital británico son las colonias británicas, que son muy vastas también en América (por ejemplo, Canada), para no mencionar a Asia, etc. En este caso, las enormes exportaciones de capital se relacionan muy estrechamente con grandes colonias, de cuya importancia para el imperialismo hablaremos más tarde. En el caso de Francia la situación es diferente. Las exportaciones francesas de capital están invertidas mayormente en Europa, principalmente en Rusia (por lo menos 10.000 millones de francos). Este capital es en su mayor parte capital de crédito, es decir, préstamos gubernamentales y no inversiones en empresas industriales. A diferencia del imperialismo colonial británico, el imperialismo francés puede ser llamado imperialismo usurario. En el caso de Alemania tenemos un tercer tipo; las colonias son irrelevantes y el capital alemán invertido en el extranjero se divide casi en partes iguales entre Europa y América.

La exportación de capital afecta y acelera en gran medida el desarrollo del capitalismo en aquellos países hacia los cuales es exportado. Por lo tanto, la exportación de capital puede tender, hasta cierto punto, a frenar el desarrollo en los países que lo exportan, pero puede hacer esto únicamente expandiendo y profundizando el ulterior desarrollo del capitalismo por todo el mundo.

Los países que exportan capital casi siempre están en condiciones de obtener ciertas "ventajas" cuyas características arrojan luz sobre la peculiaridad de la época del capital financiero y de los monopolios. Por ejemplo, el siguiente pasaje apareció en la reseña berlinesa de "Die Bank", en Octubre de 1913:

"Una comedia digna de la pluma de Aristófanes se está representando últimamente en el mercado internacional de capitales. Numerosos países del exterior, desde España hasta los Estados de los Balcanes, desde Rusia a Argentina, Brasil y China, están llegando abierta o secretamente al gran mercado del dinero con pedidos de crédito, a veces muy persistentes. El mercado financiero en estos momentos no es muy brillante y las perspectivas políticas no son promisorias. Pero no hay un solo mercado financiero que se atreva a rehusar la otorgación de un crédito por miedo a que lo otorgen sus vecinos asegurándose, por medio de este consentimiento, algún servicio recíproco. En estas transacciones internacionales el prestamista casi siempre consigue asegurarse algún beneficio extra: una cláusula favorable en un tratado comercial, una estación de carbón, un contrato para construir un puerto, una gruesa concesión, o un pedido de armas,"

El capital financiero ha creado la época de los monopolios y los monopolios introducen en todas partes principios monopólicos: la untilización de "contactos" para transacciones rentables reemplaza a la competencia en el mercado abierto. Lo más común es estipular que una parte del crédito otorgado se utilizará para compras en el país del prestamista, en particular para órdenes por material bélico, o por barcos, etc. En el transcurso de las últimas dos décadas (1890-1910) Francia ha recurrido a este método con mucha frecuencia. De este modo, la exportación de capital al exterior se convierte en un medio para alentar la exportación de bienes. En relación a esto, las transacciones entre firmas particularmente grandes toman una forma que, tal como "suavemente" lo expresa Schilder, "roza la corrupción". Krupp en Alemania, Schneider en Francia, Armstrong en Inglaterra, son casos de firmas que tiene estrechas conexiones con poderosos bancos y gobiernos, y no pueden ser "ignorados" fácilmente cuando se está negociando un empréstito.

Al otorgar empréstitos a Rusia, Francia la "estrujó" para hacerle aceptar el tratado comercial del 16 de Septiembre de 1905 en el cual estipuló ciertas condiciones con vigencia hasta 1917. Hizo lo mismo cuando se concertó el tratado comercial franco-japonés el 19 de Agosto de 1911. La guerra de las tarifas entre Austria y Serbia, que, con un intervalo de siete meses, duró desde 1906 hasta 1911, se debió parcialmente por la competencia entre Austria y Francia en proveer a Serbia de material bélico. En Enero de 1912, Paul Deschanel afirmó en la Cámara de Diputados que desde 1908 hasta 1911 firmas francesas suministraron material bélico a Serbia por un valor de 45 millones de francos.

Un informe del cónsul austro-húngaro en Sao Paulo (Brasil) afirma: "La construcción de los ferrocariles brasileños está siendo llevada a cabo principalmente por capitales franceses, belgas y alemanes. En las operaciones financieras relacionadas con la construcción de estos ferrocarriles, los países involucrados han estipulado las órdenes de compra de los materiales ferroviaros necesarios."

De este modo, el capital financiero extiende sus redes, se podría decir que literalmente, por todos los países del mundo. En esto juegan un papel importante los bancos fundados en las colonias y sus filiales. Los imperialistas alemanes miran con envidia hacia los países colonizadores "antiguos" que han sido particularmente "exitosos" en aprovisionarse en este sentido. En 1904 Gran Bretaña tenía bancos coloniales con 2.279 filiales (en 1910 había 72 bancos con 5.449 filiales); Francia tenía 20 con 136 filiales; Holanda 16 con 68 filiales; y Alemania tenía "solamente" 13 con 70 filiales. Los capitalistas americanos, a su vez, están celosos de los ingleses y de los alemanes: "En América del Sur" — se quejaron en 1915 — "cinco bancos alemanes tienen cuarenta filiales y cinco bancos ingleses tienen setenta filiales... Inglaterra y Alemania han invertido en Argentina, Brasil y Uruguay aproximadamente cuatro mil millones de dólares en los últimos veinticinco años. Como resultado, se benefician en conjunto con el 46% del comercio total de estos tres países. ("The Annals of the American Academy of Political and Social Science", Vol. LIX, May 1915, p. 301. En el mismo volumen, en la pág. 331, leemos que, en el último número de la revista financiera "El Estadístico", el conocido especialista en estadísticas Paish estima el monto del capital exportado por Inglaterra, Alemania, Francia, Bélgica y Holanda en entre 40.000 y 200.000 millones de francos).

Los países exportadores de capital se han dividido el mundo entre ellos en el sentido figurado del término. Pero el capital financiero ha llevado a la división concreta del mundo.

 

V. EL REPARTO DEL MUNDO ENTRE LAS ASOCIACIONES DE CAPITALISTAS

Las asociaciones monopólicas capitalistas, los cartels, los sindicatos y los trusts se dividen entre ellos, en primer lugar, el mercado doméstico y se toman posesión, de una manera más o menos completa, de la industria de un país. Pero bajo el capitalismo, el mercado interno está inevitablemente ligado al mercado externo. Hace ya mucho tiempo que el capitalismo ha creado un mercado mundial. A medida en que la exportación del capital fue en aumento, y a medida en que las conexiones externas, las conexiones coloniales y las "esferas de influencia" de las grandes asociaciones monopólicas se expandieron en todo sentido, las cosas gravitaron "naturalmente" hacia un acuerdo internacional entre estas asociaciones y hacia la formación de cartels internacionales.

Esta es una nueva fase de la concentración mundial de capital y producción, incomparablemente superior a las fases precedentes. Veamos cómo se desarrolla este supermonopolio.

La industria eléctrica es la que más típicamente representa los últimos logros técnicos y la que mejor tipifica al capitalismo al final del Siglo XIX y comienzos del XX.

Esta industria ha tenido su mayor desarrollo en los dos países capitalistas más avanzados, los Estados Unidos y Alemania. En Alemania, la crisis de 1900 le dio un ímpetu particularmente fuerte a su concentración. Durante la crisis, los bancos, que para esta época ya se habían fusionado bastante bien con la industria, aceleraron e intensificaron enormemente la ruina de las firmas relativamente pequeñas promoviendo su absorción por parte de las más grandes. "Los bancos" — escribe Jeidels — "al negar una mano de ayuda precisamente a las empresas que más capital necesitan provocan, primero, un auge frenético y, después, un fracaso desesperanzado entre las compañías que no se les han acercado lo suficiente."

Como resultado de ello, después de 1900 la concentración progresó a pasos agigantados en Alemania. Hasta 1900 había ocho o siete "grupos" en la industria eléctrica. Cada uno de ellos se componía de varias compañías (en total eran 28) y cada uno estaba respaldado por entre 2 y 11 bancos. Entre 1908 y 1912 todos estos grupos se fusionaron en dos, o uno. El diagrama a continuación ilustra el proceso:

GRUPOS EN LA INDUSTRIA ELÉCTRICA

Antes de 1900
Felten & Guillaume
Lahmeyer
Union AEG
Siemens & Halske
Schuckert & Co.
Bergmann
Kummer
Felten & Lahmeyer
AEG (General Electric Co.)
Siemens & Halske-Schuckert
Bergmann
Quebró en 1900
Hacia 1912
AEG (General Electric Co.)
Siemens & Halske-Schuckert
(En estrecha "cooperación" desde 1908)

La famosa A.E.G. (General Electric Company) que creció de esta manera, controla entre 175 a 200 compañías (a través del sistema de "holding") y un capital total de aproximadamente 1.500 millones de marcos. Solamente de agencias directas en el extranjero posee 34, de las cuales 12 son compañías de acciones compartidas, en más de 10 países. En una fecha ya tan temprana como 1904 el monto del capital invertido en el extranjero por la industria eléctrica alemana se estimaba en 233 millones de marcos. Es innecesario decir que la A.E.G. es una gran "asociación" — tan solo sus compañías manufactureras ascienden a no menos de 16 — que produce los artículos más diversos, desde cables y aisladores hasta automóviles y aviones.

Pero la concentración en Europa fue también una parte componente del proceso de concentración en América que se desarrolló de la siguiente manera:

 
General Electric Company
Estados Unidos
Thomson-Houston Co. establece una firma en Europa
Edison Co. establece en Europa la Edison Co. francesa que transfiere sus patentes a la firma alemana.
Alemania
Union electric Co.
General Electric Co. (A.E.G.)
 
General Electric Co. (A. E. G.)

De este modo se formaron dos "Grandes Potencias" eléctricas: "no existen otras compañías eléctricas en el mundo que sean completamente independientes de ellas", escribió Heinig en su artículo "El Camino del Trust Eléctrico". Se puede obtener una idea, bien que lejos de completa, del giro comercial y del tamaño de las empresas de estos dos "trusts" por medio de las siguientes cifras:

Región y Compañía
Año
Giro Comercial
(Millones de marcos)
Cantidad de empleados
Beneficio neto
(Millones de marcos)
América: General Electric Co. (G.E.C.) 1907
252
28.000
35.4
1910
298
32.000
45.6
Alemania: General Electric Co. (A. E. G.) 1907
216
30.700
14.5
1911
362
60.800
21.7

Pues bien, en 1907 los trusts alemanes y americanos llegaron a un acuerdo por el cual se dividieron el mundo entre si. La competencia entre ellos cesó. La General electric Company americana (GEC) "obtuvo" a los Estados Unidos y Canada. La General electric Company alemana (AEG) "obtuvo" Alemania, Austria, Rusia, Holanda, Dinamarca, Suiza, Turquía y los Balcanes. Se establecieron acuerdos especiales, por supuesto secretos, en cuanto a la penetración de "compañías filiales" en nuevas ramas de la industria y en "nuevos" países todavía no adjudicados. Los dos trusts también intercambiarían inventos y experimentos. (Cf. Riesser op.cit., Diouritch op.cit. pág. 239 y Kurt Heinig op.cit.).

Resulta evidente la dificultad de competir contra este trust, que abarca prácticamente a todo el mundo, controla un capital de varios miles de millones y tiene sus "filiales", agencias, representantes, conexiones etc. en cada rincón del mundo. Pero la división del mundo entre dos trusts poderoso no excluye la redivisión si la relación de fuerzas cambia como resultado de un desarrollo desigual, guerra, quiebras, etc.

La industria del petróleo nos ofrece un ejemplo instructivo del intento de un nuevo reparto de este género, de la lucha por el mismo.

"El mercado petrolero del mundo — escribía Jeidels, en 1905 — aun actualmente se halla repartido entre dos grandes grupos financieros: el trust norteamericano 'Standard Oil' de Rockefeller, y los dueños del petróleo ruso de Bakú Rothschild y Nobel. Estos dos grupos están íntimamente ligados entre sí, pero su situación de monopolio se halla amenazada, hace ya algunos años, por cinco enemigos: [71] 1) el agotamiento de los yacimientos norteamericanos de petróleo; 2) la competencia de la firma Mantaschev en Bakú; 3) los yacimientos de Austria; 4) los de Rumania; 5) los yacimientos de petróleo transoceánicos, particularmente en las colonias holandesas (las riquísimas firmas Samuel y Shell, enlazadas también con el capital inglés). Las tres últimas series de empresas están relacionadas con los grandes bancos alemanes, con el más importante de ellos, el "Banco Alemán", al frente. Estos bancos han desarrollado de un modo sistemático e independiente la industria petrolífera, por ejemplo, en Rumania, a fin de tener "su" punto de apoyo. En 1907, se calculaba que, en la industria petrolífera rumana, había capitales extranjeros por valor de 185 millones de francos, de los cuales 74 millones eran alemanes. [72]

Empezó lo que en la literatura económica ha sido calificado de lucha por el "reparto del mundo". Por una parte, el "Standard Oil", de Rockefeller, deseando apoderarse de todo, fundó una "sociedad filial" en la misma Holanda, adquiriendo los yacimientos de la India holandesa y aspirando de este modo a asestar el golpe a su enemigo principal: el trust holandés-británico "Shell". Por otra parte, el "Banco Alemán" y otros bancos berlineses dirigían todos sus esfuerzos a "salvaguardar" "para sí" Rumania y a unirla a Rusia contra Rockefeller. Este último poseía un capital incomparablemente más cuantioso y una magnífica organización del transporte y del abastecimiento de petróleo a los consumidores. La lucha debía terminar y terminó en 1907, con la derrota completa del "Banco Alemán", al cual le quedaban dos caminos: o liquidar con millones de pérdida sus "intereses petrolíferos" o someterse. Escogió el segundo y pactó un acuerdo muy poco ventajoso para él, con el "Standard Oil". En dicho acuerdo, se comprometía "a no hacer nada en perjuicio de los intereses norteamericanos", estipulándose, sin embargo, que el acuerdo perdería su vigor en el caso de que en Alemania llegara a aprobarse una ley estableciendo el monopolio del Estado sobre el petróleo.

Entonces empieza la "comedia del petróleo". Uno de los reyes financieros de Alemania, von Gwinner, director del "Banco Alemán", por mediación de su secretario privado, Stauss, organiza una campaña de agitación en favor del monopolio del petróleo Se pone en juego todo el gigantesco aparato del más importante banco berlinés, todas las vastas "relaciones" de que dispone, la prensa se llena de gritos "patrióticos" contra el "yugo" del trust norteamericano, y el Reichstag, casi por unanimidad, adopta, el 15 de marzo de 1911, una resolución invitando al gobierno a elaborar un proyecto de monopolio del petróleo. El gobierno acogió esta idea "popular", y el "Banco Alemán", que quería engañar a su "partenaire" norteamericano y arreglar sus negocios por mediación del monopolio de Estado, parecía haber ganado la partida. Los reyes alemanes del petróleo se frotaban ya las manos de gusto pensando en sus beneficios gigantescos, que no serían inferiores a los de los azucareros rusos. . . Pero, en primer lugar, los grandes bancos alemanes se malquistaron entre sí a causa del reparto del botín, y la "Sociedad de Descuento" puso al descubierto las miras interesadas del "Banco Alemán"; en segundo lugar, el gobierno se asustó ante la idea de una lucha con Rockefeller, pues era muy dudoso que Alemania pudiera procurarse petróleo sin contar con él (la productividad de Rumania no es muy considerable); en tercer lugar, casi al mismo tiempo, en 1913, se votaba un crédito de mil millones para los preparativos de guerra de Alemania. El proyecto de monopolio fue aplazado. Por el momento el "Standard Oil" de Rockefeller salió victorioso de la lucha.

La revista berlinesa "Die Bank" escribía a este propósito que Alemania no podría luchar con el "Standard Oil" más que introduciendo el monopolio de la electricidad y convirtiendo la fuerza hidráulica en electricidad barata. Pero — añadía el autor — "el monopolio de la electricidad vendrá cuando constituya una necesidad de los productores, precisamente cuando nos hallemos en vísperas del gran crac de turno en la industria eléctrica, y cuando las gigantescas centrales eléctricas caras que se están construyendo actualmente en todas partes por los 'consorcios' privados de la industria eléctrica y para las cuales dichos 'consorcios' obtienen ya ahora algunos monopolios de los municipios, del Estado, etc., no puedan ya trabajar con beneficio. Entonces será necesario poner en marcha las fuerzas hidráulicas; pero no será posible convertirlas en electricidad barata por parte del Estado, síno que se hará preciso entregarlas también a un 'monopolio privado controlado por el Estado', pues la industria privada ha concertado ya una serie de transacciones y estipulado grandes indemnizaciones. . . Así ocurrió con el monopolio de la potasa, así sucede con el monopolio del petróleo, así será con el monopolio de la electricidad. Es hora ya de que nuestros socialistas de Estado, que se dejan deslumbrar por principios brillantes, comprendan, por fin, que en Alemania los monopolios no han perseguido nunca como fin, ni han dado como resultado, proporcionar beneficios a los consumidores o, por lo menos, poner a disposición del Estado una parte de los beneficios patronales, sino que han servido para sanear a costa del Estado la industria privada, que ha llegado casi al borde de la bancarrota". [73]

Estas son las confesiones preciosas que se ven obligados a hacer los economistas burgueses de Alemania. Aquí vemos patentemente cómo, en la época del capital financiero, los monopolios de Estado y los privados se entretejen formando un todo y cómo, tanto los unos como los otros, no son, en realidad, más que distintos eslabones de la lucha imperialista entre los más grandes monopolistas por el reparto del mundo.

En la navegación comercial, el proceso gigantesco de concentración ha conducido asimismo al reparto del mundo. En Alemania, se han destacado dos grandes sociedades: "Hamburg-Amerika-Linie" y el "Lloyd de la Alemania del Norte", ambas con un capital de 200 millones de marcos (acciones y obligaciones) cada una y poseyendo buques por un valor de 185 a 189 millones de marcos. Por otra parte, en Norteamérica, el 1 de enero de 1903, se fundó el llamado trust Morgan, "Compañía internacional de comercio maritimo", que une a las compañías navieras norteamericanas e inglesas, en número de nueve, y que dispone de un capital de 120 millones de dólares (480 millones de marcos). Ya en 1903, entre los colosos alemanes y ese trust angloamericano se concertó un tratado sobre el reparto del mundo en relación con el reparto de los beneficios. Las sociedades alemanas renunciaron a la competencia en los transportes entre Inglaterra y Norteamérica. Se fijó de un modo preciso los puertos "reservados" a cada uno, se creó un comité de control común, etc. El tratado fue concertado para veinte años, con la prudente reserva de que perdería su vigor en caso de guerra. [74]

Es también extraordinariamente instructiva la historia de la constitución del cartel internacional del rail. Por primera vez, las fábricas de railes inglesas, belgas y alemanas intentaron ya en 1884, constituir dicho cartel en un período de decadencia intensa de los negocios industriales. Se pusieron de acuerdo para que los países firmantes del tratado no compitieran en sus mercados interiores, y los mercados exteriores se distribuyeran con arreglo a la proporción siguiente: Inglaterra, el 66%; Alemania, el 27%; Bélgica, el 7%. La India quedó enteramente a merced de Inglaterra. Se hizo una guerra común contra una firma inglesa que se había quedado al margen del acuerdo. Los gastos de dicha guerra fueron cubiertos con un tanto por ciento de las ventas generales. Pero en 1886, cuando salieron del cartel dos firmas inglesas, éste se desmoronó. Es un hecho característico el de que no fue posible conseguir el acuerdo durante los años de prosperidad industrial que siguieron.

A principios de 1904, fue fundado el sindicato del acero de Alemania. En noviembre del mismo año reanudó su existencia el cartel internacional del rail, con la proporción siguiente: Inglaterra, el 53,5%; Alemania, el 28,83%; Bélgica, el 17,67%. Más tarde se adhirió Francia con el 4,8%, 5,8% y 6,4%, en el primero, segundo y tercer año, respectivamente, sobre el 100% es decir, con el 104,8% en total, y así sucesivamente. En 1905, se adhirió el "Trust del acero" de los Estados Unidos ("Corporación del acero"); después, Austria y España. "En el momento actual — decía Vogelstein en 1910 — el reparto del mundo está terminado, y los grandes consumidores, en primer lugar los ferrocarriles del Estado, pueden vivir — puesto que el mundo está ya repartido, sin tener en cuenta sus intereses —, como el poeta, en los cielos de Júpiter". [75]

Recordemos también el sindicato internacional del zinc, fundado en 1909, que distribuyó exactamente el volumen de la producción entre tres grupos de fábricas: alemanas, belgas, francesas, españolas, inglesas; después el trust internacional de la pólvora, esa "estrecha asociación, completamente moderna — según las palabras de Liefmann —, entre todas las fábricas alemanas de explosivos, que más tarde, juntas con las fábricas de dinamita francesas y norteamericanas, organizadas de un modo análogo, se han repartido, por decirlo así, todo el mundo". [76]

Según Liefmann, en 1897 había cerca de 40 cartels internacionales con la participación de Alemania, y en 1910, ya había cerca de un centenar.

Algunos escritores burgueses (a los cuales se ha unido ahora C. Kautsky, que ha traicionado completamente su posición marxista, por ejemplo, de 1909) han expresado la opinión de que los cartels internacionales, siendo como son una de las expresiones de mayor relieve de la internacionalización del capital, permiten abrigar la esperanza de la paz entre los pueblos bajo el capitalismo. Esta opinión es, desde el punto de vista teórico, completamente absurda, y, desde el punto de vista práctico, un sofisma, un medio de defensa poco honrado del oportunismo de la peor especie. Los cartels internacionales muestran hasta qué grado han crecido ahora los monopolios capitalistas y cuáles son los objetivos de la lucha que se desarrolla entre los grupos capitalistas. Esta última circunstancia es la más importante, sólo ella nos aclara el sentido histórico-económico de los acontecimientos pues la forma de lucha puede cambiar y cambia constantemente como consecuencia de diversas causas, relativamente particulares y temporales, pero la esencia de la lucha, su contenido de clase no puede cambiar, mientras subsistan las clases. Se comprende que a los intereses de la burguesía alemana, por ejemplo, a la cual se ha pasado en realidad Kautsky en sus razonamientos teóricos (como veremos más abajo), convenga velar el contenido de la lucha económica actual (por el reparto del mundo) y subrayar ya esta ya la otra forma de dicha lucha. Este es el mismo error en que incurre Kautsky. Y se trata, naturalmente, no sólo de la burguesía alemana, sino de la burguesía internacional. Los capitalistas reparten el mundo, no como consecuencia de su particular perversidad, sino porque el grado de concentración a que se ha llegado les obliga a seguir este camino para obtener beneficios; y se lo reparten "según el capital"; "según la fuerza"; otro procedimiento de reparto es imposible en el sistema de la producción de mercancías y del capitalismo. La fuerza varía a su vez en consonancia con el desarrollo económico y político; para comprender lo que está aconteciendo, hay que saber cuáles son los problemas que se solucionan con el cambio de las fuerzas, pero saber si dichos cambios son "puramente" económicos o extraeconómicos (por ejemplo, militares), es una cuestión secundaria que no puede hacer variar en nada la concepción fundamental sobre la época actual del capitalismo. Sustituir la cuestión del contenido de la lucha y de las transacciones entre los grupos capitalistas por la cuestión de la forma de esta lucha y de estas transacciones (hoy pacífica, mañana no pacífica, pasado mañana otra vez no pacífica) significa descender hasta el papel de sofista.

La época del capitalismo moderno nos muestra que entre los grupos capitalistas se están estableciendo determinadas relaciones sobre le base del reparto económico del mundo, y que, al mismo tiempo, en conexión con esto, se están estableciendo entre los grupos políticos, entre los Estados, determinadas relaciones sobre la base del reparto territorial del mundo, de la lucha por las colonias, de la "lucha por el territorio económico".

Continuar


NOTAS:

[1] "Supongamos que un japonés condena la anexión de Filipinas por los norteamericanos. Cabe la pregunta: ¿serán muchos los que crean que esto se hace por hostilidad a las anexiones en general y no por el deseo del Japón de anexionarse él mismo las Filipinas? ¿Y no será preciso reconocer que la "lucha" del japonés contra las anexiones puede ser considerada como sincera y políticamente honrada sólo en el caso de que se levante contra la anexión de Corea por el Japón, de que exija la libertad de Corea de separarse del Japón?" (Ir al sitio exacto de este pasaje en el documento)

[2] "El imperialismo, fase superior del capitalismo " fue escrito en la primera mitad de 1916. El estudio de publicaciones de distintos países acerca del imperialismo lo inició Lenin en Berna, en 1916; el libro empezó a escribirlo en enero de 1916. A fines de este mes, Lenin se trasladó a Zurich y siguió trabajando en el libro, en la biblioteca cantonal de esa ciudad. Los extractos, apuntes, observaciones y cuadros que Lenin hizo de centenares de libros, revistas, periódicos y resúmenes estadísticos extranjeros componen más de 40 pliegos de imprenta. Estos materiales fueron publicados en edición aparte en 1939 bajo el título de Cuadernos sobre el imperialismo. El 19 de junio (2 de julio) de 1916, Lenin termino el trabajo y envió el manuscrito a la Editorial Parus. Los elementos mencheviques atrincherados en la Editorial suprimieron de él la dura crítica que se hacía de las teorías oportunistas de Kautsky y de los mencheviques rusos (Martov, etc.). Donde Lenin decía "transformación" (del capitalismo en imperialismo capitalista) ellos pusieron "conversión", el "carácter reaccionario" (de la teoría del "ultraimperialismo") lo sustituyeron por el "carácter atrasado", etc. Con el título de El imperialismo, etapa contemporánea del capitalismo la Editorial Parus lo imprimió a principios de 1917 en Petrogrado. A su llegada a Rusia, Lenin escribió el prólogo del libro, que vio la luz en septiembre de 1917.

[3] El presente prólogo fue publicado por primera vez, bajo el título de El imperialismo y el capitalismo, en el N° 18 de la revista La Internacional Comunista, correspondiente al mes de octubre de 1921.

[4] "Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania ", partido centrista fundado en abril de 1917. Lo fundamental en él era la organización kautskiana "Confraternidad del Trabajo". Los "independientes" propugnaban la "unidad" con los socialchauvinistas descarados, a los cuales justificaban y defendían, y reivindicaban el abandono de la lucha de clases. El Partido Socialdemócrata Independiente se escindió en octubre de 1920, en el Congreso de Halle. Una parte considerable de él se fundió en diciembre de 1920 con el Partido Comunista de Alemania. Los elementos derechistas formaron su partido, al que dieron el viejo nombre de Partido Socialdemócrata Independiente; éste subsistió hasta 1922.

[5] Espartaquistas, miembros de la unión Espartaco, que se formó durante la Primera Guerra Mundial. Al comenzar la conflagración, los socialdemócratas alemanes de izquierda formaron el grupo Internacional, que dirigían K. Liebknecht, R. Luxemburgo, F. Mehring, C. Zetkin y otros, grupo que empezo a llamarse también unión Espartaco. Los esparta quistas mantuvieron entre las masas la propaganda revolucionaria contra la guerra imperialista, denunciando la política rapaz del imperialismo alemán y la traición de los jefes de la socialdemocracia. Pero los espartaquistas, los alemanes de izquierda no estaban exentos de errores semimencheviques en importantísimos problemas de la teoría y la política: fomentaban la teoría semimenchevique del imperialismo, impugnaban el principio de la libre determinación de las naciones en su interpretación marxista (es decir, hasta la separación y la formación de Estados independientes), negaban la posibilidad de las guerras de liberación nacional en la época del imperialismo, no estimaban suficientemente el papel del partido revolucionario y se inclinaban ante la espontaneidad del movimiento. La crítica de los errores de los izquierdistas alemanes fue hecha por Lenin en sus trabajos Sobre el folleto de Junius, Sobre una caricatura de marxismo y sobre el "economismo imperialista ", y otros, y por Stalin en su carta Sobre algunas cuestiones de la historia del bolchevismo. En 1917, los espartaquistas ingresaron en el partido centrista de los "independientes" sin perder su autonomía en materia de organización. Después de la revolución alemana de noviembre de 1918, los espartaquistas rompieron con los "independientes" y en diciembre del mismo año fundaban el Partido Comunista de Alemania.

[6] Cifras del "Annalen des deutschen Reichs", 1911, Zahn.

[7] "Statistical Abstract of the United States", 1912, pág. 202.

[8] Rudolf Hilferding, "Das Finanzkapital", 2a ed., pág. 254.

[9] Hans Gideon Heymann, "Die gemischten Welke im deutschen Grosseisengewerbe", Stuttgart, 1904, págs. 256 y 278.

[10] Hermann Levy, "Monopole, Kartelle und Trusts". Jena, 1909, págs. 286, 290, 298.

[11] Th. Vogelstein, "Die finanzielle Organisation der kapitalistischen Industrie und die Monopolbildungen" en "Grundriss der Sozialökonomik" VI Abt., Tub., 1914. Véase asimismo la obra del mismo autor: "Organisationsformen der Eisenindustrie und Textilindustrie in England und Amerika", t. I, Leipzig, 1910.

[12] Dr. Riesser, "Die Deutschen Grossbanken und ihre Konzentration im Zusammenhange mit der Entwicklung der Gesamtwirtschaft in Deutschland", 4a ed., 1912, pág. 149. — R. Liefmann, "Kartelle und Trusts und die Weiterbildung der volkswirtschaftlichen Organisation", 2a ed., 1910, pág. 25.

[13] Dr. Fritz Kestner, "Der Organisationszwang. Eine Untersuchung über die Kampfe zwischen Kartellen und Aussenseitern". Berlín, 1912, pág. 11.

[14] R. Liefmann, "Beteiligungs-und Finanzierungsgesellschaften. Eine Studie über den modernen Kapitalismus und das Effektenwesen", Ia ed., Jena, 1909, pág. 212.

[15] Ibíd., pág. 218.

[16] Dr. S. Tschierschky, "Kartell und Trust", Gött., 1903, pág. 13.

[17] Th. Vogelstein, "Organisationsformen", pág. 275.

[18] Report of the Commissioner of Corporations on the Tobacco Industry, Washington, 1909, pág. 266. Citado del libro del Dr. Paul Tafel: "Die nordamerikanischen Trusts und ihre Wirkungen auf den Fortschritt des Technik" Stuttg., 1913, pág. 48.

[19] Ibid., pág. 49.

[20] Riesser, obra cit., págs. 547 y siguientes de la tercera edición. Los periódicos dan cuenta (junio de 1916) de la constitucion de un nuevo trust gigantesco, que agrupa a la industria quimica de Alemania.

[21] Kestner, obra cit., pág. 254.

[22] L. Eschwege, "Zement", en "Die Bank", 1909, I, págs. 115 y siguientes.

[23] Jeidels, "Das Verhältnis der deutschen Grossbanken zur Industrie, mit besonderer Berücksichtigung der Eisenindustrie", Leipzig, 1905, pág. 271.

[24] Liefmann, "Beteiligungs- etc. Ges", pág. 434.

[25] Liefmann, obra cit., págs. 465-456.

[26] Jeidels, obra cit., pág. 108

[27] Alfred Lansburgh, "Fünf Jahre d. Bankwesen", "Die Bank", 1913, núm. 8, pág. 728.

[28] Schulze-Gaevernitz, "Die deutsche Kreditbank", en "Grundriss der Sozialökonomik", Tüb., 1915, págs. 12 y 137.

[29] R. Liefmann, "Beteiliguns- und Finanzierungsgesellschaften. Eine Studie über den modernen Kapitalismus und das Effektenwesen", 1a ed., Jena, 1909, pág. 212.

[30] A. Lansburgh, "Das Beteiligungssystem im deutschen Bankwesen", "Die Bank", 1910, I, pág. 500.

[31] Eugen Kaufmann, "Das französische Bankwesen", Tüb., 1911, págs. 356 y 362. pág. 39

[32] Jean Lescure, "L'épargne en France", París, 1914, pág. 52.

[33] A. Lansburgh, "Die Bank mit den 300 Millionen", "Die Bank", 1914, I, pág. 426.

[34] S. Tschierschky, obra cit., pág. 128.

[35] Datos de la "National Monetary Commission" norteamericana, "Die Bank", 1910, I, pág. 1200.

[36] Informe de la "National Monetary Commission", "Die Bank", 1913, págs. 811 y 1022; 1914, pág. 713.

[37] "Die Bank", 1914, I, pág. 316.

[38] Dr. Oscar Stillich, "Geld- und Bankwesen", Berlín, 1907, pág. 169.

[39] Los escándalos de Gründer se produjeron en el período de fundación intensa (Gründer en alemán significa fundador) de sociedades anónimas en Alemania a principios de los años 70 del siglo XIX. El creciente proceso de fundación de estas sociedades iba acompañado de maniobras fraudulentas de los negociantes burgueses enriquecidos y de una especulación desenfrenada sobre tierras y valores en la Bolsa.

[40] Schulze-Gaevernitz, "Die deutsche Kreditbank, en Grundriss der Soziaiokonomik", Tüb., 1915, pág. 101.

[41] Riesser, obra cit., pág. 629 de la cuarta edición.

[42] Schulze-Gaevernitz, "Die deutsche Kreditbank" en Grundriss der Sozialökonomik, Tüb., 1915, pág. 151.

[43] "Die Bank", 1912, I, pág. 435.

[44] "Gaceta de Francfort " ("Frankfurter Zeitung"): Periódico burgues aleman que editóse desde 1856 en Francfort de Main.

[45] Citado por Schulze-Gaevernitz en "Grdr. d. S.-Oek.", pág. 155.

[46] Jeidels y Riesser, obras cit.

[47] Jeidels, obra cit., pág. 157.

[48] Artículo de Eugen Kaufmann sobre los bancos franceses, en "Die Bank", 1909, II, págs. 851 y siguientes.

[49] Dr. Osc. Stillich, "Geld- und Bankwesen", Berlín, 1907, pág. 148.

[50] Jeidels, obra cit., pág. 183-184.

[51] Jeidels, obra cit., pág. 181.

[52] Hilferding, "El capital Financiero", Moscú, 1912, págs. 338-339.

[53] R. Liefmann, obra cit., pág. 476.

[54] Hans Gídeon Heymann, "Die gemischten Werke im deutschen Grosseisengewerbe", St., 1904, págs. 268-269.

[55] Liefmann, "Beteiligungsges, etc.", pág. 258 (primera edición).

[56] Schulze-Gaevernitz, "Grundriss der Sozialökonomik", vol. V., 2, pág. 110.

[57] Lenin se refiere a G. V. Plejánov.

[58] L. Eschwege, "Tochtergesellschaften", "Die Bank", 1914, t. I, pág. 545.

[59] Kurt Heinig, "Der Weg des Elektrotrusts", "Neue Zeit", 1912, 30 año II, pág. 484.

[60] E. Agahd, "Grossbanken und Weltmarkt. Die wirtschaftliche und politische Bedeutung der Grossbanken im Weltmarkt unter Berucksichtigung ihres Einflusses auf Russlands Volkswirtschaft und die deutsch-russischen Beziehungen", Berlín, 1914.

[61] Produgol : "Sociedad Rusa de comercio del combustible mineral de la cuenca del Donetz". Fue fundada en el año 1906.

[62] Prodamet : "Sociedad para la venta de artículos de las fábricas metalúrgicas rusas". Fue fundada en el año 1901.

[63] Lysis, "Contre l'oligarchie financière en France", 5a edición, París, 1908, págs 11, 12, 26, 39, 40, 48.

[64] "Die Bank", 1913, núm. 7, pág. 630.

[65] Stillich, obra cit., pág. 143 y W. Sombart, "Die deutsche Volkswirtschaft im. 19. Jahrhundert", 2a edición, 1909, pág. 526, Apéndice 8.

[66] Hilferding, obra cit., pág. 172.

[67] Stillich, obra cit., pág. 138; Liefmann, pág. 51.

[68] "Die Bank", 1913, pág. 952, L. Eschwege, "Der Sumpf"; ibíd. 1912, I, págs. 223 y siguientes.

[69] "Verkehrstrust", "Die Bank", 1914, I, pág. 89.

[70] El Panamá francés, expresión aparecida en Francia en 1892-1893, cuando se descubrieron abusos enormes y la venalidad de gobernantes funcionarios y periódicos, a quienes había comprado la compañía francesa para la apertura del Canal de Panamá.

[71] Jeidels, pág. 193.

[72] Diouritch, pág, 245

[73] "Die Bank", 1912, I, pág, 1036; 1912, II, pág. 629; 1913, I, pág. 388.

[74] Riesser, obra cit., pág. 125.

[75] Vogelstein, "Organisationsformen", pág. 100.

[76] Liefmann, "Kartelle und Trusts", 2a ed., pág. 161.

 

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