Jaime María de Mahieu
LA NATURALEZA DEL HOMBRE
Antropología filosófica del ser humano
Buenos Aires - 1955
Edición Electrónica: Buenos Aires - Enero de 2004
INDICE
Desde hace más de 2.500 años el Hombre de Occidente viene buscando conocerse a si mismo y tratando de dar una razón de su presencia en el Universo. A lo largo de más de 25 siglos, pensadores, filósofos, teólogos, moralistas y últimamente psicólogos, médicos, sociólogos, biólogos, antropólogos, etnólogos y, por lo que pudiera valer: hasta periodistas, han tratado de hallar una respuesta aunque más no sea medianamente satisfactoria a una pregunta que, en si misma, es sorprendentemente sencilla: ¿qué es el hombre? ¿Qué es este ser que un buen día salió de su caverna primitiva y conquistó los valles de los grandes ríos para, después, lanzarse sobre las llanuras y recorrerlas hasta chocar con los mares; y esto tan sólo para construir naves que dominaran los océanos, permitiéndole conquistar continentes enteros? ¿Qué es este ser que no se ha conformado con ello y hoy habla de un "Nuevo Orden Global", como si ya hubiese llegado el momento en el que hasta el planeta le queda chico? ¿Qué es este eterno buscador y conquistador que ya ha caminado sobre la Luna y que sigue, poco a poco, buscando el camino hacia las estrellas?
El gran problema es que, aún a pesar de más de 2.500 años de búsqueda y de especulación, no lo sabemos demasiado bien. Como incluso lo demuestra la multiplicidad de disciplinas, arriba mencionadas, que se han ocupado y siguen ocupándose del problema sin poder arribar a una integral, comprensiva y abarcativa Ciencia del Hombre.
Hace casi medio siglo atrás, un agudo pensador francés, emigrado a la Argentina por los avatares de esa catástrofe que fue la Segunda Guerra Mundial europea, intentó una respuesta a las preguntas planteadas. El resultado de ello es este libro.
"La Naturaleza del Hombre" se publicó en 1955, un año lleno de grandes conmociones políticas para la Argentina. En ese momento, Jaime María de Mahieu hacía relativamente pocos años que había llegado al país y todavía trataba de "escribir en castellano pensando en francés" según me comentó en una oportunidad; algo que en cierta medida se siente en el estilo general de la obra. En esta edición electrónica debemos dejar constancia, pues, que hemos eliminado tímidamente y con mucho cuidado algunos de los galicismos más obvios básicamente sólo aquellos que realmente dificultaban innecesariamente la comprensión de un texto ya de por si complejo y, por supuesto, también se han eliminado unos, pocos, errores de imprenta evidentes contenidos en el original.
Otro detalle que debe ser mencionado es la subdivisión del texto en párrafos. En la edición original, siguiendo un estilo bastante común en algunos autores de aquellos tiempos, en todos los capítulos cada punto es un párrafo único. Para una edición electrónica como la presente esto representaría un verdadero desafío a la capacidad de lectura en pantalla y por ello hemos realizado una subdivisión de dichos párrafos únicos de la manera más criteriosa posible, en beneficio de una claridad de diseño que contribuya a una claridad de exposición.
Salvo lo expresado, el texto aquí reproducido es la versión completa y fiel del original de 1955; a excepción, naturalmente, de algún error que pudo haberse deslizado por el reconocimiento óptico de los caracteres de un libro de casi medio siglo de antigüedad, muy bien impreso, pero compuesto en tipografía de linotipo; algo que no ayuda precisamente a este tipo de proceso.
En cuanto al contenido de la obra en sí, no cometeré aquí la arrogante imprudencia de intentar una evaluación. Fuí amigo y discípulo de Jaime María de Mahieu, y si hay algo que aprendí al lado del viejo Profesor, eso fue respetar un trabajo intelectual honesto; aún desde el disenso. Porque incluso desde el disenso se aprende y, al menos en mi experiencia personal, muchas veces el disenso respetuoso permite aprender muchísimo más que la adulación obsecuente, generadora, por norma, del mero plagio; confeso a veces y subrepticio en la gran mayoría de los casos. Habiéndome familiarizado durante varios años con el pensamiento de Jaime María de Mahieu, aún hoy no dejo de maravillarme del número bastante grande de individuos que lo recitan pero no lo citan.
Con todo, hay algunas precisiones que creo que al lector del Siglo XXI le conviene saber.
En "La Naturaleza del Hombre" se hace varias veces referencia a Carrel. Alexis Carrel (1873/1944), por quien de Mahieu sentía un sólido respeto, recibió el Premio Nobel de Medicina en 1912 por su nueva técnica de suturar vasos sanguíneos, una innovación que más tarde sería esencial para permitir el transplante de órganos. Preocupado por lograr una visión integral del ser humano, fue uno de los que más marcadamente señaló la necesidad de establecer una verdadera Ciencia del Hombre que nos considerara en nuestra totalidad y no en aspectos parciales como lo hacen todas las ciencias que directa o indirectamente se ocupan del ser humano. Gran parte de su pensamiento está plasmado en un libro: "El Hombre: ese desconocido" (o bien "La Incógnita del Hombre" según algunas ediciones), en dónde desarrolló sus conclusiones, sus observaciones y su propuesta. La obra de Carrel bien merecería ser reevaluada, ya que plantea cuestiones esenciales que siguen sin haber sido solucionadas satisfactoriamente.
Por otra parte, en el Capítulo IV, el lector se encontrará con el tema de la heredabilidad de los caracteres adquiridos. Jaime María de Mahieu creyó sinceramente en esta posibilidad (aunque la verdad sea dicha: sólo como posibilidad), algo que la genética actual niega terminantemente. Con todo, aún admitiendo hoy la imposibilidad de sustentar científicamente este fenómeno, justo es reconocer que el hecho no invalida lo esencial de todo el resto de su pensamiento y, en todo caso, debe tenerse en cuenta el estado general de los conocimientos genéticos de hace medio siglo atrás en virtud de los cuales, si bien ya la mayoría de los científicos negaba la posibilidad de que los caracteres adquiridos fuesen heredables, los argumentos todavía no parecían del todo terminantes.
Con todo, y para hacer justicia al tema, también deberíamos señalar que el fenómeno básico de la modificación genética la mutación sigue siendo un área en la cual seguimos estando bastante lejos de saber todo lo que deberíamos saber.
Hemos avanzado mucho en la descripción de su mecánica a nivel molecular y sub-molecular. Pero hemos avanzado bastante menos en la comprensión de las causas que la disparan. Sabemos que hay radiaciones y una serie de otros factores físico-químicos que pueden provocar una mutación. Pero no tenemos aún hoy día una explicación realmente satisfactoria de todo el proceso de la "malinterpretación" del código genético ocasionado por sucesos que siguen adscribiéndose en gran parte al azar. Y no podemos menos que recordar que, en muchos casos, el azar ha sido a la biología lo que el culto a la arqueología. Cuando los arqueólogos desentierran un artefacto de cuya finalidad o utilidad no tienen ni la más pálida idea, casi automáticamente se sienten inclinados a clasificarlo como "objeto de culto". Algo similar sucede con los biólogos: cuando no tienen demasiado bien en claro qué es lo que rige un proceso, la tentación de adscribirlo al famoso azar parece ser casi irrestible.
"La Naturaleza del Hombre" es un buen libro. Muchos, probablemente, no estarán de acuerdo con sus deducciones y sus conclusiones. Esto es previsible. Por un lado, porque obliga a revisar unos cuantos paradigmas que hacen al "pensamiento políticamente correcto" actual. Por el otro lado, porque simplemente obliga a pensar y reflexionar.
Y no sé qué pensarán los lectores del Siglo XXI, pero yo sigo creyendo que un libro que obliga a pensar es un buen libro.
Denes Martos
19 de Enero 2004