Adrian Salbuchi: Argentina ¿Colonia Financiera? 

La Editorial

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ADRIAN SALBUCHI

ARGENTINA: ¿COLONIA FINANCIERA?

Buenos Aires, Marzo de 2000 - Ó Adrian Salbuchi

 

Índice

A modo de introducción

Monstruos de la imaginación racionalista...

Arma de dominio y colonización.

Hay que democratizar las finanzas.

I.    El Dinero -

            El Trueque - (la economía sin dinero o previa a la aparición del dinero)

          Dinero consistente en Bienes con Valor Intrínseco  

          Dinero Metálico

          Dinero en Moneda

          Funciones del Dinero

          Dinero Simbólico (el papel moneda; dinero sin valor intrínseco)

        Relación entre el Dinero y los Bienes

II.   La Banca Moderna -

            El Factor Multiplicador Bancario

          El Interés

            El Dinero electrónico

III. Riquezas -

            La Función del dinero

          Relación entre el dinero y el trabajo

          El trabajo

IV.  La Psicología del Dinero -

            Anonimidad estructural

        El azar

          Crédito y Ahorro

V.   Herramientas: Instituciones Financieras Mundiales -

          El Banco de la Reserva Federal de los EE. UU. (Federal Reserve System)

          La Conferencia de Bretton Woods de 1944

          El Banco Mundial (World Bank)

          El Fondo Monetario Internacional (FMI)

          La Organización Mundial del Comercio (OMC)  

Una nueva arquitectura financiera planetaria

Conclusiones -

Bibliografía –

 

"Argentina: ¿Colonia Financiera?", brinda al lector un enfoque diferente sobre la grave problemática que aflige al mundo actual y a la Argentina. Identifica a las fuerzas de las finanzas globalizadas - ajenas a todo control democrático y con claros objetivos ideológicos -, como el mayor peligro al que jamás se haya tenido que enfrentar la Argentina.

De lo que hoy se trata es de identificar las oportunidades y - muy especialmente -, las amenazas representadas por la globalización.

Nos enfrentamos a una ley de hierro que nos obliga o bien a ser pasivos sujetos ante estas fuerzas  sistémicas planetarias - o sea, seguir como hasta ahora -, o sino templar nuestra voluntad y  resistir las imposiciones que resultan claramente nocivas para  nuestra comunidad.

El autor expone en forma llana y directa, aspectos clave que  permiten prever futuras crisis, y descubrir un desenlace sumamente comprometido para todo el sistema financiero global.  Ello acarreará graves consecuencias para nuestro país y nuestra región.

El objetivo del presente ensayo consiste en convocar a la comunidad a estar prevenida y preparada.  A comprender y, en la medida de lo posible, a conjurar las dificultades que - queramos o no - tendremos que enfrentar en los próximos años.

 

A modo de introducción -

Monstruos de la imaginación racionalista...

Mucho se habla hoy en día sobre la globalización.  Los grandes medios de comunicación social, las empresas y los gobiernos pretenden presentarla ante el mundo como prueba del indetenible progreso de la humanidad hacia una sociedad planetaria sustentada sobre la economía de mercado y enmarcada dentro de los paradigmas de la democracia liberal, ambas supuestas precondiciones esenciales para lograr el bienestar del hombre.  Sin embargo, esta prédica en favor de la globalización  suele soslayar algunas de las más importantes implicancias y facetas de este fenómeno. 

El presente ensayo tiene por objeto descubrir algunas de estas implicancias que estimamos resultan particularmente importantes, por más que rara vez se las mencione en los medios de comunicación social, en las cátedras de economía y política, o las mencionen nuestros gobernantes.

Primeramente, consideramos que puede hablarse de una auténtica "globalización" - en el sentido de un fenómeno estructural que abarca, o al menos controla, a todo el planeta - únicamente en relación a las finanzas.  Sólo éstas operan dentro del marco de una estructura supranacional que les permite detentar y ejercer un poder verdaderamente globalizado.  El sistema financiero complementado por dos estructuras tecnológicas subalternas clave - los medios de comunicación social y la red de telecomunicaciones/informática - conforma la única estructura operativa autónoma a la que hoy podemos adscribirle el mote de “global”.  En rigor de verdad, la globalización es una  ideología que controla íntegramente las revoluciones tecnológica y científica a las que pone a su servicio. [1]

Los ámbitos político, social y aún el económico, aún permanecen inmersos dentro de una realidad fuertemente ligada a la estructura del Estado-nación, que sólo con gran dificultad se encamina hacia esquemas globalizados.   En realidad, entre amplios sectores socioculturales urbanos se verifica un fenómeno contrario al de la globalización: aquí las fracturas dividen y aíslan a la sociedad en etnias, comunidades y barriadas.  Las comunidades de todo el planeta, entonces, se ven atrapadas en el fuego cruzado entre las poderosas fuerzas estandarizadoras de la globalización por arriba y las tensiones y fracturas generadas por los localismo exacerbados, por abajo.  Ello explica la creciente debilidad y paulatino ocaso del Estado-nación como órgano de integración, previsión y conducción de esa Comunidad Organizada.

 Como fenómeno social, este proceso llega al extremo de la máxima fractura social de todas, que es la del individuo sólo, desorientado y desenraizado de sus tradiciones culturales, tan característico del hombre urbano de finales del siglo XX y principios del XXI.   Pues mientras que el mito tradicional de la sociedad liberal fue el del “progreso” que implícitamente es positivo, ya que no puede imaginarse ni aceptarse ningún fenómeno al que se describa como “progreso” que depare resultados negativos; sin embargo, con la ideología de la globalización, se alude cada vez menos al progreso como mito alineador y motivador del nuevo orden por venir, por cuanto se lo va  reemplazando por el mucho más pragmático y ominoso concepto del “cambio”.  La diferencia entre progreso y cambio es abismal, ya que el "cambio" en sí, no es ni positivo ni negativo, sino claramente neutro.  Con la globalización, todo cambia, lo que de manera alguna implica que ese cambio sea necesariamente para mejor.  O sea, cambio de ninguna manera equivale a progreso.  Es más, existen crecientes indicios que señalan que el cambio que la ideología de la globalización está promoviendo – a pesar de todos los adelantos científicos y maravillas tecnológicas –, resulta en lo social, político, cultural y moral, claramente negativo.

En verdad, el proceso de globalización socio-cultural del hombre requiere de una etapa previa de disolución de toda organización social hasta llegar a su unidad más pequeña y elemental: el hombre.  A este hombre – homo  oeconomicus -, de las sociedades urbanizadas modernas - "problemático y febril" como nunca -, en su conjunto se lo puede comparar a los ladrillos con los que se erige el monstruoso edificio del nuevo orden mundial.  Como el tradicional  solve et coagula - disuelve y coagula - de los antiguos alquimistas, las fuerzas de la globalización impulsan amplios procesos de reingeniería social basados en la disolución de lo existente - tradiciones, cultura, filosofía e idiosincrasias locales -, y su reconstrucción en torno de una suerte de "hombre nuevo": desenraizado de su terruño, estandarizado y adoctrinado en aquello que los franceses denominan la pensée unique, el “pensamiento único” que se impone universalmente, y que los propios norteamericanos definen como pensamiento y acción politically correct.   Este hombre nuevo – tan insólitamente parecido al soñado por el Marxismo hace un siglo -, se basa sobre la eficiencia, la especialización, la estandarización y el racionalismo.  Y el mundo que crea no es más que un reflejo de su alma, pues como dijo el gran pintor y filósofo español, Francisco Goya, “el sueño de la razón engendra monstruos”.

Arma de dominio y colonización.

En rigor de verdad, las finanzas globalizadas conforman un instrumento de dominio de las estructuras económicas centrales – naciones industrializadas, y sus empresas y bancos transnacionales -, sobre las estructuras periféricas, según lo explica el Dr. Luis Di Marco[2].  A modo de ejemplo, una de sus manifestaciones más claras la hallamos en la problemática de la deuda externa de naciones como la Argentina, que conforma para los países de nuestra región un elemento de colonización, dominio y control cuyos efectos son análogos a los que desempeño el Tratado de Versalles de 1919 que logró hundir a la democrática República Alemana de Weimar en la postración total tras su derrota en la Primera Guerra Mundial.   

Salvando las distancias, toda la problemática de la deuda externa y de las finanzas globalizadas que hoy la enmarcan, permiten a las estructuras de poder del mundo imponer su voluntad sobre regiones y países más débiles.  Lo hacen aplicando una sutil forma de violencia.  Hoy ya no hace falta que las grandes potencias envíen sus flotas de guerra para imponer su voluntad sobre los débiles.  Les basta con aplicar sus esquemas altamente perfeccionados de infiltración mediante los cuales utilizan a operadores "locales" para que impongan la legislación y ejecuten las medidas de gobierno que satisfagan las exigencias de instituciones mundiales controladas por el poder hegemónico, como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, entre otros. 

Como aquél proverbial Caballo de Troya que parecía un regalo del enemigo pero terminó siendo algo muy diferente, estos agentes locales operan como una verdadera quinta columna que permite a fuerzas externas colonizar y controlar a un país dejando relativamente pocos rastros visibles.   En otros tiempos más sabios y concretos que los nuestros, en que se llamaba a las cosas por su nombre, a un proceso como este se lo consideraba como coloniaje inaceptable, y cualquier argentino que desde una función pública o privada lo avalara, promoviera y apoyara era considerado con desprecio y rechazo.  Es más, cualquier ciudadano que lo promoviera activa y conscientemente desde la función pública era considerado un verdadero traidor. 

Hoy, sin embargo, todo parece haber entrado en el gran cambio paradigmático que hace que desde hace décadas, todo un ejército de políticos, economistas, formadores de opinión, militares y civiles hayan ayudado a hundir a la Argentina en la servidumbre ante las poderosísimas y globalizadas fuerzas de las finanzas.  Sin embargo, nadie pareciera acertar a señalar a estos personeros aplicándoles el nombre que realmente les corresponde, por cuanto son los responsables de haber sumido a millones y millones de sus propios compatriotas en la más abyecta pobreza, miseria, desempleo, desesperanza e inseguridad. 

"dirigentes" ... que prefieren a toda costa imponer una paz negativa que garantice el orden, que no es más que la ausencia de tensión, por encima de una paz positiva que solo se logra con la presencia de justicia...

Esas "clases dirigentes" vernáculas de las que hablamos en otro ensayo, prefieren a toda costa imponer  una paz negativa que garantice el orden que no es más que la ausencia de tensión, por encima de una paz positiva que solo se logra con la presencia de justicia.  Es que durante siglos, la política se colocó siempre por encima de lo económico mientras que bajo la globalización, esta jerarquía se ha invertido de manera casi completa: hoy lo económico y financiero rigen absolutamente por encima de lo político, lo que le permite lograr sus objetivos aplicando para ellos el gigantesco poder que hoy da el dinero.  Así, logran promover a sus candidatos, hacen ganar a sus partidos políticos, hacen sancionar su legislación, e imponen sus paradigmas, estilos de vida y culturas.  Pues por más que todos sus voceros internos y externos se llenen la boca con la palabra “democracia”, es bien sabido que hoy en día, todo se logra con dinero puesto que en la actual política menuda partidocrática, el que paga, manda.

Es que los medios de comunicación solo parecen informar sobre la manera en que las "medidas políticas" tomadas por el gobierno de turno afectan la vida economica: ajustes, flexibilizaciones laborales, desregulación, privatizaciones,  desmonopolizaciones, politicas fiscales, renegociaciones con el FMI, etc. Poco o nada dicen, sin embargo, del hecho de que en rigor de verdad es la economía la que condiciona a la política.    La ideología de la  globalización que se ha enseñorado sobre nuestro país y región - sobre el mundo entero, debiéramos decir -, no coloca el énfasis sobre cada uno de nosotros como ciudadanos, por cuanto todos hemos devenido en meros consumidores.  Con ello se cierra el camino que conduce a la verdadera y única Ética en la Política. que exige que el bien común se halle siempre  por encima del provecho indivdual.   Este fundamento ético en la política se da totalmente de narices con los intereses, objetivos y medidas que promueve la ideología de la globalización.

Como nos ensaña en alemán Carl Schmitt, en el ámbito de lo económico sólo importa distinguir lo útil de lo inútil según las ganancias – las utilidades, para ser precisos – que una relación u operación económica depara.  Por eso la globalización sólo nos ve como consumidores; o sea sólo le interesamos si tenemos plata en nuestros bolsillos para consumir bienes y servicios.  Si por (des)fortuna, carecemos de esa plata en el bolsillo, automáticamente dejamos de interesarle a los operadores de la globalización; o al menos dejamos de interesarle como propuesta económica.  A lo sumo seguirán “interesados” en nosotros en relación a la amenaza potencial que representan hombres y mujeres que no son útiles como consumidores, pero que pudieran insistir, sin embargo, en hacer valer sus derechos como ciudadanos, cosa que bien podría hacer peligrar las utilidades de las estructuras económicas que se benefician con la globalización.  Y este es un verdadero problema en un planeta de 6.500 millones de almas, la mitad de los cuales viven en la pobreza dado que no forman parte de ningún mercado.  Para los ideólogos de la globalización, es un problema de mercados: "sobran" unas 2.500 a 3.000 millones de personas en el planeta...[3]

Esta imposición de paradigmas estandarizados sobre todos los pueblos, urbi et orbi, genera niveles de violencia social sin precedentes en la historia del hombre.  Viene a colación el mito clásico de Procusto - hijo de Poseidón - y mueblero de los dioses quien construyera un famoso lecho de un tamaño determinado y arbitrario.  Todo aquél que se acostara en él era obligado por Procusto a ajustarse a su tamaño: si el infeliz visitante resultaba más largo que el lecho, Procusto simplemente le cortaba la parte de sus miembros que excediesen el largo del lecho o sino cortaba su cabeza.  Si el visitante resultaba demasiado pequeño, entonces el inventivo Procusto lo estiraba rompiendo articulaciones y ligamentos hasta que el infortunado abarcase el tamaño de su lecho.  Por suerte, Procusto terminó siendo muerto por el ateniense, Teseo; el mismo que en el Laberinto del Rey Minos de Creta terminara aniquilando al Minotauro, aprovechándose del proverbial hilo de Ariadna - la araña - que le permitió no extraviarse entre las circumbalaciones del Laberinto construido por Dédalo.

Claramente está en nosotros decidir no acostarnos en el lecho de Procusto ni permitir que gobernantes nos obliguen a "descansar" en semejante mueble.[4]   También necesitaremos del hilo de Ariadna para - al igual que Teseo - no extraviarnos en los laberintos intelectuales que nos imponen los dueños de la globalización.

Hay que democratizar las finanzas

Es que los pueblos del mundo hemos caído demasiado mansamente.  Miremos sino el caso de la Argentina, por ejemplo, cuyo pueblo luchó denodadamente para recuperar las instituciones democráticas, y ya hoy nadie en nuestro país - no tampoco en Chile, Uruguay, Brasil o Paraguay -, aceptaría que ningún grupo o entidad le quite los derechos que brinda la democracia y que podemos simbolizar con la mano visible del pueblo ejerciendo su derecho al voto.  Sin embargo, resulta insólito comprobar cuan mansamente esos mismos pueblos hoy aceptan  que las estructuras económicas – hoy devenidas en poderosísimas y determinantes -, se rijan por la  mano invisible del mercado. 

....esa mano invisible del mercado, se encuentra unida a un brazo manipulador muy, muy musculoso....

Pues ocurre que esa mano invisible del mercado se encuentra unida a un brazo manipulador muy, muy musculoso, que tiene la fuerza para ganarle a los pueblos casi todas las pulseadas.  Especialmente si consideramos que las circunstancias, lugares, tiempos y maneras en que actúa ese brazo y su mano están dirigidas por un verdadero cerebro mundial que tiene como único objetivo promover los intereses de la globalización y las estructuras económicas y políticas privadas que la controlan.

Un instrumento clave dentro de este fenómeno lo conforman los medios de comunicación social que también han logrado erigir una superestructura globalizada que ha generado una suerte de “conciencia global”, de la que el “efecto CNN” seguramente es uno de los factores más conocidos.   Sin embargo, tanto los medios de comunicación social como la infraestructura de las telecomunicaciones y la informática, no son estructuras autónomas que cuenten con poder propio.  Más bien, se encuentran claramente subordinados y controlados por intereses económicos y políticos que utilizan a la globalización financiera como un instrumento de poder para promover objetivos mucho más amplios y de largo plazo.

Pues, como decimos, la única superestructura auténticamente globalizada que detenta gigantesco poder hoy en día es la de las finanzas: con toda su artillería de dinero electrónico, traders bursátiles, bolsas de comercio, bancos, mecanismos sofisticados de especulación, fusiones & adquisiciones, movilizaciones instantáneas de gigantescos flujos financieros, administradores de fondos de inversión, derivatives, hedging,  y los mil y un instrumentos y mecanismos financieros, cuya creciente complejidad, abstracción y volatilidad los torna prácticamente incomprensibles para vastos sectores - sino casi toda -, de la opinión pública mundial.   Se ha creado de esta manera una suerte de “incomprensión programada” respecto del mundo de las finanzas que pareciera cumplir un objetivo claro y específico, que es el de permitir que esa superestructura global de las finanzas opere y crezca de manera totalmente arbitraria e inicua, y que lo haga a plena luz del día sin que la opinión pública mundial atine a comprender lo que está ocurriendo debajo de sus propias narices.   

Pues sus operadores bien saben que muy pocas son las personas que comprenderán realmente de qué se trata ni, mucho menos, acertarán en identificar que es precisamente en esa superestructura que yace el origen de buena parte - sino la mayoría - de los males que hoy aquejan al hombre, y desde luego, a nuestro país.  Y los que lo entienden, seguramente serán reclutados por el propio sistema, haciendo que sus intereses sectoriales y personales (la "viscera más sensible", como diría  Juan Perón), queden claramente alineados con los intereses de la superestructura financiera globalizada.  Así, se cierra un círculo de intereses concurrentes.  Pues el sistema necesita de todo un ejército de operadores, gerentes, analistas, brokers, traders, gestores, formadores de opinión y especuladores ambiciosos, inteligentes y por cierto muy bien pagos para que operen y gerencien el complejo sistema global.

Si de vez en cuando surgen los inevitables escándalos, como fuera el caso del financista Michael Milken en Estados Unidos, que en los años ochenta arrastró al banco de inversiones Drexel Lambert & Co. a la quiebra, o los fraudes perpetrados por el magnate de los medios Robert Maxwell en Inglaterra; o cuando se produce el colapso de algún banco gigante como ocurriera el Barings de Inglaterra en 1995, Nomura Securities de Japón en 1997, en BCCI, Bank of Credit and Commerce International, famoso banco de narcotraficantes, o si algún banco se “quema los dedos” como el japonés Daiwa Bank en Estados Unidos en 1996, estos episodios rápidamente quedan aislados por los medios de comunicación, que inmediatamente encuentran convenientes chivos emisarios para que carguen con todas las culpas: tal el caso de los banqueros japoneses que llorosos piden disculpas ante las cámaras de televisión.  Siempre, las culpas las carga algún personaje del sistema mas el sistema en sí, permanece incólume.  Queda claro que al sistema nadie lo toca, pues ese sistema no se discute; a lo sumo se discute a las personas o empresas que operan dentro de él.

Con estas páginas pretendemos levantar aunque sea una punta del velo que pareciera cubrir al “mundo globalizado de las finanzas”.   No es nuestra intención profundizar sobre la identidad de los grupos de poder y las elites que direccionan y controlan el desarrollo de estos fenómenos, utilizando su gigantesco poder financiero globalizado para motorizar un proyecto político, social y cultural planetario cuyas características sresultan como mínimo altamente cuestionables.   Para los lectores que deseen incursionar en este apasionante tema, los referimos a otros ensayos en los que hemos tratado de identificar al menos a una parte de esa compacta usina de poder, describiendo su metodología y, en la medida de lo posible, algunos de sus principales organizaciones, ideólogos y operadores.[5]

Hoy, nuestro objetivo se centra exclusivamente en ayudar a percibir y evaluar esta realidad desde una nueva óptica más pragmática y alineada con los intereses de nuestra comunidad.  O sea, priorizando aquello que  ha caído tan en desuso últimamente en la Argentina, como es el Interés Nacional.  No pretendemos que lo que se describe en este ensayo represente esta realidad con total exactitud.  Somos conscientes que ella es infinitamente más compleja de lo que estas breves páginas jamás podrían reflejar.  Sólo nos proponemos introducir un nuevo enfoque que propicie evaluar el sistema financiero globalizado con mayor claridad y desde una nueva posición paradigmática.   O sea, llamando a las cosas por su nombre y aplicando una buena dosis de sentido común. Así empezaremos a comprender los graves peligros que los métodos impulsados por los gestores de las finanzas globalizadas representan para nuestra Comunidad y que la gravedad de tamaños peligros sólo podrá aumentar en el futuro.   Si logramos sembrar aunque sea alguna duda en la mente del lector acerca de la sacrosantidad del sistema financiero moderno, entonces nos daremos por satisfechos.

En síntesis, de manera alguna pretendemos tener respuestas completas e integrales para hacer frente a este gigantesco desafío representado por la globalización de las finanzas transnacionales.  Tan sólo proponemos hacer las preguntas correctas que nos conducirán a hallar esas elusivas respuestas.   Hoy en la Argentina se torna necesario de una vez por todas ponerle el "cascabel al gato".

Dice el relato que un vanidoso emperador que sólo pensaba en estrenar vestidos y en ello dilapilaba su fortuna, se dejó seducir por dos supuestos tejedores que le harían un vestido con la tela más fina imaginable, la cual tenía la virtud de que el traje con ella confeccionado era invisible para quienes fuesen indignos del cargo que ocupaban, o insanablemente estúpidos.

Los charlatanes demandaron, por supuesto, enorme sumas de dinero para elaborar la tela y hacer el traje, y se instalaron en el palacio con sendos telares totalmente vacíos, sobre los cuales fingían trabajar febrilmente noche y día.  Cuando el emperador envió a sus mejores ministros a imponerse del curso del trabajo, éstos no vieron absolutamente nada sobre los telares – porque en realidad no había nada que ver – pero por temor a perder sus cargos o demostrar su estupidez, no dudaron en poner de resalto ante el soberano las maravillas del lienzo que los estafadores simulaban tejer.  Y lo mismo sucerdió con los demás funcionarios, y hasta el pueblo todo no hablaba de otra cosa que de la maravillosa tela.

Así llegó el momento de lucir el traje.  Los granujas se presentaron ante el emperador con las manos vacías, pero el monarca por temor a ser considerado él mismo estúpido e indigno de su cargo, se dejó desnudar, primero, y luego vestir con el traje imaginario,.  En esas condiciones salió en su carroza para el público desfile, y todos, cortesanos y súbditos, aunque nada veían sólo proclamaban al unísono las maravillas del supuesto vestido para no descubrir su estupidez o perder sus cargos.  Hasta que una inocente niñita, al ver pasar al soberano sin ropas dijo “¡Pero si no lleva nada!”  El rumor cundió en el acto, como un reguero de pólvora, hasta que todo el pueblo acabó por gritar  “¡Va desnudo!”·  Al emperador le parecía que tenían razón, pero pensó “Ahora ya estamos desfilando, ¡adelante con los faroles!”  Y se estiró aún más, y todo su cortejo siguió tan serio como siempre...

¿No es así, lamentablemente, como han sido las cosas en el mundo actual?Necesitamos recuperar el sentido común, que da el coraje y la entereza para volver a llamar las cosas por su nombre.  Para lo que debemos empezar comprendiendo que como el proverbial rey, este país se está quedando en cueros, ¡¡por no decir francamente en b....!!  Coloniaje es coloniaje.  Postración nacional es postración nacional y - ya yendo a nuestras clases dirigentes - cobardía es cobardía.    

             


I.     El Dinero - 

 

"El estudio del dinero es, de todos los campos de la
economía, el único en que se emplea la complejidad
 para disfrazar o eludir la verdad, y no para revelarla."

- John Kenneth Galbraith - [6]

 

Para comprender el desafío revolucionario que representa para todos los pueblos la globalización financiera - el poder del dinero -, resulta necesario volver a los orígenes y analizar algunas pautas fundamentales respecto de cuales funciones cumple o debería cumplir el dinero.   Ello también nos lleva a evaluar primeramente cuales son los distintos tipos de dinero que el hombre ha utilizado a través de su historia.  Esto nos permite identificar la manera en que el dinero se ha ido alejando paulatinamente de su función subordinada a la economía real de bienes y servicios y, por sobre todo, de su función subordinada al trabajo.  

Hoy en día, las funciones que desempeña el dinero han logrado tal nivel de complejidad, que fácilmente nos extraviamos en el laberinto del "mundo de las finanzas" cuando pretendemos desentrañar los mecanismos que lo gobiernan.  Así, perdemos de vista hechos fundamentales sin cuya comprensión difícilmente podamos entender el amplio fenómeno de la globalización financiera, para lo cual resulta necesario no dejarse obnubilar por los falsos cientificismos y jergas de las "ciencias económicas" y aplicar una buena dosis de sentido común al investigar las características y leyes[7] de las finanzas y la economía.   Si bien los medios de comunicación social y los círculos académicos imponen como paradigma único y ubicuo, una visión determinada del mundo económico-financiero, íntimamente ligada a la filosofía del libremercado y de la democracia formal de masas, existen, sin embargo, otras interpretaciones y opciones que conducen necesariamente a una visión muy distinta acerca de la globalización financiera.  

El sistema de libremercado y su hermana política, la democracia formal, de ninguna manera han conducido a esquemas socialmente justos para amplios estamentos de la población mundial. Más de 3.000.000.000 de seres viven por debajo de la línea de pobreza y por doquier comprobamos decenas de guerras, revueltas sociales y convulsiones nacionales de todo tipo, cuyos orígenes, en gran medida, pueden rastrearse precisamente a la imposición de las pautas económico-financieras de libremercado legitimadas por la democracia formal.  En 1998 y 1999, por ejemplo, hemos comprobado esta triste realidad en naciones tan dispares como Indonesia, Venezuela, Rusia, Tailandia, Corea, Ecuador, Argentina, Brasil, los Balcanes y en la propia Unión Europea. 

En su ensayo "La Trampa", el fallecido financista británico, Sir James Goldsmith expresa palabras elocuentes viniendo de un operador - lúcido por cierto -, del propio riñón del sistema.  Señala Goldsmith que "creemos que es nuestro deber moral diseminar por todas las comunidades del mundo el modelo de sociedad que produce el más rápido crecimiento del PBN.  El hecho de que el crecimiento sea alcanzado al precio de la estabilidad social se pasa por alto.  Es así como occidente ha desestabilizado al mundo.  Nos hemos convencido de que existe un solo modelo económico y social válido para las sociedades: el nuestro. Por haber tratado de imponerlo universalmente, hemos exportado a casi todos los rincones del mundo nuestros flagelos: el crimen, la droga, el alcoholismo, la bancarrota familiar, el desorden civil en los tugurios urbanos, el acelerado deterioro ambiental, y todos los demás problemas que experimentamos a diario.  Nos hemos acostumbrado de tal modo a estos males que los explicamos sugiriendo que no son sino el fenómeno normal inevitable inherente a una saludable economía de desarrollo y progreso." [8] 

Innegablemente, bien vale la pena evaluar si existen otras opciones al sistema de libremercado y a su usina de poder: el sistema financiero globalizado.  O al menos, toda nación que se respete a sí misma debiera preguntarse si está dispuesta a dejarse arrastrar por el Moloch de la globalización financiera a sabiendas que el precio de ello será la agudización exponencial de todos sus problemas sociales, culturales y ambientales que a la larga atentan contra la propia gobernabilidad de la comunidad.

Tipos de dinero

Dinero es todo aquello que - dentro de un conjunto de personas o comunidad  - se acepte como medio de pago para el intercambio de bienes y servicios

Pero para poder abordar tan complejo tema, debieramos comenzar por lo más básico y elemental.  Para ello, proponemos evaluar cuáles son - o debieran ser - las funciones básicas del dinero, para luego ver la manera en que, con el tiempo, el dinero se fue independizando y alejando de esas funciones primordiales.  Originalmente, la relación comercial entre individuos y organizaciones solía realizarse a través del intercambio de bienes que portaban en sí mismos un valor real y tangible; un valor intrínseco.  Esta relación directa e íntima entre el valor de los bienes y el instrumento de intercambio - el dinero - desapareció según una secuencia cuyos principales rasgos describiremos en la presente sección.   Como premisa fundamental, sin embargo, que pueda servir como una suerte de "primera ley de la economía", digamos que dinero es todo aquello que - dentro de un conjunto de personas o comunidad  - se acepte como medio de pago para el intercambio de bienes y servicios. 

Con ello queda definido un aspecto que la "ciencia" económica moderna procura pasar por alto y es que el dinero porta un fuerte componente psicológico, ya que la aceptación de cualquier bien como "dinero" - metales, papel  moneda, dinero electrónico, etc -, depende de una  percepción generalizada acerca de su valor, lo que conforma un factor psicológico.  Por eso, existe una auténtica psicología del dinero sobre lo cuál trataremos en el presente ensayo y que conforma un factor clave para poder abordar en toda su magnitud la verdadera problemática de la globalización.  Pero también veremos que el dinero es mucho más que todo esto.

Como breve introducción a nuestro ensayo, describimos los cinco principales tipos de dinero que el hombre ha utilizado a través de la historia, y su transmutación sucesiva a medida que los sistemas económicos se tornaron crecientemente complejos.

El Trueque - (la economía sin dinero o previa a la aparición del dinero). 

En las economías primitivas, el intercambio de bienes entre personas o grupos se realizaba de manera directa, o sea, a través del intercambio de bienes tangibles.  La única condición para que la transacción pudiera realizarse radicaba en que ambas partes percibieran un valor aproximadamente equivalente entre los bienes motivo del trueque y, por supuesto, en que ambas partes tuviesen la voluntad de realizar el intercambio.   El trueque sólo resultó posible en economías de baja complejidad confinadas a ámbitos geográficos y temporales reducidos y con recursos muy limitados.  En ellas, la oportunidad del trueque surgió circunstancialmente entre los individuos o, a lo sumo, dentro del marco de un primitivo mercado. 

En su descripción más simple, tomemos el ejemplo de dos personas que acuerdan intercambiar 10 kilos de harina por cuatro gallinas.  Siempre y cuando el valor percibido por estas dos personas respecto de los bienes a intercambiar resulte aproximadamente equivalente y existiendo en ambas personas la voluntad de realizar el intercambio, el misma podrá consumarse sin más trámite.  

Resulta interesante señalar que, a pesar de las características poco sofisticadas del trueque como metodología de intercambio económico, el mismo también ha sido utilizado en tiempos modernos entre algunas naciones respecto de operaciones puntuales de gran envergadura.  Éstas se han visto pautadas por acuerdos bilaterales una de cuyas características ha sido, precisamente, la no-intervención del dinero como medio de pago directo.  Se han utilizado valores dinerarios tan solo a los efectos contables, para cuantificar los bienes motivo del intercambio y determinar la equivalencia de sus valores.  A modo de ejemplo, si una nación agroexportadora y otra nación productora de petróleo acuerdan realizar un intercambio de esta naturaleza, y perciben el valor de sus respectivos productos según una equivalencia de, digamos, 100.000 toneladas de trigo por cada 100.000 barriles de petróleo crudo, entonces el trueque podrá realizarse. 

Si ambas toman en cuenta el valor de mercado de los respectivos productos, lo que les permite arribar a precios aproximadamente equivalentes según parámetros de los mercados internacionales, ello sirve para referenciar la factibilidad del trueque. No requeriría, sin embargo, la intervención directa de instrumentos monetarios, créditos internacionales o del propio sistema bancario global, lo que en cierto sentido acarrearía diversas ventajas.  Una de ellas sería que en ausencia de todo tipo de crédito, no se generarían los consabidos intereses sobre los capitales que se hubieran movilizado para tornar la operación factible.   Este factor permite comprender porqué los intereses agrupados en torno a los circuitos financieros transnacionales harán lo que sea preciso para hacer abortar cualquier propuesta de esta naturaleza, esgrimiendo sesudos análisis acerca de porqué un esquema semejante no debe ser permitido y, de hecho, lo logran.

Finalmente, su tiempo de consumación - porque también cada tipo de economía y de dinero tiene su propio tiempo o dinámica interna -, era cero: o sea, el valor de los bienes es el inmediato al momento de producirse la operación de trueque.  En otro momento, entre otros interlocutores o en otras circunstancias, ese valor puede cambiar totalmente.

Como comentario final, señalemos que tan hondo ha calado la crisis sistémica que afecta a la Argentina, que desde hace ya varios años opera en Buenos Aires y su conurbano un "Club del Trueque" con sucursales, "mercado" de reuniones y bonos de intercambio de servicios y productos.  Sus miembros y participantes pueden así intercambiar una computadora por un minicomponente de audio, o un trabajo de pintura por una radio, o un corte de cabello por la provisión de pan durante una semana.

Dinero consistente en Bienes con Valor Intrínseco

El primer paso en la evolución del dinero condujo a la utilización de bienes de uso con valor intrínseco real, universalmente aceptado, que pudiera servir de instrumento de intercambio dentro de una zona, comunidad  o economía.  Por ejemplo, este tipo de dinero se utilizó extensamente en la antigüedad y consistía en bienes tales como alimentos, ganado, sal, u otros bienes con valor universalmente aceptado.   De tal forma, dentro de una comunidad y su respectivo mercado, se podía definir el valor de una amplia gama de bienes en términos de tantas cabezas de ganado o tantos kilos de sal.  A modo de ejemplo, el precio de un carruaje podía definirse como equivalente a diez cabezas de ganado o 200 kilos de sal.   Un patrón podía pagarle a un obrero con este tipo de producto por su trabajo: con sal, por ejemplo.  Aún hoy, seguimos refiriéndonos a la remuneración de un trabajador como su "salario", aludiendo de esta manera a épocas en que precisamente este producto cumplía la función de dinero. 

La ventaja de este sistema radicaba en el hecho de que los intercambios comerciales adquirían características más complejas y flexibles.  Surgía la posibilidad de una relación indirecta entre vendedores y compradores, cosa que no resulta posible bajo el trueque.  De esta manera, si el dueño de diez cabezas de ganado necesitaba un carruaje, podía vender su ganado en el mercado por 200 kilos de sal a una persona (primera operación de intercambio), para luego utilizar esos 200 kilos de sal para comprarle el carruaje a otra persona (segunda operación de intercambio).  

De todos modos, este tipo de dinero resultaba altamente limitado, perecedero y solamente utilizable en economías aún pequeñas y relativamente simples.  Obligaba, por ejemplo, a que las operaciones comerciales se sucediesen en forma casi simultánea ya que la sal, el ganado, los alimentos y otros bienes semejantes tienen una vida útil limitada, lo que afectaba su valor intrínseco.

Su tiempo puede definirse como de corto plazo, usualmente limitado por el plazo antes de que perezcan los bienes: el tiempo de frescura de los alimentos, la vida útil del ganado, etc.

Dinero Metálico

la frontera del imperio llegaba hasta dónde llegaban tres factores primordiales: sus ejércitos, su idioma y su moneda

Una tercera y muy importante fase en la evolución del dinero se produjo con la introducción de los metales preciosos con un valor intrínseco estandardizable y universalmente aceptado; el oro y la  plata, por ejemplo.   Estos metales sirvieron como dinero dentro de economías de mayor escala, abarcando a distintas y distantes comunidades, lo que permitió ampliar las opciones en las relaciones económicas.  Ahora, de una manera mucho más flexible, un productor podía vender sus bienes a cambio de tantos gramos de oro en una primera operación de intercambio en un mercado, para luego adquirir con ese oro otros productos y bienes en una segunda operación totalmente independiente de la primera e, incluso, en otro mercado totalmente distinto. 

Una notable ventaja del dinero metálico se refiere a lo que hemos definido como su tiempo. Ya que el oro y la plata son imperecederos, las operaciones económicas podían desplazarse ampliamente en el tiempo.  Con el dinero metálico se podían vender diez cabezas de ganado por un kilo de oro y largo tiempo después comprar un carruaje valuado en un kilo de oro.  Dado que el oro y la plata podían guardarse y acopiarse indefinidamente, surgió un nuevo e importante factor económico: el concepto del ahorro, y con él, el de la concentración de poder económico.   Mucho tiempo después, el Estado intervendría fijando normas y estándares respecto de los objetos que podían utilizarse como dinero y sus características puntuales.   Esta estandardización condujo a la idea de la moneda acuñada con un peso en oro o plata predeterminado y controlado por el Estado, y universalmente impuesta entre la población.  En la antigüedad, la efigie de Alejandro o del Cesar en monedas de oro y plata fueron proverbiales y ello nos conduce al siguiente tipo de dinero: el dinero en moneda. 

El monopolio sobre la moneda era, precisamente, una de las características de los imperios, ya que en la antigüedad romana, por ejemplo, la frontera del imperio llegaba hasta dónde llegaban tres factores primordiales: sus ejércitos, su idioma y su moneda.  Si miramos al mundo moderno, veremos que esta pauta sigue vigente, por cuanto los imperios actuales - lo Europeos de fines del siglo XIX y principios del siglo XX, o el estadounidense de la actualidad - siguen rigiéndose básicamente por estos tres factores clave de poder imperial: moneda (la economía), idioma (cultura) y fuerzas armadas (poder).  

Dinero Moneda

La historia nos relata que fue en la antigua Lidia, en el Asia Menor, que se conocieron las primeras monedas, pero fue bajo el Imperio Romano que la moneda de oro y, especialmente, la de plata - el denarius - se convertiría en unidad monetaria e instrumento de intercambio económico estandardizado, de circulación obligatoria y universalmente aceptado, en toda Europa Occidental, Norte de África y Asia Menor.   Este dinero detentaba un valor intrínseco en oro o plata determinado por el Estado, que permitió fijar una equivalencia valórica a todos los bienes y objetos por los que se podía intercambiar.  El concepto del dinero moneda habría de utilizarse y perduraría durante casi dos milenios en toda Europa. 

Su uso resultó altamente flexible y muy idóneo dentro de los distintos mercados, ya que las variaciones en la oferta y demanda de los mas variados productos, servicios y objetos, podían fácilmente reflejarse en el aumento o disminución de los precios en términos de valores monetarios.  Permitió el desarrollo de una economía mucho más sofisticada subdividida entre la producción de bienes y su distribución.   También permitió una mayor flexibilidad en las operaciones de ahorro, préstamo y cobro de impuestos, permitiendo que surgiera otro concepto que con el tiempo se ha tornado determinante: el interés sobre el dinero y los mecanismos para su cálculo, que evaluaremos luego.  

Una desventaja de este tipo de dinero, sin embargo, resultó ser su susceptibilidad al robo ya que la moneda de oro o plata una vez acuñada era "al portador".   O sea, pertenecía sin más título a quién la portara o retuviera en su poder. De manera que quién se robara un cofre de monedas de oro se transformaba automáticamente en su dueño y se hacía del correspondiente poder adquisitivo representado por esas monedas, ya que con ellas podía comprar alimentos, ropajes, armas, vivienda, caballo y cualquier otro bien o servicio.   Podía, incluso, ahorrarlas o prestarlas a interés. 

Por ende, este tipo de dinero requería que su dueño circunstancial previera mecanismos que le permitieran guardarlo en lugar seguro y a prueba de robo.

         

Funciones del dinero

Antes de continuar, creemos oportuno hacer una breve síntesis de las funciones fundamentales del dinero:

·         Medio de intercambio – permite el intercambio de bienes y servicios entre personas y organizaciones, públicas y privadas.  Funciona como medio de pago.  Su ámbito es el presente.

·         Unidad de medida – permite fijar el valor o precio de bienes, servicios, impuestos, etc., dentro de la economía.  Su ámbito es el presente aunque permite definir términos de intercambio a  futuro.

·         Instrumento de atesoramiento – permite retenerlo como un reclamo sobre riquezas futuras (bienes y servicios).  Su ámbito es el pasado. O sea, al momento de gastarlo, se estará usufructuando del producto de trabajo realizado en el pasado (ahorro).

·         Instrumento de expansión económica – permite generar riquezas y servicios cuya contrapartida será el trabajo futuro a realizar por individuos y organizaciones (crédito).  Su ámbito es el futuro.

Funciones del dinero:

Función

Tiempo

Dinámica

Medio de intercambio

Presente

Permite el pago de bienes y servicios

Unidad de medida

Presente

Permite determinar el precio  de bienes y servicios

Instrumento de atesoramiento

Pasado

Permite el ahorro (trabajo pasado)

Instrumento de expansión económica

Futuro

Permite el crédito (trabajo futuro)

 

Con el crecimiento del comercio a partir de la Edad Media y la evolución de importantes centros comerciales como Venecia, Florencia, Frankfurt, Hamburgo, Amberes, Rotterdam y Nápoles, poderosos comerciantes, ricos mercaderes, armadores de barcos, nobles, y una naciente burguesía en estos centros de riqueza, se vieron confrontados con el dilema de cómo poner a buen resguardo sus rápidamente crecientes riquezas provenientes del comercio. 

El tiempo de este dinero era ilimitado.  Pues, aunque los más ricos utilizaban buena parte de sus tenencias en moneda para mejorar su calidad de vida, una parte cada vez mayor de esas riquezas era ahorrada.  O sea, transferida hacia el futuro: para legarla a sus hijos; para tenerla como reserva en caso de alguna emergencia o imprevisto; o para alquilar soldados mercenarios en caso de alguna futura agresión externa.   Por eso, a medida que la sociedad Europea crecía, evolucionaba y se tornaba cada vez más compleja, se tornó imperioso resguardar las riquezas en monedas, oro y plata. 

Es esta necesidad de resguardo la que haría surgir los primeros bancos, cuya función original era, precisamente, la de disponer de recintos con sólidas cajas fuertes e impenetrables bóvedas en las cuales pudiesen almacenarse grandes cantidades de monedas, oro, plata y otras riquezas imperecederas sin que sus dueños reales perdieran el sueño o tuviesen que construir lugares seguros para ello en sus propias viviendas. 

Aquellos primitivos banqueros de los que se tuvieron las primeras noticias en la ciudad-estado de Venecia en el siglo XIII, brindaban de esta manera un importante servicio.  Ofrecían la capacidad de sus  bóvedas seguras a todo burgués, noble e incluso a los gobiernos que desearan almacenar sus riquezas en un depósito seguro.   A cambio de ello, cobraban una prima - una suma predeterminada - usualmente consistente en un pequeño porcentual del total del valor almacenado en sus bóvedas.   Como comprobante de su tenencia de estas riquezas, el primitivo banquero emitía a favor del dueño del tesoro un certificado en el cuál dejaba constancia que en sus bóvedas había recibido, digamos, 10.000 monedas de oro.  El servicio que vendían aquellos primeros banqueros de la Alta Edad Media era la seguridad: seguridad física que garantizaba que las riquezas depositadas se encontraban fuertemente resguardadas y cuidadas en forma permanente. 

Pero esa seguridad del cuidado físico necesitaba verse respaldada, a su vez, por la seguridad moral que garantizaba que el banquero no se escaparía durante la noche convirtiendo los depósitos que se le confiaran en su botín personal.   De manera que la solvencia moral y el prestigio personal se transformaban en características esenciales y en una conditio sine qua non para todo banquero.  Nuevamente un factor psicológico: el banquero debía dar una imagen de solidez, estabilidad, prestigio, fuerza y rectitud.  Más de alla de que el banquero realmente tuviera todas estas virtudes, lo importante es que pareciera tenerlas; era importante no tanto ser bueno, sino parecerlo[9].

Con el tiempo, los certificados emitidos por los banqueros como comprobantes por el oro recibido en tenencia en sus bóvedas darían nacimiento al papel moneda.  En este notable fenómeno interviene un importante factor psicológico, ya que un certificado de depósito por 10.000 monedas de oro emitida por una prestigiosa casa bancaria era percibido por su tenedor, por todo el mercado y por la comunidad en general, como si valiera igual que esas 10.000 monedas de oro que representaba.  Como dijéramos, este fenómeno se sustentaba exclusivamente en la confianza y seguridad que el buen nombre, prestigio y solidez económica del propio banquero prestaba a los certificados que emitía.

 Dinero Simbólico (el papel moneda; dinero sin valor intrínseco). 

Gracias a este generalizado factor psicológico, los comerciantes, burgueses y gobiernos  rápidamente descubrieron que se podían realizar importantes transacciones en oro sin que necesariamente mediara la engorrosa, arriesgada y costosa operación de manipular las monedas o el oro en sí.  Si un comerciante de Frankfurt se hallaba, por ejemplo, en Hamburgo y deseaba realizar una compra de mercancías por un valor de 10.000 monedas de oro, en lugar de verse obligado a regresar a su Frankfurt natal para retirar sus 10.000 monedas depositadas en el banco, corriendo el importante riesgo que implicaba transportarlas de vuelta a Hamburgo, ahora tenía la opción de comercializar el certificado por 10.000 monedas que portaba en su bolsillo.   Tan solo necesitaba entregar al vendedor de las mercaderías motivo de su interés, su "Certificado de Depósito" emitido por el banquero de Frankfurt por las 10.000 monedas de oro para cerrar la operación. 

El factor clave radicaba en que el nombre y prestigio del banquero emisor de ese Certificado de Depósito fuesen universalmente reconocidos.  Entonces, el vendedor aceptaría el certificado sabiendo que él, a su vez, lo podría utilizar en pago de sus propias operaciones comerciales. Dado que el prestigio de las grandes casas bancarias creció con el tiempo, llegando sus redes comerciales y financieras a abarcar a los principales centros comerciales de Europa, un Certificado emitido por la Casa Rothschild en cualquiera de sus bancos en Frankfurt, París, Londres, Viena o Nápoles, o por la Banca Warburg de Hamburgo, o por la Banca Wallenstein en Estocolmo, inspiraban la más absoluta confianza en todos los círculos comerciales Europeos de la época. 

A los efectos de las transacciones económicas que se realizaban en los siglos XVIII y XIX, ser portador de un Certificado por 10.000 monedas de oro firmado por la Casa Rothschild equivalía a ser el dueño incuestionable de esas 10.000 monedas de oro.  O, mejor dicho, del poder adquisitivo que ese valor de 10.000 monedas representaba.  Y ello, a pesar de que el papel en el cual dicho certificado estaba escrito en bella caligrafía gótica, apenas valiese unos poquísimos peñiques.  

De esta forma, nació el dinero simbólico, sin valor intrínseco alguno pero con un alto valor psicológico representado por la confiabilidad, solidez y prestigio del emisor del Certificado.  Los emisores comenzaron siendo individuos y organizaciones bancarias privadas como el Banco di Venezia a partir del siglo XIV, hasta la banca Rothschild en los siglos XVIII y XIX; llegando a las casas Wallenstein, Warburg, Kühn Loeb, Morgan y Rockefeller en el siglo XX.

Sin embargo, con el advenimiento de la era industrial y la consolidación del Estado-nación moderno, éste monopolizaría la emisión del papel moneda, dejando en manos de los bancos privados las operaciones financieras en sí.  De tal manera nació la idea de una banca central como reguladora de los sistemas financieros de las naciones y como "prestamista de última instancia" cuando se suscitaban las recurrentes crisis financieras.  Su inicio lo hallamos con la creación del Banco de Amsterdam en 1609, pero fue el Bank of England, fundado en 1649, el que fijó las pautas de la banca central estatal moderna, que luego se generalizarían entre todos los Estados-nación.  A partir del siglo XIX, con el crecimiento de la industrialización en Europa y en los Estados Unidos, el Estado monopolizaría la emisión del papel dinero circulante, situación que, formalmente al menos, perdura hasta nuestros días. 

La banca comercial moderna nace en las ciudades comerciantes de Italia hacia los siglos XIV y XV[10], mientras que el concepto de banca central estatal surge en Inglaterra con el Bank of England a mediados del Siglo XVII, y el concepto moderno del papel moneda se cristaliza principalmente en los Estados Unidos durante el siglo XIX y principios del siglo XX, cuando impulsa la cración en 1913 del Sistema de la Reserva Federal.

En todo este proceso que hace a la evolución del papel moneda, o "dinero escriptural" – fuese el mismo emitido por instituciones privadas o públicas -, el factor clave siempre radica en la percepción psicológica que las naciones, regiones y comunidades tienen respecto del emisor de ese dinero.  El punto fundamental siempre lo determina la confianza que las personas tienen en ese dinero como símbolo de poder adquisitivo, que es lo que permite aceptar algo sin valor intrínseco alguno (billetes de papel), como símbolos de valores reales  (o sea todos los bienes y servicios que se producen y venden dentro de una comunidad).[11]

el papel moneda y sus derivaciones modernas - el dinero plástico y el dinero electrónico - conforma un Valor Irreal que la sociedad acepta como intercambiable por y equivalente a, Valores Reales representados por la capacidad productiva de la comunidad.

El dinero simbólico - el papel moneda - representa un certificado que da derecho a determinada cantidad de poder adquisitivo y conforma una importantísima innovación que condujo a operaciones económicas y comerciales más ágiles y sofisticadas, ya que prácticamente dejó de ser necesario movilizar los stocks de oro y moneda metálica. 

Así. nació el concepto moderno del dinero que permitió una  flexibilidad y permutabilidad en las relaciones económicas de todo tipo, esenciales para las economías de gran escala y de alta complejidad.  Al mismo tiempo, el dinero comenzó a regirse por sus propias reglas, a menudo ajenas a la economía real de bienes, servicios y del trabajo, por lo que desde la óptica de la economía real, esas reglas del dinero y las finanzas reflejan una cierta irrealidad.

Pero junto a esta importante, y por demás altamente valiosa y visible innovación relacionada con las funciones del dinero simbólico y del sistema bancario que lo moviliza, surgió otro factor - tan o más importante -, aunque mucho menos visible y apenas comprendido.  Si al principio propusimos una "primer ley de la economía" consistente en definir como dinero a todo aquello que dentro de un conjunto de personas o comunidad, se acepte como medio de intercambio de bienes y servicios, ahora agregaríamos como corolario una suerte de "segunda ley de la economía",  que es que el papel moneda y sus derivaciones modernas - el dinero plástico y el dinero electrónico - conforma un Valor Irreal que la sociedad acepta como intercambiable por y equivalente a, Valores Reales representados por la capacidad productiva de la comunidad.

Relación entre el dinero y los bienes -

Dentro de este marco, señalamos un interesante concepto vertido por el sociólogo estadounidense, Dr. Carroll Quigley, que conforma otra de las claves que permiten comprender mejor la problemática del drama del mundo moderno en el sentido de que el dinero y los bienes fluyen en direcciones contrarias, con lo que en realidad se transforman en valores antagónicos.

Explica Quigley que "los bienes tienden a desplazarse desde lugares en los que tienen menor valor a lugares en los que tienen mayor valor mientras que el dinero, hace lo mismo pero en la dirección opuesta.  Esta valoración que ha determinado el movimiento tanto de bienes como de capitales y que hace que se desplacen en direcciones opuestas se ha medido por la relación existente entre ambos rubros.  Correspondientemente, el valor de los bienes se expresa en términos de dinero y el valor del dinero en términos de bienes.   Los bienes se desplazan desde zonas de bajos precios hacia zonas de altos precios mientras que el dinero se desplaza de zonas de altos precios a zonas de bajos precios, debido a que los bienes obtienen mayor valor allí adónde los precios son altos y el dinero obtiene mayor valor allí donde los precios son bajos.   Claramente entonces, en dinero y los bienes no son la misma cosa sino que son - en verdad - dos cosas exactamente opuestas.  

La mayor parte de la confusión en el pensamiento económico surge debido a que se ignora este hecho.  Los bienes representan riquezas que se tienen mientras que el dinero es un reclamo sobre riquezas que no se tienen.  Por ende, los bienes son un activo y el dinero es un pasivo.   Si los bienes son riquezas; el dinero es una "no-riqueza", o una  riqueza negativa o, incluso, una anti-riqueza.   Siempre se comportan de manera opuesta, de la misma forma en que usualmente se desplazan en direcciones opuestas.  Si el valor de uno sube, el valor del otro cae en la misma proporción.  El valor de los bienes expresados en términos de dinero se lo denomina "precio" mientras que el valor del dinero expresado en bienes se lo denomina "valor".[12]

Quigley amplía su enfoque sobre la relación entre los bienes y el dinero indicando que un sistema de precios depende de cinco factores:

·         la oferta de bienes;

·         la demanda de bienes;

·         la oferta de dinero;

·         la demanda del dinero; 

·         la velocidad de cambio entre el dinero y los bienes.

Un aumento de tres de éstos factores (demanda de bienes, oferta de dinero y velocidad de circulación), hará aumentar los precios de los bienes y reducirá el valor del dinero (inflación).   Una reducción en estos mismos tres factores generará el efecto opuesto (deflación).  El ejemplo sirve para señalar una vez más la fundamental oposición existente en el mundo moderno entre el dinero y el trabajo, la que hoy cobra determinante importancia, a medida que se consolida el poder económico-político detentado por los compactos grupos de personas que controlan y direccionan el dinero, en contraposición a las fuerzas activas de la producción y del trabajo.  Este fenómeno se verifica en todo el planeta y en todas las naciones.[13]


II.    La Banca Moderna -

 

"El proceso de creación de dinero por los bancos es
tan simple que repugna a la mente....El descubrimiento
de que los bancos podían...crear dinero se
produjo muy pronto en la evolución de la banca."
- John Kenneth Galbraith -

Nos hemos referido a la manera en que surgieron los bancos en siglos anteriores.  Ello nos conduce al meollo del problema económico-financiero moderno que se centra en la globalización de los procesos y las técnicas bancarias y financieras, que se han visto potenciadas exponencialmente gracias a las tecnologías informáticas y a las telecomunicaciones.  El sistema global bancario se ha transformado en el principal instrumento de poder de reducidos conjuntos de intereses económicos, que direccionan y controlan los procesos políticos, económicos y sociales clave de todo el planeta.  Su influencia e incidencia sobre éstos es determinante y seguramente resulte difícil - a estas alturas, quizás imposible -, oponerse a ellos o siquiera neutralizarlos sin que se corran altos riesgos.   Ninguna nación o comunidad puede darse el lujo, sin embargo, de ignorarlos.  

El objetivo de las secciones que siguen consiste en brindar al lector una mejor comprensión de los principales factores que condujeron a la actual posición de gran poder del sistema financiero global.   Hemos elegido para ello, referirnos a cuatro factores principales:

·         el Factor Multiplicador Bancario,

·         el concepto del Interés sobre el Capital,

·         las Funciones y Relaciones del Dinero respecto de la economía real del trabajo y de la producción, y

·         la evolución en la relación actitudinal del hombre moderno para con el dinero; o sea, intentaremos describir en breves lineamientos una suerte de Psicología del Dinero. 

En todos estos factores, las funciones de la banca moderna resultan de determinante importancia.

El Factor Multiplicador Bancario -

A medida que los banqueros de la Edad Media fueron ampliando sus servicios a comerciantes, nobles y Estados, también fue creciendo la sofisticación de sus operaciones y la gama de los servicios que podían brindar.  Por ejemplo, de nada servía que las riquezas que se les confiaba quedaran ociosas en sus bóvedas y cajas fuerte, especialmente cuando el incipiente crecimiento económico de la época reclamaba capital para financiar diversos emprendimientos.  El instrumento natural viabilizador de estas financiaciones lo constituían los bancos que así comenzaron a prestar las riquezas que le fueran confiadas, a cambio de una prima o, mejor aún, de una tasa de interés sobre el monto prestado. 

Una porción de este interés se lo quedaba los bancos como su ganancia en la operación y otra parte la compartían con los dueños de las monedas, oro y plata que el banco guardaba en sus bóvedas, que así recibían una "rendimiento" sobre sus monedas de oro dado que el banco había movilizado esa riqueza estática y muerta en sus bóvedas, en algo dinámico y activo: un nuevo emprendimiento que algún entrepeneur se proponía realizar.  

En verdad, el oro y la plata apenas si se movían físicamentede las bóvedas bancarias por cuanto, de la misma manera en que el dueño del oro aceptaba un certificado de depósito del banco, cuando éste realizaba un préstamo, el prestatario tampoco deseaba recibir oro, plata o monedas sino que se conformaba con recibir un certificado del banco, sabiendo que, debido al prestigio del banco emisor, el mismo sería aceptado universalmente como si se tratara de esas propias monedas de oro y plata que representaba.

Así, los bancos se transformaron en el instrumento de financiación de las mas variadas operaciones y emprendimientos, convirtiéndose rápidamente en un elemento esencial de toda la actividad económica en las naciones occidentales.  Pero, a medida que se realizaba este tipo de operaciones de tomar dinero, oro y plata para luego realizar operaciones de préstamo, con el tiempo los banqueros descubrieron algunos interesantes fenómenos. 

En primer término, debido a la naturaleza crecientemente compleja de las relaciones económicas y a las cada vez mayores posibilidades de ahorro que aquellas permitían a algunos sectores de la población, si un banco disponía de depósitos en oro equivalentes a, digamos, 10.000 monedas por cada uno de sus 1.000 clientes, ello significaba que en sus bóvedas existía una gran concentración de riqueza consistente en 10.000.000 de monedas de oro.  La contrapartida bancaria de estas 10.000.000 de monedas era simbolizada por todos los Certificados de Depósito emitidos y entregados a cada uno de esos clientes cuya sumatoria sería, precisamente, de 10.000.000 de monedas de oro: a modo de ejemplo, el banco emitía 1.000 certificados de 10.000 monedas cada uno. 

…..a medida que se realizaban este tipo de operaciones de tomar dinero, oro y plata para luego realizar operaciones de préstamo,  los banqueros descubrieron algunos  fenómenos interesantes...

Ahora bien, la experiencia claramente demostraba que en cualquier momento, jamás se presentaba más de un 10% o 15%, a lo sumo, de los tenedores de Certificados de Depósito para reclamar y retirar sus monedas de oro.  Ocurría que la mayoría de los depositantes prefería utilizar esos certificados en su poder como medio de pago para las diversas operaciones que realizaban con otros comerciantes.   Éstos, a su vez, hacían lo mismo, generando así una amplia y relativamente lenta circulación de la vasta mayoría - entre el 85 y el 90 porciento - de aquellos Certificados de depósito, transformados, de hecho, en dinero circulante.   Realizando simples cálculos actuariales, los bancos rápidamente comprendieron que solo les bastaría con retener un 10% del oro disponible en sus bóvedas para pagarle a aquellos tenedores de Certificados de Depósito que previsiblemente se presentarían "en ventanilla" para reclamar sus monedas de oro.  

Ello significaba que, en promedio, el 90% del oro permanecía en las bóvedas sin ser reclamado y, por ende, sin uso alguno: "riqueza muerta", según hemos visto.  Esto hizo que surgiera la práctica bancaria, revolucionaria por cierto, de emitir cantidades de Certificados de Depósito al portador por montos superiores al oro disponible en sus bóvedas.  Enfatizamos este punto ya que conforma una de las claves de la banca moderna: la experiencia de décadas - y ya hoy, de siglos - demuestra que prácticamente jamás se presentan todos los tenedores a pedir devuelta el oro al que los Certificados de Depósito en su poder les da derecho. 

De forma tal que si actuarialmente se sabe que jamás se presentan al banco emisor mas de un 10% de los Certificados de Deposito para convertirlos en oro metálico, entonces, ¿porqué no dejar un 10% del oro en las bóvedas del banco, disponible - "líquido", por así decirlo - para hacer frente a esta parte minoritaria de la clientela que previsiblemente se presentará a reclamar lo suyo, y utilizar el 90% restante - o sea, 9.000.000 de monedas de oro - como si representaran, a su vez, un teórico 10% sobre el cuál se pueden emitir nuevos Certificados de Depósito avalados por el Banco?  

El factor clave reside en la previsión y exactitud del análisis actuarial que el banco realice sobre su cartera de clientes y, más importante aún, en la evaluación correcta del factor psicológico que la solidez, prestigio y seriedad del banco inspire en el mercado.  Esto implica también realizar una acertada interpretación de la realidad político-social imperante, tanto dentro del país como en el mundo, y una inteligente previsión de sus potenciales crisis.[14]   Ello podría permitir conlcluir que durante un plazo previsible - un año o dieciocho meses, por ejemplo - nada ocurrirá que pudiera hacer variar estos cálculos y previsiones.  

Utilizando, entonces ese 90% de sus depósitos - o sea, 9.000.000 de monedas de oro en nuestro simplificado ejemplo - como si representara, a su vez, un 10% de "base" sobre la cuál emitir nuevos certificados, el banco podrá entonces emitir Certificados de Depósito equivalentes a otras 90.000.000 de monedas de oro, sabiendo que siempre podrá pagar al 10% de los tenedores que probable y previsiblemente presenten sus Certificados "en ventanilla" para convertirlos en oro. 

Certificados por un valor de 90.000.000 de monedas, de los cuales 9.000.000 (10%) se deberán mantener "líquidos" o disponibles en sus bóvedas, más los 10.000.000 originalmente prestados de los cuales, nuevamente un 10% (1.000.000), deberá mantener disponibles, totalizan así las 10.000.000 de monedas de oro realmente en sus bóvedas.   Sin embargo, con esta manipulación financiera, el banco logra emitir Certificados por 100.000.000 de monedas, los cuales el banco procede a prestar a una amplia gama de prestatarios como si fueran dinero contante y sonante, y encima podrán cobrar un interés.   

De este ejemplo muy simplificado, podemos concluir que, en la práctica, el sistema bancario logra generar dinero de la nada, a través del "factor multiplicador bancario" que se utiliza para generar líneas de crédito de la mas diversa naturaleza, o para refinanciar deudas públicas y privadas, o controlar la expansión económica dentro de una economía.  Como factor de direccionamiento, ordenamiento y control de las economías regionales, nacionales y de la propia economía global, este factor resulta clave pues la cantidad, el costo y los sectores hacia los cuales los bancos vuelcan estos préstamos y flujos de capital, se verá reflejado en la evolución de la economía en su conjunto.

El peligro implícito de este esquema se manifiesta cuando por alguna razón o crisis, todos los tenedores de certificados - o al menos una gran parte de ellos - deciden que desean recuperar sus monedas de oro, o sea cambiar sus Certificados de Depósito simbólicos por las monedas de oro reales que representa.  Si ello ocurre y, del total de Certificados puestos en circulación, una proporción imprevista - digamos un 30%, 50% u 80% - se presentan "en ventanilla" para convertirlos en monedas de oro contante y sonante, el banco no tendrá forma alguna de hacer frente a esta demanda con sus propios recursos y si nadie viene a socorrerlo, entonces quiebra.  Salvo que el tesoro público lo rescate, lo que significa que el quebranto del banco lo termina asumiendo la comunidad.  

Es en estos casos cuando se verifica de la manera mas cruda la enorme diferencia que existe entre el dinero irreal - simbólico, digamos -  y los valores reales que el mismo pretende representar.  En nuestro anterior ejemplo, el banco emitió certificados por 100.000.000 de monedas de oro contra tan solo 10.000.000 de monedas de oro reales.   O sea, los 10.000.000 correspondientes a sus tenencias mas los 90.000.000 que emitió utilizando la cantidad de monedas que realmente se encuentran en sus bóvedas como punto de partida.  Esta relación entre la emisión de certificados y las tenencias reales se conoce como “encaje bancario”.  En sus inicios, esta proporción - factor clave para cualquier banco - lo comenzó fijando cada banco según su propia experiencia; hoy en día, lo fija obligatoriamente el banco central de cada país en base a las características de la economía nacional y otros factores estructurales y estacionales. Este factor permite, a su vez, controlar los parámetros macroeconómicos de la economía, tales como el nivel de inflación y la expansión o contracción del crédito; o sea, permite "calentar" o "enfriar" la economía (ver más abajo la Tabla 1).  

Resulta posible, entonces, comprender que si todos los tenedores de Certificados se presentaran a cobrar, el banco no podrá hacer frente a esa demanda con lo que deberá rápidamente cerrar sus puertas, dejando a sus depositantes sin su dinero.  Así ocurrió con todas las así-llamadas corridas bancarias, como las de los Estados Unidos en 1907; la que afectó a Europa, Estados Unidos y al mundo entero en 1929 originando la Depresión; o las corridas bancarias en la Argentina en épocas recientes.  Nuevamente, nos topamos con un importante factor psicológico: cuando los tenedores de certificados perciben que el banco emisor - sea privado o estatal - dejó de ser confiable, y a raíz de ello pretenden cambiar sus certificados por algún bien o instrumento con valor real, entonces se encuentran con la desagradable novedad de que el banco no dispone de los recursos suficientes para honrar todos esos certificados.  

En rigor de verdad, jamás los tuvo porque el dinero con que opera - hoy en día representado por los diversos asentamientos contables de cuentas corrientes y certificados de depósito a término - no es dinero real sino dinero en gran parte creado de la nada.   Y sobre el préstamo de este dinero creado de la nada, cobran intereses a la economía real de las empresas, los individuos y al propio Estado.

En nuestra época, este sistema se ha tornado altamente sofisticado, puesto que en siglos anteriores a ese 10% de tenedores de Certificados de Deposito que estadísticamente se presentaba al banco para reclamar lo suyo, realmente se les entregaban monedas de oro.  Hoy en día, la función de las monedas de oro se ha visto reemplazada por billetes de papel moneda de curso legal que el banco entrega a cambio de un "cheque" que se presente en ventanilla, siendo el cheque equivalente al Certificado de Depósito.  O sea, actualmente al tenedor del cheque se le entregan billetes del dinero nacional: dólares en los Estados Unidos, Euros en la Unión Europea, Francos en Suiza, Libras en Gran Bretaña y Pesos en la Argentina. 

En el caso de la Argentina y debido a la Ley de Convertibilidad de 1991, si nos presentamos en nuestro banco con un cheque por, digamos, $ 100, el banco nos entregará billetes de curso legal por ese monto, con los que - en teoría al menos -, podremos ir a nuestro Banco Central y pedir que se convierta esos 100 pesos en 100 dólares estadounidenses.  Luego, con esos 100 dólares podemos ir al Banco de la Reserva Federal en Washington para que ellos, a su vez, los conviertan en.....otros billetes dólar.   En fin, todo el dinero del mundo es convertible, en última instancia, únicamente en......papel.   Sirve de instrumento de intercambio, en tanto y en cuanto confiemos en su valor, lo que implica confiar en el poder, prestigio y seriedad de la entidad emisora, sea ésta pública o privada. 

Banca central – herramientas de control

Los bancos centrales pueden controlar o al menos dirigir las economías nacionales a través de cuatro instrumentos principales:

·         Masa monetaria – Es la cantidad de dinero que provée a la economía y según su abundancia o astringencia determina el nivel de actividad de la economía y el “costo” (interés) del dinero.

·         Encaje bancario – Es la cantidad de dinero que los bancos deben retener en forma líquida, lo que incide directamente sobre la capacidad de expansión crediticia del sistema bancario según el factor multiplicador bancario previamente descripto.

·         Tasa de interés – Es la tasa de interés básica a la que el banco central presta dinero al sistema bancario y que inicia así la “cadena de precios” del dinero (el interés bancario).  En Estados Unidos, es el conocido prime rate.

·         Tasa de cambio – Es el valor de la moneda nacional en relación a la moneda de otros países.  Es uno de los factores sobre el que la banca central menos puede incidir.

Ejercitar el uso de estos cuatro factores hace a la independencia económica de una nación.  Claudicar o delegar algunos de ellos, debilita las posibilidades de una comunidad de impulsar un crecimiento económico sano y sólido.  A modo comparativo, describimos a continuación la manera en que distintos países utilizan estos instrumentos de poder financiero a través de sus bancas centrales.

   

Cuadro de Factores Monetarios Clave que reflejan el nivel de Soberanía Económico-Financiera

Factor Clave

Estados con amplia soberanía.

(por ej. EUA, Union Europea, Japon)

Estados con soberanía limitada.

(por ej., Argentina con su Ley de Convertibilidad)

Estados sin soberanía monetaria

(por ej., economías “dolarizadas” como la de Panamá)

Observaciones para la Argentina actual

Masa Monetaria

Alta

Bajo

Bajo

Nuestra masa monetaria se encuentra atada al nivel de divisas en el BCRA.  Instrumento esencial para el desarrollo económico no utilizado por nuestro país

Encaje Bancario

Alto

Medio

Medio

Hoy en día conforma un factor de valor relativo debido al alto nivel de extranjerización de la banca.  Sirve para expandir / contraer el crédito.

Tasa de Interés

Alto

Medio

Bajo

La alta tasa de interés en pesos refleja la aún persistente falta de confianza total en el peso argentino.  Sirve para expandir o contraer el crédito y los focos de inversión

Tasa de Cambio

Medio

Bajo

Nulo

La fija mayormente el mercado; el Estado puede utilizarla para generar ajustes intersectoriales.  Es un factor riesgoso y desgastante.

 

 

 

 

 

Nivel de soberanía

Alta

Media

Baja

Si Argentina dolarizara su economía, perderá aún más su posibilidad de desarrollo autónomo.

Debilidad ante factores exógenos

Baja

Media-Alta

Alta

Ante la falta de controles sobre estos factores, la economía se torna crecientemente vulnerable ante factores exógenos

 

El interés -

"Usura rusteth the chisel
It rusteth the craft and the craftsman
It gnaweth the thread in the loom....
Usura slayeth the child in the womb
It stayeth the young man's courting
It hath brought palsey to bed, lyeth
between the young bride and the bridegroom

CONTRA NATURA"
- Ezra Pound, "Canto XLV, 'With Usura".
[15]

 

Volviendo a nuestra descripción del Factor Multiplicador Bancario, observamos que al emitir  nuevos certificados de depósito por 90.000.000 de monedas de oro, éstos fluyen como préstamos a comerciantes, fabricantes y proveedores de bienes y servicios, a los gobiernos que necesiten hacer frente a sus gastos y déficits y a toda persona, organización o estado que necesite financiar hoy sus gastos, sean éstos productivos o no.   Pero, como es bien sabido, al realizar cualquier préstamo con estas nuevas emisiones de Certificados de Depósito, los bancos no lo hacen gratuitamente sino cobrando una prima que desde hace siglos se denomina interés.  Desde siempre, el interés (I) sobre el dinero se expresa como una tasa aplicable (%) sobre el capital prestado (C) durante el plazo de tiempo (T) que dure el préstamo; o sea: I = %CT.  

Surge entonces, otro factor clave de relevante importancia, pues mientras que por un lado, el prestatario recibirá estos certificados en concepto de préstamo en gran medida creados "de la nada" por el banco emisor según el mecanismo descripto, por el otro lado, él deberá comprometerse con el banco a un conjunto de obligaciones que usualmente consisten en:

          (a) a pagar una tasa de interés de un determinado nivel y en un plazo pactado,

          (b) a devolver el capital prestado dentro del plazo pactado, y

          (c) a garantizar el préstamo con algún bien tangible real y ejecutable en caso de no poder devolver el          capital del préstamo mas sus intereses dentro del plazo pactado.   Esta garantía suele consistir en tierras, alhajas, oro, hipotecas sobre escrituras y títulos que representan bienes reales de todo tipo.  

Siendo la naturaleza humana como es, suele ocurrir que los prestatarios - individuos, organizaciones y Estados -, no logran devolver los préstamos y sus intereses dentro del plazo pactado.  Entonces, los bancos suelen refinanciar la deuda por un nuevo plazo, aplicando un interés acumulativo sobre el capital original más sus intereses.[16]  De todos modos, siempre le queda al banco la posibilidad de ejecutar las garantías con lo que cuenta  con el apoyo de toda la fuerza de la ley. 

Cabe acotar que siendo la política la actividad del hombre en relación al poder, y sustentándose el poder sobre factores económicos, es totalmente previsible que el sistema jurídico vigente beneficie sistemáticamente a los tenedores de capital; a los acreedores y no a los deudores.  El ejemplo clásico lo comprobamos en las así-denominadas "leyes de inversión extranjeras" en los países en vías de desarrollo que suelen otorgar al capital externo amplios derechos y garantías con poca o ninguna contrapartida de obligaciones y de equidad social.

El punto a resaltar es el hecho de que, a través del sistema de encajes y del factor multiplicador, el sistema bancario literalmente crea dinero de la nada con el cuál, luego realiza préstamos cobrando intereses.  A cambio de esta dinero "irreal", exige garantías que le permiten hacerse de bienes reales y tangibles en caso de que no se devuelva el préstamo y sus intereses: hipotecas y títulos propiedades sobre campos, casas, capacidad de producción, trabajo y bienes de todo tipo.    En rigor de verdad, bajo el actual sistema democrático liberal, el poder de las finanzas dispone de todo un amplio cuerpo de leyes que legalizan la relación contractual entre este ámbito irreal del dinero, por un lado y el mundo real del trabajo y la producción, por el otro.   Dado que el entorno jurídico del Estado-nación sigue siendo un factor importante, se comprende la imperiosa necesidad que tienen los intereses de las finanzas globalizadas, de que se estandarice a nivel planetario la democracia liberal por cuanto conforma el sistema de gobierno más permeable a sus intereses ya que permite fijar un marco legal concordante con este sistema.

Si el problema de fondo de las empresas públicas era uno de ineficiente administración, entonces un Estado serio debiera atacar ese problema y no recurrir al escapismo de lavarse las manos a través del recurso simplista de enajenar los bienes públicos a precios viles.

La etapa subsiguiente previsible lo conforma un cuerpo legislativo mundial y supranacional que podrá imponer con fuerza de ley los intereses de las finanzas globales sobre toda la producción y el trabajo del planeta.  Pero para ello aún faltan algunas décadas más.  En la actualidad, cuando se llega al nivel macroeconómico de las deudas contraídas por los Estados, las garantías así otorgadas sobre los préstamos cobran nueva forma jurídica a través de la transferencia de bienes reales de propiedad o bajo control del Estado, a favor de la estructura bancaria global.   Así, comprobamos este fenómeno a través de las privatizaciones y desregulaciones que han transferido empresas, recursos naturales, parcelas territoriales, infraestructura, y una amplia gama de valiosos bienes. recursos reales, recaudaciones fiscales y otras riquezas en favor de la estructura bancaria acreedora internacional.  

Nadie ignora los innegables beneficios coyunturales que las privatizaciones han significado para la sociedad debido a la incorporación de mejoras tecnológicas y en la calidad de algunos servicios.   Sin embargo, también debe señalarse que se trata de una enajenación de importantes bienes cuyos beneficios económico-financieros para el Estado, en el caso de la Argentina, han resultado prácticamente nulos.  Adicionalmente, si el problema de fondo de las empresas públicas era uno de ineficiente administración, entonces un Estado serio debiera atacar ese problema y no recurrir a escapismo de lavarse las manos a través del recurso simplista de enajenar los bienes públicos.  Así, una deuda externa que en 1989 se ubicaba en el orden de los U$S 62.000 millones, una década después había trepado a casi el triple, o sea, U$S 180.000 millones.  ¿Para que privatizamos la empresas públicas, entonces? 

También resulta interesante señalar que con la globalización, el factor multiplicador bancario cobra una nueva dimensión.   Todo banco que opere dentro de una economía nacional, queda sujeto a las disposiciones y reglamentaciones del ente de control correspondiente, usualmente el banco central local.  Ese banco central, invariablemente requiere que todos los bancos que operen bajo su jurisdicción retengan algún factor de encaje que al menos representa una garantía mínima sobre sus depósitos.  Por ejemplo, en los Estados Unidos, el Banco de la Reserva Federal actualmente requiere alrededor del 10% de encaje en base a una fórmula variable según el tipo de banco y su cartera de negocios.  En la Argentina, el Banco Central impone un encaje mayor, del orden del 17% a los bancos, lo que refleja la mayor volatilidad de nuestro sistema bancario.       

Cuando observamos las operaciones en los mercados financieros globales, entre entidades bancarias ubicadas en diferentes países o en plazas off-shore con mínimos o inexistentes controles bancarios - las Islas Cayman, Bermuda, Panamá, Isla de Wight, Luxemburgo y otras - el factor de encaje prácticamente desaparece debido a que no existe ningún ente de control.  Con lo cuál - en teoría al menos -  no existe limitación alguna a la cantidad de crédito que una entidad bancaria puede generar a través del factor multiplicador bancario.   Con un dólar se podrán generar líneas de crédito por U$S 100 o US$ 1.000 o U$S 10.000.  

Mientras que el banco realice sus previsiones actuariales correctamente y mientras que su imagen y balance inspiren solidez, prestigio y confianza, entonces este fenómeno se podrá perpetuar, reciclar y retroalimentar, creciendo exponencialmente, prácticamente sin límites.   Pues, ¿quién pondría hoy en duda la solidez y el prestigio de casas bancarias como el Chase Manhattan Bank, Citigroup, Lloyd's Bank, Deutsche Bank, Bank of Tokyo-Mitsubishi, Banque Nationale de Paris, Swiss Bank Group, Credit Suisse, Banca Nazionale del Lavoro, Internationale Nederlande Bank, HSBC-Hong Kong & Shanghai Banking Corp., y otras entidades bancarias internacionales de este primerísimo nivel?

El Dinero Electrónico -

Todo lo que hemos descripto se potencia en la actualidad a medida que el dinero se va liberando de todo medio físico - incluido el papel - al transformarse en dinero electrónico.   O sea, dinero auténticamente virtual que solo se manifiesta en los monitores de las computadoras y en el ronronear de millones de hard drives en todo el planeta.  No nos referimos tanto a su variante plástica (tarjetas de crédito, tarjetas inteligentes y similares), sino al dinero electrónico puro y simple que es el que moviliza, conforma y deforma economías nacionales, transfiere riquezas, aparece de repente y se volatiliza instantáneamente y que conforma el verdadero motor que arrastra a la humanidad entera de un lado para el otro como si fuera un corcho sobre la mar embravecida.

O sea, la economía irreal de las finanzas y la economía real del trabajo y la producción han ido por dos caminos total e irreconciliablemente distintos; pareciera que la economía irreal de las finanzas hoy controla al mundo entero.

Y las pruebas las tenemos a la vista: gracias a la revolución tecnológica en la computación y las telecomunicaciones, los mercados financieros mundiales operan interconectados por una vasta, compleja e instantánea red, las 24 horas del día, 7 días a la semana, 52 semanas al año, sin pausa ni interrupciones de ninguna naturaleza.

Y aunque cada uno de los mercados y sus entidades financieras queden sujetos a diversas reglamentaciones de índole nacional, la red global financiera en sí misma y en su totalidad, no está  sujeta a ninguna instancia superior que la controle o supervise.   En rigor de verdad, podríamos decir que a las finanzas globalizadas no las controla nadie.....o casi.  

Pues, en rigor de verdad, la red global financiera y el compacto conjunto de poderosos intereses que la conforma, direcciona y controla  es su propia instancia superior.   Así verificamos que el monto que los traders - los operadores financieros globales - realizan todos los días equivale a U$S 2.000.000.000.000.  Repetimos, U$S 2.000.000.000.000 (dos billones de dólares) todos los días;[17] cifra que es casi siete veces mayor al Producto Bruto Interno anual de la Argentina y superior en un 60% al PBI anual del conjunto de los países del Mercosur.   

Esos mismos traders que hoy agresivamente "colocan inversiones" en las principales bolsas de comercio del mundo, que administran los gigantescos depósitos de los Fondos de Inversión y de los Fondos de Pensiones, evaluando cuales monedas se apreciarán y cuales se depreciarán, cuales empresas aumentarán sus dividendos y cuales caerán, cuales plazas, naciones y gobiernos entrarán en el "despegue" económico y cuales se encaminan hacia el abismo y el colapso.   Esos traders, disponen de fondos cuya estimación varía desde un cauto U$S 80.000.000.000.000, según la revista británica, The Economist, hasta un muy audaz U$S 140.000.000.000.000, según el Executive Intelligence Review del estadounidense Lyndon LaRouche, listos para invertir dentro del marco de las finanzas globales. 

Para hacerse una idea cabal de lo que representa esta cifra realmente alucinante, digamos que si sumamos el circulante total de todas las monedas de todas las naciones del mundo, apenas si llegamos a una fracción de esta cifra.  Es más, si calculáramos en términos estrictamente económicos cuál es el precio de todos los bienes existentes en el planeta, seguramente tampoco llegaríamos a una cifra semejante, con lo que estaría quedan al descubierto que la sumatoria de los "fondos globales de inversión" han crecido más allá de toda razonabilidad por cuanto no se condicen con la realidad económica del planeta.  O sea, la economía irreal de las finanzas y la economía real del trabajo y la producción han ido por dos caminos total e irreconciliablemente distintos y pareciera que la economía irreal de las finanzas es la que hoy controla al mundio entero.  Ello nos permite concluir que el sistema global financiero, tras décadas de expansión alocada y sin control se estaría acercando a un punto de implosión catastrófica.  Para los que, como el estadounidense Francis Fukuyama, se alegraron con la caída del sistema soviético concluyendo que ello implicaba una victoria del libremercado y de la democracia formal, puede que veamos un colapso o implosión mucho mayor y auténticamente global con el del actual sistema del hipercapitalismo global.  

¿Por qué?   Porque esta gigantesca suma es el resultado de una suerte de bola de nieve que se viene acumulando a través de las últimas décadas y que cobró vida propia gracias al factor multiplicador bancario; mecanismo tan simple aunque sutil que hemos procurado describir en sus rasgos elementales en este breve ensayo.

Pero no nos confundamos, estos U$S 80.000.000.000.000, o la cifra que sea, que movilizan los traders no es tan solo mucho dinero, es mucho mas que eso: es mucho poder.  Los compactos grupos de hombres y mujeres que instruyen a sus traders y operadores hacia dónde han de encaminar aunque sea una parte pequeña de esta cifra, detentan verdadero e insoslayable Poder.  En sus manos queda el destino de personas, familias, comunidades, organizaciones y de naciones enteras.  Si estos compactos intereses que dirigen y controlan este gigantesco poder económico deciden "invertir" en una determinada región, la misma se pone eufórica con el "boom" económico que inmediatamente se produce entre algunos de sus sectores y estamentos sociales.  Pero si, por el contrario, deciden salirse de una plaza o de algún sector determinado debido a algún "efecto tequila" o a que su olfato de especuladores los lleva a husmear a otra parte, entonces podrán sumir a naciones enteras en la más oscura desesperación y hacer que sus coletazos se sientan hasta en el Río de la Plata. 

Si una región no les interesa, se la deja morir de hambre o que quede a la merced de sus convulsiones sociales, cuyos orígenes demasiado a menudo se enraízan, a lo largo de las décadas, en el accionar de las estructuras políticas y económicas antecesoras de los intereses que hoy se agrupan alrededor de la globalización.  En verdad, estos grupos son el poder del mundo. 

Identificar, comprender y evaluar quienes son, como piensan, qué hacen y hacia dónde se encaminan, para luego poder diagramar estrategias locales adecuadas que permitan una inteligente comprensión de las oportunidades y amenazas que representan, se ha transformado en una necesidad urgente para todas las comunidades y naciones del mundo.   Ciertamente, lo es para la Argentina y las demás naciones de la región.   Hace a nuestro Interés Nacional.  

Concluyamos señalando que si tomamos en cuenta la velocidad de flujo de estas masas monetarias, nos topamos con una situación verdaderamente alucinante, pues si estos traders movilizan diariamente U$S 2.000.000.000.000, y como hemos visto, la red de mercados globalizados opera 24 horas al día, 7 días a la semana, 365 días por año, entonces estos flujos financieros anualizados totalizarían la monstruosa cifra de más de 700.000.000.000.000 (setecientos treinta billones de dólares).  Para siquiera empezar a comprender esta cifra inasequible, digamos que Producto Bruto Nacional anual de todos los países del mundo apenas llega a U$S 50.000.000.000.000 y todo el comercio mundial anual totaliza tan solo U$S 5.000.000.000.000.  Sí, amigo lector, son muchos ceros pero tratemos de ver la proporción entre estas cifras oponen el trabajo productivo a la especulación parasitaria y comenzaremos a comprender que la enfermedad del planeta salta a la vista.  Al menos podremos comenzar a diagnosticar el origen de nuestros graves males que hoy destruyen a literalmente miles de millones de vidas en todo el planeta.

¿Cómo ha podido el hombre llegar a esta situación tan insólita en su evolución histórica?   El desarrollo político e histórico de este complejísimo proceso lo hemos evaluado en otros ensayos,[18] sin embargo, diremos que la evolución del dinero y de las finanzas ha ocupado un lugar central en este fenómeno.  Si hemos repasado las diferentes clases de dinero desde el primitivo trueque hasta el dinero electrónico del Nuevo Orden Mundial, evaluemos ahora cuál es el valor y el funcionamiento del dinero o, al menos, cuál debiera ser ese valor y ese funcionamiento.

 


III.   Riquezas -

 

"Wer ihn besitzt, den sehre die Sorge,
und wer ihn nicht hat, den nage der Neid!"
Richard Wagner, "Das Rheingold"[19]

La función del dinero -

El advenimiento del dinero en la era moderna se produjo en forma paralela con la creciente complejidad de los mercados de bienes como ámbitos de intercambio naturales, regidos por la ley de la oferta y la demanda.   Luego, surgieron distintos mercados de servicios que ya hoy conforman la parte más importante y creciente de la economía mundial.  Distinta resultó la situación, sin embargo, cuando el concepto del mercado comenzó a aplicarse en relación al trabajo humano y el dinero.  A partir de ahí, se produjo una fuerte distorsión económico-social que ya lleva mas de dos siglos.  Pues, mientras que los bienes físicos y los servicios son directamente comercializables dentro del marco de la oferta y la demanda, el trabajo y el dinero no pueden ajustarse con la misma facilidad a tales "mecanismos del mercado". 

Ambos fenómenos del "mercado del trabajo" y del "mercado del dinero", se encuentran íntimamente ligados a la relación entre el trabajo y el dinero y, por consiguiente, a cuales son las funciones que debieran caberle al dinero dentro de la sociedad.

En rigor de verdad, resulta necesario recordar que por elementales cuestiones morales, el trabajo humano no debiera sujetarse a las fuerzas amorales del mercado.  O al menos no de la misma manera - a menudo feroz y brutal - en que se les permiten operar sobre el mercado de bienes y servicios.   Definimos a las fuerzas del mercado como "amorales" sencillamente porque el concepto de mercado  encuadra dentro del ámbito de la economía y la economía es intrínsecamente amoral - o sea, carente de criterios morales - por cuanto la economía solo juzga lo que resulta útil e inútil.   El marco moral no lo fija la economía sino el órden político, social y cultural reinante.  Si éste orden se debilita y su poder y claridad se erosionan, entonces la fuerza amoral de lo económico irrumpirán y se impondrán si miramientos. 

....por elementales cuestiones morales, el trabajo humano no debiera sujetarse a las fuerzas amorales del mercado......

trabajo humano tiene valor, y no tan solo precio........

 

Ningún emprendimiento económico privado, por más filantrópico y altruista que se declame, se llevará a cabo sin la contrapartida de un beneficio económico.   Aquellas organizaciones que priorizan únicamente el bien común, como puede serlo el Estado u organizaciones religiosas y de caridad, jamás tienen metas económicas, sino políticas, sociales y morales, cuyo valores trasciende toda consideración de costo económico.   Así, por ejemplo, se comprende que los Estados libren guerras costosas, por cuanto sus objetivos inmediatos son políticos; el costo económico de cualquier contienda considerada desde la óptica del interés nacional, resulta ser un factor secundario que se pagará después.

El trabajo, entonces, no puede sujetarse tan solo a conceptos carentes de un mínimo sustento moral y ético.  El hombre no es una mercancía; su trabajo es el resultante de factores cualitativos y cuantitativos, por lo que no debiera reducirse tan solo a la cuantificación de un único parámetro: su precio, según la utilidad que aporte al sistema económico, y encuadrado dentro del régimen de la oferta y demanda del mercado laboral.   El trabajo humano tiene valor, y no tan solo precio, por lo que el valor del trabajo debiera sujetarse a criterios diferentes a los de la mera "ley de oferta y demanda".  Su aporte dentro del proceso económico debiera medirse de una manera diferente. 

Veremos también que tampoco el capital debiera regirse tan solo por los conceptos del mercado, por cuanto el valor real del dinero debería medirse en términos de trabajo humano.  Por ende, los mismos principios que rigen al trabajo debieran también aplicarse al dinero. En las finanzas globalizadas, sin embargo, estos conceptos han ido quedando crecientemente relegados.  

En la legislación comercial que rige a las empresas en prácticamente todas las naciones del mundo, una Sociedad Anónima o una Corporación como se la denomina en los Estados Unidos, la conforman sus accionistas y sus directivos a través de sus estatutos.   Los empleados - el plantel de trabajadores, empleados y obreros - apenas si forman parte de la empresa puesto que, como su nombre claramente lo indica, son  solo eso: empleados, prescindibles en cualquier momento que resulte necesario o conveniente para la empresa.   Esa prescindencia tendrá su costo económico que varía según el régimen legal de cada país - de ahí la gran presión de los "inversores" en favor de una mayor "flexibilización laboral" en la Argentina - pero el punto clave a resaltar es que se puede prescindir de ellos en cualquier momento ya que no forman parte de la empresa, por mas que hayan trabajado durante décadas para ella, aportando sus talentos, esfuerzos y conocimientos para hacer que la misma crezca y se enriquezca.  

No.  El empleado jamás forma parte de la empresa en sí.  Ésta podrá mejorarle sus beneficios en tanto y en cuanto el empleado le sirva, ya que en alguna medida, el empleado representa una parte del activo de la empresa especialmente en la actualidad en que los conocimientos y talentos son un valor clave.  Pero nada mas.  Pues, no lo olvidemos, el ámbito de lo económico como lo aclarara hace ya años Carl Schmitt, solo juzga lo útil y lo no útil.   

Jurídicamente, entonces, la empresa sólo la conforman sus accionistas que son los únicos con auténticos derechos.  Suele ocurrir que grandes accionistas de una empresa apenas si saben a qué se dedica la misma, qué es lo que produce, cómo funciona, o adónde se encuentran sus plantas.  Puede que el accionista ni siquiera aporte nada física o intelectualmente útil para la empresa: su poder dentro de la misma se rige por el poder del dinero que le permitió adquirir una porción de las acciones de la misma.   Los empleados - desde el Gerente General hasta el último operario - son los que producen, fabrican, diseñan, crean, movilizan, distribuyen  - en síntesis - son los que trabajan.  Ellos son todos parte de la economía real de la empresa, por cuanto aportan un valor agregado muy tangible y altamente visible; el accionista, en cambio, puede que aporte algún valor como puede que no.  Pero él queda claramente alineado del lado de la economía irreal del dinero. 

El accionista puede prescindir de todos los empleados que quiera cuando quiera y a su arbitrio, ya que la empresa disfruta de amplios derechos jurídicos y de muchas más amplias fuerzas para hacerlos valer.   En rigor de verdad, la base jurídica fundamental de la democracia moderna la conforma, precisamente, el hecho de que el Poder del Dinero se consolida a través de mecanismos formalmente legales aunque no necesariamente legítimos.[20] 

De esta manera las empresas reclutan y descartan a millones de empleados y trabajadores nutriéndose del mercado laboral, según las "leyes de la oferta y la demanda".   En los últimos años, este fenómeno ha adquirido un cariz social dramático en el mundo industrializado en aquello que un eufemismo de moda ha dado en llamar downsizing o sea la "reducción de tamaño" de las mayores empresas globalizadas, lo que invariablemente hace referencia al tamaño del plantel de empleados, y no al tamaño de las ganancias de los accionistas.  Cuando la oferta de empleados sube o su demanda baja, entonces millones de personas quedan en la calle. 

En los últimos años en los Estados Unidos, la cadena minorista Sears despidió a mas de 50.000 personas, Xerox a 10.000, Delta Air Lines a 18.000, 16.800 en Eastman Kodak e IBM echó a 35.000 empleados.   En verdad, Entre 1987 y 1995 IBM redujo su plantel del personal en mas de 204.000 personas;  General Motors, a su vez redujo su plantel de  800.000 personas en 1979 a 450.000 a principios de la década de los noventa, mientras que General Electric redujo su plantel en 104.000 personas entre 1980 y 1990.[21]    El conjunto de empresas más grandes de los Estados Unidos, conocidas como las Fortune 500 hoy emplean a 4.000.000. de empleados menos que hace diez años, aunque en su conjunto han prácticamente duplicado sus niveles de rentabilidad y ganancias.  El efecto reflejo que estas empresas tienen sobre el resto de la economía es enorme y genera incalculables cuotas adicionales de desempleo.  Pues se trata de una ley de hierro que dictamina que lo que cuenta no son los portadores de capacidad de trabajo y de talento, sino los tenedores de dinero.  

Para la sociedad anónima moderna, el mundo real de hombres y mujeres reales con talentos y conocimientos reales tan solo conforma el mundo irreal y descartable de los "empleados", sujetos todos a la ley de la oferta y la demanda de los mercados laborales. En verdad, su verdadero mundo real es el mundo del dinero: el mundo de los accionistas; de los tenedores del dinero: el mundo de los márgenes de utilidad y de las ganancias.   Ello no debe interpretarse como una visión crítica del mundo empresario ni de sus accionistas, sino más bien del sistema que permite una relación de gran desequilibrio e inequidad entre las fuerzas del trabajo y las fuerzas del dinero.   Pues no se trata de una mera declamación sino del hecho incontrovertible de que al haber adquirido el dinero la facultad de crecer de la nada, y de canalizarse hacia los más variados y diversos emprendimientos y especulaciones a través de un mercado de capitales, el mismo ha usurpado un inmenso poder que legítimamente no le corresponde.  Usa el mismo para sujetar a las fuerzas laborales y obligarlas a ceñirse a las leyes del mercado del trabajo.

El hecho de que muchas empresas modernas, en los Estados Unidos particularmente, hoy hablen del concepto de los stakeholders,[22] o sea de todos los que tienen algún interés en la empresa - accionistas, empleados, proveedores, clientes, comunidad - conforma una manera bastante hipócrita de disimulo por cuanto el inversor - el shareholder - sigue, y seguirá siéndolo, el "stakeholder" de mayor importancia.

En rigor de verdad, el mundo del dinero y el del trabajo no solo han evolucionado por carriles  fuertemente distintos sino que hoy en día representan intereses crecientemente contrarios, siendo la principal  fuente de conflicto en el mundo moderno.   El mundo del dinero es irreal visto desde la óptica del trabajo y - simétricamente - el mundo del trabajo resulta irreal visto desde la óptica del dinero.  Ante este antagonismo, surge la paradoja de que ambas fuerzas - trabajo y dinero - aunque opuestas en sus intereses, sin embargo, se necesitan mutuamente y deben generar mecanismos de relacionamiento.   Ello  nos conduce a una gran encrucijada: cómo encarrilar al Poder del Dinero para que aporte una mayor utilidad social y luego, cómo  determinar la equivalencia entre el dinero y el trabajo.

El mundo del dinero es irreal visto desde la óptica del trabajo y - simétricamente - el mundo del trabajo resulta irreal visto desde la óptica del dinero

Que este problema no ha sido resuelto hoy en día queda flagrantemente demostrado para cualquier observador agudo que sepa interpretar la realidad del mundo actual.   Según cifras de las Naciones Unidas, en el mundo más de 3.000.000.000 de personas viven debajo del nivel de pobreza, o sea, personas que no forman parte integral de ningún mercado lo que hace que la globalización financiera simplemente no se ocupe de ellos porque no resultan útiles desde la óptica de la economía y las finanzas.  Estas mismas estadísticas también nos enseñan que, anualmente, en todo el mundo mueren más de 40.000.000 de hombres, mujeres y niños a causa de la malnutrición; o sea, simplemente porque no resulta útil - según este mismo criterio economicista de las finanzas globales - darles de comer. 

En relación a esta terrorífica realidad, comprobamos cuán sumisos y subalternos se tornan los grandes medios de difusión mundial que apenas si aportan estos datos como mera curiosidad estadística, quizás transmitiendo cada tanto alguna nota por CNN y los demás medios de difusión globales; lo apenas suficiente como para quedar tranquilos con sus propias consciencias.    

Mucho se cuidan, sin embargo, de que la humanidad en su totalidad jamás llegue a llorar este verdadero holocausto que todos los años consume a 40.000.000 de seres simplemente porque sus economías no son atractivas para los traders de las finanzas globales.    En rigor de verdad, un sistema  global que no se interese por esta realidad debe estar fundamentalmente viciado, lo que nos estaría indicando que, de la misma manera en que el régimen soviético se desintegró por la sencilla razón de que el marxismo-leninismo no funciona, bien podríamos estar transitando los prolegómenos del inicio del fin del capitalismo demoliberal que podría caer víctima de las crecientes tensiones sociales y políticas que él mismo genera.   Como ya hemos mencionado, de ser ello así, la crisis - sino colapso - mundial en las finanzas globalizadas, será estrepitosa y bien vale la pena invertir algo de tiempo y esfuerzo para aunque más no sea evaluar esta posibilidad para que nuestra comunidad pueda tomar algunos recaudos  previsiones.

Relación entre el dinero y el trabajo -

Hoy en día, el trabajo es una mercancía que se incorpora como valor agregado dentro de un proceso operativo industrial o comercial, tan solo en la medida en que sea necesario para que la ecuación económico-financiera de la empresa "cierre".  O sea, el nivel del costo del trabajo dentro del mercado tiende a buscar un punto de equilibrio que no está directamente relacionado con el margen de utilidad que el proceso económico de la empresa brinda, ni mucho menos con los niveles de rendimiento que las  operaciones financieras derivadas de dicho proceso económico puedan arrojar.  

En verdad, en la actualidad el nivel del costo del trabajo queda determinado tan solo por el nivel que resulte necesario para que las fuerzas del trabajo - los trabajadores - logren:

          (a)  sobrevivir,

          (b)  reproducirse generando futuras fuerzas laborales,mejorar sus habilidades, capacitándose para insertarse dentro de procesos y esquemas productivos crecientemente complejos, y 

          (c) consumir más allá de sus necesidades, como mecanismo de motorización del crecimiento económico dentro del sistema, como así también como mecanismo de control social.[23] 

Resulta interesante comprobar que los puntos (a) y (b) han sido una constante histórica en todas las sociedades esclavistas, como así también en ciertos casos el punto (c) .  Pues en aquellas sociedades, un inteligente dueño de esclavos tomaba todo recaudo necesario para resguardar todos sus bienes, esclavos incluidos, lo que implicaba que éstos debían:

           (a)   disponer de alimentos y vestimenta adecuada para sobrevivir,  

(b) conformar núcleos familiares lo suficientemente estables como para poder reproducirse y generar las futuras fuerzas laborales de esclavos.

(c) disponer su capacitación - por más limitada que ésta fuere - para realizar los trabajos previstos.  

Si la iniquidad de las sociedades esclavistas anglosajonas en los Estados Unidos, África y en otras partes del mundo o la lusitana en el Brasil resultaban horriblemente inicuas, no menos inicuas resultan las actuales condiciones impuestas en los sweatshops a las fuerzas laborales que en agotadoras jornadas sin pausa, descanso o protesta hoy trabajan en Indonesia, China, Vietnam, Corea, Méjico, Brasil, Malasia, Taiwan, India o África.  O incluso en las fábricas con mano de obra de inmigrantes ilegales dentro de los propios Estados Unidos.  Y lo hacen a bajísimos costos para sus empleadores, que a menudo suelen ser contratistas de grandes multinacionales y distribuidoras de occidente, que contratan sus productos primarios en el "mercado internacional del trabajo" volcándose - naturalmente y según las leyes del capital global - allí donde el costo laboral sea menor y la eficacia de la policía local, mayor.  Luego, es solo cuestión de estamparle alguna renombrada marca global para transformar el producto en un símbolo del bienestar del mundo industrializado. [24] 

En verdad uno de los errores de Marx al desarrollar su teoría de la plusvalía, fue que prácticamente ignoró la incidencia del crédito generado por el factor multiplicador bancario y el interés cobrado sobre el dinero como distorsionador del sistema capitalista.   Extrañamente, Marx solo se concentró en echar culpas sobre los dueños de los "medios de producción" y los dueños del capital por la retención de la plusvalía, manteniendo un discreto silencio respecto del concepto del interés sobre el capital y el fenómeno del multiplicador bancario. 

En el mundo moderno, cuando hablamos del "mercado de capitales", estamos otorgándole al dinero, que ya hemos visto llega a nuestros días totalmente desnudo y desprovisto de valor intrínseco alguno, un supuesto valor real como si fuera un bien en sí.   Un bien real que ha de comercializarse en un "mercado" que regula su "valor" según las leyes de la oferta y la demanda.     ¿Qué valor real podrán tener las enormes masas de dinero virtual generadas, desplazadas y apropiadas desde una terminal de computación a otra?

 

El trabajo –

el dinero no debiera ser otra cosa que un bono por trabajo

Si vemos que actualmente el dinero no posee ningún valor intrínseco mientras que toda la economía del planeta pareciera regirse indeclinablemente por él, entonces en algún ámbito el dinero debe tener valor tangible y real, mas allá de lo meramente simbólico.  ¿Adónde, entonces, hemos de hallar ese valor tan elusivo que debiera respaldar el dinero?   Para poder responder a esta pregunta, debemos primeramente señalar un hecho fundamental que es que lo único que verdaderamente tiene valor en el mundo no es ni el dinero, ni el oro, ni todos los bienes juntos, sino las personas que crean y usan esos bienes.  O sea, el valor ulterior de todo lo hallamos en la gente, en los cientos y miles de millones de personas que trabajan, crean, inventan, producen y se sacrifican todos los días.

Correspondientemente, podemos concluir que si existe un valor real y tangible que debiera ser representado por el dinero, ese valor no es otra cosa que el trabajo; o sea, la producción que realizan los  hombres y las mujeres que producen física e intelectualmente y que, al hacerlo, movilizan a la economía de cada grupo familiar, cada empresa, cada comunidad, cada nación y del planeta entero.  Arriesgamos, entonces una "tercer ley de la economía" en el sentido de que el dinero no debiera ser otra cosa que un bono por trabajo.  

Esta realidad tan simple pareciera haberse perdido totalmente de vista en el embrollo del mundo moderno y en la ficticia complicación impuesta sobre nuestros sistemas económicos nacionales, que hoy llega al paroxismo de un alocado baile circular de las finanzas globales, que giran y giran, cada vez mas rápidamente, hasta haber logrado marear y confundir a todo el planeta.

Pues todo bien, toda propiedad o servicio, en ultima instancia, no representa otra cosa que trabajo efectuado por alguien en algún momento y en alguna parte.  El petróleo en el subsuelo, los minerales en el cantero, el trigo en el campo abierto, nada valen hasta que no se aplica trabajo humano para extraerlos de la tierra, o cosecharlos.   La tierra misma no tiene valor nutritivo hasta que se la siembra, se la riega y se la cosecha - todo en el momento oportuno.    Trabajo.   Una casa es muchos mas que ladrillos, cemento y madera: su valor real es el agregado del trabajo.  El aluminio, hierro, silicio y millones de compuestos y componentes carecen de todo valor hasta que no son procesados, moldeados, aplicados para formar parte de un diseño superior que corresponda a una máquina o ingenio maravilloso, producto de complejisimas técnicas, talentos, innovaciones y conocimientos, sea una computadora o una aeronave Boeing 747: nuevamente, trabajo y solo trabajo.

Aún en los casos en que las maquinas alivian el trabajo físico y multipliquen miles de veces la fuera de un hombre, como lo puede hacer un camión o multipliquen exponencialmente la fuerza intelectual humana como lo hacen las computadoras, en última instancia todo ello se enraíza en una amplísima y complejísima sumatoria de talentos, esfuerzos y creación de innumerables hombres y mujeres a través del tiempo y del espacio: Trabajo y solamente trabajo.  

Lo mismo vemos en todas las manufacturas, en la distribución, en el comercio, en los servicios - aún los financieros y bancarios en la medida en que son movilizadores productivos del resultado del trabajo en lugar de meros operadores parasitarios que se apropian del producto del trabajo - como así también en el trabajo intelectual: siempre trabajo y creatividad humana.  Lo único que moviliza a una economía, sea del tamaño que sea, se encuentre en la región o país en que se encuentre, es el trabajo: desde el trabajo de un minero, un albañil o un agricultor, hasta el trabajo intelectual de un diseñador de computadoras o de un vehículo espacial. 

Desde luego que el rango del valor agregado entre un trabajo apenas capacitado y otro de altísima capacitación y complejidad podrá ser enorme y, consecuentemente, el rango de retribución económica que vale cada tipo de trabajo también debe abarcar desde un salario mínimo pero digno para un albañil hasta, si se quiere, millones y millones de pesos para un creador talentoso.  La clave, sin embargo, siempre está en que solo aportando trabajo productivo de algún tipo debiera poderse ganar dinero y obtener utilidades.  Toda la vida económica surge del trabajo y el dinero no debiera cumplir otra función que la de un instrumento para el intercambio de distintos tipos de trabajo.  

Si se comprende esta función elemental del dinero, como instrumento mediador y motorizador de la economía y como bono por trabajo, entonces, se puede concluir que la única manera de obtener dinero es si se aporta algo a cambio por él: si se aporta trabajo.   Sea el trabajo propio de un obrero, o un bien cuyo valor refleja trabajo efectuado actualmente o en el pasado (un bien manufacturado, o una obra de arte, por ejemplo).  Toda otra alternativa deviene en parasitaria y, consecuentemente, en antisocial contra lo cuál la comunidad debiera erigir los mecanismos legales para defenderse.  

La problemática del mundo moderno, sin embargo, nos estaría señalando que el origen de una buena parte de los males y dificultades de la humanidad de fines del siglo XX radica, precisamente en el hecho de que el dinero - cuál Golem y aprendiz de brujo - se ha escapado del ámbito que le corresponde y ha cobrado una vida propia e independiente que de ninguna manera le corresponden.   Hemos visto que el sistema global financiero actual genera dinero de la nada a través del multiplicador bancario, que es dinero generado sin trabajo y luego permite que ese dinero se preste cobrando intereses, o sea un monto que tampoco conlleva un equivalente en trabajo.  Sin embargo, ese dinero logrado especulando y sin trabajo detenta un gran valor que permite comprar bienes y servicios, o sea, que permite comprar el trabajo de otros. 

Bajo el sistema actual, los operadores, traders y un amplio conjunto de especuladores en todo el mundo logran enquistarse en el cuerpo productivo de todas las comunidades del mundo, especulando con el alza o baja de las bolsas de comercio (especulación con los resultados del trabajo ajeno), con el alza o caída de las tasas de cambio entre las diversas monedas nacionales y sus correspondientes intereses bancarios (especulación con la productividad y los recursos de las naciones) o apostando a tal o cuál sector u oportunidad financiera coyuntural.   Y mientras lo hacen, logran gigantescas ganancias sin aportar trabajo o contrapartida útil alguna a la economía en general o - aun cuando pudiera considerarse alguna parte de sus tareas como un valor en sí (un servicio, por ejemplo), - sus ganancias suelen estar totalmente fuera de toda proporción con la tarea. 

A modo de ejemplo, el financista húngaro-estadounidense, George Soros logró utilidades para su fondo de pensiones, The Quantum Fund y sus demás negocios por un monto de más de Libras Esterlinas 1.000.000.000, en unos pocos días durante Septiembre de 1992, apostando y especulando contra la capacidad del gobierno inglés de mantener a la Libra Esterlina dentro de los márgenes de fluctuaciones cambiarias del Mecanismo Monetario Europeo.   Los observadores indican que las actividades especulativas de Soros resultaron ser el principal factor que desencadenó el colapso del sistema de paridades cambiarias del Sistema Monetario Europeo.   Cuando el sistema finalmente se desplomó, las naciones europeas con economías relativamente más débiles, como la inglesa, debieron asumir fuertes pérdidas.  Así, las ganancias de Soros las terminaron pagando los ingleses a través de un aumento en el desempleo y otras distorsiones económicas dentro de la Union Europea que aún hoy permanecen sin resolver. 

Sin embargo, a George Soros los grandes medios de comunicación globales lo presentan ante la opinión pública mundial como uno de los "magos de las finanzas"; un “alquimista” que últimamente se ha dado el lujo de tornarse en “filántropo”, a través de una Fundación (exenta de impuestos, por supuesto), que - nuevamente con una muy amplia y favorable cobertura periodística - manifiesta asistir a algunos refugiados de su Europa Central natal.[25]   Sus andanzas especulativas durante la crisis del Sudeste Asiático desencadenada a mediados de 1997 en Tailandia y que luego afectara toda la región, motivó al Primer Ministro de Malasia, Mohammed Mahatir, a acusarlo abiertamente de haber ocasionado un gran daño a la economía de su país.

Mientras no se comprenda que la única función legítima del dinero es servir de instrumento que represente la contrapartida del trabajo, difícilmente logremos - no tanto resolver los graves problemas que afectan al hombre - sino al menos comprender el origen de los mismos.  En realidad, el sistema financiero globalizado, su gigantesco poder político y las distorsiones que impone a la sociedad humana es de una trascendencia tal que no sorprende que resulte difícil lograr una visión completa y real de este Moloch.   A través de la educación masiva, de los medios de comunicación social y de un amplio ejército de  economistas, comunicadores, "expertos" y académicos en todos los países, se ha logrado imponer una única visión de la economía y las finanzas.  Esto conforma un reflejo más de la tiranía de la pensée unique que hoy afecta a la humanidad. 

Con estos medios, también se ha impuesto una generalizada - y a nuestro juicio altamente nociva - percepción acerca de las funciones del dinero entre las comunidades y las naciones del mundo.  Podríamos hablar de una actitud psicológica del hombre en relación al dinero.  Nos atrevemos a hablar de una verdadera psicología del dinero que hoy, mas que nunca, atrapa al hombre anímica y espiritualmente.  Esta relación psicológica con el dinero hace que el hombre no deba ser forzado a servir las fuerzas del consumismo sino que - al igual que un ser hipnotizado o un zombi - se someta voluntaria y alegremente ante el becerro de oro del Nuevo Orden Mundial, aceptando los axiomas cuasidogmáticos que el dinero impone como verdades reveladas.

 


V.    La Psicología del Dinero -

 

“Money makes
 the world go around,
the world go around.
the world go around...”
“Cabaret” - Liza Minelli

Aunque pocas veces se lo menciona, la relación psicológica entre la población y el dinero representa uno de los mas poderosos resortes de poder del mundo moderno.   Pues si el dinero ha logrado transformarse en un factor de poder tan significativo, ello es debido a la importancia y expectativas que la gente le otorga.   Ello refleja un proceso psicológico en la sociedad que primero se verifica en occidente pero que ya se ha diseminado por todo el planeta.  Pues en la psicología de las masas, hoy lo mas importante ya no es más ni el trabajo, ni la voluntad o la creatividad, ni el bien de la comunidad, ni siquiera la paz entre los pueblos ni, mucho menos, los valores culturales, tradicionales, religiosos o históricos.  

Para la vasta mayoría de la gente, la gran esperanza para terminar con la angustia y banalidad de la vida diaria parece radicar en el "golpe de suerte" que invariablemente significa hacerse de una gran fuente de dinero, cuánto más inagotable, mejor.  Pues con dinero, el hombre actual está convencido poder lograr todos sus deseos.   En alguna medida, este proceso era previsible por cuanto el capitalismo moderno - tanto es su variante liberal que pone las riendas de la economía en manos privadas, como en su ya fenecida variante del capitalismo de estado bajo los regímenes marxistas - prioriza por encima de todo otro valor, al dinero en sí mismo.   Si el mundo moderno deja mucho que desear, si observamos que a pesar de todos los adelantos tecnológicos, científicos y organizacionales; a pesar de las supuestas virtudes del sistema democrático, de la tolerancia étnica, religiosa y racial; si a pesar de todo ello, comprobamos que jamás ha habido tanta injusticia, tanto sufrimiento y tanto hambre entre miles de millones de personas, entonces quizás valga la pena deternerse a evaluar cuál es el origen de buena parte de estos males.   Bien podría radicar en el hecho de que por encima de todo y todos, el dinero reina en forma absoluta. 

Por mas que políticos, empresarios, gobernantes, organizaciones internacionales y un ejército de bien pagos comunicadores sociales clamen y declamen por las injusticias del mundo actual, cualquier observador sagaz podrá comprobar que - cuando llega el momento de la verdad - todo queda supeditado al Poder del Dinero.  Si debe elegirse entre la pobreza, el hacinamiento, y el hambre de miles de millones de personas en todo el planeta y el dinero, siempre resulta que los intereses de éste prevalecen.  Y cuando decimos los intereses del dinero, nos referimos tanto al de sus propietarios como - más importante aún - al de aquellos grupos compactos que controlan los flujos de dinero en todo el planeta.

Este sistema global hoy ha quedado claramente fuera del control de toda nación, de todo pueblo y, desde luego, fuera de todo proceso decisorio democrático… Su eje de control mundial lo conforma el poder que le da su gigantesca supraestructura del dinero

Es natural que ello sea así pues, por más que la "ciencia" económica pretende revelar diversas "leyes" que regirían a los mercados, las propiedades sistémicas del capitalismo conforman un orden social en continua evolución caracterizado por un conjunto de factores tales como la concentración de poder, la imposición de los intereses del poder financiero sobre grupos más débiles, la propagación de su prestigio mundial y la segmentación social dentro de un claro orden jerárquico. 

Así, aún entre los estamentos poblacionales bien ubicados dentro de lo que podríamos denominar la "tercera ola toffleriana", el dinero es el patrón que nos obliga a todos a trabajar más y más, dentro de un ámbito ferozmente competitivo y crecientemente desalmado.  Toda ambición y ansias de superación se canalizan hacia una única meta que es llegar a la cima.  Cima de poder económico, se entiende.   La pauta del éxito se refleja en una frase de filosofía de estaño del mundo corporativo estadounidense: "Number One is All - Number Two is Nobody".   Flaquear, retrasares un poco o meditar sobre si lo que uno hace es sabio, conlleva el peligro de quedarse irrecuperablemente atrás en la carrera y la lucha por el dinero, por lo que cualquier gerente, directivo o persona bien posicionada sabe que se verá triturado por este poderoso Leviatán. 

Entre las grandes corporaciones transnacionales, la pauta del éxito se mide por el aumento de los beneficios del dinero, que se logran a través de mayores ventas, mayor productividad y una reducción permanente - en términos relativos - de los planteles de personal empleado.  La condición ideal para estas "maquinas de hacer dinero" pareciera ser la de utilizar al máximo las capacidades de personas altamente capacitadas, lo que conlleva reducir - también al máximo - la cantidad de personas que operan en ellas.  Casi podríamos decir que la máxima del mundo de la empresa globalizada podría expresarse diciendo que su misión es "maximizar las utilidades minimizando el empleo de las personas".   De esta manera, la "máquina" se erige por encima de todos nosotros. 

Esto rige no tanto en relación a cada empresa individualmente, sino respecto de todo el sistema de empresas supranacionales y su estructura financiera globalizada.  Pues, en realidad, de nada sirve focalizar las críticas sobre tales o cuales empresas o individuos pues éstas son tan solo las cabezas visibles de un sistema financiero y económico cuya característica clave es su anonimidad.  Este sistema global hoy ha quedado claramente fuera del control de toda nación, de todo pueblo y, desde luego, fuera de todo proceso decisorio democrático a cualquier nivel.   Su eje de control mundial lo conforma el poder otorgado por su gigantesca supraestructura del dinero.  

Anonimidad estructural -

Hemos visto que el dinero es un símbolo cuya contrapartida debe medirse en términos de trabajo efectuado y que detrás de todo dinero siempre debe haber trabajo de alguna clase.   El dinero no es un bien en sí mismo y, por ende, no debe tener la posibilidad de aumentar su caudal si no existe una contrapartida medible de trabajo productivo que sea útil y productivo para la sociedad.[26]

Si permitimos que el dinero crezca por si mismo sin una contrapartida de trabajo, - sea a través del multiplicador bancario o a través del interés compuesto o a través de las mil variantes especulativas disponibles hoy en día - ello significa que alguien en alguna parte debe aportar ese trabajo.  Por cada organización o individuo que percibe ganancias dinerarias sin aportar trabajo productivo, debe necesariamente existir alguien en alguna parte que trabaja y reciba menos dinero del que debiera recibir si no quedase sujeto a la acción del dinero parasitario.   En la economía real nada es gratuito.

A modo de ejemplo, veamos el caso de una persona que vive de la renta que le brinda un importante capital colocado a interés en un banco.  Digamos, U$S 1.000.000 colocado al 10% de interés anual, lo que le rinde U$S 100.000 anuales en intereses.  Desde luego que esa persona podrá vivir sin trabajar porque su banco le reconocerá todos los años $ 100.000 a cambio de haber depositado su capital con el banco.  Sin embargo, esos U$S 100.000 que representan un importante valor adquisitivo necesariamente deben provenir de alguna parte.   Puesto que alguien en algún lado deberá aportar su trabajo para generar esos $ 100.000 con los que se beneficia el rentista de nuestro ejemplo, rastreemos su orígen.  

Siguiendo con nuestro ejemplo, si ese mismo banco que tomó el millón de dólares a nuestro inversor y, a su vez, se lo presta a una fábrica a una tasa de interés del 15% anual, (el interés que cobra siempre es superior al que paga), esa fabrica deberá entonces generar recursos para pagarle al banco esos $ 150.000 de interés sobre el capital prestado.  Y lo hará tomándolo de sus operaciones comerciales, lo que implica entre otras cosas que o bien les pagará menores salarios a sus empleados o los hará trabajar más horas, o reducirá sus gastos operativos de mil maneras diferentes o - incluso - aumentará la productividad y los beneficios (o sea, aumentando el fruto del trabajo).  

De manera que tendrá que hacer el esfuerzo necesario - trabajo - para que sus operaciones le permitan disponer de un excedente de U$S 150.000 para pagarle los intereses al banco.  Y el banco - tras retener una ganancia bruta de U$S 50.000 (ese sería el spread), le entregará U$S 100.000 al inversor por haber colocado sus U$S 1.000.000. 

Así, se produce una transferencia de riquezas desde un conjunto de fuerzas productivas hacia otro conjunto de fuerzas parasitarias pero, gracias a las características del sistema financiero moderno, esta transferencia se habrá producido en forma anónima.  El sistema bancario actúa como el instrumento de un sistema anónimo que permite retener tajadas de los salarios de innumerables trabajadores y de innumerables sectores de la economía, para luego entregarlos al dueño del capital que, en nuestro ejemplo simplificado, actúa en forma parasitaria y no-productiva.  

El factor destacable es que alguien en alguna parte siempre paga.   La enorme complejidad del  sistema financiero actual hace que el que está del lado de los que deben "pagar", aunque mas no sea percibiendo salarios menores a los que les correspondería en un sistema económico sano y equitativo, no solo no conocen al que se encuentra “del otro lado del mostrador”, sino que ni siquiera imagina que alguien se apropia de sus ingresos sin siquiera haber trabajado.   Ambos se desconocen entre sí.  Ahí yace una de las claves de la gigantesca fuerza del sistema: su casi absoluta anonimidad que torna imposible asignar responsabilidades.   Todos somos responsables, todos somos partícipes, todos somos víctimas y todos estamos imposibilitados de hacer algo al respecto.   Por ende, nadie es responsable.  Este fenómeno llevado a nivel planetario se torna infinitamente mas complejo e imposible de desentrañar.

A lo sumo, podemos lamentarnos cuando los noticieros nos muestran la pobreza atroz reinante en las favelas de Río de Janeiro, o las poblaciones negras masacrados en Ruanda y Burundi, o las villas miseria pobladas de desempleados en el Gran Rosario o el Gran Buenos Aires, o toda la enorme pobreza, inseguridad y decadencia moral que afecta a naciones grandes y pequeñas, en mayor o menor medida a lo largo y a lo ancho del planeta.    Todos se lamentan, pero nadie es responsable.   Pues todo esta pobreza, perversión, decadencia y violencia surge en gran medida debido a los efectos del dinero parasitario que, a su vez,  direcciona un tipo de desarrollo en una parte del mundo o sector industrial mientras deja de lado a otro, sin consideraciones morales, éticas o sociales, sino por mero interés económico.

A nivel nacional, esta problemática la conocemos los Argentinos desde hace años a través del fenómenos de la Deuda Externa que tras sucesivas “refinanciaciones” hoy distorsiona la evolución y futuro desarrollo de toda la economía nacional hasta dentro de varias décadas.

El azar -

La complejidad de esta problemática ha hecho que sus controladores le hayan incorporado importantes mecanismos de control social.  Uno de ellos lo comprobamos entre los miles de millones de espectadores de la globalización financiera que han desarrollado una malsana expectativa que podríamos describir en lenguaje coloquial como una suerte de "timba planetaria".  Hoy en todas partes y desde los mas variados ángulos, al hombre común se le ofrece la posibilidad - en verdad, una quimera - de hacerse rico rápidamente.  Loterías, lotos, sorteos, concursos, premios, bingos, quinielas, prodes, “loterivas”  prometen en todo lugar, a toda hora y en toda ocasión autos cero-kilómetro, TV color, viajes al Caribe, sumas de dinero y una infinidad de premios.

El fenómeno psicológico que pretendemos destacar es que en todos estos casos se ensalza y enaltece como algo sumamente loable y positivo el que alguien cualquiera pueda acceder a algún bien sin haber aportado trabajo o esfuerzo alguno; sin tener otro mérito que el de la "buena suerte" de que salió su número en la quiniela.   De esta forma, unos pocos se llenan de pequeñas fortunas deparadas por la diosa "suerte" y son ensalzados como efímeros cuasi-héroes de la sociedad de consumo cuyos medios de difusión se encargan de fotografiarlos como ganadores del cero kilómetro o feliz acreedores de viajes al Caribe.

Se genera de esta manera una actitud psicológica entre la población que percibe que adquirir algo sin aportar nada a cambio, es toda una virtud.  El sólo hecho de que "salió mi número" ciegamente transforma a una persona en acreedora de una cantidad de dinero o de un valor totalmente inmerecido.  Inmerecido no tan solo por una cuestión moral sino porque según la descripción que hemos hecho del dinero y del trabajo que hace que sea inmerecido por el hecho de que no se realizó ningún aporte en términos de trabajo como contrapartida.   Pero es natural que el hombre actual considere que esto es lo mas normal y correcto, por cuanto el dinero en sí, hoy en día crece y se reproduce por el solo hecho de tenerlo, sin que medie contrapartida en trabajo alguna.   En realidad y como dijo algún gremialista Argentino, nadie se hace rico trabajando.

Desde luego que todas estas loterías, sorteos, lotos, quinielas y concursos cumplen una función vital de control social.  Permiten mantener a las masas empobrecidas a raya evitando que sus frustraciones exploten, ya que generan expectativas e ilusión.  Con solo comprar en tal o cual negocio, o adquirir una boletita de la quiniela, o guardar la factura de algún producto, la "Diosa Suerte" podrá en cualquier momento regalarle el cero-kilómetro, los mil pesos o el viaje al Caribe.  En una de esas, la suerte está apenas a la vuelta de la esquina.   Se comprende entonces la enorme presión que ejercen estos juegos de azar, y la importancia y el relieve que se les otorga en los medios de difusión masiva.

En rigor de verdad, actúan como una suerte de válvula de escape que permite robar sin quebrar la ley.   Pues, de eso se trata: de robar dentro de la ley; de “robar legalmente”.  Si un individuo asalta a un negocio o a un banco y roba $ 10.000, será arrojado a la cárcel: la ley lo penaliza rudamente e incluso corre el riesgo de ser herido o muerto si mientras comete su crimen se topa con algún policía o guardia de seguridad.  Y socialmente, lo tiene bien merecido pues en definitiva, pretende llevarse dinero que no es suyo y por el cual no trabajó: es un burdo asaltante.

¿Pero qué diferencia fundamental existe con el "sortudo" que se gana $ 10.000 en un bingo o en un concurso?   Pues él tampoco ha aportado trabajo o mérito alguno por ese dinero que debiera reflejar trabajo.    La diferencia formal radica en que no está fuera de la ley.  La diferencia moral, sin embargo, es mínima.   Es más, llegado el caso, el asaltante de nuestro ejemplo al menos tuvo el coraje de cometer su atropello y arriesgar la propia integridad física.   El "sortudo" ganador del bingo o del concurso ni siquiera tiene que hacer eso; solo le basta con ser un banal cobarde sobre quién el azar y la ciega suerte han recaído.   Los juegos de azar, junto a los entretenimientos, diversiones y pasatiempos profusamente propagados por los medios de difusión masiva conforman el pannem et cicernses de nuestra época que generan el tipo de hombre hedonista, egoísta y amoral que le facilita ampliamente la tarea de dominio al poder detrás de las finanzas globalizadas.   Por unas pocas monedas, se puede comprar su anuencia y pasividad ante la inequidad del mundo.

Crédito y Ahorro  -

Otro factor psicológico que condiciona la función del dinero se refiere al concepto del crédito y del ahorro.  Aquí se ha producido - o mejor dicho, instigado - una poderosa y fundamental modificación paradigmática respecto de la manera en que el hombre moderno se relaciona con el dinero.  La misma es de trascendental importancia llegado el momento de lograr los mayores niveles de ventas para las empresas transnacionales que controlan la vida económica mundial, como así también para controlar cada vez mas las actitudes, reacciones y comportamientos de vastos sectores poblacionales en todas las naciones del mundo.   

Como describimos en este ensayo, el valor del dinero debe medirse por el trabajo que representa.  Consecuentemente, podemos decir que si el dinero que cobra un trabajador a fin de mes representa una suerte de bono por trabajo efectuado, entonces el crédito es dinero por trabajo futuro que el trabajador efectuará a lo largo de los siguientes meses.  Es un bono por trabajo aún no efectuado; por trabajo futuro.     El crédito masivo - arma y herramienta muy poderosa de control social - surge de la evolución de la relación psicológica que la gente mantiene con el dinero.  Entre otros aspectos, esta relación se encuentra íntimamente ligada a la idea de la previsión respecto de la cual se ha producido un cambio actitudinal fundamental a lo largo de los últimos cincuenta años.

Este cambio lo podemos dividir en tres etapas claras, cada una de las cuales refleja una actitud muy diferente de la población hacia el dinero.  Comenzando con lo que podríamos describir como la actitud tradicional del "ahorro previsor", la sociedad de consumo empujó al público en general hacia crecientes niveles de "consumo inmediato", hasta llegar al actual frenesí consumista que solo puede ser satisfecho por el "crédito masivo", o sea el consumo antes de lograr los medios para ello.  Aclaramos que no criticamos los mecanismos económicos del crédito en sí - que no son ni buenos ni malos - sino más bien la actitud psicológica que el mismo instiga.  

          Resumimos este desarrollo que ha logrado encadenar a millones de seres:

·         El ahorro previsor - El dinero interpretado como un bono por trabajo realizado en el pasado.  

Si al dinero se lo ahorra, entonces se lo podrá disfrutar en el futuro accediendo a bienes y servicios gracias a ese trabajo realizado en el pasado.  El ahorro así interpretado, también permite hacer frente a futuras emergencias que requieran de mayores recursos que los que el flujo normal del trabajo puede deparar.  De esta manera, se podrá "echar mano a los ahorros", para poder hacer frente a potenciales vicisitudes.  Es lo que la sabiduría popular norteamericana de antaño denominaba “to save for a rainy day”. 

El ahorro previsor corresponde a una actitud psicológica centrada en la responsabilidad personal, la previsión y en la valoración de la libertad individual que procura no depender ni de otros ni del Estado para las propias necesidades futuras.  

Su lógica consiste en consumir mañana el fruto del trabajo de hoy.

 

·         El consumo inmediato - El dinero interpretado como un bono por trabajo realizado que debe utilizarse en su totalidad en forma inmediata.   Usualmente, esto resulta así debido a las necesidades de subsistencia o, a menudo, para poder "mantener un estilo de vida". 

Esta actitud psicológica respecto al dinero se generalizó a partir de la Segunda Guerra Mundial en occidente y ya hoy rige en buena parte del mundo.  Es el consumismo inherente al "American Way of Life", que genera un conjunto atractivo de “necesidades” para mejorar la calidad de vida, adoptadas por las clases media y media baja.  Así, se considera imprescindible disponer de un automóvil, de distintos aparatos electrodomésticos, de vacaciones anuales y otros beneficios, aún en el caso que los ingresos apenas permitan hacerlo. 

Con el consumo inmediato, el nivel de previsión ante vicisitudes futuras se torna muy bajo o nulo, puesto que el consumismo atenta contra el ahorro.  En muchos países, incluida la Argentina, el "Estado benefactor" asumió la función de resguardo de cada trabajador en caso de emergencias.   Aunque ignora las virtudes del ahorro, sin embargo, el consumo inmediato representa un mecanismo que permite expandir la economía, mejorar el nivel de vida y hasta permite adquirir distintos instrumentos para evitar futuras vicisitudes: por ej., contratar seguros de vida o por incapacidad.  

El consumo inmediato corresponde a una actitud psicológica que pone menor énfasis sobre el futuro y que está dispuesta a delegar en otros - el Estado, el sindicato o una aseguradora, por ejemplo - el cuidado de su propio futuro. 

Su lógica consiste en consumir hoy el fruto del trabajo de hoy; “vivir el día”.

 

·         El crédito masivo - Consumir hoy el trabajo de mañana.   
Conforma una de las más sutiles trampas que el nuevo orden mundial y su sistema de finanzas globalizadas le tiende al hombre.  Aquí el afán de vivir según patrones y estilos de vida estereotipados e impuestos a través de la poderosa acción psicológica desarrollada por los medios de difusión masiva, determinan que la población elija vivir mas allá de sus posibilidades inmediatas, consumiendo más de lo que sus ingresos y medios le permiten.  
La ubicuidad del uso de tarjetas de crédito, de "créditos fáciles y rápidos", las vacaciones  "fly now, pay later", y un enorme conjunto de alternativas, facilidades, cuotas, planes de pago y créditos a sola firma, instigan a la población a endeudarse más allá de sus medios o, al menos, más allá de lo conveniente.   Sea para poder llevarse ya la nueva heladera, o el televisor, o la videocasetera, o los pasajes aéreos, o el automóvil, o la largísima lista de bienes y servicios sin los cuales hoy en día el hombre clase media en occidente se siente desgraciado.  

El problema radica, básicamente, en el hecho de que en términos generales, adquirir un bien o servicio a crédito significa comprar algo para lo cuál no se dispone en la actualidad del dinero suficiente para ello.  En algunos casos, cuando se trata de bienes fundamentales - una casa, o incluso un auto - bien puede valer la pena acceder al mismo a través de un crédito.  Sin embargo, cuando - como suele ocurrir - se sucumbe a la tentación de adquirir muchos bienes a crédito que no son fundamentales y que obedecen al "imperativo consumista" del momento, entonces mucha gente termina por exceder su futura capacidad de pago. 

Esto es, precisamente, lo que las empresas de tarjetas de crédito y los bancos esperan del consumidor: pues de esta manera logran desarrollar uno de sus mas pingues negocios que es el de financiar y refinanciar la deuda, cobrando intereses compuestos y resarcitorios, que se acumulan en forma exponencial, pudiendo rápidamente arrastrar a cualquier familia hacia la crisis o la bancarrota.  Y dado que todo crédito conlleva algún tipo de garantía real - un bien tangible y embargable o un garante solvente o el propio sueldo - el acreedor siempre termina cobrando la deuda. 

El crédito masivo corresponde a una actitud psicológica básicamente negligente y ciega a las vicisitudes que el futuro puede deparar.  Se trata de la psicología de la decadencia en el sentido clásico de la palabra; el "eat and be merry, for tomorrow we die" - "comamos y pasémosla bien hoy puesto que mañana estaremos muertos" - que caracterizó el final del Imperio Romano.  Se trata de un perfil psicológico que poco o nada valora su libertad personal.

Su lógica, entonces, consiste en consumir hoy el fruto del trabajo de mañana.

El fenómeno descripto también es aplicable a empresas, organizaciones de diversa índole y - particularmente - a los estados modernos, con lo que comenzamos a comprender mas claramente cuál es el proceso que ha llevado a naciones enteras a endeudarse más allá de toda lógica.   Y no nos referimos tan solo a naciones cuyo rumbo en las últimas décadas ha sido incierto, como podría ser el caso de la Argentina.   Pues también comprobamos que la población de los Estados Unidos se ha convertido en una de las mas endeudadas del planeta en términos relativos.   Si a las deudas privadas personales, le agregamos las deudas empresarias, mas las deudas públicas del estado contratadas en nombre de la población de cada nación, entonces llegamos a cifras astronómicas que solo pueden explicarse y comprenderse a través de los efectos conjuntos y acumulativos del multiplicador bancario, la especulación, y un desaforado consumismo.  

En todos los casos, el fino equilibrio que debiera mantenerse entre las fuerzas laborales, la productividad, la expansión monetaria y un ordenado y equitativo crecimiento económico ha sido ignorado por completo ya que un único factor ha regido y se ha impuesto de manera irracional a lo largo de este complejo proceso: la irracionalidad en el uso y control del dinero.  Tan es así que en los Estados Unidos, con un Producto Bruto Interno de más de U$S 8.700.000.000.000, la deuda nacional hoy alcanza U$S 5.000.000.000.000.  En Europa, países como Bélgica, Italia y Francia registran deudas publica y privada que exceden el PBI nacional.  En la Argentina, con un PBI del orden de los U$S 300.000.000.000, tenemos una deuda equivalente a casi la mitad de esa cifra, gran parte de la cual se compone de deuda externa pagadera en divisas, convenientemente refinanciada según el plan de pagos anuales pautados con el Fondo Monetario Internacional que presiona fuertemente sobre nuestras políticas de comercio exterior y asuntos fiscales, y que produce efectos negativos sobre la sociedad en su conjunto.  

Los niveles de endeudamiento planetario generan desempleo para millones y millones de personas, la quiebra de cientos de miles de empresas pequeñas y medianas, la bancarrota de los sistemas previsionales para millones de personas, sin hablar del hambre, la desnutrición y la indigencia de cientos de millones de personas.   En Nueva York existe un enorme cartel luminoso en Times Square que recuerdan a los estadounidenses que su deuda nacional hoy equivale a unos U$S 64.000 por familia.  En la Argentina esa deuda de U$S 180.000.000.000 la venimos soportando en forma creciente desde hace ya mas de 20 años y ha limitado nuestro desarrollo como nación.   Hoy su nivel equivale a más de U$S 5.000 por persona.   Con todas estas calamidades pasadas, actuales y por venir, ¿no convendrá preguntarse con quienes estamos todos tan endeudados?

Resulta irónico que mientras que se ha hurgado profundamente en todas los excesos cometidos por el gobierno del Proceso Militar en la luncha antisubversiva entre 1976 y 1983, con gran cobertura de los medios de difusión y agresiva militancia de todos los grupos de "defensa de los derechos humanos", claramente alineados con la izquierda en su amplio espectro desde la social democracia hasta el comunismo, todos estos grupos de presión parecen desinteresarse por algo que nos afecta a todos en mayor medida: la deuda externa contraída durante ese régimen.

Pues cuando se produjo el golpe de estado que en marzo de 1976 removió al gobierno de Isabel Martinez de Perón, la deuda externa era de poco más de U$S 7.000 millones y al recibir Alfonsín el gobierno en Diciembre de 1983, esa deuda había trepado a los U$S 43.000 millones.  Nadie, sin embargo, alza la voz para que se investigue de una vez por todas la legitimidad de esa deuda, que durante el gobierno Alfonsín subió a U$S 62.000 millones y luego la gestión Menem transformaría en parte en los conocidos Bonos Brady con lo que practicamente se tornó imposible rastrear el origen ulterior de la deuda y sus intereses capitalizados a los largo de ya más de dos décadas. [27]   

 

 

V.    Herramientas: Instituciones Financieras Mundiales

 

Para comprender mejor como se ha desarrollado el sistema que ha permitido que la globalización de las finanzas adquiriese la dimensión y el poder que actualmente detenta, resulta necesario describir las funciones y los objetivos de un conjunto clave de instituciones financieras mundiales.  En primer término, nos referiremos al Sistema de la Reserva Federal (Federal Reserve Board) de los Estados Unidos que es el banco central estadounidense y el principal instrumento de control de la moneda dólar, que desde fines de la Segunda Guerra Mundial asumió la función de moneda mundial.  En segundo término, el Banco Mundial (World Bank) y el Fondo Monetario Internacional (International Monetary Fund), que operan complementaria y coordinadamente.   Y, por último, la recientemente creada Organización Mundial del Comercio (World Trade Organization).

Estas cuatro instituciones operan mancomunadamente, aunque en lo formal la primera es una agencia federal del gobierno estadounidense y las tres restantes son agencias de la Organización de las Naciones Unidas.  Los orígenes de las cuatro tienen raíces en común y su surgimiento formal puede rastrearse al conjunto de poderosos intereses político-económicos que realizan su planeamiento geopolítico a mediano y largo plazo agrupados en torno al Council on Foreign Relations de los Estados Unidos.[28]

 

El Banco de la Reserva Federal de los EE. UU. (Federal Reserve System) -

En otro lugar,[29] nos hemos referido extensamente a esta entidad que funciona como el banco central estadounidense y que fuera fundado en 1913 inaugurando el sistema financiero moderno en ese país. Tras dos guerras mundiales en las que esta nación resultó victoriosa, su moneda - el dólar - se transformó en la moneda de intercambio comercial para todo el mundo.   El Banco de la Reserva Federal, aunque nominalmente una agencia del gobierno federal, en verdad funciona de manera totalmente autónoma siendo que es controlado por la banca privada de los Estados Unidos, y - más precisamente - por el conjunto de intereses privados que controlan el poder económico, financiero y político en esa nación. 

La figura del Presidente de la Junta de Gobernadores de la Reserva Federal - cuyo cargo actualmente lo detenta Alan Greenspan - se la considera tan o más importante que la del propio presidente, por más que sea de un perfil público infinitamente más bajo.  Aunque la sede política del "Fed" apropiada y disimuladamente se encuentra en Washington DC, su centro neurálgico se ubica en Nueva York, y más precisamente en su sucursal del Federal Reserve Bank of New York.  Ahí funciona el Federal Open Market Committee (Comité Federal de Mercado Abierto), que fija las tasas de interés base que arrastra a todas las tasas de interés que se cobrarán dentro del sistema bancario estadounidense y, por ende, en el resto del mundo.  Se trata del instrumento primario de control financiero del sistema mundial, por cuanto hoy existen tres monedas principales mundiales – el dólar estadounidense, el euro y el yen – siendo el dólar el de mayor peso. 

De esta manera, se determina cuales serán los niveles de inflación, cuál será la expansión monetaria, cuál será la liquidez de los bancos, cuales serán las inversiones más atractivas, y cual será el nivel de desempleo.   Tanto para Estados Unidos como - por arrastre - para el resto del mundo.   En rigor de verdad, el Banco de la Reserva Federal impone aquellas pautas macro-económicas que más convienen a la tecnocracia supranacional que lo controla.   Hace valer e impone decisiones que coinciden totalmente con los intereses de lo que muchos denominan la elite del Nuevo Orden Mundial - y ello con nombre y apellido -, y que se ve reflejada en las así-llamadas empresas Fortune 500: las 500 empresas principales de Estados Unidos y sus pares en el resto del mundo.   

Este compacto conjunto de hombres y mujeres que controlan y direccionan a las mayores estructuras productivas en la industria, el comercio, los servicios, los medios de difusión y la manufactura del mundo entero se agrupa alrededor de un grupo de think tanks o usinas de cerebros, de las que el Council on Foreign Relations representa el principal eje alineador mundial[30] .   Allí se realizan los análisis de escenarios actuales y futuros, se diagraman estrategias y políticas, se evalúan oportunidades y amenazas; se identifican amigos y enemigos y se elaboran amplias recomendaciones que luego son ejecutadas desde los distintos ámbitos del poder mundial: las propias empresas supranacionales, los gobiernos, las casas de altos estudios, las fuerzas armadas y los medios de comunicación social globalizados.   

El sistema financiero global conforma el motor que permite mantener a todo el sistema en perpetuo e incremental movimiento, ya que una de sus premises vitales lo conforma la necesidad de crecer permanentemente.  Si dejara de hacerlo, pronto le sobrevendría una crisis ocasionada por el exceso de dinero especulativo que conduciría a todo el sistema hacia un colapso implosivo.  El sistema financiero global tiene mucho en común con los tumores cancerosos que crecen descontroladamente y con resultados catastróficos para el cuerpo que los sufre. 

En este factor hemos de hallar una de las claves del futuro que tratamos en estas páginas, por cuanto si la fragmentación de la Unión Soviética en los años noventa fue explosiva y fragmentadora, existen indicios que el capitalismo globalizado se encamina hacia una implosión de efectos aún más devastadores.

 

La Conferencia de Bretton Woods de 1944 -

Las tres restantes organizaciones a las que hemos hecho referencia, surgen del ideario de planificación económica mundial elaborada hacia fines de la Segunda Guerra Mundial, y que es conocida por la historia como la "Conferencia de Bretton Woods", de la que participaron representantes de 44 naciones y que se llevara a cabo en el Hotel Mount Washington de la localidad de Bretton Woods en el estado de New Hampshire en el noreste estadounidense en Julio de 1944.  Como parte del conjunto de agencias que formarían parte de la flamante Organización de las Naciones Unidas que sería conformada durante la Conferencia de San Francisco en 1945, se diseñaron dos entidades con funciones financieras cuya actuación resultaría destacable para el mundo de la posguerra: el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. 

Nuevamente, a los ideólogos de esta planificación los podemos rastrear a un pequeño conjunto de empresarios, políticos e intelectuales agrupados en torno al Council on Foreign Relations[31].  En aquél entonces, sin embargo, no se logró imponer al mundo una tercera organización que preveían sus planes: la Organización Mundial del Comercio, que hubiera completado este triángulo para la administración de las economías del planeta. Resulta que el Congreso estadounidense no la aprobó por considerar que una organización supranacional semejante implicaba una injerencia excesiva en los asuntos internos del país.[32]

En rigor de verdad, como veremos más abajo, ello resulta comprensible por cuanto la idea del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional podían justificarse con relativa facilidad por razones netamente económicas, ya que las funciones de ambas organizaciones serían fundamental y formalmente económicas y financieras, y su ámbito operativo se concentraría en las naciones subdesarrolladas.   La idea de la Organizacion Mundial del Comercio, sin embargo, presuponía un ente de características políticas que podría imponer exigencias jurídicas sobre las naciones y la manera en que éstas manejan su comercio exterior.   Para conformar ésta última, la elite mundial debió aguardar cincuenta años más hasta que naciones como Estados Unidos y algunos países europeos, no se vieran amenazados por una organización del comercio de estas características. 

El Banco Mundial (World Bank)  -

Formalmente, creado para asistir en la reconstrucción de Europa tras la Segunda Guerra Mundial el denominado "Banco Internacional de Reconstrucción y Desarrollo", más conocido como el Banco Mundial, rápidamente pasó a desempeñar la función de financiador de las exportaciones de la tecnoestructura supranacional corporativa en relación a grandes proyectos de infraestructura en países en vías de desarrollo.  Al financiar estos proyectos de infraestructura, lo hacía dentro de las pautas de planeamiento a mediano y largo plazo del Nuevo Orden Mundial, con lo que el Banco Mundial ha venido logrando dos importantes objetivos:

·         Desarrollar y financiar en todo el mundo a aquellos proyectos infraestructurales y de desarrollo, según la planificación e intereses de la tecnoestructura supranacional, asegurándose que las empresas constructoras, las consultoras, la ingeniería y el equipamiento provenga, en su mayoría, del conjunto de empresas transnacionales, como así también las líneas de crédito complementarias brindadas por la banca internacional privada.  Esto también incluyó planes educativos alineados con los paradigmas del mundialismo.   De esta forma, se ha logrado impulsar distorsiones en el desarrollo de las naciones que reflejan los objetivos a mediano y largo plazo del gobierno mundial, más que los intereses nacionales de cada país.

·         Financiar esta clase de proyectos por montos a menudo muy superiores a los que podrían lograrse por otros medios de financiamiento, obteniendo a cambio de ello, garantías públicas de los Estados así endeudados.  En la práctica, el Banco Mundial no entrega el dinero a los Estados deudores sino que lo utiliza para pagar directamente a las empresas y consultoras transnacionales que proveer las tecnologías y know-how. A los Estados así “beneficiados” les quedan las deudas así generadas para pagar y cuando no pueden hacerlo, aparece el FMI para impulsar las consabidas refinanciaciones.

La estrategia ha venido desarrollándose desde hace décadas, por cuanto la apertura de nuevos mercados requiere disponer de recursos energéticos, caminos, desarrollo de industrias extractivas, infraestructura de comunicaciones y servicios, gran parte de los cuales son financiados por el Banco Mundial, mas allá de la capacidad de pago actual y futura de las naciones en cuestión.  

El punto clave radica en que los Estados de cada nación garanticen los créditos tanto del Banco Mundial como también la ingeniería crediticia complementaria proveniente de los principales bancos transnacionales aportando para ello todos los recursos del Estado que sean necesarios.  Dado que, invariablemente, el Banco Mundial financia proyectos de envergadura, sus créditos son a mediano y largo plazos.  En caso - como suele ocurrir casi sin excepción - que los Estados luego no puedan hacer frente a las deudas contraídas por cientos y miles de millones de dólares, se impulsan entonces las consabidas refinanciaciones sucesivas en las que el interés compuesto  hace crecer las deudas originales de manera exponencial.  

Cuando se arriba a la inevitable etapa en que las deudas así generadas se tornan lisa y llanamente imposibles de pagar por el estado deudor, entonces se impulsan profundas reformas económicas, estructurales y jurídicas que permiten el acceso directo a las riquezas y a las empresas infraestructurales: las privatizaciones y concesiones tan en boga actualmente.  Incluso ya se empiza tímidamente a plantear la opción de “debt for territory” – cambiar deuda por territorios…  

Pero estas etapas ulteriores no las opera el Banco Mundial en sí, ya que su único propósito consiste en generar las deudas entre los Estados.  Y si su rol es generar deudas a mediano y largo plazo, el rol de cobrador lo desempeña otra de las organizaciones nacidas en Bretton Woods: el Fondo Monetario Internacional, cuyo rol consiste en refinanciar en el corto plazo los desequilibrios en las cuentas de los Estados.   De esta manera, ambos conforman instrumentos de dominio y control sobre naciones y regiones débiles.

 

El Fondo Monetario Internacional (FMI) -

Efectivamente, le cabe al FMI imponer las condiciones económicas, financieras, jurídicas y sociales que deberán impulsar los distintos Estados, para luego poder pagar las operaciones crediticias realizadas por el Banco Mundial y las estructuras bancarias mundiales.   El poder político del FMI es enorme por cuanto todos los países endeudados han adquirido una dependencia adictiva sobre los nuevos influjos de capital prestamista internacional necesarios para poder seguir financiando sus déficit e importaciones..  Esos flujos de fondos en divisas fuertes son monopolizados por un compacto conjunto de bancos que sólo liberan nuevas líneas de crédito una vez que el FMI da la luz verde a los mismos.  Normalmente, cobran forma de financiaciones a corto y mediano plazo que al resultar insuficientes, abren las puertas a nuevas re-financiaciones, con lo que cobra vida el concepto del interés compuesto que crece exponencialmente y conforma uno de los factores que ahoga a los países endeudados.

La luz verde a las refinanciaciones del FMI solo aparece cuando el gobierno de cada nación deudora accede a aplicar las conocidas fuertes medidas o "recetas" recesivas y distorsionadoras impuestas por el organismo internacional, que tienen una única prioridad: lograr que las economías generen un superávit en divisas para poder cumplir con los compromisos del servicio de las deudas con la comunidad bancaria internacional y con el propio Banco Mundial.   Y esas divisas fuertes  solo pueden obtenerse:

          (a) exportando más de lo que se importa, lo que implica,

          (b) reducir el consumo interno y/o los salarios de la población y/o generando desempleo para así reducir el consumo, y

          (c) aumentar la presión tributaria para que el estado disponga de los recursos necesarios para cumplir con el "servicio" de la deuda.  Esta presión reduce la cantidad de dinero dentro de la economía lo que, nuevamente, reduce el consumo.  

De esta manera, se accede a controlar los recursos y los bienes reales aportados por las poblaciones nacionales, para pagar deudas casi inextinguibles debido al efecto exponencial del interés compuesto aplicado en las sucesivas y permanentes refinanciaciones.   El préstamo original, sin embargo, casi siempre surge a través de complejas ingenierías financieras en las que el factor multiplicador bancario, creador de "dinero de la nada" desempeñó un importante efecto.  A pesar de no disfrutar de una imagen demasiado simpática en los medios de difusión mundiales, el FMI de todos modos resulta ser una entidad aceptable para la opinión pública mundial por cuanto,

           (a) es formalmente una agencia de las  Naciones Unidas y, por ende, es un organismo                           nominalmente "público" al cual los gobiernos recurren para recibir socorro ante la falta de divisas, y

          (b) sus medidas, recetas y requerimientos son formalmente de aceptación voluntaria por parte de los gobiernos.  

Bien sabido es, sin embargo, que la no-aceptación de las pautas del FMI significa que toda la comunidad bancaria internacional se rehusará a brindar socorro financiero alguno a la nación díscola que se encuentre en dificultades.   Si a ésta se le seca la fuente de divisas, el caos económico estará a la vuelta de la esquina, como descubrió la Argentina durante el gobierno de Raúl Alfonsín, que en 1988/89 decidió "romper con el FMI".  La  realidad rápidamente se impuso dejando en claro quién era el más fuerte, pues fue el propio FMI el que "rompió" al gobierno de Alfonsín.

De todos modos, cabe enfatizar el FMI es básicamente un instrumento del sistema financiero transnacional y su principal fuerza yace en su función como ejecutor de las políticas de la globalización y no debemos confundir esto con ninguna excepcional capacidad financiera del FMI.  En rigor de verdad, la capacidad financiera del FMI es relativamente baja como quedó demostrado durante las recientes crisis a partir de la de México en 1994 en que poco pudo hacer financieramente por las suyas.  Su poder real es, insistimos, político. 

Pero es un poder político delegado, de manera que identificar al FMI con “el enemigo” conforma un grave error equivalente a matar al mensajero porque no nos gusta el mensaje que nos trae.  Y el FMI es precisamente eso: un mensajero de la estructura financiera global que viene a dictarle a cada país cuales son las recetas que debe implementar en su economía.  

 

¿Hay otras opciones?

Aquí cabe plantearse un tema fundamental y al mismo tiempo simple que los círculos financieros y los medios de difusión masiva se encargan de embrollar, que es, ¿porqué un Estado debe recurrir a la financiación externa para proyectos de infraestructura de bajo nivel tecnológico?   ¿Existen alternativas que pueden implementarse en la práctica?

Procuraremos describir esta propuesta alternativa de financiación de proyectos y emprendimientos con un ejemplo que ilustre cómo podría financiarse un proyecto que no requiera insumos o asistencia del exterior, como es una autopista.  La ideología globalizadora – pues recordemos que de eso se trata: de una ideología -, nos ha colocado en la disyuntiva de creer que en todo emprendimiento humano lo que realmente importa y vale es el dinero cuando, en rigor de verdad, la historia humana nos brinda infinidad de lecciones que demuestran exactamente lo contrario: lo que todo emprendimiento humano requiere es motivación, creatividad y voluntad, los que son sinónimos de trabajo. 

Correspondientemente, la presente propuesta parte de la base de cómo movilizar las fuerzas del trabajo, para lo cuál el dinero es un mero instrumento, y no a la inversa como ocurre hoy en que sólo oímos hablar de la necesidad de movilizar los capitales – el dinero -, del cuál el trabajo termina siendo un mero instrumento que se “compra” y “vende” con creciente indignidad en el “mercado”, como si se tratara de un insumo cualquiera.  Por ende, es fundamental fijar nuestras prioridades correctamente desde un principio, ya que si no colocamos al trabajo en primer lugar, entonces las fuerzas del dinero son de tal magnitud que usurparán ese primer lugar para sí mismas, como ocurre en la actualidad.

Un ejemplo ilustrativo

A modo de ejemplo, entonces, digamos que se desea construir una autopista de 50 kilómetros entre dos localidades de la provincia de Buenos Aires.  Todas las fuerzas locales están a favor del proyecto por cuanto:

·       mejorará su integración con otras localidades de la provincia y del país,

·       permitirá cubrir esa distancia en una fracción del tiempo que hoy demanda,

·       aumentará los flujos de tráfico generando la correspondiente expansión económica,

·       reducirá la accidentología vial,

·       mejorará el intercambio cultural y educativo de sus habitantes,

·       generará el desarrollo de nuevas localidades, y

·       brindará trabajo para decenas de empresas y miles de personas tanto durante los dos años que dure su construcción, como así también durante las décadas posteriores (que podrá concesionarse por cuanto la participación del sector privado es fundamental para todo el Programa propuesto).

Por tratarse de una obra que no requiere tecnologías de punta, comprobamos que todos los elementos para su construcción se encuentran en el país, desde los más simples y obvios hasta los más complejos:

·       los trazados y terrenos adyacentes,

·       el cemento, arena, cal, canto rodado y acero para sus cimientos;

·       el asfalto para sus carriles,

·       las columnas de iluminación, carteles, rampas, barreras, pinturas, señales y otros elementos similares,

·       las consultoras de ingeniería civil, electromecánica y topográficas;

·       las empresas constructoras, de movimientos de tierras, proveedoras de maquinarias viales, etc.

·       los ingenieros, arquitectos, obreros y todo otro personal especializado o no.

·       Las aseguradoras de los riesgos inherentes.

Nos encontramos entonces con que tenemos la decisión política de hacer la autopista, tenemos los insumos y sus proveedores listos para realizar la obra, tenemos los trabajadores dispuestos a poner manos a la obra: todo parece esta listo para empezar a construir una obra que demandará dos años de trabajo.  Sólo falta el dinero, que a los efectos de nuestro ejemplo digamos que asciende a $ 50.000.000 entre insumos, honorarios a consultoras y constructoras, sueldos y administración del proyecto. 

Según el paradigma actual nada podrá hacerse porque “falta la financiación”, con lo que el dinero lo termina aportando algún organismo extranjero como el Banco Mundial o algún consorcio de bancos privados extranjeros radicados fuera o dentro del país más quizás alguna cuota menor de algún banco estatal como el Banco Nación.   Pero el grueso de la financiación vendrá del exterior y de la banca privada que, al revés que el Estado, no ven en la autopista un instrumento de promoción social sino que atendiblemente lo ven como un negocio, que les permitirá cobrar un buen nivel de intereses.  Como es sabido, “el que pone la plata impone las condiciones”, con lo que nos veremos condicionados a utilizar determinadas consultoras y proveedores preferidos por los financistas y otras pautas que seguramente elevarán el precio aún más.

De manera que adicionando los intereses y estos otros factores, el costo total de la autopista habrá ascendido entre un 20 y un 30 por ciento, con lo que el costo ya se nos fue a $ 65.000.000 o mejor dicho, a dólares 65.000.000.  Como suele ocurrir, este monto simplemente pasa a engrosar ese agujero negro que es nuestra deuda externa que hoy asciende a casi U$S 180.000.000.000 (entre la pública y privada avalada por el Estado; interna y externa), respecto del cual no podemos liquidar su capital y tan solo pagamos los casi  U$S 9.000.000.000 anuales en intereses (con “sangre, sudor y lágrimas...”).

Pero, ¿qué pasaría si este mismo proyecto lo hiciéramos dentro del marco de lo que podríamos denominar Programas Económicos Autónomos (o algo por el estilo)?  En un aspecto sería igual en el sentido de que partiríamos de las mismas premisas, requerimientos y costos de una obra de $ 50.000.000, pero en lugar de buscar su financiamiento externo, el propio Estado emitiría o bien un bono específico para obras de infraestructura o, mejor aún, billetes de moneda que se distingan de alguna manera del resto del dinero circulante. 

Entonces, se podría iniciar la obra y el Estado comienza a motorizarla pagando insumos, honorarios profesionales y sueldos con esta emisión monetaria, según su cronograma hasta completar los $ 50.000.000 a lo largo de los dos años que dure la construcción.  Una vez que empieza a operar la autopista, el Estado podrá entonces comenzar a recuperar esa emisión especial a través de peajes, contribuciones fiscales generadas por la expansión económica promovida por dicha obra e impuestos pagados por los contratistas y sus empleados.  Completado el ciclo, el Estado podrá recuperar y retirar de circulación esos $ 50.000.000 y destruirlo o, mejor aún, reciclarlo para financiar otros proyectos en otras zonas del país o segmentos de la economía.

Las ventajas de este esquema son muy relevantes:

·       Dado que el Estado no tiene (o no debiera tener) un fin de lucro, los $ 50.000.000 emitidos no generan intereses, evitando así pagar un centavo más de lo que realmente vale el proyecto;  A lo sumo el Estado podrá cargar una módica suma para solventar sus gastos de administración del proyecto y dentro de este esquema monetario (cifra mínima en comparación al costo del dinero bancario);

·       El plazo para la recuperación de la emisión de circulante puede medirse en función a lo que genera la autopista por peaje, el pago de impuestos de los proveedores y trabajadores y la expansión de la economía de la zona;

·       Al ser una emisión monetaria interna, no afecta a la deuda externa ni genera intereses; permite al Estado independizarse del circuito financiero internacional e, incluso, del local;  O sea, conforma una financiación fuera del circuito bancario.

·       Brinda trabajo a miles de empleados y a decenas de empresas durante los dos años que dure la obra y las décadas de su posterior operación o concesión;

·       Mejora la integración de la región;

·       Brinda al Estado total independencia en relación a la mejor manera de manejar las licitaciones para proveedores, y todo otro parámetro de la obra.

Este mismo tipo de esquema podría utilizarse para otras actividades de alto valor social como planes de vivienda, escuelas, hospitales, infraestructuras de distribución energética (gas, electricidad), caminos vecinales, s similares.

El dinero así emitido podría asumir la forma de una serie especial de pesos no convertibles y de fácil identificación (sea por su color o por algún formato distintivo), cuyo control monetario sería paralelo al del peso argentino convertible.  Incluso podrían emitirse series de pesos asignados al desarrollo puntual de regiones retrasadas (por  ejemplo, una serie de pesos para promover proyectos dentro del noreste argentino y que sólo tengan validez en las provincias de esa región). 

Procuraremos describir esta propuesta de esquemas alternativos de financiación de proyectos y emprendimientos con un ejemplo que ilustre cómo podría financiarse un proyecto que no requiera insumos o asistencia del exterior, como es una autopista.  La ideología globalizadora – pues de eso se trata: de una ideología -, nos ha colocado en la disyuntiva de creer que en todo emprendimiento humano lo que realmente importa y vale es el dinero cuando, en rigor de verdad, la historia humana nos brinda infinidad de lecciones que demuestran exactamente lo contrario: lo que todo emprendimiento humano requiere es motivación, creatividad y voluntad, los que son sinónimos de trabajo. 

Correspondientemente, la presente propuesta parte de la base de cómo movilizar las fuerzas del trabajo, para lo cuál el dinero es un mero instrumento, y no a la inversa como ocurre hoy en que sólo oímos hablar de la necesidad de movilizar los capitales – el dinero -, del cuál el trabajo termina siendo un mero instrumento que se “compra” y “vende” con creciente indignidad en el “mercado”, como si se tratara de un insumo cualquiera.

Por ende, es fundamental fijar nuestras prioridades correctamente desde un principio, ya que si no colocamos al trabajo en primer lugar, entonces las fuerzas del dinero son de tal magnitud que usurparán ese primer lugar para sí mismas, como ocurre en la actualidad.

¡Anatema!, gritarán los economistas y expertos.  Eso generaría inflación y, para colmo, hoy va en contra de la Ley de la Convertibilidad.  ¿No será que existen demasiados intereses internos y externos que no desean ver este tipo de operación, prefiriendo que nos mantengamos claramente endeudados con las estructuras financieras globalizadas?  A esta altura de los acontecimientos, a todos debe quedarnos muy en claro que no se trata de manera alguna de "cuidarnos de los de afuera", puesto que existen dentro de nuestro país legiones de economistas, formadores de opinión, funcionarios de gobierno, operadores de diversa índole y expertos bien pagos de todo tipo, que se encuentran claramente alineados con los paradigmas de la globalización financiera.  Como dicen los estadounidenses, "with friends like these, who needs enemies?".[33] Idéntica situación comprobamos en los demás países de la región.

La Organización Mundial del Comercio (OMC)

Como dijéramos, esta tercera organización, planeada en Bretton Woods en 1944, recién pudo surgir cincuenta años más tarde tras la clausura de la Ronda Uruguay del GATT.  Resulta posible comprender las razones de ello si observamos las dificultades que durante décadas debió superar aquél embrión de la Organización Mundial del Comercio, que es el GATT, General Agreement on Trade and Tariffs -  Acuerdo General de Comercio y Aranceles.    Cuando en 1994 y tras siete años de negociaciones y presiones de la tecnoestructura supranacional, pudo concluirse con aquella Ronda Uruguay, el camino  quedaba allanado para que a partir de 1995 iniciara sus funciones la OMC.  La resistencia que hace cincuenta años surgió dentro de los Estados Unidos se había basado en el hecho de que la idea del OMC implicaba la aceptación de un fuero de legislación y arbitraje supranacional en materia económica que se ubicara por encima de todos los gobiernos nacionales.   Hoy ello se ha convertido en una realidad, como reflejo de cuán fuertes son los resortes del poder detentado por el mundialismo, que ha logrado ubicarse por encima de la única superpotencia del planeta.

No obstante ello, la OMC se está transformando en un punto focal de atención de las corrientes de opinión contrarias a la globalización, como quedó demostrado durante los violentos disturbios que tuvieron lugar en Seattle, Washington a fines de 1999 durante la reunión plenaria de la organización.

Aquí quisiéramos detenernos para señalar un aspecto vital y, no por obvio menos sutil, que es que en el nivel del que estamos hablando, los factores financieros descriptos ya no buscan tan sólo el mayor rendimiento para sus inversiones, la maximización de los márgenes de utilidad y retorno, o la búsqueda y apertura de nuevos mercados.   Eso sólo rige a otra escala económica, pero no cuando las finanzas se miden en miles de millones de dólares.   Un viejo adagio dice que cuando un hombre tiene $ 1.000, trabaja mas intensamente para lograr tener $ 10.000.   Cuando tiene esos $ 10.000, empieza a soñar con una linda casa propia y entonces su ambición es tener $ 100.000.   Cuando logra los $ 100.000, sueña con una empresa propia y con su primer millón de pesos o dólares.   Cuando logra ese primer millón, quiere "vivir a todo trapo" y quizás sueñe con tener $ 10.000.000.   Y así sucesivamente. 

Pero cuando llega a un determinado nivel de riqueza - $ 100.000.000, por ejemplo -  ya no puede mejorar su nivel de vida, puesto que todo lo tiene y nada le puede faltar.   Entonces, es a partir de ahí que se produce una transformación muy comprensible y muy importante.  En este nivel económico, los detentores de semejantes fortunas suelen concentrarse en una nueva meta: incrementar sus riquezas, ya no por razones económicas sino por razones políticas, o sea, para tener Poder.   Y si tales personas se unen y alían con otros talentosos, ambiciosos y creativos entrepeneurs que se encuentran en su misma situación y coordinan sus esfuerzos, acciones y talentos, dejando de lado aspectos secundarios, entonces uniendo sus sinergias, lograrán, entre todos,  detentar mucho Poder.    Por eso, cuando en estas páginas hablamos de miles de millones de dólares que fluyen de un mercado a otro, de un sector a otro, y de una nación y región a otra, no estamos hablando tan solo de factores financieros o de beneficios, utilidades y ganancias.   Estamos hablando de Poder.

De ahí se comprende mejor el origen del actual proceso de fuerte concentración que está experimentando el capitalismo en las últimas dos décadas.  En todos los sectores industriales, comerciales y de servicios observamos que cada vez existen menos empresas medianas ya que en cada industria, todo parece concentrarse alrededor de conjuntos cada vez mas compactos de gigantescas organizaciones empresarias transnacionales globalizadas.   En las industrias manufactureras, en los servicios, en la energía, en los multimedios, las empresas se agrupan, reagrupan, fusionan y adquieren otras menores, transformándose en monstruos gigantescos, controlados por compactísimos grupos de personas que, a su vez, se coordinan muy hábilmente entre sí.   A esto se le llama Poder.

No ha de sorprendernos entonces, cuando verificamos que el 20% de la población de mayores recursos en todos los países del mundo concentra crecientes cuotas de riquezas, mientras que el 20% mas pobre dispone de una cuota cada vez menor en la repartija de riquezas.  Y el 60% restante que conforma las "clases medias" o trabajadoras, quedan estabilizadas y amenazadas por la inseguridad laboral y previsional. 

Las 1.000 principales empresas estadounidenses (las así-llamadas Fortune 1000) generan el 60% del PBI en ese país, mientras que el restante 40% del PBI lo desarrollan unas 11.000.000 de PYMES que estructuralmente son dependientes del poder económico-financiero de las 1000 primeras.[34]  A su vez, el 70% del comercio mundial queda bajo el control de unas 500 empresas multinacionales, mientras que el 1% de todas las multinacionales son dueñas y controlan el 50% de la masa total de las inversiones extranjeras directas en los países en vías de desarrollo.[35]   Según una estadística citada por Richard J Barnet en la revista The Nation, existen actualmente 358 multi-millonarios que disfrutan de un patrimonio conjunto de $ 760.000.000.000, lo que es equivalente al patrimonio de las 2.500.000.000 de personas más pobres del planeta.[36]

Una nueva arquitectura financiera planetaria

¿Cuáles son los siguientes pasos que preparan los impulsores de la globalización?  Algo de ello podemos intuir de un informe recientemente aparecido en la revista Foreign Affairs, vocero oficial el Council on Foreign Relations, en cuyo número correspondiente a Nov./Dic. 1999 (Vol. 78, No. 6), se incluye un Informe generado por un equipo de tareas del Council denominado “El Futuro de  la Arquitectura Financiera Internacional”.    Este “equipo de tareas” se formó en base a una sugerencia del presidente Bill Clinton quien en Septiembre 1998 sugirió que “un grupo de notables del sector privado, evalúe la necesidad de reformar la arquitectura financiera internacional.”  Con esto en mente, el Council auspició la formación de correspondiente equipo de tareas presidido por Peter G. Peterson (chairman del Council on Foreign Relations y del Blackstone Group) y Carla Hills, ex-Representante Comercial de Estados Unidos bajo el presidente George Bush.   Su objetivo era proponer medidas para conjurar “el mayor desafío financiero al que se enfrenta el mundo en el último medio siglo”, nuevamente según palabras de Clinton, ya que el informe nos dice que “cuanto más éxito tengan los estadounidenses en reducir la frecuencia y severidad de las crisis financieras incluidas aquellas que afectan a las economías emergentes, mejores serán las posibilidades de proteger los puestos de trabajo de los norteamericanos, sus ahorros y la seguridad nacional, mientras se promueve la prosperidad global” [el énfasis es nuestro][37]

Las propuestas de este Grupo resultan por demás previsibles cuando se observa que el mismo quedó conformado por miembros conspicuos del Council on Foreign Relations y de la globalización.  Entre ellos, se encontraban, aparte de Peterson y Hills, los economistas Martin Feldstein, Paul Krugman, Barry Eichengreen, Peter Kenen, James Schlesinger, Laura D’Andrea Tyson y Morris Goldstein; el presidente del grupo asegurador AIG - American International Group, Maurice Greenberg; el especulador, George Soros; los banqueros, Paul Volcker (ex-presidente del Banco de la Reserva Federal), William Rhodes (vice presidente del CitiGroup), y Stephen Roach (Director Ejecutivo de la banca Morgan Stanley Dean Witter); y los máximos jefes de empresas como Xerox (Paul Allaire), y United Technologies (Kenneth Dam), entre otros.  Recordemos que el propio instigador de este equipo – el presidente Clinton – es también miembro del Council y de su brazo internacional, la Trilateral Commission.[38]

El Informe publicado en Foreign Affairs, básicamente pide mucho más poder para la dupla FMI / Banco Mundial los que deben paulatinamente transformarse en una suerte de banco central planetario, operando mancomunadamente con el Banco Internacional de Liquidaciones en Basilea, Suiza (el banco central de los bancos centrales) y los círculos financieros y políticos del mundo industrializado.    Seste Informe hace seis propuestas, sugiriendo que esta nueva arquitectura financiera global debiera:

1.        Promover los esfuerzos de prevención de crisis entre las economías emergentes,

2.        Permitir que el ahorro fluya hacia los países y las aplicaciones en que obtengan las mejores utilidades,

3.        Promover que se sobrelleve equitativamente el peso de las crisis cuando éstas ocurren, entre acreedores privados, deudores públicos y acreedores públicos,

4.        Aumentar el rol de los incentivos de mercado en la prevención y resolución de crisis,

5.        Transformar la reforma de la arquitectura financiera global en una calle de doble mano, en que los países industrializados también hagan su parte,

6.        Reorientar los mandatos del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial sobre aquellas áreas en las que están mejor equipados para actuar.

Para que quede bien en claro que un renovado FMI actuará como una suerte de policía global en materia financiera, el Informe propone  que “a partir de ahora, el FMI debiera realizar préstamos a términos más favorables a aquellos países que tomen pasos efectivos para reducir su vulnerabilidad ante las crisis.  Para aumentar la seguridad del mercado privado permitiéndole una efectiva prevención de crisis, el FMI debiera publicar un “informe de estándares” que periódicamente evaluará el cumplimiento de cada país miembro con estándares financieros internacionales.  A su vez, debiera publicar sus evaluaciones regulares de las políticas y perspectivas económicas de cada país.”[39]

Entre sus recomendaciones, sugiere que se evite el influjo descontrolado de Inversiones Directas Extranjeras en países emergentes y – notablemente para nosotros -, su Recomendación N° 4, dice textualmente, “Decirle no a las tasas de cambio fijas” o sea, el propio FMI reconoce que políticas como la impuesta desde hace casi una década en la Argentina con la ley de convertibilidad resultan altamente nocivas.  Continúa diciendo al respecto el Informe que “Uno de los pasos más importantes que puede adoptar una economía emergente para reducir el riesgo de una crisis consiste en implementar una política cambiaria correcta.  Los hechos de los últimos dos años nos han demostrado el riesgo que implica  tratar de defender una paridad cambiaria sustentada sobre un objetivo cambiario públicamente declarado por el gobierno, particularmente con aquellos regímenes basados sobre esquemas de convertibilidad (en que una economía emergente ata el valor de su moneda a la moneda de otra economía más fuerte, usualmente el dólar estadounidense, con la opción de ajustar la paridad cuando las condiciones fundamentales cambian).   Tailandia, Malasia, Filipinas, Indonesia, Rusia y el Brasil se vieron todos obligados a abandonar sus pautas de tasa de cambio oficiales durante las recientes crisis que afectaron a las economías emergentes….”  “…el potencial riesgo que representan las tasas de cambio rígidas, particularmente su vulnerabilidad ante cualquier crisis, excede cualquier beneficio que pueda acarrear.  Las tasas de cambio fijas se tornan muy problemáticas cuando la moneda local resulta sobrevaluada…..una tasa de cambio sobrevaluada se refleja en baja la competitividad lo que hace que la moneda se transforme en un blanco para los especuladores.”  Y esto o dice el propio FMI que tras analizar las fuerzas que se lanzan sobre las economías que insisten en mantener esquemas como el de la Convertibilidad (mantener la paridad cambiaria al costo de tasas de interés altas), termina con una “simpática” metáfora al decir que “en la mayoría de estas batallas, David con su honda (o sea, su tasa de interés fija y altas tasas de interés), se ve aplastado por Golíat (el mercado internacional de capitales) y no resulta fácil ver porqué esta asimetría habría de desaparecer en un futuro previsible.”[40]

Concluye el Informe enfatizando la necesidad de reformar a “los mellizos” de Bretton Woods y, especialmente al FMI que debe “normalmente prestar menos y concentrarse más en promover la prevención de crisis”, aplicando las técnicas y metodologías del risk management para conjurar la volatilidad de los mercados globales, o al menos para que le sirva de instrumento para proseguir en la transformación y trituración de diversos sectores y regiones del planeta de una manera “controlada”.  La metodología del risk management permite hacer precisamente eso.  Como próximo paso, el equipo de tareas “sugiere crear un vehículo que permita reunir el necesario apoyo político y establecer un cronograma adecuado para reformar la arquitectura financiera internacional”.  Menciona que hubo entre sus miembros distintas opiniones y puntos de vista acerca de cómo mejor lograr este nuevo orden financiero global como, por ejemplo, a través de la instrumentación de “controles integrales sobre los flujos de capital, la adopción de una moneda única, reformas profundas del FMI (que van desde su abolición hasta su reemplazo por un fondo mucho más grande y poderoso), y la formación de nuevas instituciones regulatorias supranacionales.” [el énfasis es nuestro].[41]

Este informe del Council on Foreign Relations, resulta de gran interés pues nos está señalando el camino hacia lo que se viene en la presente década y resulta particularmente interesante para nuestro país, por cuanto el anterior gobierno Menem y el actual gobierno de la Rúa, mantienen a rajatable el actual esquema de Convertibilidad, a pesar de que el propio FMI lo señala como un peligro latente y grave.  ¿Y porqué es esto así?  Pues en el caso de la Argentina, es el propio FMI exige que se mantenga la Convertibilidad pues de no hacerlo, la Argentina prácticamente no podría hacer frente al pago de los intereses de la deuda externa con lo que entraría en cesación de pagos.  Por eso, la Convertibilidad Argentina se mantendrá mientras el FMI así lo considere necesario. Los lectores que deseen una explicación más acabada podrán hallarla en los escritos del Lic. Hector Giuliano sobre toda la problemática de la deuda externa argentina.[42]

         

 


Conclusiones -

Sopesando debidamente la incidencia real que tienen los factores descriptos en el presente ensayo, y sacando las conclusiones del caso - tanto las obvias como las que lo son menos -, se podrá concluir que la integración creciente de la Argentina dentro de las estructuras de las finanzas globales acarrea algunas ventajas y muchos evidentes e importantes peligros.  Algunos de sus efectos los podemos verificar claramente a través de las fuertes distorsiones que se vienen operando sobre nuestra economía en las últimas décadas.   Sin embargo, rara vez se acierta en identificar las causas de estos efectos negativos.  Los medios de difusión masiva no ayudan a ello dado que, hoy más que nunca, sus propios intereses económicos se encuentran alineados con los de las estructuras financieras globales y no con los de la Nación. 

Insistimos que el punto clave radica no tanto en criticar el sistema vigente sino en reconocer que el mismo obedece a estructuras de poder claramente identificables.  Estas hacen lo que cualquier grupo, organización o conjunto de individuos hace cuando dispone de poder: lo utiliza para promover sus intereses.    El punto clave para los Argentinos yace entonces en comprender y determinar sólidamente los siguientes aspectos:

·         En qué medida los intereses representados por los grupos y organizaciones supranacionales que se valen del sistema global financiero coinciden con los de nuestra comunidad y sus sectores económicos.  Entre estas organizaciones debemos incluir sus estructuras satélite en nuestro país y sus voceros y operadores tanto en los sectores privado como público.

·         En qué medida la globalización financiera mobiliza y direcciona factores políticos, sociales, económicos y culturales que puedan representar amenazas para nuestra comunidad y que surten efectos absolutamente contrarios al orden democrático.

·         En qué medida la falta de una adecuada comprensión de este amplio y complejo conjunto de factores relacionados con la globalización financiera no nos arrastra por caminos poco convenientes y mal comprendidos por nuestras clases dirigentes, tanto empresaria, académica y gobernante. 

·         En qué medida estamos ignorando opciones económicas y financieras que permitirían una mayor fuerza y salud económico-social para nuestra comunidad.  Al haber asumido como propio el paradigma propiciado por el poder que rige la globalización financiera, automáticamente damos por perdida la batalla por el desarrollo equilibrado y equitativo antes de siquiera haberla peleado.

·         En qué medida el erróneo diagnóstico de los efectos directos e indirectos de los fenómenos de la globalización financiera no representan una amenaza directa a la integridad del Estado-nación argentino en el mediano plazo.

Por último, señalemos que la Argentina no tiene un problema económico y mucho menos un problema financiero: lo que la Argentina tiene es un gravísimo problema político. 

Y ello lo vemos reflejado en buena parte de nuestra dirigencia política, pues aún cuando ella se inserta en el Estado, conviene no dejarse confundir por sus cargos formales. Esos hombres y esas mujeres podrán detentar el título de ministro, secretario, diputado, senador, intendente, gobernador e incluso presidente, pero pronto nos damos cuenta de que no detentan un poder auténticamente soberano.  Sea porque no saben o porque no quieren saber cuales son sus verdaderas responsabilidades y cuales son las funciones que el Estado a su cargo debe cumplir.  Les resulta mucho más fácil y cómodo convertirse en meros delegados de aquellas organizaciones que sí detentan el poder en el mundo.

Ya que hemos hablado bastante de las estructuras económicas y financieras privadas, permítasenos tomar prestado un concepto del ámbito de la empresa privada, y utilizarlo para visualizar al debilitado Estado-nación moderno – el argentino, por ejemplo.   La empresa privada capitalista se estructura dividiendo el poder dentro de la misma según un modelo tripartito que, en orden ascendente, abarca desde la gerencia, pasando por el directorio, hasta los accionistas.  

Como hemos visto, en una empresa privada, el gerente general claramente detenta un poder delegado que le permite tomar medidas de alto perfil y resonancia; pero jamás deja de ser un empleado delegado del directorio, el cuál a su vez representa a los verdaderos dueños del poder real que son los accionistas.  Como hemos dicho, son ellos los verdaderos dueños de la organización, más allá de que los veamos y conozcamos o no.  Así el gerente general parece tener "la suma del poder", pudiendo tomar o despedir a empleados, abrir o cerrar sucursales y plantes, y promover todo tipo de estrategias.  Pero ese poder es un poder que le es delegado por el directorio, que a su vez avala y supervisa las operaciones de la empresa, según un poder que le es delegado por los accionistas quienes tienen la suma del poder dentro de la organización.  Pues  el gerente general puede ser removido por el directorio cuando éste lo considere necesario, de la misma forma en que el propio directorio puede ser reemplazado por los accionistas.

Si por un instante visualizamos a los presidentes de los países de nuestra región como “gerentes generales” de sus respectivos países y a sus ministros y secretarios de Estado como simples “gerentes” y “subgerentes” de área, entonces comenzamos a comprender muchas cosas, y el por qué de nuestra casi permanente frustración y creciente pauperización.  

Pues entonces descubrimos que el factor clave para comprender el orígen de nuestro problema político consiste en descubrir la identidad del “directorio” - por así decirlo -, que delega su poder en los actuales “presidentes-gerentes generales”.  Y, si vamos más arriba aún, en identificar quienes son los auténticos “accionistas” de nuestro país. 

Descubriremos entonces que, tristemente, éstos dos últimos probablemente ni siquiera se encuentran mayormente dentro del país, y que a menudo poco o nada les interesa el bienestar, futuro y dignidad de nuestro pueblo.  Así, comenzamos a comprender que las decisiones clave que hacen al destino de la Argentina no se toman en la Casa Rosada o en el Congreso de la Nación, sino en los directorios y en los bancos de cerebros de Nueva York, Londres y Washington.

Por eso, de poco o nada sirve enojarse con los circunstanciales ocupantes del sillón de Rivadavia o con ministros, gobernadores e intendentes.  Debemos ir mucho más a fondo y comprender que el sistema de coloniaje que reina sobre la Argentina es mucho más sutil y poderoso.   A modo de gráfico comparativo entre el orden privado y el (des)órden público descripto, digamos que existen dueños, administradores y operadores que en ambos órdenes cumplen funciones específicas:

Nivel

Empresa

Estado

Dueños y máximos decisores que  detentan el Poder Real

Accionistas

Estructura estratégica y política de la globalización (privadas) 

Administradores del Poder Real

Directorio

Estructura financiera globalizada y supranacional (privadas)

Operadores del Poder Formal

Gerentes

Presidente, Ministros, Secretarios, Gobernadores, etc.

 

En síntesis: la gran privatización del mundo actual es la privatización del poder mundial."

En estas breves páginas solo nos proponemos colocar el tema de la globalización financiera en el centro del escenario de la problemática de nuestra Comunidad.   Nos guste o no, el gigantesco poder que detenta la superestructura financiera mundial nos afecta a todos y su influencia se hace sentir cada vez más  poderosamente.   Bien conviene, entonces, comprender cómo opera y cuales son los caminos que nos quedan abiertos para evitar las importantes amenazas con las que nos desafía.

Ello no implica que recomendemos una resistencia frontal a estas fuerzas financieras mundiales.  Primeramente, porque ello sería una actitud suicida y, en segundo término, porque ello no nos permitiría tomar ventaja cabal de algunas de las innegables oportunidades que sí nos brinda.  Lo vital radica en no ignorar las amenazas que representa y en buscar mecanismos para neutralizarlas.   Ello requiere una buena dosis de independencia intelectual y de sentido común cuando evaluamos y diagnosticamos nuestra situación actual y nuestras posibilidades futuras.

En realidad, requiere de un esfuerzo interdisciplinario que identifique, evalúe e interprete toda esta compleja problemática desde los ámbitos de la política, la economía, la sociología y las estrategias para la defensa.  No nos cabe dudas que este es el verdadero desafío que representa la globalización para nuestra comunidad, nuestra Nación y nuestra región.  Desafío que aguarda que hombres y mujeres lúcidos y con coraje enfrentemos en bien de nuestro futuro y el de nuestros hijos.  Sino, en pocos años más no habrá ya una Argentina para defender puesto que habremos sido totalmente derrotados por un sistema sutil e insidioso.  Habremos perdido la guerra sin siquiera haber comprendido que se trataba, efectivamente, de la más importante y trascendente lucha por nuestra supervivencia.


Bibliografía:

 

Galbraith, John Kenneth

Money: Whence it Came, Where it Went – Hay traducción al castellano, "El Dinero", Editorial Ariel, Barcelona, 1996.

Goldsmith, Sir James

La Trampa, Editorial Atlántida, Buenos Aires, 1993,

Greider, William

One World, Ready or Not,Simon & Schuster, Nueva York, 1997

Hawken, Paul

The Ecology of Commerce, Nueva York, Harper Collins 1993

Heilbroner, Robert

Economics as Universal Science, publicado en el journal "Social Research" Vol. 58, Nº 2 (Verano 1991).

Korten, David C.

When Corporations Rule the World, Kumarian Press, West Hartford Connecticut, 1995.

Martin, Hans-Peter y Schumann, Harald

La Trampa de la Globalización: el ataque contra la democracia y el bienestar.  Santillana-Taurus, Madrid, 1998

Quigley, Carroll

Tragedy & Hope, MacMillan, Nueva York, 1966,

Salbuchi, Adrian

El Cerebro del Mundo: La cara oculta de la Globalización, Ediciones del Copista, Córdoba, 1999.

Salbuchi, Adrian


Schacht, Hjalmar

World Government: Política y Poder en el Siglo XXI,  Edicion privada, Buenos Aires, 1995

Neue Wege in der Volkswirtschaft – Bücherei an die Nation – Leipzig, 1929

The Economist

A Survey of the World Economy, insert publicado con el número de la revista "The Economist" de Londres del 28-Sep-96

Foreign Affairs

Report: The Future of the International Financial Architecture, Nov./Dec. 1999, Vol. 78,  No. 6.

Varios

Diversos artículos de las publicaciones The Economist, Foreign Affairs, La Nación, Clarín, Ámbito Financiero, The New York Times y otras.

 

Buenos Aires, Marzo de 2000 - Ó Adrian Salbuchi.

 

La Editorial

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Adrian Salbuchi - Argentina: ¿Colonia Financiera?

 



1              Ver: A Salbuchi – El Cerebro del Mundo: la cara oculta de la Globalización, Ediciones del Copista, Córdoba, Argentina, 1999.

[2]          Ver trabajo  50 ICA, Varsovia, 2000, "El marco subyacente de las políticas neoliberales (desde las relaciones Centro- Periferia hasta la Globalización)", Córdoba, 2000, de Luis Eugenio Di Marco,  Universidad de Córdoba, y Fundación CIEC Centro de Investigaciones Económicas de Córdoba.

3              En su excelente obra Jihad vs. McWorld, (Ballantine Books, Nueva York, 1996), el autor norteamericano Benjamin R. Barber indica que "para ser exitoso, el capitalismo requiere que existan  consumidores con acceso a mercados y un clima político estable: tales condiciones podrán ser promovidas por la democracia o no, la cual puede ser anarquica y desordenada y, a menudo, persigue el bien común a un costo elevado y aún en contra de los imperativos de los mercados, del medioambiente  y del empleo  total......Los capitalistas puede que sean demócratas pero el capitalismo decididamente  no necesita de la democracia; el capitalismo no necesita del Estado-nación que ha sido el huesped de la democracia."  Pag. 15  

[4]       Tomo este ejemplo de un excelente artículo de Oscar E. Frávega  publicado en La Voz del Interior, Córdoba, 03-Jul-95.

[5]            Ver: A Salbuchi – El Cerebro del Mundo: la cara oculta de la Globalización, Ediciones del Copista, Córdoba, Argentina, 1999 y World Government: Política y Poder en el Siglo XXI, edición privada, Buenos Aires, 1995.  También recomendamos varias obras recientes publicadas en los Estados Unidos y Europa: One World, Ready or Not de William Greider (Simon & Schuster, Nueva York, 1997), When Corporations Rule the World de David C Korten (Kumarian Press, Connecticut, 1995) y Behold a Pale Horse de William Cooper (Light Technology Publishing, Sedona, Arizona, 1991) y Jihad vs. McWorld. How globalism and tribalism are reshaping the World, de Benjamin R. Barber (Ballantine Books, Nueva York, 1996), La Trampa de la Globalización: el ataque contra la democracia y el bienestar de los alemanes Hans-Peter Martin y Harald Schumann (Santillana, Madrid, 1998).  Un excelente y bien documentado trabajo local es Soberanía Global. Del Arq. Patricio Randle (Ciudad Argentina, Buenos Aires, 1999) que evalúa la globalización desde la óptica del Interés Nacional argentino.

[6]            John Kenneth Galbraith, Money: Whence it Came, Where it Went - Hay traducción al castellano, "El Dinero", Editorial Ariel, Barcelona, 1996.

[7]            La economía ha usurpado un rol central en el ámbito del conocimiento sociológico al pretender equipararse con las ciencias exactas.  Ningún otro sistema de análisis de las relaciones sociales ha pretendido un esquema sistemático que siquiera se asemeje al que se le atribuye a la economía.   No existe ni en la política ni en la sociología ningún equivalente de las "leyes" de oferta y demanda  o una explicación de las regularidades de las causas y efectos sociales en las funciones de la producción ni mucho menos una definición del poder en términos del  producto bruto nacional.   La economía apenas si configura un conjunto de diversos y a menudo contradictorios modelos de análisis macroeconómico que pretenden imponer algún  orden o explicación al conjunto de fenómenos económicos, una de cuyas principales características es la irracionalidad.  No lo decimos en forma despectiva sino como explicación del hecho de que las características, tendencias, evolución, equilibrio y crisis económico-financieras se ven afectadas de manera determinante por factores psicológicos tanto individuales como colectivos.  Este solo hecho hace que no pueda de manera alguna hablarse de “leyes de la economía” como si se tratara de una ciencia exacta, de la misma manera que no podemos hablar de “leyes de la psicología” que permitan cuantificar procesos psíquicos a través de fórmulas pseudocientíficas.  

Prueba de la arrogancia de la economía como disciplina sociológica por excelencia se refleja en el hecho de que los prestigiantes "Premios Nobel" que se otorgan a investigadores científicos en la química, medicina y física, no se otorgan a ningún investigador en asuntos políticos, sociales o históricos, pero sin embargo sí a los "científicos" de la economía.  (ver artículo "Economics as Universal Science" por Robert Heilbroner en  Social Research - an international quarterly of social sciences, Vol. 58, Nº 2, verano de 1991).  

[8]            Sir James Goldsmith, "La Trampa", Editorial Atlántida, Buenos Aires, 1993, págs. 33 y 34.

[9]            Aquí existe una fuerte semejanza con las funciones de las compañías de seguros que también brindan una garantía a

cambio de una prima prepaga para cubrir una determinada exposición a riesgo

[10]        En rigor de verdad uno de los primeros experimentos en la emisión de certificados de depósitos o cheques fue la Orden de

los Caballeros Templarios en el Siglo XI, que brindaban este servicio para los nobles y burgueses peregrinos que visitaban Tierra Santa.  San Bernardo colaboró estrechamente en su fundación.

[11]        El ejemplo clásico lo vivimos en la Argentina durante la hiper-inflación de 1989 cuando era tan baja - o nula - la confianza del pueblo argentino en el papel moneda emitido por el Banco Central Argentino - el “Austral” de entonces, que ni bien se recibían, resultaba preciso deshacerse rápidamente de ellos cambiándolos por bienes de valor real  (leche, azúcar o gasolina) - antes de que se desvalorizaran o, si se pretendía ahorrar, se los cambiaba por otros billetes de alta confiabilidad y prestigio, como el dólar estadounidense.   El factor psicológico de la confianza claramente señalaba que preferíamos tener en nuestro poder un billete de cien dólares emitido por  el Banco de la Reserva Federal en la lejana ciudad de Washington, que su equivalente en billetes Australes emitidos por nuestro Banco Central en la calle San Martín al 200, en plena City  porteña.

6              Carroll Quigley  - Tragedy & Hope, MacMillan, Nueva York, 1966, pág. 44.

[13]        Carroll Quigley - Tragedy & Hope, MacMillan, Nueva York, 1966,  pág. 46.   Extrañamente, el Profesor Quigley fue identificado por el  presidente estadounidense, William Clinton, como uno de sus mentores durante sus años en la Universidad.

[14]        Nuevamente, el punto clave radica en prever y utilizar los diversos factores psicológicos que rigen entre la población  y los mercados.  Cualquier crisis social, guerra externa o guerra civil que rápidamente cambie los términos de las relaciones económicas o que precipiten a grandes cantidades de tenedores de Certificados de monedas de oro a reclamarlas como medida preventiva ante un futuro socialmente incierto, rápidamente tira por la borda toda previsión actuarial realizada por los bancos dentro de un marco de "normalidad" política, económica y social en un plazo futuro previsible.

[15]        Ezra Pound, poeta estadounidense (1908-1959) - Canto XLV "Con Usura", cuya traducción libre es como sigue:

                                "La usura oxida la paleta del escultor; 

                                 mancilla al arte y al artista;

                                carcome el hilo de la hilandera......

                                La Usura mata al niño en el vientre materno;

                                mata el cortejo del hombre joven;

                                introduce la parálisis en el lecho

                                y se interpone entre la joven novia y el novio. 

                                CONTRA NATURA."

[16]        En rigor de verdad, lo último que desea un banco es que se le devuelva el capital prestado.  Siempre y cuando el prestatario sea razonablemente solvente y su continuidad jurídica en el medio y largo plazo sea estable, el mejor negocio para un banco consiste, precisamente, en refinanciar una y otra vez todos sus préstamos.  Ello resulta fácil de comprender: un prestatario que liquida su deuda devolviendo todo el capital e intereses al banco prestamista lo obliga a buscar un nuevo cliente a quién prestarle ese dinero.  Un prestatario que de buenas garantías, pague religiosamente los intereses sobre la deuda (esta es la verdadera ganancia de los bancos y las autoridades de contralor verifican que no exista morosidad en este vital rubro), y elija refinanciar la deuda en sí, le garantiza la continuidad del negocio al banco, al refinanciar el capital y los intereses pendientes (el tan lucrativo interés compuesto). 

Así se comprende fácilmente porqué la comunidad bancaria internacional prefiere que las naciones con grandes deudas externas como la Argentina jamás terminen de liquidarlas, sino que meramente las refinancien a muchos años una y otra vez como efectivamente viene ocurriendo.  De esta manera, logran varios objetivos:

(a)      el negocio continúa a condiciones muy lucrativas (refinanciación del capital e intereses con lo que surge el fenómeno del interés  compuesto que puede así crecer hasta niveles iguales o superiores a la deuda original) y con relativamente poco trabajo,

(b)      las garantías ofrecidas por el Estado son excelentes y ejecutables a través de la presión internacional (FMI y otros instrumentos de cobro de intereses sobre la deuda y su refinanciación reiterada),

(c)      el Estado deberá previamente aceptar un conjunto de medidas macroeconómicas y estructurales sugeridas y fiscalizadas por el Fondo Monetario Internacional como precondición para acceder a cualquier refinanciacion de la deuda.  El FMI actúa como gestor estructural de la comunidad bancaria globalizada, por lo que las medidas y planes que diseña rara vez reflejan  los intereses de los Estados deudores sino mas bien los del sistema bancario acreedor.

                También cabe recordar que todo préstamo que no pueda ser pagado y que requiera de su refinanciación ad eternum - tal el caso de la deuda externa argentina - conforma un esquema de usura,  por cuanto la usura implica una deuda  que debido al efecto compuesto del capital y los sucesivos intereses "refinanciados",  jamás puede ser saldada, con lo que se genera una situación de dependencia permanente entre el prestamista y el prestatario.

                Pur último, recalcamos que lo peor que le pdría hacer la Argentina a los bancos internacionales y al FMI/Banco Mundial sería devolverle ya  y hasta el último centavo la totalidad de la "deuda" de U$S 180.000 millones.  ¿Qué harían los bancos con todo ese dinero (adónde lo colocarían)?  Y, muchísimo peor para ellos, la Argentina se liberaría de uno de los factores clave de su actual colonización y postración.

[17]     Fuente: The Economist, Londres, 23-Oct-99, tomado de fuentes del Banco Mundial, Salomon Bros., Smith Barney y el

FMI, entre otros.

[18]        Ver: A. Salbuchi, World Government:: Política y Poder en el Siglo XXI, Buenos Aires, edición privada, 1995 y El Cerebro del Mundo. La cara oculta de la Globalización, Ediciones del Copista, Córdoba, 1999.

[19]        Richard Wagner, Das Rheingold, (El Oro del Rhín), preludio a la trilogía "El Anillo del Nibelungo", Esc. 4, en la que Alberich, el Nibelungo maldice el anillo forjado con  oro del Rhín, que los dioses Wotan y Loge acaban de quitarle.  "Quién lo posea que lo consuma el miedo de perderlo, y quién no lo posea que lo carcoma la envidia de no tenerlo."

[20]        Esta diferencia entre lo legítimo y lo legal  es un factor que se pierde de vista en el mundo actual, y muy especialmente en nuestra confundida y adormecida  Argentina.   Legítimo es todo aquello que es moralmente bueno y éticamente correcto, para lo cuál  más que un rígido código de leyes, se requiere de una población psicológicamente sana, con posibilidades de vida dignas, que se nutra de su entorno cultural y sus tradiciones.  Al  haberse quebrado este orden natural, se confunde lo legítimo y prevalece lo formalmente "legal".   Y lo legal lo determina "la Justicia", según el moderno concepto democrático basado en la división tripartita del poder político.  Suele olvidarse que por ser la democracia un sistema altamente susceptible al poder del dinero, también la diosa "justicia" termina corrompiéndose para gran enojo de la población que entonces descubre que bajo el sistema actual, hasta un juez de la Nación puede ser un cretino.  Y en Argebtina hemos tenido demasiados jueces corruptos y cretinos en los últimos años.    

[21]        Ver: The Economist, Londres, 21-Dic-96, artículo "Making Companies Efficient" pág. 97.

[22]        Stakeholders: neologismo que define a todos los que tienen un interés en  algo, en este caso, en una empresa.  En inglés se       produce un juego de palabras con "shareholders" - accionistas - que se parece a "stakeholders".

[23]        Desde luego que existe un amplio estamento dirigencial bien pago - que identificamos como los "niveles gerenciales" - cuyos talentos, conocimientos y ambiciones resultan absolutamente imprescindibles para que todo el sistema funcione y fluya correctamente.  Esto ya lo hemos tratado en nuestro ensayo "World Government", en el cuál - a título ilustrativo - explicamos que este amplio ejército de "empleados de lujo" bien pagos, talentosos y ambiciosos, posiblemente llegue a los 50.000.000 de hombres y mujeres en todo el planeta, quienes dirigen - gerencian - todas las empresas y organizaciones privadas y públicas.  Esta cantidad de personas a sueldo de la globalización financiera, aunque parece una cifra vasta en sí misma, representa sin embargo menos del 1% de la población mundial.  De manera que controlando este segmento dirigencial del 1% de la población mundial, se puede gobernar y dirigir a todo el planeta: con el 1% de la población se gobierna fácilmente a un planeta con más de 6.500 millones de almas.

[24]        Viene a colación el problema recientemente enfrentado por el fabricante de zapatillas Nike de Estados Unidos que vende cada par de calzado a un precio promedio de U$S 100 pero que subcontrata la fabricación de los mismos a los sweatshops o sea fábricas semi-esclavistas en Indonesia con grandes y baratísimas fuerzas laborales mayormente consistentes en mujeres y menores de edad que trabajan largas jornadas y cuya incidencia de costo laboral por cada par de zapatillas apenas alcanza los 3 dólares.  Similares situaciones se han descubierto en relación a las fábricas Reebok de calzado deportivo y Toys’R’Us de juguetes.

[25]        George Soros es miembro del importante Council on Foreign Relations de Nueva York.  Ver A. Salbuchi, op. cit. para mayores detalles.  También resulta destacable las actividades de Soros en la Argentina a través de su empresa inversora, IRSA.  Actualmente es dueño de importantes edificios en Buenos Aires como el de Pirelli, el Palacio Alcorta, el ex-edificio Sevel (conocido como el Rulero en 9 de Julio y Libertador), Maple de Suipacha, Docks 5 y 6 de Puerto Madero, Mercado de Abasto  y  las Galerías Pacífico en plano centro de la capital Argentina.   Según el matutino "Clarín" (20-Dic-96, pág. 32, secc- Economia), los negocios de George Soros en la Argentina, le brindan ganancias anuales de U$S 33.000.000, con activos por U$S 416.000.000, inversiones inmobiliarias por U$S 160.000.000 y ventas por U$S 47.000.000.  Es más: Soros es dueño de 340.000 hectáreas de campos Argentinos lo que lo convierte en el principal terrateniente del país.  Su adquisición de parte del paquete accionario del Banco Hipotecario Nacional también lo coloca en una situación de fuerza en el control del sector inmobiliario en el que parece tener un especial interés...  Por algo será...

[26]        Resulta una triste realidad que una buena parte de los flujos financieros globales que movilizan las finanzas globales provienen de actividades ilícitas como el narcotráfico, el tráfico de armas y el crimen organizado en sus diversas manifestaciones.  Se estima que el narcotráfico moviliza entre U$S 1.200.000.000.000 y U$S 1.500.000.000.000 anualmente (de los cuales el 50% se comercializa en los Estados Unidos).  Resulta por demás obvio que esos flujos de fondos circulan por el sistema bancario que - debido a la volatilidad de las finanzas - tiene serias dificultades en identificar un dólar “limpio” de uno “sucio”.   De todas maneras, a las finanzas globales, poco le importa siempre y cuando pueda movilizar, invertir y “hacer trabajar” esos fondos.  En rigor de verdad, si se lograse aniquilar de un golpe a la totalidad del narcotráfico y sus ganancias, e identificar todo el “dinero sucio” que se encuentra en circulación en todo el mundo, el primer efecto visible sería un colapso financiero mundial.  Por eso se comprende que a pesar de que polìticos y banqueros se rasguen las vestiduras, el negocio del narcotráfico y del tráfico de armas y del crimen organizado sigue y seguirá siendo cada vez más poderoso... 

[27]     Ver, Hector Giuliano, “El Fracaso del Plan Brady”, a publicarse en la revista Fundación Política y Letras, N° 17.

[28]        A. Salbuchi: "El Cerebro del Mundo: La cara oculta de la Globalización, Ediciones del Copista, Córdoba, 1999.

[29]        A. Salbuchi: "El Cerebro del Mundo: La cara oculta de la Globalización, Ediciones del Copista, Córdoba, 1999.

[30]        Ver A. Salbuchi . op., cit..

[31]     Ver A. Salbuchi . op., cit.

[32]        Similarmente a como no aprobaría el tratado de Versalles en 1921 con lo que el tradicional aislacionismo estadounidense mantuvo a Estados Unidos fuera de la creación maestra del presidente Woodrow Wilson: La Liga de las Naciones.

[33]         "con amigos como éstos, ¿quién necesita de los enemigos?..."

[34]     Paul Hawken, "The Ecology of Commerce", Nueva York, Harper Collins 1993, pág. 8.

[35]        Artículo The Power of Translationals, The Ecologist, No. 22 (No. 4, Jul-Ago 1992).

[36]     Artículo Stateless Corporations: Lords of the Global Economy, The Nation, 19-Dic-94. 

[37]        “The Future of the International Financial Architecture” – Foreign Affairs, Nov/Dic 1999 – Vol. 78, N° 6 – pág. 172.

[38]        Los lectores que deseen mayores datos podrán hallarlos en Salbuchi, El Cerebro del Mundo... Ediciones del Copista,

 Córdoba, 1999.

[39]        Op. Cit. pág. 174.

[40]        Op. Cit. pág. 179.

[41]        Op. Cit.,pág. 184

[42]     Ver, por ej., “El Fracaso del Plan Brady”, a publicarse en la revista Fundación Política y Letras, N° 17.