Antony Sutton -Wall Street y los Bolcheviques

La Editorial

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ANEXO

EL INICIO DE LA REVOLUCIÓN BOLCHEVIQUE Y EL PRIMER RÉGIMEN SOVIÉTICO DE RUSIA

Por MARK WEBER {[1]}

En la noche del 16 al 17 de Julio de 1918, una escuadra de la policía secreta bolchevique asesinó al último emperador de Rusia, el Zar Nicolás II, junto a su esposa, la zarina Alexandra, su hijo de 14 años, el zarevich Alexis y sus cuatro hermanas. Fueron acribillados por una lluvia de balas en el semi-sótano de una casa en Ekaterimburgo, una ciudad en la región del Ural, dónde estaban siendo mantenidos como prisioneros. Las niñas fueron rematadas a bayonetazos. Para evitar el culto al zar muerto, los cuerpos fueron arrastrados hacia la campiña cercana y presurosamente enterrados en una tumba secreta.

El zar Nicolás II y su familia.

Las autoridades bolcheviques al principio informaron que el emperador de los Romanov había sido abatido después de haberse descubierto un complot para liberarlo. Por algún tiempo, la muerte de la emperatriz y los niños se mantuvo en secreto. Durante muchos años, los historiadores soviéticos afirmaron que bolcheviques locales habían cometido los asesinatos actuando por cuenta propia y que Lenin, el fundador del Estado soviético, no había tenido nada que ver con el crimen.

Edvard Radzinsky

En 1990, el dramaturgo e historiador Edvard Radzinsky anunció el resultado de una detallada investigación que hizo de los asesinatos. {[2]} Desenterró los recuerdos del guardaespaldas de Lenin, Alexei Akimov, quien recordó como él, personalmente, entregó la órden de ejecución de Lenin a la oficina de telégrafos. El telegrama estaba firmado, además, por el Jefe de Estado soviético Yakov Sverdlov. Akimov guardó la cinta telegráfica original como un registro de la orden secreta.

La investigación de Radzinksy confirmó lo que la evidencia anterior ya indicaba. Leon Trotsky – uno de los colegas más cercanos de Lenin – había revelado años antes, que Lenin y Sverdlov habían tomado en conjunto la decisión de matar al zar y a su familia. Rememorando una conversación de 1918, Trotsky escribió: {[3]}

Mi siguiente visita a Moscú tuvo lugar después de la (temporal) caída de Ekaterimburgo (en manos de fuerzas anticomunistas). Hablando con Sverdlov, le pregunté de pasada: “Ah, sí: ¿y dónde está el zar?”

“Liquidado”, me contestó. “Lo han matado a tiros”

“¿Y dónde está la familia?”

“Junto con su familia”

“¿Todos ellos?”, pregunté, aparentemente con un dejo de sorpresa.

“Todos ellos” respondió Sverdlov. “¿Y qué hay con eso?” Estaba esperando a ver mi reacción. No le contesté.

“¿Y quién tomó la decisión?”

“Lo decidimos aquí. Ilyich (Lenin) opinó que no debíamos dejarles a los blancos una bandera viviente para que se agrupen a su alrededor, especialmente no bajo las actuales difíciles circunstancias.”

No hice más preguntas y consideré cerrada la cuestión. 

Trotzky y Lenin

Examinaciones e investigaciones recientes, efectuadas por Radzinsky y otros, también corroboran el informe elaborado años antes por Robert Wilton, corresponsal del London Times en Rusia durante 17 años. {[4]} Su informe “The Last Days of the Romanovs” (Los Últimos Días de los Romanov) – originalmente publicado en 1920 – está basado en gran parte sobre los hallazgos de una minuciosa investigación llevada a cabo en 1919 por Nikolai Sokolov bajo la autoridad del lider “blanco” (anticomunista) Alexander Kolchak. El libro de Wilton sigue constituyendo uno de los relatos más fidedignos y completos del asesinato de la familia imperial rusa.

Desde hace mucho tiempo una sólida comprensión de la Historia ha sido la mejor guía para entender el presente y anticipar el futuro. Por ello es que las personas están más interesadas en cuestiones históricas en tiempos de crisis, cuando el futuro se presenta especialmente incierto. Con el colapso del gobierno comunista en la Unión Soviética en 1989/1991 y con los rusos luchando por construir un nuevo orden sobre las ruinas del antiguo, las cuestiones históricas se han vuelto muy actuales. Por ejemplo, muchos se preguntan: ¿Cómo es que los bolcheviques, un pequeño movimiento guiado por las enseñanzas de Carlos Marx, un filósofo social germano-judío, lograron tomar el control de Rusia e imponer sobre su pueblo un régimen cruel y despótico?

En años recientes, judíos de todo el mundo han estado manifestando una seria preocupación por el espectro del antisemitismo en los países de la ex – Unión Soviética. En esta nueva e incierta era, se nos dice que se están expresando de nuevo sentimientos reprimidos de odio y furia contra los judíos. De acuerdo con una encuesta de opinión pública llevada a cabo en 1991, por ejemplo, la mayoría de los rusos deseaba que los judíos abandonasen el país. {[5]} Pero, justamente, ¿por qué está el sentimiento antijudío tan extendido entre los pueblos de la ex – Unión Soviética? ¿Por qué tantos rusos, ucranianos, lituanos y otros pueblos le recriminan a “los judíos” tantos infortunios?

Un tema tabú

Si bien oficialmente los judíos nunca representaron más del 5% de la población total del país, desempeñaron un papel desproporcionado y probablemente decisivo en el inicio del régimen bolchevique, dominando efectivamente al gobierno soviético durante sus primeros años. {[6]} Los historiadores soviéticos, junto con la mayoría de sus colegas de Occidente, han preferido ignorar por décadas este asunto. Los hechos, sin embargo, no pueden ser negados. {[7]}

Yakov Sverdlov

Con la notable excepción de Lenin (Vladimir Ulyanov), la mayoría de los líderes comunistas que tomaron el control de Rusia en 1917/1920 fueron judíos. Leon Trotsky (Lev Bronstein) encabezó el Ejército Rojo y, por un tiempo, fue el jefe de las Relaciones Exteriores soviéticas. Yakov Sverdlov (Solomon) fue el secretario ejecutivo del Partido Bolchevique y – en su calidad de presidente del Comité Ejecutivo Central – jefe de Estado del gobierno soviético. Grigori Zinoviev (Radomyslsky) encabezó la Internacional Comunista (Comintern), la agencia central para extender la revolución hacia países extranjeros. Otros destacados judíos fueron el comisario de prensa Karl Radek (Sobelsohn), el comisario de asuntos externos Maxim Litvinov (Wallach), Lev Kamenev (Rosenfeld) y Moisei Uritsky.

Grigori Zinoviev

Lenin mismo provenía de antepasados mayormente rusos y calmucos, pero también él era un cuarto judío. Su abuelo materno, Israel (Alexander) Blank fue un judío ucraniano quien luego fue bautizado por la Iglesia Ortodoxa Rusa. {[8]}

Un internacionalista a ultranza, Lenin consideraba con desprecio a las lealtades étnicas o culturales. Tenía escasa consideración por sus propios compatriotas. “Un ruso inteligente” – señaló cierta vez – “es casi siempre un judío o alguien con sangre judía en las venas.” {[9]}

Reuniones críticas

En la toma del Poder en Rusia, el papel de los judíos fue probablemente crítico.

Karl Radek

Dos semanas antes de la “Revolución de Octubre” bolchevique de 1917, Lenin convocó a una reunión altamente secreta en San Petersburgo (Petrogrado) en la cual el Comité Central del Partido Bolchevique tomó la fatídica decisión de tomar el poder por medio de un golpe de Estado violento. Entre las doce personas que tomaron parte de esta decisiva reunión, hubo cuatro rusos (incluyendo a Lenin), un georgiano (Stalin), un polaco (Dzerzhinsky) y seis judíos. {[10]}

Para dirigir la toma del Poder se eligió a un “Buró Político” de siete personas. Estuvo compuesto por dos rusos (Lenin y Bubnov), un georgiano (Stalin) y cuatro judíos (Trotsky, Sokolnikov, Zinoviev, y Kamenev). En el interín, el soviet de Petersburgo (Petrogrado) – cuyo presidente era Trotsky – estableció un “Comité Militar Revolucionario” de 18 miembros para efectuar de hecho la toma del Poder. Incluyó a ocho (o nueve) rusos, un ucraniano, un polaco, un caucasiano y seis judíos. Finalmente, para supervisar la organización del levantamiento, el Comité Central Bolchevique estableció como comando operacional del Partido un “Centro Revolucionario Militar” de cinco personas. Estuvo integrado por un ruso (Bubnov), un georgiano (Stalin), un polaco (Dzerzhinsky) y dos judíos (Sverdlov y Uritsky). {[11]}

Voces contemporáneas de alerta

Lev Borisovich Kamenev

Observadores bien informados, tanto dentro como fuera de Rusia, tomaron nota en su momento del papel crucial de los judíos en el bolcheviquismo. Winston Churchill, por de pronto, advirtió en el número del 8 de Febrero de 1920 del London Illustrated Sunday Herald que el bolcheviquismo es una “conspiración a escala mundial para el derrocamiento de la civilización y por la reconstitución de la sociedad sobre la base de un desarrollo limitado, una malevolencia envidiosa y una igualdad imposible.” {[12]} El eminente líder político e historiador británico continuó esto escribiendo que:

No hay necesidad de exagerar el papel desempeñado por estos judíos internacionales y en su mayoría ateos en la creación del bolcheviquismo y en la ejecución concreta de la Revolución Rusa. Ciertamente este papel es uno muy grande; probablemente supera a todos los demás. Con la notable excepción de Lenin, la mayoría de las figuras dirigentes son judías. Más aún, la inspiración principal y la potencia directriz proviene de dirigentes judíos. Así, Tchitcherin, un ruso puro, es eclipsado por su subordinado nominal Litvinoff, y la influencia de rusos como Bukharin o Lunacharski no puede compararse con el poder de Trotsky or de Zinovieff, del dictador de la Ciudadela Roja (Petrogrado), o de Krassin o Radek – todos judíos. En las instituciones soviéticas la predominancia de judíos es aún más sorprendente. Y la parte destacada, y acaso realmente principal, en el sistema de terror aplicado por la Comisión Extraordinaria para Combatir la Contrarrevolución (la Cheka) ha sido ocupada por judíos e incluso en algunos casos notables por judías (...)

Demás está decir que se han excitado las más intensas pasiones de venganza en el pecho del pueblo ruso.

Grigory Sokolnikov

David R. Francis, embajador de los EE.UU. en Rusia, advirtió a Washington en un despacho de Enero de 1918 : “A los líderes bolcheviques aquí, la mayoría de los cuales son judíos y en un 90% exiliados regresados, les importa poco Rusia o cualquier otro país. Son internacionalistas y están tratando de iniciar una revolución social de alcances mundiales.” {[13]}

Oudendyke, el embajador de los Países Bajos en Rusia, señaló prácticamente lo mismo algunos meses más tarde: “A menos que el bolcheviquismo sea cortado de raíz inmediatamente, tendrá la tendencia a esparcirse de una forma u otra por Europa y por todo el resto del mundo desde el momento en que está organizado y ejecutado por judíos que no tienen nacionalidad y cuyo objetivo es destruir para sus propios fines el orden de cosas existente.” {[14]}

Una importante publicación de la comunidad judía norteamericana declaró en 1920 que “La Revolución Bolchevique fue en su mayor parte el producto del pensamiento judío, el descontento judío y el esfuerzo judío por la reconstrucción.” {[15]}

Como una expresión de su carácter radicalmente anti-nacionalista, el incipiente gobierno soviético emitió, pocos meses después de tomar el poder, un decreto convirtiendo en crimen el antisemitismo en Rusia. De este modo, el nuevo régimen comunista se convirtió en el primero del mundo en castigar severamente todas las expresiones de sentimientos antijudíos. Aparentemente, los funcionarios soviéticos consideraron que dichas medidas resultaban indispensables. {[16]}Basándose sobre minuciosas observaciones realizadas durante una larga estadía en Rusia, el catedrático norteamericano Frank Golder informó en 1925 que “debido a que tantos de los líderes soviéticos son judíos, el antisemitismo está creciendo (en Rusia), particularmente en el ejército (y) entre la antigua y la nueva intelligentsia cuyos puestos están siendo invadidos por los hijos de Israel.” {[17]}

La visión de los historiadores

Resumiendo la situación, el historiador israelí Louis Rapoport escribe:

Inmediatamente después de la revolución (bolchevique), muchos judíos estaban eufóricos por su alta representación en el nuevo gobierno. El primer Politburo de Lenin estuvo dominado por hombres de origen judío.

Bajo Lenin, los judíos se involucraron en todos los aspectos de la revolución, incluyendo sus trabajos más sucios. A pesar de las promesas de los comunistas de erradicar el antisemitismo, éste se difundió rápidamente después de la revolución – en parte a causa del predominio de tantos judíos en la administración soviética, y también por las traumáticas e inhumanas medidas soviéticas que siguieron. El historiador Salo Baron ha señalado que un número inmensamente desproporcionado de judíos se alistó en la nueva policía secreta bolchevique, la Cheka, y muchos de los que cayeron en desgracia ante la Cheka fueron fusilados por investigadores judíos.

El liderazgo colectivo que surgió durante los días en que Lenin se moría estuvo encabezado por el judío Zinoviev, un Adonis locuaz de espíritu malvado y cabello ensortijado, cuya vanidad no conocía límites. {[18]}

“Cualquiera que tuviese la mala suerte de caer en las manos de la Cheka” – escribió el historiador judío Leonard Shapiro – “tenía grandes posibilidades de verse confrontado con, y posiblemente ser fusilado por, un investigador judío.” {[19]} En Ucrania “los judíos constituían cerca del 80% de los agentes regulares de la Cheka”, informa W. Bruce Lincoln, un profesor norteamericano de Historia rusa. (Comenzando como Cheka, o Vecheka, la policía secreta soviética fue luego conocida como GPU, OGPU, NKVD, MVD y KGB). {[20]}

Yakov M. Yuroksky

A la luz de todo esto, no debería sorprender que Yakov M. Yuroksky, el líder del pelotón bolchevique que cometió el asesinato del zar y de su familia, haya sido judío, como lo era Sverdlov, el jefe de Estado soviético que firmó la órden de ejecución conjuntamente con Lenin. {[21]}

Igor Shafarevich, un matemático ruso de renombre mundial, ha criticado duramente el papel de los judíos en derrocar a la monarquía de los Romanov y en establecer el gobierno comunista en su país.  Shafarevich fue uno de los principales disidentes durante las últimas décadas del régimen soviético. Un destacado activista de los derechos humanos, fue miembro fundador del Comité de Defensa de los Derechos Humanos en la URSS.

En “Russophobia”, un libro escrito diez años antes del colapso del régimen comunista, Shafarevich señaló que los judíos eran “sorprendentemente” numerosos entre el personal de la policía secreta bolchevique. La característica condición judía de los verdugos bolcheviques, continúa Shafarevich, es particularmente conspicua en la ejecución de Nicolás II:

La acción ritual simbolizó el fin de siglos de Historia rusa, de tal modo que es comparable solamente a la ejecución de Carlos I en Inglaterra o de Luis XVI en Francia. Podría pensarse que representantes de una insignificante minoría étnica se mantendrían apartados, y a la mayor distancia posible, de esta lamentable acción que reverberaría por toda la Historia. Sin embargo ¿ con qué nombres nos encontramos? La ejecución fue personalmente supervisada por Yakov Yurovsky quien disparó contra el zar; el presidente del soviet local fue Beloborodov (Vaisbart); la persona responsable por la administración general en Ekaterimburgo era Shaya Goloshchekin. Para completar el cuadro, sobre la pared de la habitación en dónde la ejecución tuvo lugar había un dístico  (escrito en alemán) de una poesía de Heine acerca del Rey Baltasar quien ofendió a Jehová y fue muerto por la ofensa. {[22]}

El veterano periodista británico Robert Wilton expresa una evaluación similarmente severa en su libro de 1920:

Toda la historia del bolcheviquismo en Rusia está indeleblemente impregnada con el sello de una invasión extranjera. El asesino del zar, deliberadamente planeado por el judío Sverdlov (que llegó a Rusia como agente pagado por Alemania) y ejecutado por los judíos Goloshchekin, Syromolotov, Safarov, Voikov y Yurovsky, no es una acción cometida por el pueblo ruso sino por estos invasores hostiles. {[23]}

En la lucha que siguió a la muerte de Lenin en 1924, Stalin emergió victorioso sobre sus rivales y, con el tiempo, consiguió matar a casi todos los principales líderes de la primera hora – incluyendo a Trotsky, , Zinoviev, Radek y Kamenev. Con el paso del tiempo, y particularmente después de 1928, el papel de los judíos en la conducción superior del Estado soviético y su Partido Comunista disminuyó en forma marcada.

Ejecutado sin juicio previo

Por unos pocos meses después de la toma del Poder, los líderes bolcheviques consideraron la posibilidad de poner a “Nicolás Romanov” ante un “Tribunal Revolucionario” que publicitaría sus “crímenes contra el pueblo” antes de que se lo condenara a muerte. Dos monarcas europeos habían ya perdido la vida como consecuencia de alzamientos revolucionarios: Carlos I de Inglaterra fue decapitado en 1649 y Luis XVI de Francia guillotinado en 1793.

En ambos casos, el rey fue ejecutado después de un largo juicio público durante el cual tuvo la posibilidad de presentar argumentos en su defensa. Sin embargo, Nicolás II no fue acusado ni juzgado. Fue ejecutado en secreto – junto con su familia y quienes lo rodeaban – en medio de la noche, en un acto que se parece más a una masacre del hampa que a una ejecución formal.

¿Por qué Lenin y Sverdlov abandonaron los planes de escenificar un aparente juicio del ex- zar? En la opinión de Wilton, Nicolás y su familia fueron asesinados porque los dirigentes bolcheviques sabían muy bien que no contaban con un apoyo popular genuino y tenían todas las razones para temer que el pueblo ruso jamás aprobaría la ejecución del zar, más allá de los pretextos y de las formalidades juridicistas.

Por su parte, Trotsky defendió la masacre como una medida útil y hasta necesaria. Escribió que:

La decisión (de matar a la familia imperial) no sólo fue conveniente sino necesaria. La severidad de este castigo le demostró a todos que continuaríamos luchando sin misericordia, no deteniéndonos ante nada. La ejecución de la familia del zar fue necesaria no sólo para aterrar, horrorizar e infundir en el enemigo una sensación de desesperanza, sino también para sacudir nuestras propias filas, para mostrar que no habría marcha atrás, para hacer ver que en el futuro sólo habría una victoria total o una derrota total. Lenin percibió esto muy bien. {[24]}

El contexto histórico

En los años anteriores a la revolución de 1917, los judíos estuvieron desproporcionadamente representados en todos los partidos de la izquierda rusa. {[25]} El odio judío al régimen zarista tenía su base en condiciones objetivas. De todas las principales potencias de ese momento, la Rusia imperial era la más institucionalmente conservadora y antijudía. Por ejemplo, a los judíos normalmente no se les permitía residir fuera de una gran área en el Oeste del imperio conocida como la “Región de Residencia”. {[26]}

Por más comprensible y quizás hasta justificable que haya sido la hostilidad judía hacia el régimen imperial, la notoria participación judía en el mucho más despótico régimen soviético es menos fácil de justificar. En un recientemente publicado libro sobre los judíos en Rusia durante el Siglo XX, la escritora rusa de origen judío Sonya Margolina llega hasta el extremo de calificar al papel desempeñado por los judíos en la Revolución Bolchevique como “el pecado histórico de los judíos.” La autora señala, por ejemplo, el destacado papel de los judíos como comandantes del Gulag soviético de campos de concentración y trabajos forzados y la participación de comunistas judíos en la sistemática destrucción de las iglesias rusas. Y agrega: “Los judíos de todo el mundo apoyaron el poder soviético y permanecieron en silencio ante cualquier crítica de la oposición”. A la luz de estos antecedentes, Margolina hace una predicción pesimista:

La exageradamente entusiasta participación de judíos bolcheviques en el sojuzgamiento y la destrucción de Rusia es un pecado que será vengado. El poder soviético será equiparado con poder judío y el odio furioso contra los bolcheviques se convertirá en odio hacia los judíos. {[27]}

Si el pasado sirve de indicio, es improbable que muchos rusos busquen la venganza que profetiza Margolina. De todos modos, el culpar a “los judíos” por los horrores del comunismo no sería más justificable que culpar a “los blancos” por la esclavitud de los negros o a “los alemanes” por la Segunda Guerra Mundial o el holocausto.

Palabras proféticas

Nicolás y su familia son tan sólo las más conocidas de las innumerables víctimas de un régimen que proclamó abiertamente su implacable propósito. Escasas semanas después de la masacre de Ekaterimburgo, el diario del incipiente Ejército Rojo declaraba:

Sin misericordia, sin perdón, mataremos a nuestros enemigos de a centenares, y aunque sean miles; los dejaremos ahogarse en su propia sangre. Que por la sangre de Lenin y Uritskii haya ríos de sangre de la burguesía – más sangre, tanta como sea posible. {[28]}

Grigori Zinoviev, hablando en una reunión comunista de Septiembre de 1918 pronunció efectivamente la condena de muerte de diez millones de seres humanos: “Debemos llevar con nosotros a 90 millones de los 100 millones de habitantes de la Rusia soviética. En cuanto al resto, no tenemos nada que decir. Tendrán que ser aniquilados.” {[29]}

“Los Veinte Millones”

Resultó ser que la cifra soviética en materia de vidas humanas y de sufrimientos terminó siendo mucho más alta de lo que anunció la retórica asesina de Zinoviev. Rara vez, si es que hubo alguna, un régimen ha segado la vida de tantos de su propia gente. {[30]}

Citando a documentos recientemente disponibles de la KGB, el historiador Dimitri Volkogonov, titular de una comisión parlamentaria rusa especial, concluyó hace poco que “desde 1929 hasta 1952 se reprimió a 21.5 millones de ciudadanos (soviéticos). De los mismos, un tercio fue fusilado y el resto condenado a prisión donde muchos también murieron.” {[31]}

Olga Shatunovskaya, miembro de la Comisión Soviética de Control Partidario, y titular de una comisión durante los años 1960 designada por el premier Khrushchev, concluyó de manera similar: “Entre el 1° de Enero de 1935 hasta el 22 de Junio de 1941, se arrestó a 19.840.000 enemigos del pueblo. De los mismos, siete millones fueron fusilados en prisión y la mayoría de los demás murieron en los campos”. Estas cifras también fueron halladas en los documentos de Anastas Mikoyan, miembro del Politburo. {[32]}

Robert Conquest, el destacado especialista en Historia soviética, recientemente resumió el sombrío registro de la “represión” soviética de sus propios ciudadanos:

Resulta difícil soslayar la conclusión que la tasa de muertes posterior a 1934 estuvo muy por encima de los diez millones. A esto caben agregar las víctimas de la hambruna de 1930-1933, las deportaciones de los kulaks y otras campañas anti-campesinas que suman otros diez millones más. El total está, pues, en el orden de lo que los rusos ahora llaman “Los Veinte Millones”. {[33]}

Algunos pocos académicos han hecho estimaciones significativamente superiores. {[34]}

La era zarista en retrospectiva

Con el dramático colapso de la Unión Soviética, muchos rusos están adoptando una nueva y más respetuosa visión de su Historia anterior al comunismo, incluyendo la era del último emperador de los Romanov. Mientras que los soviéticos – al igual que muchos en Occidente – describieron estereotipadamente esta época como poco menos que una era de despotismo arbitrario, cruel represión y pobreza masiva, la realidad demuestra ser bastante diferente. Si bien es cierto que el poder del zar era absoluto, que sólo una pequeña minoría tenía voz política significativa, y que la masa de los ciudadanos del imperio era campesina, también es digno de señalar que los rusos durante el reinado de Nicolás II tuvieron libertad de prensa, de religión, de reunión y de asociación, protección a la propiedad privada y sindicatos laborales libres. Enemigos declarados del régimen, como Lenin, fueron tratados con notoria indulgencia {[35]}.

Durante las décadas anteriores a la Primera Guerra Mundial, la economía rusa se hallaba floreciendo. De hecho, entre 1890 y 1913 fue la economía más rápidamente creciente del mundo. Se construyeron líneas ferroviarias al doble de la tasa anual de la alcanzada durante la era soviética. Entre 1900 y 1913 la producción de hierro se incrementó en un 58% mientras que la producción de carbón llegó a más del doble. Granos rusos exportados alimentaron a toda Europa. Y por último, las últimas décadas de la Rusia zarista fueron testigo de una floreciente vida cultural.

Todo eso cambió con la Primera Guerra Mundial, una catástrofe que no sólo afectó a Rusia sino a todo Occidente.

Sentimiento monárquico

A pesar de (o quizás debido a) la incesante campaña oficial de toda la era soviética para erradicar toda memoria favorable a los Romanov y a la Rusia imperial, en años recientes la Rusia actual se ha visto inundada de un culto virtual y de una veneración popular a Nicolás II.

Las gente ha estado pagando con entusiasmo el equivalente a la remuneración por varias horas de trabajo para comprar retratos de Nicolás de vendedores callejeros apostados en Moscú, San Petersburgo y otras ciudades rusas. El retrato de Nicolás cuelga ahora en la pared de innumerables hogares rusos. Hacia fines de 1990 la totalidad de las 200.000 copias de la primera edición de un panfleto de 30 páginas sobre los Romanov se agotó rápidamente. Un vendedor callejero comentó: “Yo, personalmente, vendí cuatro mil copias en un santiamén. Es como una explosión nuclear. La gente realmente quiere saber acerca de su zar y su familia.” Organizaciones de base pro-zaristas y monárquicas han surgido en muchas ciudades. {[36]}

Una encuesta realizada en 1990 mostró que tres de cuatro ciudadanos rusos consideran que la muerte del zar y de su familia fue un crimen infame. Muchos fieles rusos ortodoxos consideran a Nicolás como un mártir. La “Iglesia Ortodoxa en el Extranjero” independiente canonizó a la familia imperial en 1981 y la Iglesia Ortodoxa Rusa con sede en Moscú ha estado bajo presión popular para dar el mismo paso, a pesar de su larga resistencia a tocar este tabú oficial. El arzobispo ortodoxo de Ekaterimburgo anunció en 1990 planes para construir una gran iglesia en el sitio de las muertes. “La gente amaba al Emperador Nicolás” – declaró el arzobispo – “Su memoria vive en el pueblo, no como un santo sino como alguien ejecutado sin un veredicto judicial, injustamente; como una víctima de su fe y de la ortodoxia.”

En el 75° aniversario de la masacre (en Julio de 1993) los rusos rememoraron la vida, la muerte y el legado de su último Emperador. En Ekaterimburgo, donde una gran cruz blanca adornada de flores marca ahora el sitio en el que la familia fue asesinada, los fieles lloraron mientras se cantaban himnos y se rezaba por las víctimas. {[37]}

Ekaterimburgo en la actualidad. Iglesia sónde se conmemora la masacre de la familia imperial.

Reflejando tanto el sentimiento popular como las nuevas realidades sociopolíticas, en 1991 se adoptó oficialmente la bandera blanca, azul y roja de la Rusia zarista reemplazando a la bandera roja soviética. Y en 1993, se restauró al águila imperial de dos cabezas como emblema oficial de la nación, en reemplazo de la hoz y el martillo soviéticos. Ciudades que habían sido rebautizadas en honor a figuras comunistas – tales como Leningrado, Kuibyshev, Frunze, Kalinin, y Gorky – recuperaron sus nombres de la era zarista. A Ekaterimburgo, que los soviéticos habían rebautizado como Sverdlovsk en 1924 en honor al Jefe de Estado judeosoviético, en Septiembre de 1991 se le restauró su nombre pre-comunista que honra a la Emperadora Catalina I.

Significado simbólico

En vista de los millones que morirían a manos de los gobernantes soviéticos en los años siguientes, el asesinato de la familia Romanov puede parecer como carente de una importancia extraordinaria. Y, sin embargo, el hecho posee un profundo significado simbólico. En las acertadas palabras del historiador de la Universidad de Harvard, Richard Pipes:

La forma en que se preparó y se ejecutó la masacre, negada al principio y justificada después, tiene algo de particularmente repugnante; algo que la distingue radicalmente de los regicidios anteriores y que la marca como un preludio a los asesinatos masivos del Siglo XX. {[38]}

Otro historiador, Ivor Benson, caracterizó al asesinato de la familia Romanov como un símbolo del trágico destino de Rusia y, en realidad, de todo el Occidente en un siglo de agonías y conflictos sin precedentes.

El asesinato del zar y de su familia es tanto más deplorable porque Nicolás II, cualesquiera que hayan sido sus fallas como monarca, fue, en todo sentido y personalmente, un hombre decente, generoso, humano y honorable.

El lugar de la masacre en la Historia

La carnicería masiva y el caos de la Primera Guerra Mundial y los alzamientos revolucionarios que barrieron Europa en 1917-1918 pusieron fin no sólo a la antigua dinsatía de los Romanov en Rusia sino a todo un orden social continental. La dinastía de los Hohenzollern en Alemania fue barrida también junto con su estable monarquía constitucional, y lo mismo sucedió con la vieja dinastía de los Habsburgos en Austria-Hungría, con su Imperio multinacional en el centro de Europa. Los principales Estados de Europa no sólo compartían los mismos fundamentos cristianos y occidentales sino que la mayoría de los monarcas que reinaba en el continente se hallaban emparentados por lazos de sangre. El rey George de Inglaterra era, por parte de madre, primo en primer grado del zar Nicolás y, por parte de padre, primo en primer grado de la Emperatriz Alexandra. El Kaiser Guillermo de Alemania era primo de Alexandra, que había nacido en Alemania, y primo lejano de Nicolás.

Más que en el caso de las monarquías de Europa Occidental, el zar de rusia simbolizaba personalmente a su país y a su nación. Por ello, el asesinato del último emperador de una dinastía que había gobernado a Rusia por tres siglos no sólo presagió simbólicamente la masacre masiva comunista que costaría tantas vidas rusas en las décadas posteriores sino que fue un símbolo del esfuerzo comunista por matar el alma y el espíritu de Rusia misma.

 

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NOTAS COMPLEMENTARIAS

 

Un aspecto que llama la atención en el estudio que Wilton hace del tumultuoso período de los años 1917-1919 en Rusia, es su tratamiento franco del papel judío críticamente importante en el establecimiento del régimen bolchevique.

Las siguientes listas de personas del Partido Bolchevique y la administración soviética durante este período, que Wilton compiló sobre la base de informes oficiales y documentos originales, subrayan el crucial papel judío en estas instituciones. Las listas aparecieron por primera vez en la edición francesa del libro de Wilton, publicada en París, en 1921 bajo el título de Les Derniers Jours des Romanoffs (Los Últimos Días de los Romanov). No figuran en las ediciones norteamericana y británica de The Last Days of the Romanovs publicada en 1920.

“He hecho todo lo que ha estado en mi poder para ser un cronista imparcial” – escribió Wilton en el prefacio de la edición francesa. “A fin de mantenerme abierto a cualquier acusación de prejuicio, estoy dando aquí la lista de los miembros del Comité Central (del Partido Bolchevique), de la Comisión Extraordinaria (la Cheka o policía secreta), y del Consejo de Comisarios que funcionó por la época del asesinato de la familia imperial.

“Los 62 miembros del Comité (Central) estaban compuestos por cinco rusos, un Ucraniano, seis letones, dos alemanes, un checo, dos armenios, un karaim (una secta judía) y 14 judíos.

“La Comisión Extraordinaria (Cheka o Vecheka) de Moscú estaba compuesta por 36 miembros que incluían a un alemán, un polaco, un armenio, dos rusos, ocho letones y 23 judíos.

“El Consejo del los Comisarios del Pueblo (el gobierno soviético) contaba con dos armenios, tres rusos y 17 judíos.

“De acuerdo con los datos suministrados por la prensa soviética, de 556 funcionarios importantes del Estado bolchevique, incluyendo a los arriba mencionados, en 1918-1919 había: 17 rusos, 2 Ucranianos, 11 armenios, 35 lituanos, 15 alemanes, 1 húngaro, 10 georgianos, 3 polacos, 3 finlandeses, 1 checo, 1 karaim y 457 judíos.

“Si el lector está asombrado de encontrar la mano judía en todas partes en el asesinato de la familia imperial rusa, deberá tener en mente la formidable preponderancia numérica de los judíos en la administración soviética.” – escribió Wilton.

El poder gubernamental efectivo – continúa Wilton (en las páginas 136 a 138 de la misma edición) – está en el Comité Central del Partido Bolchevique. En 1918, según Wilton, este cuerpo tenía 12 miembros de los cuales nueve eran de origen judío y tres de antepasados rusos. Los nueve judíos eran: Bronstein (Trotsky), Apfelbaum (Zinoviev), Lurie (Larine), Uritsky, Volodarski, Rosenfeld (Kamenev), Smidovich, Sverdlov (Yankel), y akhamkes (Steklov). Los tres rusos eran: Ulyanov (Lenin), Krylenko, y Lunacharsky.

“Los demás partidos socialistas rusos tienen una composición similar.” – continúa Wilton – “Sus Comités Centrales se hallan compuestos como sigue:”

Mencheviques (Socialdemócratas): 11 miembros todos los cuales son judíos.

Comunistas Populares: 6 miembros de los cuales 5 son judíos y 1 es ruso.

Socialrevolucionarios (ala derecha): 12 miembros, de los cuales 10 son judíos y 2 son rusos.

Comité de los Anarquistas de Moscú: 5 miembros de los cuales 4 son judíos y 1 es ruso

Partido Comunista Polaco: 12 miembros, todos los cuales son judíos, incluyendo a Sobelson (Radek), Krokhenal (Zagonski), y Schwartz (Goltz).

“Estos partidos” – comenta Wilton – “aparentemente en oposición a los soviéticos, le hacen el juego más o menos abiertamente a los bolcheviques impidiendo que los Rusos se reunifiquen. De 61 individuos que se encuentran a la cabeza de estos partidos, hay 6 rusos y 55 judíos. No importa el nombre que se adopte; un gobierno revolucionario será judío.”

Si bien los bolcheviques permitieron a estos grupos izquierdistas operar por un tiempo, bajo atenta supervisión y dentro de estrechos límites, hasta estos pobres retazos de oposición organizada quedaron completamente eliminados hacia fines de 1921.

El gobierno soviético, o “Consejo de Comisarios del Pueblo” (también conocido como “Sovnarkom”) estaba constituido de la siguiente manera según Wilton.

 

Comisariado del Pueblo (Ministros)

Nombre

Nacionalidad

Presidente

V.I. Ulyanov (Lenin)

Ruso

Asuntos Exteriores

G.V. Chicherin

Ruso

Nacionalidades

J. Dzhugashvili [Stalin]

Georgiano

Agricultura

Protian

Armenio

Consejo Económico

Lourie (Larin)

Judío

Abastecimiento alimentario

A.G. Schlikhter

Judío

Ejército y Armada

L.D. Bronstein (Trotski)

Judío

Control de Estado

K.I. Lander

Judío

Tierras Públicas

Kaufmann

Judío

Trabajo

V. Schmidt

Judío

Ayuda Social

E. Lilina (Knigissen)

Judío

Educación

A. Lunacharsky

Ruso

Religión

Spitzberg

Judío

Interior

Apfelbaum [Radomyslski] (Zinoviev)

Judío

Higiene

Anvelt

Judío

Finanzas

I. E. Gukovs [and G. Sokolnikov]

Judío

Prensa

Voldarski [Goldstein]

Judío

Elecciones

M.S. Uritsky

Judío

Justicia

I.Z. Shteinberg

Judío

Refugiados

Fenigstein

Judío

Refugiados

Savitch (Asistente)

Judío

Refugiados

Zaslovski (Asistente)

Judío

 

Según el resumen de Wilton, de estos 22 miembros del “Sovnarkom”, 3 eran rusos, 1 era gerogiano y 17 eran judíos.

El Comité Ejecutivo Central, continúa Wilton, estuvo compuesto por los siguientes miembros:

Y. M. Sverdlov [Solomon] (Presidente)

Judío

Avanesov (Secretario)

Armenio

Bruno

Letón

Breslau

Letón [?]

Babtchinski

Judío

N. I. Bukharin

Ruso

Weinberg

Judío

Gailiss

Judío

Ganzberg [Ganzburg ]

Judío

Danichevski

Judío

Starck

Alemán

Sachs

Judío

Scheinmann

Judío

Erdling

Judío

Landauer

Judío

Linder

Judío

Wolach

Checo

S. Dimanshtein

Judío

Encukidze

Georgiano

Ermann

Judío

A. A. Ioffe

Judío

Karkhline

Judío

Knigissen

Judío

Rosenfeld (Kamenev)

Judío

Apfelbaum (Zinoviev)

Judío

N. Krylenko

Ruso

Krassikov

Judío

Kaprik

Judío

Kaoul

Letón

Ulyanov (Lenin)

Ruso

Latsis

Judío

Lander

Judío

Lunacharsky

Ruso

Peterson

Letón

Peters

Letón

Roudzoutas

Judío

Rosine

Judío

Smidovitch

Judío

Stoutchka

Letón

Nakhamkes (Steklov)

Judío

Sosnovski

Judío

Skrytnik

Judío

L. Bronstein (Trotsky)

Judío

Teodorovitch

Judío [?]

Terian

Armenio

Uritsky

Judío

Telechkine

Ruso

Feldmann

Judío

Fromkin

Judío

Souriupa

Ucraniano

Tchavtchevadze

Georgiano

Scheikmann

Judío

Rosental

Judío

Achkinazi

Imeretio [?]

Karakhane

Karaim [Karaite]

Rose

Judío

Sobelson (Radek)

Judío

Schlichter

Judío

Schikolini

Judío

Chklianski

Judío

Levine-(Pravdine)

Judío

 

De este modo, concluye Wilton, de los 61 miembros, 5 eran rusos, 6 eran letones, 1 era alemán, 2 eran armenios; había un checo, un imeretio, 2 georgianos, 1 karaim, 1 ucraniano y 41 judíos.

La Comisión Extraordinaria de Moscú (Cheka), la policía secreta soviética y precursora de la GPU, la NKVD y la KGB estaba compuesta como sigue:

 

F. Dzerzhinsky (Presidente)

Polaco

Y. Peters (Vice Presidente)

Letón

Chklovski

Judío

Kheifiss

Judío

Zeistine

Judío

Razmirovitch

Judío

Kronberg

Judío

Khaikina

Judío

Karlson

Letón

Schaumann

Letón

Leontovitch

Judío

Jacob Goldine

Judío

Galperstein

Judío

Kniggisen

Judío

Katzis

Letón

Schillenkuss

Judío

Janson

Letón

Rivkine

Judío

Antonof

Ruso

Delafabre

Judío

Tsitkine

Judío

Roskirovitch

Judío

G. Sverdlov (Hermano del presidente del Comité Ejecutivo Central)

Judío

Biesenski

Judío

J. Blumkin (el asesino del conde Mirbach)

Judío

Alexandrovitch (cómplice de Blumkin)

Ruso

I. Model

Judío

Routenberg

Judío

Pines

Judío

Sachs

Judío

Daybol

Letón

Saissoune

Armenio

Deylkenen

Letón

Liebert

Judío

Vogel

Alemán

Zakiss

Letón

 

Entre estos 36 oficiales de la Cheka había, 1 polaco, 1 alemán, 1 armenio, 2 rusos, 8 letones y 23 judíos.

“De acuerdo con esto” – resume Wilton – “no hay motivos para sorprenderse del preponderante papel de judíos en el asesinato de la familia imperial. Lo sorprendente hubiera sido más bien lo contrario”.

 



Notas

[1] )- Ver http://www.ihr.org/jhr/v14/v14n1p-4_Weber.html (consultado el 20/Mayo/2007).

[2] )- Edvard Radzinksy, The Last Tsar (New York: Doubleday, 1992), pp. 327, 344-346.; Bill Keller, "Cult of the Last Czar," The New York Times, Nov. 21, 1990.

[3] )- De una entrada de 1935 en "Trotsky's Diary in Exile." (Diario de Trotsky en el Exilio) . Citado en: Richard Pipes, The Russian Revolution (New York: Knopf, 1990), pp. 770, 787.; Robert K. Massie, Nicholas and Alexandra (New York: 1976), pp. 496-497.; E. Radzinksy, The Last Tsar (New York: Doubleday, 1992), pp. 325-326.; Ronald W. Clark, Lenin (New York: 1988), pp. 349-350.

[4] )- Sobre Wilton y su carrera en Rusia, véase: Phillip Knightley, The First Casualty (Harcourt Brace Jovanovich, 1976), pp. 141-142, 144-146, 151-152, 159, 162, 169, y, Anthony Summers & Tom Mangold, The File on the Tsar (New York: Harper and Row, 1976), pp. 102-104, 176.

[5] )- Cable de la AP desde Moscú, Toronto Star, 26 de Sept. de 1991, p. A2..  De manera similar, una encuesta de 1992 halló que un 25% de la población de la República de Belarus (Rusia Blanca) y Uzbekistan favorecían la deportación de todos los judíos a una región judía especial en Siberia. Véase "Survey Finds Anti-Semitism on Rise in Ex-Soviet Lands" Los Angeles Times, 12 de Junio de 1992, p. A4.

[6] )- A principios del Siglo XX los judíos representaban el 4.2% de la población del Imperio Ruso. Richard Pipes, The Russian Revolution (New York: 1990), p. 55 (fn.). Por comparación, en los EE.UU. de la actualidad, los judíos representan menos del 3% del total de la población (de acuerdo con las estimaciones más confiables).

[7] )- Véanse artículos individuales en: H. Shukman, ed., The Blackwell Encyclopedia of the Russian Revolution (Oxford: 1988), y en: G. Wigoder, ed., Dictionary of Jewish Biography (New York: Simon and Schuster, 1991). El prominente papel judío en el mundo ruso clandestino anterior a 1914 y a principios del régimen soviético está similarmente confirmado en: Stanley Rothman & S. Robert Lichter, Roots of Radicalism (New York: Oxford, 1982), pp. 92-94. En 1918, el Comité Central del Partido Bolchevique tenía 15 miembros. El académico alemán Herman Fehst – citando publicaciones soviéticas – informó en su útil estudio de 1934 que seis de estos 15 eran judíos. Herman Fehst, Bolschewismus und Judentum: Das jüdische Element in der Führerschaft des Bolschewismus (Berlin: 1934), pp. 68-72.; Robert Wilton, sin embargo, informa que en 1918 el Comité Central del Partido Bolchevique tenía 12 miembros, de los cuales 9 eran de origen judío y 3 de antepasados rusos. R. Wilton, The Last Days of the Romanovs (IHR, 1993), p. 185

[8] )- Después de años de supresión oficial, este hecho ha sido admitido en 1991 en el semanario moscovita Ogonyok. Véase: Jewish Chronicle (Londres), 16 de Julio de 1991.  Véase también: Carta de L. Horwitz en The New York Times, 5 de Agosto de 1992, que cita información procedente de la publicación rusa "Native Land Archives."; "Lenin's Lineage?" 'Jewish,' Claims Moscow News," Forward (New York City), 28 Febrero de 1992, pp. 1, 3.; M. Checinski, Jerusalem Post (weekly international edition), 26 de Enero de 1991, p. 9.

[9] )- Richard Pipes, The Russian Revolution (New York: Knopf, 1990), p. 352.

[10] )- Harrison E. Salisbury, Black Night, White Snow: Russia's Revolutions, 1905-1917 (Doubleday, 1978), p. 475.; William H. Chamberlin, The Russian Revolution (Princeton Univ. Press, 1987), vol. 1, pp. 291-292.; Herman Fehst, Bolschewismus und Judentum: Das jüdische Element in der Führerschaft des Bolschewismus (Berlin: 1934), pp. 42-43.; P. N. Pospelov, ed., Vladimir Ilyich Lenin: A Biography (Moscow: Progress, 1966), pp. 318-319. Esta reunión tuvo lugar el 10 de Octubre (del antiguo calendario Juliano), y el 23 de Octubre (nuevo calendario). Los seis judíos que participaron fueron: Uritsky, Trotsky, Kamenev, Zinoviev, Sverdlov y Soklonikov. Los bolcheviques tomaron el poder en Petersburgo el 25 de October (calenadrio antiguo) – de allí la referencia a la "Gloriosa Revolución de Octubre " – que ocurrió el 7 de Noviembre (calendario nuevo).

[11] )- Véase: William H. Chamberlin, The Russian Revolution (1987), vol. 1, p. 292.; H. E. Salisbury, Black Night, White Snow: Russia's Revolutions, 1905-1917 (1978), p. 475. W. H. Chamberlin, The Russian Revolution, vol. 1, pp. 274, 299, 302, 306.; Alan Moorehead, The Russian Revolution (New York: 1965), pp. 235, 238, 242, 243, 245.; H. Fehst, Bolschewismus und Judentum (Berlin: 1934), pp. 44, 45. H. E. Salisbury, Black Night, White Snow: Russia's Revolutions, 1905-1917 (1978), p. 479-480.; Dmitri Volkogonov, Stalin: Triumph and Tragedy (New York: Grove Weidenfeld, 1991), pp. 27-28, 32.; P. N. Pospelov, ed., Vladimir Ilyich Lenin: A Biography (Moscow: Progress, 1966), pp. 319-320.

[12] )- "Zionism versus Bolshevism: A struggle for the soul of the Jewish people", Illustrated Sunday Herald (Londres), 8 de Febrero de  1920. Reproducción facsimilar en: William Grimstad, The Six Million Reconsidered (1979), p. 124. (Por la época en que el artículo fue publicado, Churchill era ministro de guerra y del aire).

[13] )- David R. Francis, Russia from the American Embassy (New York: 1921), p. 214.

[14] )- Foreign Relations of the United States -- 1918 -- Russia, Vol. 1 (Washington, DC: 1931), pp. 678-679

[15] )- American Hebrew (New York), Sept. 1920. Citado en: Nathan Glazer & Daniel Patrick Moynihan, Beyond the Melting Pot (Cambridge, Mass.: 1963), p. 268.

[16] )- C. Jacobson, "Jews in the USSR" en: American Review on the Soviet Union, Agosto 1945, p. 52.; Avtandil Rukhadze, Jews in the USSR: Figures, Facts, Comentario (Mosú: Novosti, 1978), pp. 10-11

[17] )- T. Emmons and B. M. Patenaude, eds., War, Revolution and Peace in Russia: The Passages of Frank Golder, 1913-1927 (Stanford: Hoover Institution, 1992), pp. 320, 139, 317.

[18] )- Louis Rapoport, Stalin's War Against the Jews (New York: Free Press, 1990), pp. 30, 31, 37. Véase también pp. 43, 44, 45, 49, 50.

[19] )- Citado en: Salo Baron, The Russian Jews Under Tsars and Soviets (New York: 1976), pp. 170, 392 (n. 4).

[20] )- The Atlantic, Septiembre de 1991, p. 14.; En 1919, tres cuartas partes del personal de la Cheka de Kiev eran judíos que se cuidaban de amparar a otros judíos. La Cheka tenía órdenes de tomar pocos prisioneros judíos. R. Pipes, The Russian Revolution (1990), p. 824.; El historiador israelí Louis Rapoport también confirma el papel predominante desempeñado por los judíos en la policía secreta soviética a lo largo de las décadas de los años 1920 y 1930. L. Rapoport, Stalin's War Against the Jews (New York: 1990), pp. 30-31, 43-45, 49-50.

[21] )- E. Radzinsky, The Last Tsar (1992), pp. 244, 303-304.; Bill Keller, "Cult of the Last Czar," The New York Times, Nov. 21, 1990.; Véase también: W. H. Chamberlin, The Russian Revolution, vol. 2, p. 90.

[22] )- Citado en: The New Republic, 5 de Febrero de 1990, pp. 30 I sigs. A causa del presunto antisemitismo de Russophobia, en Julio de 1992 la Academia Nacional de Ciencias (de Washington DC) lo obligó a Shafarevich a renunciar a su membrecía en esa prestigiosa institución.

[23] )- R. Wilton, The Last Days of the Romanovs (1993), p. 148

[24] )- Richard Pipes, The Russian Revolution (1990), p. 787.; Robert K. Massie, Nicholas and Alexandra (New York: 1976), pp. 496-497

[25] )-  Un artículo en uno de los números del año 1907 de la prestigiosa revista norteamericana National Geographic informó soobre la situación revolucionaria que estaba hirviendo en Rusia durante los años previos a la Primera Guerra Mundial: "Casi todos los dirigentes revolucionarios pertenecen a la raza judía y la agencia revolucionaria más efectiva es el Bund Judío". W. E. Curtis, "The Revolution in Russia," The National Geographic Magazine, Mayo de 1907, pp. 313-314. Piotr Stolypin, probablemente el estadista más grande de la Rusia imperial fue asesinado en 1911 por un activista judío. En 1907, los judíos representaban algo así como el 10% del total de miembros del Partido Bolchevique. Entre los mencheviques, otra fracción del Partido Ruso Socialdemócrata, la proporción de judíos era el doble de alta. R. Pipes, The Russian Revolution (1990), p. 365.; Véase también: R. Wilton, The Last Days of the Romanovs (1993), pp. 185-186.

[26] )- Martin Gilbert, Atlas of Jewish History (1977), pp. 71, 74.; A pesar de la restrictiva política de mantener a los judíos dentro de una “Región”, en 1897 cerca de 315,000 judíos vivían, la mayoría de ellos ilegalmente, fuera de esa “Región” asignada;. In 1900 más de 20,000 vivían en San Petersburgo y otros 9.000 en Moscú.

[27] )- Sonja Margolina, Das Ende der Lügen: Russland und die Juden im 20. Jahrhundert (Berlin: 1992). Citado en: "Ein ganz heisses Eisen angefasst" Deutsche National-Zeitung (Munich), 21 de Julio de 1992, p. 12.

[28] )- Krasnaia Gazetta ("Gazeta Roja"), 1° de Septiembre de 1918. Citado en: Richard Pipes, The Russian Revolution (1990), pp. 820, 912 (n. 88).

[29] )- Richard Pipes, The Russian Revolution (New York: 1990), p. 820.

[30] )- Contrariamente a lo que han sugerido durante años los historiadores occidentales, el terror soviético y el sistema Gulag de campos de concentración no empezó con Stalin. Para el fin de 1920 la Rusia soviética ya tenía 84 campos de concentración con aproximadamente 50.000 prisioneros. Para Octubre de 1923 el número se había incrementado a 315 campos con 70,000 internados. R. Pipes, The Russian Revolution (1990), p. 836.

[31] )- Citado por el hitoriador Robert Conquest en un artículo del The New York Review of Books, 23 de Septiembre de 1993, p. 27.

[32] )- The New York Review of Books, 23 de Septiembre de 1993, p. 27

[33] )- Artículo de Robert Conquest en The New York Review of Books, 23 de Septiembre de 1993, p. 27.; Tan sólo durante el "Gran Terror" de los años 1937-1938, Conquest calculó que aproximadamente un millón de personas fueron fusiladas por la policía secreta soviética y otras dos millones perecieron en los campos de concentración. R. Conquest, The Great Terror (New York: Oxford, 1990), pp. 485-486.. Conquest estimó, además, que entre 13.5 y 14 millones de personas sucumbieron durante la campaña de colectivización ("dekulakización") y hambruna forzada de 1929-1933. R. Conquest, The Harvest of Sorrow (New York: Oxford, 1986), pp. 301-307.

[34] )- el profesor ruso Igor Bestuzhev-Lada, en un artículo publicado en un número de 1988 del semanario moscovita “Nedelya” ha estimado que tan sólo durante la era de Stalin (1935-1953), unas 50 millones de personas fueron muertas, condenadas a campos de concentración de los cuales nunca regresaron o perdieron sus vidas como consecuencia directa de la brutal campaña de “dekulakización” llevada a cabo contra los campesinos. Ver: "Soviets admit Stalin killed 50 million," The Sunday Times, Londres, 17 de Abril de1988. - R. J. Rummel, profesor de ciencias políticas en la Universidad de Hawaii, ha calculado recientemente que 61.9 millones de personas fueron sistemáticamente exterminadas por el régimen comunista soviético entre 1917 y 1987. R. J. Rummel, Lethal Politics: Soviet Genocide and Mass Murder Since 1917 (Transaction, 1990).

[35] )- Por sus actividades revolucionarias Lenin fue sentenciado en 1897 a tres años de exilio en Siberia. Durante este período de “castigo”, se casó, escribió cerca de 30 obras, hizo uso extensivo de una bien provista biblioteca local, se suscribió a numerosos periódicos extranjeros, mantuvo una voluminosa correspondencia con sus partidarios europeos y gozó de numerosas excursiones de caza y de patinaje sobre el hielo, mientras a todo esto recibía un estipendio del Estado. Véase: Ronald W. Clark, Lenin (New York: 1988), pp. 42-57.; P. N. Pospelov, ed., Vladimir Ilyich Lenin: A Biography (Moscow: Progress, 1966), pp. 55-75.

[36] )- Bill Keller, "Cult of the Last Czar" The New York Times, 21 de Noviembre de 1990.

[37] )- "Nostalgic for Nicholas, Russians Honor Their Last Czar" Los Angeles Times, 18 de July de 1993.; "Ceremony marks Russian czar's death" Orange County Register, 17 de Julio de 1993.

[38] )- R. Pipes, The Russian Revolution (1990), p. 787

La Editorial
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