JOHANNES ROGALLA von BIEBERSTEIN

ANTISEMITISMO
BOLCHEVISMO Y
JUDAÍSMO

Mitos y Realidades

 

Edición Original: 2002
Edición Electrónica: 2011

 

INDICE

Prólogo del Traductor

El Autor

Introducción: Reflexiones acerca de la investigación del mito del "bolchevismo judío"

Cap. 1. El Socialismo como doctrina de salvación y como remedio del antisemitismo

Cap. 2 El socialismo y el comunismo como alternativas al cristianismo

Cap. 3 Los judíos del Este como revolucionarios

Cap. 4 Guerra Mundial y Revolución Mundial

Cap. 5 El Comintern como Partido Bolchevique Mundial

Cap. 6 La “purga de judíos” de Stalin y la imagen del enemigo bolchevique

Cap. 7 El Nuevo Antisemitismo Anticomunista

Cap. 8 El Círculo Diabólico


Otras Obras Recomendadas

Nicolas Werth
Un Estado contra su Pueblo
Alexander Solyenitzin
El Archipiélago Gulag
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Cisnes Salvajes
Alain de Benoist
Comunismo y Nazismo
Norman Finkelstein
La Industria del Holocausto
Bernard Lazare
El Antisemitismo


PRÓLOGO DEL TRADUCTOR  

Richard Pipes, experto en cuestiones rusas de la universidad de Harvard, señaló alguna vez que una de las "consecuencias más desastrosas" de la Revolución Bolchevique fue la "identificación de los judíos con el comunismo". Por otra parte, el tema de la relación de los judíos y el comunismo fue calificada de "explosiva" por el historiador israelí Jacob Talmon ya que contradice la tesis políticamente correcta de la interpretación lineal "victimario-víctima-mito". Esta cuestión tiene, pues, un interés que supera largamente al meramente académico y es probable que, precisamente por ello, se ha convertido en un tema-tabú para los medios masivos de difusión y para los formadores de la opinión pública en general.

Von Bieberstein, a su vez, ataca el problema de frente, manteniéndose estrictamente dentro del ámbito de los hechos comprobados y verificables, fundamentando casi cada afirmación con múltiples referencias a la literatura internacional disponible (la obra contiene cerca de 1.800 citas) con lo que la documentación se vuelve tan rigurosa que, en ocasiones, hasta puede llegar a dificultar la lectura. No obstante, uno de los méritos del libro es justamente la referencia, con citas textuales, de fuentes altamente interesantes, desconocidas o ignoradas por el público en general, la enorme mayoría de las cuales proviene de autores judíos.

Los hechos concretos demuestran que el comunismo revolucionario ha estado marcado esencialmente por "patriarcas judíos", según la expresión de un escritor judío, que desempeñaron un papel relevante no solo en la Revolución de Octubre rusa de 1917. También en las revoluciones de 1919, en Munich y en Budapest, los judíos comunistas tuvieron una actuación y una participación tan destacada que a los anticomunistas les resultó relativamente fácil catalogarlas de "repúblicas judías". Dicho sea de paso: von Bieberstein se refiere a las pasajeras repúblicas que surgieron de estas revueltas como "repúblicas soviéticas"; un término no muy usual en la literatura que se refiere a esta época, pero bastante acertado ya que la revolución rusa no solamente les sirvió de modelo sino que actuó también de instigadora y financiadora. De hecho, Lenin durante largo tiempo sostuvo la tesis que el éxito de la Revolución Bolchevique en Rusia dependía de la posibilidad de exportarla al resto de Europa.

Por otra parte, la conexión entre los judíos, el comunismo y el socialismo no es una difamación fabricada en las usinas propagandísticas antisemitas o anticomunistas. Es un hecho comprobado que varios judíos revolucionarios exaltaron al marxismo como una creación judía. Algunos llegaron hasta a comparar el papel de Carlos Marx con el de Cristo y a referirse a Cristo como "el primer bolchevique". Todo lo cual resulta cuidadosamente omitido por las versiones oficiales y por los autores generalmente conocidos como, por ejemplo, el politólogo Daniel Goldhagen para quien el antisemitismo moderno no tendría ninguna relación en absoluto con el comportamiento y las acciones de los judíos. Algo que ni siquiera los historiadores judíos más importantes han tomado en serio y que ya en su momento resultó refutada por la ingeniosa expresión del Gran Rabino de Moscú, citada por von Bieberstein: "Los Trotzky hacen la revolución, pero los Bronstein son los que tienen que pagar por ella".

En relación con lo anterior, un tema que, de algún modo, sobrevuela toda la obra es el de la culpabilidad colectiva. Es obvio y de una justicia elemental que no se puede culpar a todo un pueblo por la acción de algunos de sus integrantes. Pero lo que se pierde de vista con demasiada frecuencia en las versiones de la Historia Oficial compuesta después de 1945 es que el principio constituye una avenida de doble mano y es aplicable en ambos sentidos. Es cierto que resulta injusto e improcedente culpar a todo el pueblo judío por las acciones de los judíos bolcheviques; pero, si eso es así, entonces no menos cierto es que resulta igualmente injusto e improcedente culpar a todo el pueblo alemán por las acciones de los alemanes nacionalsocialistas. Especialmente si esta acusación colectiva desemboca en ese multimillonario negocio de indemnizaciones que Norman Finkelstein ha llamado "la industria del Holocausto".

El hecho poco conocido es que el antisemitismo de los nacionalsocialistas alemanes – y en especial el antisemitismo "racial" de una época en que el concepto de "raza" resultaba entendido de un modo muy diferente al actual, al punto que varios pensadores judíos se consideraron miembros de una "raza" judía – tuvo una importancia relativamente secundaria durante el período que va de finales de la Primera Guerra Mundial hasta principios de la Segunda. Tal como lo demuestra von Bieberstein, lo que realmente sucedió fue que, a un antisemitismo "tradicional" subyacente se le superpuso y se le agregó un antisemitismo "político" nacido de la repugnancia al terror bolchevique sistemático dirigido contra la clase burguesa y la sociedad existente en general, bajo la notoria instigación y dirección de un número relevante de judíos comunistas. En su libro sobre el caso Dreyfus, Siegfried Thalheimer señalaba ya en 1958 que "la antigua judeofobia" se combinó después de 1917 con "la aversión a la revolución" bolchevique generando un "nuevo antisemitismo" no solamente en Alemania sino en todo Occidente; incluso en los EE.UU. en dónde estuvo ampliamente extendido antes de la Segunda Guerra Mundial.

Las dimensiones y la extensión del terror bolchevique, no solamente bajo Stalin sino desde sus mismos comienzos bajo Lenin hasta – por lo menos – la época de Kruschev, están ampliamente documentadas. Últimamente hasta ha sido posible verificar la mayor parte de los datos gracias a la disponibilidad de los archivos rusos que se volvieron accesibles luego del colapso de la Unión Soviética. Nicolas Werth, en su Un Estado contra su Pueblo, ha brindado abundante y decisivo material al respecto y, aunque las investigaciones prosiguen en cuestiones aun no del todo esclarecidas, el cuadro general ya no resulta discutible ni opinable. Dentro del mismo, y para comprender el rechazo que en la primera mitad del Siglo XX produjeron las acciones revolucionarias bolcheviques tanto en Rusia como en Alemania, Hungría y Austria, un capítulo aparte – generalmente soslayado – lo constituye el carácter anticristiano y militantemente ateo, tanto del movimiento bolchevique como del marxismo en general.

La Rusia comunista y sus satélites no solamente hicieron suyo el concepto de Marx en cuanto que la religión es "el opio para el pueblo"; no solamente proclamaron abiertamente la lucha contra el "régimen de Jesús"; sino que, conducidos por "ateos militantes" – varios de los cuales fueron judíos secularizados que renegaron de la religión de sus padres – llevaron a cabo la mayor persecución de cristianos de toda la Historia Universal. Si a esto se agregan los millones de campesinos fusilados, deportados y muertos literalmente de hambre que tiene en su haber el marxismo soviético, no se hace difícil comprender la reacción que produjo todo el proceso.

Hoy el marxismo y el socialismo marxista en general se presenta más como una filosofía política de carácter cultural que como una doctrina revolucionaria militante. Después de la caída de la URSS y el fracaso de las insurrecciones armadas guerrilleras en varias partes del mundo, el marxismo se ha replegado a posiciones más trotskistas y gramscianas que leninistas. Con ello, las nuevas generaciones ya no tienen la perspectiva del marxismo tal como éste se formuló durante la segunda mitad del Siglo XIX y del bolchevismo marxista-leninista, tal como se lo aplicó durante la primera mitad del Siglo XX. La presente obra contribuye a volver a obtener esa perspectiva de una forma adecuada y documentada.

Marcos Moreno
Septiembre 2001

 

 

EL AUTOR

El Dr. Johannes Rogalla von Bieberstein nació el 27 de Julio de 1940, en la ciudad de Leipzig, Alemania. Estudió Historia Moderna y de Europa Oriental, así como Eslavística y Ciencias Políticas en las universidades de Göttingen, Munich y Bochum. También realizó estudios como alumno becado por el Servicio de Intercambio Académico Alemán (DAAD) en París y en Londres. Actualmente se desempeña como bibliotecario científico en la Universidad de Bielenfeld, Alemania.

El Dr. von Bieberstein se hizo conocido a través de su tesis doctoral "Die These von der Verschwörung 1776-1945. Philosophen, Freimaurer, Juden, Liberale un Sozialisten als Verschwörer gegen die Sozialordnung" (La Tesis de la Conspiración 1776-1945. Filósofos, Francmasones, Judíos, Liberales y Socialistas como Conspiradores contra el Oden Social). La obra se publicó en 1976, está traducida al japonés, y actualmente se halla en su tercera edición.

Von Bieberstein es miembro de la Comisión Científica de Investigación de la Francmasonería, así como del equipo asesor de la revista Internationale Freimaurerforschung (Investigación Francmasónica Internacional). En el marco de esta revista se publicaron las ideas originales del presente libro sobre la base de una exposición que el autor hiciera en la ciudad de Cracovia.

 

 

 


 

Introducción

Reflexiones acerca de la investigación del mito del "bolchevismo judío"

"El Gran Rabino de Moscú, Jakob Mazeh le imploró a Trotsky: «Los Trotsky hacen la revolución, pero los Bronstein son los que tienen que pagar por ella» . . . y Trotsky sabía que el rabino tenía razón."

ARTHUR HERTZBERG [1]

 

 

 

 

 

Contenido

Reflexiones acerca de la investigación del mito del "bolchevismo judío"
La apertura de los archivos después de 1989
El “sendero judío” hacia el comunismo.
Anticomunismo y antisemitismo
Igualdad esencial versus teoría conspirativa
El dogma del "comunismo judío" y el judeocidio.
El antisemitismo político ¿es una condición del Holocausto?
La utopía comunista como “segunda hominización” y fiasco.
La obra Dominio Mundial Judío de Hans Goslar (1919)
Identidad judía y asimilación del comunismo
El mito del "bolchevismo judío" como tema tabú
El autor como cristiano, sabueso y documentador.
"Conspiración judía" y círculo diabólico

 

El "bolchevismo judío" es un mito político devenido en histórico. Ha tenido incontables partidarios en todo el mundo cristiano, a tal punto que Leon Poliakov habla de la "universalidad del fenómeno" en su Historia del Antisemitismo. [2] Fue difundido por los adversarios "blancos" de aquella "Revolución de Octubre" de 1917 que, bien mirada, no fue sino un golpe militar contra el libremente elegido Parlamento ruso.

La caracterización del bolchevismo como "judío" ha sido utilizada sobre todo para denunciar desde el antisemitismo al régimen soviético y al movimiento comunista internacional financiado y dirigido por el mismo en todo el mundo. Así, Grigorij Bostunic, un abogado y agitador antibolchevique nacido en Kiev y a quien los bolcheviques sentenciaron a muerte in absentia [3], calificaba a la Rusia soviética como la "Judea soviética". [4] En 1924 Bostunic se había hecho ciudadano alemán bajo el nombre de Gregor Schwartz-Bostunitsch y ascendió finalmente hasta el puesto de "director científico" de la "Oficina de Información" del SD (Servicio de Seguridad) de la SS en donde Heinrich Himmler le confirió el rango de un "Standartenführer" (aproximadamente equivalente al rango de Coronel).

Richard Pipes, el experto en Rusia de la Universidad de Harvard, afirmó en 1996 que una de las "consecuencias desastrosas" de la revolución rusa fue la "identificación de los judíos con el comunismo" y que, por ello, la cuestión del "involucramiento judío en el bolchevismo" tiene una importancia que excede lo académico. Según Pipes, la imputación de que el "judaísmo internacional" inventó el comunismo para destruir a la civilización cristiana, o "aria", habría creado "los fundamentos ideológicos y psicológicos" para la "Solución Final" de la cuestión judía. [5] También Maxime Steinberg, profesor de cultura judía en la Universidad Libre de Bruselas es de la opinión que "la pista judeo-bolchevique" es esencial para comprender el genocidio judío. [6]

En Jerusalén y en la introducción a su libro The Jews and the European Crisis (Los Judíos y la Crisis Europea), el historiador Jonathan Frankel señaló en 1988 que hacia fines de la Primera Guerra Mundial el antisemitismo alcanzó una extensión sin precedentes. Según él, "mientras mayor fue el éxito del movimiento comunista", tanto mayor se hizo también "la hostilidad anticomunista hacia los judíos" [7]

Se trata de una relación causal admitida y señalada por testigos contemporáneos, científicos de renombre y publicistas de variados orígenes nacionales y tendencias políticas. Así, por ejemplo, Fritz Stern, de Breslau, en su libro sobre Bismarck y el banquero de éste, Bleichröder, señala que la dinámica de su "repercusión" alentó a muchos judíos a "votar por la izquierda lo cual, a su vez, incitó a los antisemitas a una nueva dinámica". [8] Manès Sperber caracterizaba a este mecanismo como "la terrible alternancia de la revolución y la contrarrevolución". [9]

El 2 de diciembre de 1918 el anarquista Gustav Landauer, asesinado durante la represión a la República soviética de Munich, le sugirió a Martin Buber: "Muy lindo tema el de la revolución y los judíos. ¡No olvide tratar la participación directiva de los judíos en la insurrección!". [10] De un modo muy similar, pero en una situación histórica completamente diferente, Louis Rapoport – nacido en 1942 en Los Angeles y editor del Jerusalem Post –en su libro publicado en 1990 Stalins war against the Jews (La guerra de Stalin contra los Judíos) opinaba que "hombres de procedencia judía" han establecido "las bases del comunismo y del socialismo". [11]

El escritor Franz Werfel indicó un segundo aspecto de esta relación. Miembro de la "Guardia Roja" de Viena durante los días revolucionarios del año 1918, redactó un artículo con el título de Regalo de Israel a la Humanidad (Geschenk Israels an die Menschheit) en el cual exponía que Moses Hess, Carlos Marx y Ferdinand Lasalle eran los "Patriarcas del Socialismo" y que el socialismo representaba una ¡"metástasis de la religión"!. [12] Esta evaluación es compartida por Jacob Toury, historiador de Tel Aviv, quien, en un simposio internacional de 1976, manifestó que "el socialismo . . . al desarraigarse del judaísmo tradicional", podía convertirse en "en una fe, en una religión sustituta ético-religiosa". [13]

En el París de 1906 esta fe secular se expresó de un modo directamente fantástico en una postal proveniente del ámbito de los inmigrantes judíos socialistas. La postal muestra, con textos en francés, alemán, inglés, ruso y hebreo a un "moderno Moisés". El hombre de barba ondulante, parado sobre el "monte del proletariado", no es otro que Carlos Marx que sostiene en sus manos dos Tablas de la Ley con las inscripciones de El Capital y El Manifiesto Comunista. [14]

Si se acepta lo expuesto por el historiador del movimiento sionista Adolf Böhm, Carlos Marx fue "adorado incondicionalmente como el Héroe de la liberación mundial" [15] por los judíos socialistas del ámbito judío del Este de Europa, a punto tal que se acuñó la frase "ampliamente citada" en cuanto a que "Carlos Marx es el Zaddik del barrio judío". [16]

Según Jaff Schatz, director del Instituto de Cultura Judía de la Universidad de Lund, los "judíos radicales" llamaron sobre sí tanto "la atención del mundo" que, considerando su participación desproporcionada en el movimiento revolucionario, "resultaron elogiados, pero también maldecidos, por su radicalismo". [17] Hacia fines de 1919, en los Neuen Jüdischen Monatsheften (Nuevos Cuadernos Mensuales Judíos), que originalmente tendrían que haberse titulado Ostjüdische Revue (Revista de los Judíos del Este), el artículo Der jüdische Revolutionär (El Revolucionario Judío) contiene esta notable afirmación: "Por más que lo exagere el ámbito antisemita y por más temerosamente que lo niegue la burguesía judía, la gran participación judía en el actual movimiento revolucionario es un hecho". [18]

Al igual que en Inglaterra, también en los Estados Unidos los judíos burgueses se sintieron inquietos por las simpatías pro-bolcheviques de una parte del proletariado judío que acababa de inmigrar proveniente de la Europa del Este. Su temor era que "el estereotipo judeo-bolchevique terminara por difamar (smear) a toda la comunidad judía". [19]

Los judíos anti-bolcheviques rusos emigrados a Berlín publicaron en 1923 el escrito Rossija i Evrei (Rusia y los Judíos). En el mismo se encuentra la siguiente frase: "El furioso odio a los bolcheviques se convierte en un odio equivalente contra los hebreos. Y no solamente en Rusia." [20] Es por ello que en Hollywood, el productor cinematográfico Harry Warner pronunció esta severa advertencia: "No olvides que eres un judío. Los judíos comunistas orientarán la furia (wrath) del mundo hacia el resto de los judíos". [21]

La apertura de los archivos después de 1989

Según la opinión de un experto en cuestiones soviéticas, la apertura de los archivos después del colapso del sistema soviético ha demostrado que “mucho de lo que hasta hace poco se había desechado como delirio de los belicistas de la Guerra Fría” ahora puede ser probado con documentos. [22]  Así, se ha conseguido demostrar minuciosamente que los partidos de la “Tercera Internacional”, en todo el mundo y hasta en los EE.UU., fueron financiados y dirigidos desde Moscú. En numerosos países participaron ampliamente en esto comunistas provenientes de familias judías.

En el cuadro histórico reflejado en los libros de texto escolares y en los medios masivos de difusión, estos hechos apenas si se mencionan, lo cual trae consigo que el antisemitismo político emergente de estas relaciones le resulta incomprensible a la mayoría por lo que se lo adscribe, unilateralmente, al “racismo”. [23] Es por eso también que, por lo general, no se investiga en absoluto la pregunta hecha por el historiador inglés Peter Longerich quien se preguntaba en qué medida “la imagen que los antibolcheviques se hacen del enemigo” está únicamente “cargada de elementos racistas”. [24]

La mayoría de los textos históricos y escolares omite en gran medida ciertos aspectos de la realidad política, como por ejemplo la intensa promoción de la revolución mundial llevada a cabo hasta conspirativamente por el sistema soviético. Esto queda palmariamente demostrado en, por ejemplo, la resolución que el Comintern tomó en Moscú, en marzo de 1921, de escenificar un alzamiento armado en Alemania bajo la dirección de Grigori Zinoviev, uno de los hombres de confianza de Lenin al cual los antisemitas se refieren por su nombre judío de Apfelbaum y quien, por aquella época, era conocido como el “Timonel de la Revolución Mundial”.  La revolución en Alemania tenía por objeto ayudar a desatar la revolución en Europa Central.

Es sorprendente y mueve a reflexión que este alzamiento de 1921, calificado por los socialdemócratas de aquél tiempo de “intento de putsch comunista” y de “crimen contra la clase trabajadora” [25] ¡ni siquiera sea mencionado en los libros de historia de nuestros escolares! [26] Y eso a pesar de que esta “Operación de Marzo” fue la que, al fin y al cabo, obligó al presidente del Reich, Friedrich Ebert, a decretar el estado militar de emergencia el 24 de marzo de 1921.

Para llevar a cabo la toma del poder en Alemania, el Kremlin envió en aquellos días a tres funcionarios de primera línea. A Bela Kun, el jefe de la república soviética de Hungría que había fracasado en 1919; a Jozsef Pogány, comisario del pueblo y jefe del soviet de soldados de Budapest – quien más tarde, bajo el nombre de “John Pepper” sería el supervisor del Partido Comunista norteamericano por parte del Comintern – y, finalmente, a Samuel Guralski, un líder combativo proveniente de Lituania. Este último, originalmente apellidado Heifisz, operaba bajo el seudónimo de August Kleine [27] y había surgido del “Bund Judío”. [28]

En la represión de este intento de los Guardias Rojos de acceder al poder por medio de la violencia – que tuvo lugar el 29 de marzo de 1921 en los talleres Leuna – estuvieron involucradas 21 compañías de la policía prusiana y una batería del ejército. En el periódico Rote Fahne (Bandera Roja) Bela Kun había publicado una proclama según la cual el levantamiento tenía por objeto “desarmar a la burguesía” y llevar al poder “al proletariado”, vale decir: al Partido Comunista. Es de destacar que entre los 180 muertos provocados por esta guerra civil, se contaron 35 policías. [29]

El “sendero judío” hacia el comunismo.

Moritz Rappaport en su escrito de 1919, Sozialismus, Revolution und Judenfrage (Socialismo, Revolución y Cuestión Judía), alaba a Leo Trotsky como el “fundador de la revolución mundial” y confirma que Kurt Eisner fue quien “puso en movimiento” la revolución de Munich. [30] A continuación opina, generalizando, que los judíos constituyen el “elemento propulsor” de la revolución, ya que un “impulso íntimo” habría llevado a muchos de ellos a “volcarse hacia el socialismo”. [31] Este impulso íntimo – como veremos en detalle más adelante – habría surgido de la desesperanza de muchos judíos ante el antisemitismo que los oprimía. Esperaban que el “remedio” [32] para dicha desesperación fuese surgiendo del socialismo cosmopolita, anticristiano y marxista. Es por eso que Leopold Trepper, quien llegó a ser el jefe de la "Orquesta Roja", pudo llegar a decir en forma lapidaria: “Me hice comunista porque soy judío”. [33]

De ningún modo fueron solamente los antisemitas quienes consideraron como algo espectacular el papel dirigente de revolucionarios judíos en Rusia, Berlín, Viena y Budapest. En julio de 1919, Eugen Hoeflich, que en su momento emigró a Palestina, escribió en la revista Esra publicada por el Consejo Escolar Superior Judío de Viena: "El judío bolchevique no quiere incendiar a Europa para llenarse los bolsillos. Lo impulsa la idea más pura pero que, en sus efectos, es un trágico error; una consecuencia de la psicosis masiva nacida de la guerra." [34]

El compromiso de una minoría judía ha desatado en todo el mundo un antisemitismo "nuevo", especialmente venenoso y hasta mortal. Moritz Rappaport decía en 1919 al respecto: "Los judíos no hacen bien en ponerse demasiado en el primer plano de la revolución. Es de temer que la población arraigada . . . se volverá contra los judíos de un modo amenazador." [35]

El inocultable papel dirigente de judíos revolucionarios también ha llamado la atención de personas que no son sospechosas de antisemitismo. Así, el 5 de diciembre de 1918, el diplomático ingles Kidston manifestaba su impresión de que "los judíos constituyen la columna vertebral (backbone) del bolchevismo". [36] Y el presidente norteamericano Woodrow Wilson señalaba el 17 de mayo de 1919 durante la Conferencia de Paz en París que parecía ser que el bolchevismo se hallaba "dirigido por judíos" (lead by jews). [37]

Por último se puede citar la observación del otrora presidente del Consejo de Ministros italiano, Francesco Nitti: "Todos se asombran que en el bolchevismo haya muchos judíos y esto, para la prensa reaccionaria, es un nuevo motivo para el rechazo y el antisemitismo. ¿Es que se han olvidado las atrocidades del antisemitismo y de los pogroms en Rusia?" [38]

Anticomunismo y antisemitismo

La burguesía judía ya asimilada y los creyentes judíos, al igual que la gran mayoría de los cristianos, veían en el bolchevismo internacional revolucionario, y anti-eclesiástico por añadidura, un peligro existencial. Por ello hay que tener cuidado de no otorgarle demasiado peso a los criterios étnicos, retro-proyectándolos bajo la impresión de lo que ocurrió después, y menos aun hay que tomar esos criterios como exclusivos. En 1992, Ronnie Landau señaló acertadamente en su libro Nazi Holocaust  que la "divisoria fundamental" (fundamental divide) en la política alemana fue causada, no por el odio hacia los judíos, sino por el miedo y el odio hacia los socialistas radicales. [39]

Esto explica también el hecho mencionado por el marxista Wolfgang Abendroth quien relata que sus compañeros de colegio en el bachillerato de Frankfurt, procedentes de la alta burguesía judía, si bien condenaban el asesinato político de Walter Rathenau, no por ello dejaban de aprobar claramente que los comunistas Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg hubiesen sido "liquidados". [40] Sobre los judíos comunistas recayó un odio potenciado por el antisemitismo. Franz Kafka escribió, refiriéndose a una conversación que escuchó en un restaurante en mayo 1920: "A los judíos socialistas y comunistas no se les perdona nada; se los ahoga en la sopa y se los corta en pedazos con el asado". [41]

Si bien la gran mayoría de los judíos rechazó el terror político y hasta el asesinato de los "enemigos de clase" – procedimientos admitidos por el bolchevismo y encarnados en personas como, por ejemplo, Leo Trotsky [42] – aun así el mundo cristiano reaccionó ante la amenaza bolchevique muchas veces con un antisemitismo genérico. El Kaiser Guillermo II, al leer artículos sobre el bolchevismo a principios de 1918, estallaba en comentarios espontáneos tales como "¡Caray, truhán judío!" o  "¡Judío maleducado!" [43] En 1989, Geoffrey Alderman, en su ensayo sobre el antisemitismo en Gran Bretaña, también llegó a la conclusión de que en aquel país el antisemitismo floreció como "resultado del miedo al bolchevismo". [44]

No en último término, testimonio de esta acción recíproca fatal es también el libro The International Jew (El Judío Internacional) del industrial norteamericano Henry Ford, publicado en 1920. Al igual que los denominados Protocolos de los Sabios de Sión este libro fue distribuido en el ejército norteamericano por la División de Inteligencia Militar (MID = Military Intelligence Division) [45] y tan solo en los EE.UU. llegó a una tirada de 500.000 ejemplares. [46]

Es evidente que las concepciones y los temores formulados en estos panfletos hallaron resonancia en muchos norteamericanos burgueses y cristianos. El bestseller de Henry Ford, traducido a 16 idiomas, denunciaba genéricamente a los judíos como "bolcheviques mundiales" y creía poder detectar un "sello totalmente judío en la Rusia roja". El rey de la industria automotriz estigmatizaba a los judíos por ser "en notoria medida" unos "promotores de revoluciones", especialmente en Alemania y en Hungría en donde Bela Kun habría erigido "una autocracia bolchevique". [47]

Igualdad esencial versus teoría conspirativa

El Judío Internacional tuvo una influencia enorme en todo el mundo. Se lo subestima en comparación con los Protocolos de los Sabios de Sion que, en términos velados, reflejan la visión de la nobleza reaccionaria del Sur de Rusia antes de la Primera Guerra Mundial y que se proponían desenmascarar una supuesta intención judeo-masónica de dominio mundial. Ford propagó – basándose en hechos con frecuencia irrefutables pero fuertemente generalizados y distorsionados – la teoría de la "igualdad esencial" del judaísmo y del comunismo, es decir: del bolchevismo; una teoría que sería más tarde también la preferida de la propaganda nacionalsocialista.

Es posible demostrar la existencia de la agitación del tipo "Jews-equal-Bolsheviks" (Judíos es igual a bolcheviques) en muchos países durante el período intermedio entre las dos guerras mundiales. Por un tiempo, incluso en Inglaterra esta agitación ejerció una fuerte influencia y se halla reflejada por Hilaire Belloc en su libro Los Judíos. [48] Siendo masón, [49] Henry Ford, que apoyó a Adolf Hitler, [50] era inmune, al igual que Belloc, a la "absurda teoría de un complot sutilmente organizado" [51] por parte de los francmasones.

Incluso Nesta Webster, una especialista en teorías conspirativas, declaró lapidariamente en su libro sobre sociedades secretas publicado en 1924 que la "teoría de una conspiración mundial judía" (jewish world-conspiracy) "naturalmente no se basa sobre el testimonio de los Protocolos". [52] Los círculos de la derecha bien informados no consideraron la concepción, sustentada por algunos ideólogos nacionalsocialistas, de que la masonería constituiría la "guardia protectora del judaísmo" [53] como algo basado en hechos reales.

La base real de la tesis de la "conspiración judía", sustentada incluso por Nesta Webster, es más bien la teoría de la igualdad esencial que también puede ser considerada como una variante de la teoría de la culpa colectiva. Sin bien solo una minoría de los judíos fue comunista, con esta teoría se responsabiliza colectivamente a todos los judíos por el comunismo. [54]]

Tal como Norman Cohn comprobara en su investigación sobre los Protocolos de los Sabios de Sion, el mito de una "conspiración judeo-comunista demostró ser aun más atrayente que el de la conspiración judeo-masónica". [55] Los Protocolos, fabricados en la Rusia de 1903 y que fueron objeto de varias revisiones actualizadoras, representan en cierto modo un puente entre los dos tipos básicos de la teoría conspirativa.

El "aniquilamiento de las prerrogativas nobiliarias" lamentado por los Protocolos, la "tiranía" de "logias masónicas judías" no identificables [56], o bien la llegada del Anticristo, fueron temas a los que se dedicaron solamente ideólogos empecinados – como por ejemplo Alfred Rosenberg, [57] a quien, sin embargo, sus camaradas de partido no tomaron demasiado en serio – y no llamaron demasiado la atención de los realistas políticos. El Untersturmführer (teniente) Mildenstern, referente para la cuestión judía en el Servicio de Seguridad de las SS, llegó incluso a desechar a los Protocolos tildándolos de "tontería". [58]

Resulta sin embargo innegable que los Protocolos fueron juzgados útiles frecuentemente incluso por aquellos antisemitas que no estaban realmente convencidos de su autenticidad. Es que, al describir el accionar de los judíos bolcheviques prominentes como una confirmación de antiguas profecías, contribuían a la demonización de los judíos. Esto fue lo que hizo también Henry Ford, apoyado por Ghostwriters (escritores fantasmas), al afirmar que la "subversión" judía anunciada en los Protocolos  ya "estaba parcialmente lograda". [59] Sobre la Rusia Soviética, el industrial de Detroit, cuyo retrato colgaba en la pared de la oficina de Hitler en Munich, afirmó: "A la luz de los Protocolos, la Rusia actual no representa todavía un Estado judío, pero sí un Estado no-judío conquistado por fuerzas armadas judías." [60]

Es de notar que Hans Fritzsche, el hombre de confianza de Goebbels que se hizo popular como comentarista radial, declaró ante el Tribunal Militar de Nuremberg que la propaganda nacionalsocialista se basó "sobre hechos unilaterales como el anti-nacionalismo de los judíos y aquellos casos en que los judíos fueron comunistas". No obstante, Fritzsche manifestó que ni por un instante había tomado en serio a los Protocolos. [61] De todos modos, también habrá que tener en cuenta la declaración que Adolf Eichmann hizo en Jerusalén refiriéndose a quien fuera su jefe, el Profesor Franz Alfred Six, en el sentido que los funcionarios nacionalsocialistas se esforzaron por aparecer como "esclarecidos" ante el tribunal.

Según Adolf Eichmann, el Profesor Six se dedicó "a la investigación de la cosmovisión del adversario sobre una base puramente científica . . . Es claro que, bajo un jefe como él, rechazábamos de plano cuentos como el de los »Sabios de Sión« o el de los asesinatos rituales." [62]

El dogma del "comunismo judío" y el judeocidio.

Konrad Heiden, el primer biógrafo de Adolf Hitler, al analizar en 1936 el dogma hitleriano sobre el "comunismo judío" subrayó: "No nos proponemos saber si Hitler tiene razón o está equivocado. Lo que queremos saber es cómo llegó a tener sus ideas." [63] Éste es también el criterio que guía la investigación del autor del presente libro. Simultáneamente, se trata también de rastrear la concepción del "comunismo judío" en todo el mundo cristiano ya que se trata de una concepción convertida en mito que de ningún modo proviene principalmente de la agitación nacionalsocialista sino que enraíza en la ideología antibolchevique rusa la cual, entre otras cosas, fue llevada a Munich por el ruso-alemán Alfred Rosenberg. [64]

Tal como lo exigía George L. Mosse en 1991, en su libro Die Völkische Revolution (La Revolución Étnica), no solo hay que investigar la "obsesión" de Hitler [65] para con el "antijudaísmo" sino, simultáneamente, también su anticomunismo. Al hacerlo se descubrirán motivos hasta ahora desatendidos para el "judeocidio" [66] y se comprenderá la razón por la cual muchas personas incluso fuera de Alemania permanecieron indiferentes ante las primeras medidas antijudías. [67]

George Mosse – nieto de Rudolf Mosse, el fundador del grupo periodístico Mosse de Berlín y presidente de la comunidad judía reformista de la misma ciudad – constató que el surgimiento del nacionalsocialismo fue "muy favorecido por los acontecimientos de Munich". [68] Con ello se refería al gobierno socialista de izquierda de Kurt Eisner y a la república soviética de Munich en la cual los revolucionarios judíos desempeñaron un papel determinante. Eso fue lo que llevó a Adolf Hitler a considerar en su Mein Kampf (Mi Lucha) a la revolución de Munich como un "régimen temporal judío". [69]

La mayoría de las veces se presta demasiado escasa atención al hecho de que Hitler declaró en reiteradas oportunidades que, luego de su triunfo, el "aniquilamiento" y la "erradicación" del marxismo se hallarían a la orden del día. [70] Así, el 27 de febrero de 1925, en el Bürgerbräukeller de Munich, Hitler definió su objetivo como la "lucha contra el marxismo y contra el judío que es el portador intelectual de esta peste y plaga mundial". [71] Inmediatamente después de su llegada a la cancillería, en un discurso reservado del 3 de febrero de 1933 ante militares de alto rango, Hitler expuso su "política general". Según la misma, en su programa figuraba "la erradicación de cuajo del marxismo" en materia de política interior y "la lucha contra Versalles y por la igualdad de derechos" para Alemania en cuanto a la política externa. [72]

Así como ya el 11 de agosto de 1932 el Völkischer Beobachter exigía, para el caso de una toma del poder, "la inmediata detención y juicio de todos los funcionarios comunistas y socialdemócratas", [73] una de las primeras medidas del nuevo gobierno fue la exclusión del movimiento obrero de izquierda. En la "liquidación del marxismo", [74] la "persecución del comunismo" estuvo en primer plano. En el mismo, los funcionarios de procedencia judía fueron perseguidos con especial rencor y arrastrados a los nuevos campos de concentración. [75] Más allá de ello, progresivamente se eliminó a los judíos de la administración pública, de la justicia, de la jurisprudencia y de las actividades científicas y culturales.

El pogrom escenificado por el aparato partidario del NSDAP y llevado a cabo el 1 de abril de 1933 recuerda ya más bien al tradicional antisemitismo turbulento. Los desmanes producidos durante su transcurso contra personas y bienes fueron presentados en su momento como una respuesta a los llamamientos hechos por organizaciones judías fuera de Alemania a realizar un boicot contra el "Tercer Reich".

Sin embargo, al principio se detuvieron a judíos, en tanto personas individuales, solamente si se trataba de enemigos declarados del nacionalsocialismo. Éste era el caso si sus nombres figuraban en el resumen "Captura de dirigentes de la época del sistema / Marxistas-Comunistas" preparado por el SD, como, por ejemplo, Felix Fechenbachs, el otrora secretario del primer ministro bávaro Kurt Eisner. En su calidad de columnista del Detmoler Volksblatt, Fechenbachs había denunciado públicamente "el sangriento terror nazi" el 10 de enero de 1933. El 11 de marzo del mismo año fue arrestado y luego muerto, es decir asesinado, en un "intento de fuga". [76]

A Werner Scholem, otrora dirigente y representante parlamentario del Partido Comunista Alemán, lo arrestaron en febrero de 1933 – a pesar de que se había retirado del partido ya en 1926 – y, después de un largo calvario, lo mataron en 1940 en Buchenwald. En un discurso ante el congreso partidario de 1935, Joseph Goebbels calificó a Scholem como uno de los promotores del "veneno mundial" bolchevique. Su hermano, Gershom Scholem, el filósofo religioso de Jerusalén que había tratado en vano de salvarlo, escribió resignado en 1936 que Goebbels necesitaba un par de judíos para demostrar que había "aplastado al bolchevismo". Su hermano había sido "destinado" para servir a este propósito. [77]

El antisemitismo político ¿es una condición del Holocausto?

Milton Himmelfarb, en su artículo No Hitler, no Holocaust (1984), manifiesta su convicción de que el antisemitismo fue una condición "necesaria" pero no "suficiente" del Holocausto. [78] En la misma revista Comentary, publicada por el American Jewish Committee (Comité Judío Norteamericano), Jerry Muller de la Catholic University of America publicó en 1988 un artículo titulado Communismo, Anti-Semitism and the Jews (Comunismo, Antisemitismo y los Judíos).

Haciendo referencia a revolucionarios judíos como Rosa Luxemburg, Leo Trotsky y otros, Muller manifiesta en su escrito que "la conexión entre los judíos y el comunismo pesa amenazadoramente sobre la Historia del Siglo XX)". [79] Según él, existió una "perniciosa interacción entre el antisemitismo de derecha y el apoyo judío a la revolución". [80] La revolución fue la que "encendió las llamas del antisemitismo". [81]

En su artículo sobre el  mito del comunismo judío en Europa del Este aparecido en East European Jewish Affairs (Asuntos Judíos de Europa del Este), Andre Gerrits, docente del Osteuropa-Institut (Instituto del Este Europeo) de la Universidad de Amsterdam,  llega a una conclusión muy similar y constata que resulta sorprendente lo poco que se ha investigado acerca de este mito [82] siendo que, al fin y al cabo fue una parte importante de la ideología nazi. Aparte de ello señaló también el hecho asombroso que existan miles de libros sobre el antisemitismo y el nacionalsocialismo pero ni uno solo sobre el “bolchevismo judío”. [83]

Sobre este hecho notable, el propio Guerrits ofrece tanto una aclaración formal como una explicación conceptual. En primer lugar, es difícil recopilar todos los datos dispersos, aunque más no sea porque para ello se requiere el dominio de varios idiomas. Sin embargo, para explicar el vacío investigativo tiene mayor importancia el hecho de que se trata de un tema extraordinariamente complicado (el historiador israelí Jacob L. Talmon lo calificó hasta de “explosivo” en 1970 [84]). Sucede que apunta a “la responsabilidad y a la culpa de judíos” (Jewish responsibility and guilt) con lo cual constituye un tema que contrasta con el criterio dominante de la inocencia y el sufrimiento judíos. [85]

La evaluación de Gerrit de que el tema está siendo considerado como un tabú y que los historiadores judíos lo están evitando queda en cierta medida confirmado por el controversial libro Hitlers willige Vollstrecker (Los verdugos voluntarios de Hitler). [86] En el mismo, el politólogo Jonah Goldhagen afirma de modo apodíctico que el “antisemitismo no tiene nada que ver con el comportamiento de los judíos”. Una cantidad importante de los críticos del libro ha señalado que en la exposición de Goldhagen falta la dimensión histórica. La Primera Guerra Mundial recibe de parte de Goldhagen una mención tan escasa como el bolchevismo revolucionario mundial del cual participó toda una cantidad de judíos. Jehuda Bauer, un investigador israelí del Holocausto, observó, casi consternado, refiriéndose al libro de Goldhagen: “No hay nada acerca de los socialdemócratas, nada de los comunistas.”[87] Por otra parte, Bauer ha rechazado también la “postura extremista” del cineasta francés Claude Lanzmann – famoso por su documental sobre la Shoa  – según el cual preguntar acerca del “por qué” del Holocausto constituiría una “obscenidad”. [88]

Según un marxista, una presentación tan selectiva de los hechos implica “expulsar la realidad social de la ciencia histórica”. Goldhagen calla el hecho, que seguramente no ignoraba, de que Hitler no persiguió solamente a los judíos sino también a los marxistas. [89] En todo caso, Hermann Goering reconoció en Nuremberg que organizó los campos de concentración en 1933 principalmente para “poner bajo control  a los comunistas”. [90]

Un socialista norteamericano se indignó porque en el libro de Goldhagen el movimiento socialista “prácticamente ni aparece” y concluye que Goldhagen le contrapone al “fantasma nazi del eterno judío” su creación del “fantasma del eterno alemán, el implacable e incorregible enemigo del pueblo judío”. [91] Efraim Zuroff del Jerusalem Post puntualizó la crítica a Goldhagen con sarcasmo: “Lo único que hay que hacer (según Goldhagen) es equiparar alemanes con nazis y el enigma del Siglo XX está resuelto”. [92] Hans-Ulrich Wehler caracterizó al procedimiento calificándolo de “demonización”. [93]

Quienes se valen del método de la equiparación genérica proceden más como politizadoress de la Historia que como esclarecedores de la misma. De este modo, con una presentación selectiva de los hechos, en un caso no tienen lugar los comunistas y, en el otro, los judíos. Los marxistas por su lado han reducido el judaísmo a una adhesión (según Carlos Marx, reaccionaria) a la “confesión religiosa judía” [94] callando o al menos reduciendo el crimen nacionalsocialista contra los judíos. Para ellos, la todopoderosa agencia de la conspiración fue el “capital monopólico” para el cual ¡Adolf Eichmann habría oficiado de “gerente”! [95] En el libro The Holocaust in the Soviet Union (El Holocausto en la Unión Soviética), publicado en 1993 se cita a Mordechai Altshuler según el cual en la Unión Soviética se erigió “un muro de silencio en relación al Holocausto”. [96]

Incluso Alexander Abusch, ex-ministro de educación y cultura de Alemania Oriental que ocultó cuidadosamente su origen judío, fue de aquellos que ocultan el antisemitismo de los nacionalsocialistas en beneficio del anticomunismo y que consideran inoportuno mencionar los puntos de contacto entre los judíos y el comunismo. Para Abusch fue exclusivamente el “anticomunismo” el que “bajo Hitler y Goebbels, con sus cámaras de gas y sus hornos incineradores, mostró sus bestiales fauces a millones y más millones de personas”. [97]

La utopía comunista como “segunda hominización” y fiasco.

A fin de no tratar la temática en forma simplificada, aparte de los aspectos sombríos del “comunismo real” especialmente resaltados por los antisemitas, expongamos también las esperanzas positivas relacionadas con la utopía socialista. Sucede que son la causa de que muchos “judíos educados y carenciados” “cayeran” en el socialismo, tal como lo formulara Theodor Herzl en su libro El Estado Judío en 1896. [98]

Según Ernst Bloch, quien en 1918 se definía a sí mismo como “judío racialmente consciente”, [99] la empresa prometeica de los revolucionarios marxistas fue nada menos que una “segunda hominización”. [100] Arthur Koestler, quien, al igual que muchos intelectuales judíos, trabajó para el Comintern en su juventud, señaló que en La Internacional húngara se dice: “borrar definitivamente el pasado . . . el mundo saltará de sus goznes” (A múltat végképp eltörölni . . . A Föld fog sarkából kidőlni) [101]

En su novela El Testamento de un Poeta Judío Asesinado, el Premio Nobel Elie Wiesel afirma que el comunismo intentó “hacer tabula rasa . . . derrocar a reyes y a dioses de sus tronos para colocar en ellos a la humanidad” Para Wiesel, que sobrevivió a “la mayor instalación destructora de seres humanos de todos los tiempos”, un comunismo intolerante, decididamente antirreligioso, resulta “incompatible” [102] con el judaísmo. A pesar de ello y en todo caso, le concede a muchos comunistas, como creyentes en la utopía, intenciones positivas y los trata con simpatía. No son tan solo los antisemitas los que frecuentemente pasan por alto que al comunismo lo condenaron tanto judíos burgueses y socialdemócratas (mencheviques) como ortodoxos y sionistas; como, por ejemplo, Israel Helphand (“Parvus”) el 18 de octubre de 1919 en la publicación socialdemócrata Glocke . [103] Este otrora promotor de Trotsky fue el que arregló en su momento con el gobierno imperial alemán el legendario viaje del tren que llevó a Lenin y a su grupo a Rusia.

En sus memorias, Simon Dubnow, autor de la Historia Mundial del Pueblo Judío en 10 tomos, asesinado por un agente de la Gestapo en 1941 en Riga, llegó al extremo de hablar sobre “la terrible culpa” con la que “han cargado los judíos a través de su participación en el bolchevismo”. [104] En su artículo Los Hebreos en la Revolución, L. O. Lewin de la Liga Patriótica de los Judíos Extranjeros en Berlín (Berliner Vaterländischen Verband russischer Juden im Auslande) afirmó ya en 1923 que “la constatación de la responsabilidad de los judíos por su participación en el movimiento bolchevique “  provocaba “por lo general, irritación (razdrazhenie) e incomprensión en los círculos judíos”. [105] La causa de ello fue la amarga – y por ello por muchos desechada – observación del rabino de Moscú en cuanto a que los Trotsky hacían la revolución pero los Bronstein debían pagar por ello. Esta frase ampliamente citada implica que los extremistas comunistas fomentaron el antisemitismo, aunque haya sido involuntariamente.

La obra Dominio Mundial Judío de Hans Goslar (1919)

Hans Goslar, vocero de prensa del gobierno socialdemócrata prusiano en 1919 y muerto a principios de 1945 en el campo de concentración de Bergen-Belsen, publicó en 1919 su obra Jüdische Weltherrschaft! Phantasiegebilde oder Wirklichkeit? (¡Dominio Mundial Judío! ¿Construcción Fantástica o Realidad?) en la editorial judía Riesser de Berlín. En ese trabajo, Goslar enfrentó a los círculos nacionalistas que buscaban "un chivo expiatorio por la guerra perdida". [106] Al mismo tiempo señaló que, debido a la "hegemonía de Trotsky, el judaísmo ruso se dio cuenta inmediatamente del peligro que se desatara un enorme movimiento antisemita". [107]

Según Goslar, precisamente por el mismo motivo, varios judíos instaron al Primer Ministro bávaro Kurt Eisner a "retirarse a la vida privada" para no perjudicar a los judíos. Sin embargo, Eisner rechazó lo que consideró "una típica ideología judía alejada de la realidad y del mundo" argumentando que si ". . . todavía se insistía en diferenciar lo judío de lo no-judío y seguían quedando intereses judíos especiales, entonces tenía que decir que toda la revolución había sido en vano". [108]

Para Goslar no existían dudas en cuanto a que los revolucionarios judíos habían provocado "una enorme llamarada a partir de la chispa del odio antijudío". [109] Mencionaba, además, lo que algunos años más tarde sería denominado como el "pequeño holocausto", representado por la secuencia de pogroms ocurridos en Ucrania luego de la Primera Guerra Mundial y en los cuales decenas de miles de judíos resultaron "asesinados de la manera más brutal". Pero, a pesar de su crítica a los comunistas, Goslar no le negó cierto grado de comprensión a los "apóstoles libertarios ruso-judíos" que "habían encontrado el camino incluso hacia Alemania". Puesto que: "Hasta un gusano se retuerce cuando se lo pisa. ¿Por qué los judíos no habrían de rebelarse con una violencia elemental?" [110] Y por último, como consecuencia de la ampliamente difundida judeofobia,  Goslar constata: "Lo desagradable que comete el judío individual se encasilla siempre como acto judío y no como desvarío humano". [111]

Identidad judía y asimilación del comunismo

El autor de esta investigación, tanto por ser historiador como por haber integrado durante largos años la Sociedad para la Cooperación Cristiano-Judía, es consciente de que el tema de la identidad judía constituye un problema complejo que aquí sólo puede ser mencionado brevemente. En todo caso, a los efectos de la clarificación, hay que considerar y respetar criterios tanto objetivos como subjetivos.

Como científico y habiendo encontrado que, en los listados informáticos norteamericanos, las cuestiones judías se hallan bajo el título de ethnic studies (estudios étnicos), me atengo al principio practicado en las enciclopedias judías en las cuales, además de los judíos religiosos, se consideran judíos a los judíos bautizados cristianos y a los judíos ateo-comunistas. [112] Así, por ejemplo, el Who is Who in Jewish History (Quién es quién en la Historia Judía) publicado en 1995 en Nueva York, considera expresamente como judíos a Isaac Deutscher, Kurt Eisner, Lazar Kaganowich, Bela Kun, Rosa Luxemburg, Carlos Marx, Grigori Sinowjew y a Leo Trotsky. [113]

En estos textos no solamente se mencionan personas que tienen únicamente un progenitor judío. Mientras que, según la concepción tradicional judía, un judío o una judía debe tener una madre judía, en las enciclopedias judías aparecen con frecuencia también personas que, como Theodor Adorno, tienen tan solo un padre judío. Lo multifacético del problema y la importancia de la impronta personal así como de la percepción de la propia personalidad se puede observar en varios casos concretos. Eleonora Marx se denominaba a sí misma en Londres como "german jewess" (judía alemana) hija de una madre cristiana y de un padre bautizado. El cardenal parisino Jean-Marie Lustiger se consideraba simultáneamente francés, católico y judío, es decir, miembro del pueblo judío. [114]

Muchos judíos del Este de Europa que hablaban yiddish se consideraban integrantes de la nación judía, en especial naturalmente los sionistas pero también los marxistas. Como por ejemplo Frieda Rubiner, nacida Ichak en Lituania, una comunista de la primera hora y amiga de Lenin, que trabajó para el Comintern y más tarde fue la decana de la Escuela de Altos Estudios "Karl Marx" del Partido Socialista Unificado de Alemania, en Alemania oriental. Esta ciudadana, naturalizada soviética en 1949, consignó en un cuestionario completado en 1946 para el mencionado partido su nacionalidad como "judía" y su religión como "aconfesional". [115] También se consideró judía Ana Pauker, nacida Rahbinsohn, una destacada profesora de hebreo que después de la guerra llegó a ser la "número dos del comunismo rumano". [116] Cuando su padre – hijo de un rabino y de profesión director del coro de la sinagoga – la criticó duramente por haber quebrantado la ley del Sabbat al preparar un café, ella ¡le explicó! por qué no había ocurrido ningún quebranto. [117]

Por el contrario, entre muchos asimilados burgueses y socialistas ("rojos") su condición judía no predominó sobre otras características. A esta clase de personas perteneció Raymond Aron a cuyas clases asistí en entre 1962 y 1963 en el Instituto de Estudios Políticos de París y quien se definía como un judío "dejudaizado". [118]

Como estudiante de intercambio y también como research Student (estudiante de investigación) en el School of Slavonic and East European Studies (Escuela de Estudios Eslavos y de Europa Oriental) de Londres llegué a conocer a algunos judíos por primera vez y también atendí las clases de importantes científicos judíos, algunos de ellos emigrados de Alemania, tales como Aron, Francis L. Garsten, Alfred Grosser, Walter Laqueur, Karl Popper y Leonard Schapiro. A algunos de ellos pude llegar a conocer personalmente, con lo que perdí mi timidez inicial. Especialmente me conmovió una conversación que tuve con el famoso historiador del arte Sir Nikolaus Pevser porque, en medio de la misma, repentinamente cambió del inglés a su alemán materno. Le había enviado un ejemplar de la revista estudiantil Politicon que había sido alabado por el escritor israelí Amos Elon. [119] En la misma, conjuntamente con otros compañeros de estudios de Göttingen, yo había descripto por vez primera el pogrom del 1 de abril de 1933 así como la "limpieza de judíos" de la Universidad Georg-August, en dónde aparecía listado también el apellido Pevser.

Como alemán que se ha ocupado intensamente del pasado nacionalsocialista, también me ha interesado investigar cómo manejan los judíos el hecho que una minoría judía haya desempeñado un importante papel en el movimiento mundial comunista. Al fin y al cabo y tal como ya se ha mencionado, Simon Dubnow habló de la "terrible culpa" que los judíos bolcheviques habrían cargado sobre sí mismos. [120] Al hacerlo seguramente pensó en Lazar Kaganovich quien, como segundo hombre después de Stalin, es corresponsable de la muerte de millones de ucranianos. Esta matanza masiva fue descripta en 1990 por Alfred Gosser en su libro Ermordung der Menschheit. Der Genozid im Gedächtnis der Völker (Asesinato de la Humanidad. El Genocidio en la Memoria de los Pueblos). Stuart Kahan, el sobrino norteamericano de Kaganovich visitó a su anciano tío en Moscú después de la Segunda Guerra Mundial y conversó con él en yiddish. ¡Lo calificó de "demonio" (devil) que se había vuelto contra su propio pueblo! [121]

Chaim (Hans) Noll, quien actualmente reside en Jerusalén, relata que su padre, perteneciente a la nomenklatura de la Alemania Oriental, tuvo que negar su condición de judío por el hecho de ser marxista y que desarrolló una "verdadera alergia" a las palabras "judío" y "judaísmo". [122] Si bien Noll afirma que es improcedente presentar a "los comunistas judíos como protagonistas del . . . judaísmo", admite no obstante una "coparticipación judía en el comunismo".[123] En este sentido menciona al jefe de la Cheka de Leningrado, Moisei Uritzki – asesinado por un socialdemócrata judío – así como a Leo Trotsky. [124]

Precisamente esta coparticipación, también mencionada por Michael Wolffsohn, [125] es la que ha tratado Isaac Singer en su libro Verloren in Amerika (Perdido en América). En el mismo señala que "jóvenes judíos martirizaron y mataron hasta a personas inocentes en Rusia en nombre de la revolución", incluso a "sus hermanos judíos". [126] Sonia Margolina, la publicista moscovita actualmente residente en Berlín, se dedicó expresamente al tema de la participación de los judíos en el comunismo soviético en su libro Das Ende der Lügen. Rußland und die Juden im zwanzigsten Jahrhundert (El Fin de las Mentiras. Rusia y los Judíos en el Siglo XX) publicado en 1992. Se lo dedicó a su padre que "fue comunista y judío" y evalúa en él la "catástrofe judía" como "el punto neurálgico de la crisis europea".

Sonia Margolina escribe que "a los historiadores y a los publicistas liberales les asusta la controversia sobre esta cuestión" [127] obviamente porque – como lo señala de manera provocativa – los judíos aportaron la "élite de la revolución" y fueron al principio sus "beneficiarios".[128] Llega al extremo de calificar a Carlos Marx de "el Cristo de la modernidad" y a Trotsky como su "más fiel apóstol". [129] Este último, "creador del Ejército Rojo", está presentado como "prototipo" del "judío fuerte" en el muy discutido libro Tough Jews (Judíos Duros) [130] del historiador judeo-norteamericano Paul Breines.

Leon Poliakov, el historiógrafo del antisemitismo, pertenece a los no pocos científicos judíos que rechazan, desde su propia experiencia, estereotipos como el de que todos los alemanes son antisemitas y constituyen un "culpable" colectivo. [131] En su condición de soldado francés, prisionero de guerra, Poliakov fue dejado en libertad en 1940 por decisión de un suboficial que actuó por iniciativa propia y, antes de ello, durante el período de paz entre 1921 y 1924, concurrió como hijo de inmigrantes ruso-judíos al colegio secundario Goethe-Gymnasium en Berlín. Poliakov relata que en ese establecimiento, imbuido completamente de un espíritu nacional-alemán, no se produjo – contrariamente a lo que sucedía en la calle – ni el más mínimo altercado antisemita. [132]

Notable es también que Karl Radek, un hombre de confianza de Trotsky, haya sido un interlocutor buscado por la derecha alemana simpatizante con Rusia y de ningún modo completamente antisemita. [133] En la prisión de Moabit, Radek fue visitado por destacados conservadores y, más tarde, fue un visitante bien recibido en la embajada alemana de Moscú. [134] El periodista Alfons Paquet, que escribía para el Frankfurter Zeitung, hasta llegó a elogiar a Radek en 1919 designándolo como el "Napoleón proletario judío". [135]

El mito del "bolchevismo judío" como tema tabú

En 1992 se publicó una nueva edición de mi libro sobre la teoría de la conspiración judeo-masónica: Die These von der Verschwörung 1776-1945. Philosophen, Freimaurer, Juden, Liberale und Sozialisten als Verschwörer gegen die Sozialordnung (La tesis de la conspiración 1776-1945. Filósofos, Francmasones, Judíos, Liberales y Socialistas como conspiradores contra el orden social). Allí presenté en su momento una investigación sobre la tesis de una conspiración masónica; una hipótesis que surgió como reacción contra la Ilustración y la Revolución Francesa. En esta supuesta conspiración, desde principios del Siglo XIX resultaron incluidos también a los judíos.

Los masones humanistas hicieron su aporte para incluir a judíos asimilados en la sociedad burguesa. Fue por ello que, según la divisa "cui bono", los masones resultaron difamados como "guardia pretoriana del judaísmo" y como "judíos artificiales". En todo caso no es casual que, además de Ludwig Borne y Heinrich Marx [136] – el padre de Carlos Marx – también Moses Hess perteneciera a una logia masónica. Del lado cristiano y en Alemania, por ejemplo, Christian Dohm que publicó en 1781 su famoso escrito Über die bürgerliche Verbesserung der Juden (Sobre el mejoramiento ciudadano de los judíos) y el canciller Hardenberg que liberó a los judíos de Prusia en 1812, fueron masones.

Así las cosas, ya con aquél libro pude constatar que, cuando uno se dedica a documentar hechos incómodos, no termina precisamente apreciado por todo el mundo. Hace unos 25 años atrás tuve que soportar que se me dijera que mi tesis sobre la conspiración solo podría ser publicada en una colección científica si me avenía a ¡omitir el capítulo final que trata sobre la utilización de la tesis conspirativa por parte del catolicismo y del radicalismo de derecha! A Norman Cohn esto lo irritó tanto que calificó la pretensión de "preocupante y sorprendente" (disturbing and surprising). [137] Sucedía que en dicho capítulo aportaba las pruebas que demuestran que la idea de la existencia de un complot judeo-masónico, que muchos consideran una tesis nazi, provenía en línea directa de los adversarios cristianos de la Revolución Francesa.

También con la investigación de la variante judeo-comunista de la tesis conspirativa, y en especial con la verificación de las causas que hicieron surgir el mito del "bolchevismo judío", uno camina sobre terrenos difíciles. Esto es porque muchos "judíos no-judíos" – para usar la expresión que emplea el biógrafo de Trotsky, Isaac Deutscher, para denominar a los comunistas de procedencia judía – de hecho han desempeñado un papel de importancia histórica mundial. [138]

Cuando le envié al profesor Yehuda Bauer de Jerusalén, el manuscrito de la disertación que pronuncié en el marco de la sesión polaco-alemana-judía en el Centro Cultural Judío de Cracovia sobre el tema "Superar prejuicios" en el otoño de 1997, me contestó que, en términos generales, estaba de acuerdo con mis tesis. Sin embargo, agregó que mi correcto rastreo del antisemitismo anticomunista hasta las realidades históricas más lejanas podía ser malinterpretado por algunos.

He tomado en serio esta sugerencia y por ello he recurrido a una exposición diferenciada a fin de evitar posibles malentendidos. A tal efecto investigué especialmente a fondo la cuestión de por qué muchos judíos se hicieron socialistas y comunistas. Al hacerlo, me topé con la tesis del "círculo-diabólico" del Premio Nobel de literatura Isaac B. Singer que explica ilustrativamente las interacciones históricas existentes.

Leon Poliakov, mi interlocutor de muchos años, ya había fallecido para aquél entonces pero el 31 de marzo de 1994 había contestado un informe mío acerca del estado de mis investigaciones diciéndome: "Todo lo expuesto es correcto. Los «judíos vergonzantes» se escandalizarán. Pero al judaísmo en sí le brinda usted un servicio."

La reacción prevista por Poliakov ya la tuvo que sufrir el profesor de historia Arno Mayer de la Universidad de Princeton que se emigró siendo niño a los EE.UU. en 1940 proveniente de Luxemburgo. En su libro sobre la campaña del Tercer Reich en Rusia, presentada en su momento como una Cruzada contra el "bolchevismo judío", Mayer aisló la componente del antisemitismo político anticomunista. Al hacerlo, llegó a la irrefutable conclusión que "a los judíos se les echó en cara" el que muchos de ellos se convirtiesen en portavoces "del radicalismo social y político". [139]

Este resultado no le agradó en absoluto al doctorando Daniel Jonah Goldhagen que llegó al extremo de acusar a Meyer de "falso testimonio" recriminándole que considerara al antisemitismo racista sólo como algo "subsidiario" del racismo político. [140] Con ello Goldhagen convirtió la cuestión de la verdad histórica en una cuestión de buen comportamiento. [141]

Para quienes no les importa tanto el conocimiento científico de las causas subyacentes sino más bien el cultivo de la memoria y quienes, en relación con el genocidio judío, exigen una "conmemoración simbólico-litúrgica" para lograr una "interiorización litúrgica" de dicha conmemoración en la "memoria colectiva", [142] para ellos el análisis de las interrelaciones de los hechos históricos puede que parezca un estorbo – realmente no intencional – que interfiere en la celebración de su ceremonia.

El autor como cristiano, sabueso y documentador.

Me cuento entre los cristianos para quienes el indescriptible crimen del asesinato de judíos no puede convertirse en el "pilar fundamental" de una "religión secular". Una incipiente religión secular de esa clase es lo que detecta en muchos el historiador Moshe Zimmerman de la Universidad Hebrea. [143] El 15 de junio de 1993 asistí, en la Universidad de Bielefeld, a su ponencia sobre "La »mitologización« del Holocausto en la sociedad israelí" que ilumina el trasfondo del debate alrededor de Goldhagen. En los Estados Unidos, Peter Novick ha investigado esa "sacralización del Holocausto". [144]

En esta catalogación metahistórica del genocidio hay que tener presente que se abren perspectivas de comparación que me resultan extrañas. Como historiador y sociólogo que asume la obligación de ser sobrio e instructivo, en mi trabajo dirigido al descubrimiento de los hechos concretos prescindo de construcciones teológico-históricas. Al igual que el sociólogo Norbert Elias, al que los nacionalsocialistas persiguieron por judío y al que tuve oportunidad de conocer en el Centro de Investigación Interdisciplinaria de Bielefeld, me considero un "cazador de mitos" que quiere llegar a saber "cómo se relacionan las cosas" y que "desvela expresiones de deseos y descubre encubrimientos". [145] Para mí es válido el principio del supervisor de mi segundo doctorado, Rudolf Vierhaus, otrora director del Instituto de Historia Max Planck de Göttingen: "La consternación moral y la condena global no suplantan ningún análisis científico y no generan ningún conocimiento". [146]

El hecho de que mi anterior "Tesis sobre la conspiración" siga siendo considerada una obra fundamental después de un cuarto sigo de haber sido escrita me ha significado, como historiador y bibliotecario científico, un aliciente para llevar a cabo, durante muchos años de investigación, un trabajo durísimo que no es posible realizar en el trajín del moderno ámbito científico orientado a resultados rápidos.

A mi trabajo lo enfrento con el método empírico social-científico que se halla en las antípodas de la postura "metahistórica-teológica". Según el libro de Heien Fein sobre las perspectivas sociológicas del Holocausto, [147] esta postura es característica de aquellas personas que desean transmitir un mensaje preestablecido y omiten todo aquello que no cuadra en sus propósitos políticos.

Mientras estudiaba en Londres, visité la suntuosa tumba de Carlos Marx en el cementerio de Highgate a instancias de un becario compañero de estudios que, al igual que yo, era en aquél entonces partidario de Willy Brandt. Por este compañero me dejé convencer de asistir a una exposición del fundador de racionalismo crítico, el vienés Karl Popper, en el London School of Economics. Sobre la entrada de esta casa de altos estudios se encuentra la divisa: "Facts will make you free" (Los hechos os harán libres). Se trata de una versión modificada del versículo del Evangelio de San Juan: "La verdad os hará libres".

Hans Wagner, en su libro Medien-Tabus und Kommunikationsverbote (Tabúes mediáticos y prohibiciones comunicacionales) [148] señala que hay dos tipos de autores: los "sabuesos" y los "misioneros".  Me considero perteneciente a la primer tipo. En mi búsqueda de la verdad histórica me concentro en hacer aparentes las concepciones y los motivos que favorecieron y posibilitaron el asesinato de los judíos.

Al hacerlo hallé constantemente confirmada la frase de Egon Erwin Kisch: "No hay nada más asombroso que la simple verdad, no hay nada más exótico que nuestro medioambiente, no hay nada más fantástico de la realidad". [149] Recién en el transcurso de mis investigaciones me enteré que este "frenético periodista", proveniente de una familia judía de Praga, había sido comandante de la "Guardia Roja" en Viena hacia fines de 1918.

"Conspiración judía" y círculo diabólico

Mi objetivo es el de investigar la tesis de la conspiración judía. Me propongo analizar este mito que, según la Anti Defamation League, "impregna el pensamiento de Hitler" [150] y verificar la tesis del círculo diabólico con el criterio de Karl Popper, ya sea para confirmarlo o falsarlo. La tesis del círculo diabólico fue expuesta con sencillas palabras por el escritor yiddish Isaac B. Singer – nacido en 1904 en Polonia, emigrado en 1935 a los EE.UU. y Premio Nobel 1978 – en su novela de 1950 La Familia Moschkat.

En dicha novela un oficial de policía polaco le pregunta al señor Janowar por qué "el número de comunistas judíos es tan sorprendentemente grande". La respuesta es: "Eso, señor, se explica por la desdichada situación en que nosotros, los judíos, nos encontramos". A continuación Singer pone en boca de Janowar la tesis de "el antisemitismo genera comunismo". El oficial polaco prosigue: "De acuerdo, eso es cierto; pero ¿tienen conciencia los dirigentes judíos de que el vuelco de las masas judías al comunismo provocará un antisemitismo diez y hasta cien veces más virulento?" A lo cual Janowar contesta: "También sabemos eso. Es un círculo diabólico". [151]

Una versión algo diferente de esta tesis puede hallarse en el libro publicado en 1958 sobre el caso Dreyfus del periodista Siegfried Thalheimer quien, después de volver de la emigración, vivió como tratadista independiente en Baviera. En su investigación, Thalheimer describe a los judíos como "desheredados de la sociedad burguesa" que buscaron seguridad en los partidos revolucionarios. En realidad, sin embargo, "esta asociación, no buscada pero forzada por el destino, los expuso a un altísimo riesgo". Porque el tradicional odio antijudío nacido de la antítesis religiosa se hallaba vivo aun y se combinó "sin dificultad alguna con la enemistad hacia la revolución". De este modo habría surgido "un odio alimentado por partida doble" que Hitler convirtió "en el principal motor de su movimiento revolucionario". [152]

Tanto como para citar a un tercer testigo judío, señalemos aquí a Arnold Zweig quien, en la revista Der Jude (El Judío), publicada por Martin Buber, escribió ya en 1920: "El antisemitismo puede convertirse en odio . . . si (el judío), como portador de un movimiento o una postura intelectual general frente a la justicia y la injusticia, es presentado de un modo tal que es, o parece ser, contrario, enemigo, odiable o amenazador para el grupo mayor de orientación antisemita."

Con ello Arnold Zweig se refería a la participación de "amplios estratos judíos en el socialismo democrático y al gran número de dirigentes individuales en el bolchevismo". [153]

 

 

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Notas:


[1] )- Arthur Hertzberg: Wer ist Jude? Munich 2000, pág. 265.

[2] )- Tomo. 8. Worms 1988, pág. 183.

[3] )- Nicholas Goodrich-Clarke: Die okkulten Wurzeln des Nationalsozialismus. Graz 1997, pág. 149 y ss.

[4] )- Gregor Schwartz-Bostunitsch: Die Bolschewisierung der Welt. Munich 1929. pág. 28.

[5] )- Richard Pipes: Jews and the Russian Revolution. En: Polin vol. 9/1996, pág. 55-57 (Cita: pág. 55); Ver también: Armin Pfahl-Traughber: Der antisemitisch-antifreimaurerische Verschwörungsmythos in der Weimarer Republik und im NS-Staat. Wien 1993, pág. 114.

[6] )- Maxime Steinberg: La piste ,judéo-bolchevique? En: Yannis Thanassekos y Heinz Wismann (Editores):

Révisions de L'histoire. Totalitarismes, crimes et génocides nazis. Paris 1990, pág. 175-186 (Cita: pág. 184).

[7] )- The Jews and the European Crisis 1914-1921. Studies in contemporary Jewry IV. New York, Oxford 1988, *• 15 y ss.

[8] )- Fritz Stern: Gold und Eisen. Frankfurt/M. 1978, pág. 640.

[9] )- Manès Sperber: Sieben Fragen zur Gewalt. Munich 1983, pág. 97

[10] )- Martin Buber: Briefwechsel. T. II (1918-1938). Heidelberg 1973, pág. 15. Citado según la edición alemana.

[11] )- Hammer, Sichel, Davidstern. Judenverfolgung in der Sowjetunion. Berlin 1992, pág. 29.

[12] )- En: Franz Werfel: Zwischen oben und unten. Munich 1975, pág. 322 f

[13] )- Walter Grab (Hrsg.): Juden und jüdische Aspekte in der Arbeiterbewegung. Tel Aviv 1977, pág. 58.           

[14] )- La postal fue reproducida el 11. 1. 1994 en el Frankfurter Allgemeinen Zeitung

[15] )- Cf. Der Jude. (Editor Martin Buber) 3 (1918/19), pág. 62-68, en donde, en ocasión del 100° aniversario del nacimiento de Marx se afirma que el judaísmo tiene el derecho de festejar a "Carlos Marx como sangre de su sangre y espíritu de su espíritu".

[16] )- Adolf Böhm: Die Zionistische Bewegung bis zum Ende des Weltkrieges. Tel Aviv 21935, T. I, pág. 360

[17] )- Jaff Schatz: The Generation. The rise and fall of thejewish communists in Poland. Berkeley 1991, pág. 11

[18] )- Steven Aschheim: Brothers and strangers. The east european Jew in german and german-jewish con-

sciousness 1800-1923. Madison, Wìsc. 1982, pág. 157.

[19] )- Richard G. Powers: The history of American anticommunism. New York 1995, pág. 137.

[20] )- Berlin 1923 (Reimpresión Paris 1978), pág. 6.

[21] )- Neal Gabler: An empire of their own. How the Jews invented Hollywood. New York 1989. pág. 319.

[22] )- Markus Wehner: Neue Archivstudien über das Wirken der „Komintern“. En: Frankfurter Allgemeine

Zeitung del 18. 09. 1996.

[23] )- Cf. por ej. Heiner Lichtenstein und Otto R. Romberg: Täter - Opfer - Folgen. Der Holocaust in Ge-

schichte und Gegenwart. Bonn 1995, pág. 7: „Der Völkermord an den Juden war die Konsequenz des

Rassenwahns.“ (El genocidio de los judíos fue la consecuencia del delirio racial)

[24] )- Peter Longerich: Propaganda im Krieg. Munich 1987, pág. 82.

[25] )- Hans-Ulrich Ludewig: Arbeiterbewegung und Aufstand 1920-1923. Husum 1978, pág. 165.

[26] )- Al menos esto es así en los libros que se utilizan para la enseñanza de la Historia en los años superiores en el Estado de Nordrhein-Westfalen en Alemania.

[27] )- Sigrid Koch-Baumgarten: Die Märzaktion der KPD 1921. Köln 1987, pág. 52 ss.

[28] )- Viktor Serge: Memoirs of a revolutionary 1903-1941. Ed. Peter Sedgwick. Oxford 1963, pág. 158.

[29] )- Sigrid Koch-Baumgarten: Die Märzaktion der KPD 1921. Köln 1987, pág. 52 ss.

[30] )- Ibid. Leipzig, Wien 1919, pág. 25

[31] )- Ibid. pág. 11 ss.

[32] )- Donald Davianu: Hermann Bahr und der Antisemitismus. En: Literatur und Kritik 1988, pág. 26 (Entrevista de 1894).

[33] )- Leopold Trepper: Die Wahrheit. Autobiographie. Munich 1978, pág. 72.

[34] )- Eugen Hoeflich: Tagebücher. Wien 1999, pág. 361, Nota. 341.

[35] )- En: Sozialismus, Revolution und Judenfrage. Leipzig 1919, pág. 28.

[36] )- Mark Levene: War, Jews and the new Europe. Oxford 1992, pág. 212.

[37] )- Zosa Szajkowski: Jews, wars and communism. Vol. II. New York 1974, pág. 153.

[38] )- En: Bolschewismus, Fascismus und Demokratie. Munich 1926, pág. 69.

[39] )- Ronnie Landau: The Nazi Holocaust. London 1992, pág. 83.

[40] )- Antifaschismus. Dialektik 7. Beiträge zur Philosophie u. Wissenschaften. Hrsg. Hans-Heinz Holz. Köln 1983, pág. 92.

[41] )- Franz Kafka: Briefe 1902-1924. Gesammelte Werke, T. 3. Frankfurt/M. 1958, pág. 275.

[42] )- Leo Trotzki: Terrorismus und Kommunismus. Hamburg o. J. (1920).

[43] )- Winfried Baumgart: Deutsche Ostpolitik 1918. Wien 1966, pág. 67.

[44] )- Geoffrey Aldermann: Antisemitism in Britain. En: Jewish Journal of Sociology 1989, pág. 125-130 (Cita = abstract aus der Sociofile-Datenbank).

[45] )- Joseph W. Bendersky: The jewish threat. Anti-Semitic politics of the US Army. New York 2000, pág. 136 ss.

[46] )- Armin Pfahl-Traughber: Der antisemitisch-antifreimaurerische Verschwörungsmythos in der Weimarer Republik und im NS-Staat. Wien 1993, pág. 38 y ss.

[47] )- Henry Ford: Der internationale Jude. Tomo. 1. Leipzig o. J. (1922), pág. 28, 182, 186.

[48] )- Munich 1927, pág. 45.

[49] )- Daniel Pipes: Verschwörung. Munich 1998, pág. 205.

[50] )- James Pool: Hitlers Wegbereiter zur Macht. Bern 1979, pág. 80 ss.

[51] )- Cf. Hilaire Belloc: Die Juden. Munich 1927, pág. 118, donde este complot se califica como "tontería obvia“.

[52] )- Nesta H. Webster: Secret societies and subversive movements (1924). Reimpresión: Rando Palos Verdes, Gal.o.J, pág.382.

[53] )- Helmut Neuberger: Die Freimaurerei und der Nationalsozialismus. T. l, Hamburg 1980, pág. 315 - al igual que el Völkische Beobachter del 16. 1. 1930. Cf. Ralf Melzer: Konflikt und Anpassung. Freimaurerei in der

Weimarer Republik und im „Dritten Reich“. Wien 1999.

[54] )- Cf. Hans Habe: Ich stelle mich. Munich 1986, pág. 473: „Der ganze Antisemitismus, der rassische im

besonderen, basiert auf einer Kollektivschuldlüge.“ (Todo el antisemitismo, el racista en especial, se basa sobre la mentira de una culpa colectiva).

[55] )- Norman Cohn: Die Protokolle der Weisen von Zion. Köln 1969, pág. 157.

[56] )- Gottfried zur Beek (d.i. Hauptmann a.D. Müller von Hausen): Die Geheimnisse der Weisen von Zion. Munich 1939, pág. 27 y 40.

[57] )- Rosemberg publicó una versión revisada de los „Protocolos“ (Munich 1923, 25. Tsd.), en la cual las actividades revolucionarias de Karl Radek y de Grigori Sinoviev se incluyen actualizadas. Así, en la pág. 43 se menciona la aparición de Sinoviev en el congreso del partido socialista alemán en Halle.

[58] )- Heinz Höhne: Der Orden unter dem Totenkopf. Gütersloh 1976, pág. 302.

[59] )- Henry Ford: Der internationale Jude. Leipzig 1922, pág. 114.

[60] )- Ibid. pág. 149.

[61] )- Gustave M. Gilbert: Nürnberger Tagebuch. Frankfurt/M. 1962, pág. 262.

[62] )- Lutz Hachmeister: Der Gegnerforscher. Die Karriere des SS-Führers Franz Alfred Six. Munich 1998, pág. 157.

[63] )- Konrad Heiden: A. Hitler. Tomo. 1. Zürich 1936, pág. 89.

[64] )- Walter Laqueur: Deutschland und Rußland. Berlin 1965, pág. 99 ss.

[65] )- George L. Mosse: Die völkische Revolution. Frankfurt/M. 1991, pág. 309.

[66] )- Arno Mayer: Der Krieg als Kreuzzug. Reinbek 1989, pág. 7.

[67] )- John Lukacs: Die Entmachtung Europas. Stuttgart 1978, pág. 351.

[68] )- George L. Mosse: Die völkische Revolution. Frankfurt/M. 1991, pág. 251.

[69] )- Adolf Hitler: Mein Kampf. Munich 1938, pág. 226.

[70] )- Hans-Günter Richardi: Schule der Gewalt. Das Konzentrationslager Dachau 1933-1934. Munich 1983, pág. 31.

[71] )- Robert Wìstrich: Der antisemitische Wahn. Ismaning 1987, pág. 60.

[72] )- Gotthard Jasper: Die gescheiterte Zähmung. Wege zur Machtergreifung Hitlers 1930-1934. Frankfurt/M. 1986, pág. 156.

[73] )- Johannes Tuchel: Konzentrationslager. Boppard 1991, pág. 37.

[74] )- Heinrich August Winkler: Der Weg in die Katastrophe. Arbeiterbewegung in der Weimarer Republik. Berlin 1987, pág. 907.

[75] )- Peter Longerich: Politik der Vernichtung. Munich 1998, pág. 25 ss.

[76] )- Hermann Schueler: Auf der Flucht erschossen. Felix Fechenbach. Köln 1981.

[77] )- Art Scholem, Werner. En: MdR. Die Reichstagsabgeordneten der Weimarer Republik in der Zeit des Nationalsozialismus. Düsseldorf 1994.

[78] )- En: Commentary (1988) 77, pág. 37-43.

[79] )- En: Commentary (1988) 86, pág. 28-39 (Cita: pág. 28).

[80] )- Ibid. pág. 28.

[81] )- Ibid. Pág. 39

[82] )- André Gerrits: Antisemitism and anti-communism. The myth of Judeo-Communism in Eastern Europe. En: East European Jewish Affairs (1995) 25 , pág. 49 (72).

[83] )- Ibid. Pág. 70

[84] )- Jacob L. Talmon: Jews between revolution and counter-revolution, / Israel among the nations. London 1970, pág. 1-81 (Cita: pág. 2).

[85] )- Ibid. Pág. 71. Comparar con esto el informe del diplomático alemán Wolf Calebow: Auf dem Weg der Normalisierung. 15 Jahre Dialog mit amerikanischen Juden. (En el camino de la normalización. 15 años de diálogo con judíos norteamericanos), en donde Calebow expresa que en el ámbito del US Holocaust Memorial Council se observa una "voluntad de no reconocer el hecho de la existencia de la resistencia alemana" mientras que "un cuadro diferenciado de Alemania durante la época nacionalsocialista" se considera que "no ayuda".

[86] )- Berlin 1996, pag. 61; Peter Novick señala en su libro: The holocaust in American life. New York 1999, pág. 94, que después de la guerra las organizaciones judías intentaron evitar, o al menos limitar, "la asociación de judíos y de comunistas en la conciencia pública".

[87] )- También Rudolf Walther en su comentario sobre el libro de Ron Rosenbaum: Die Hitler-Debatte (1999) en el Tages Anzeiger (Zurich) del7. 8. 1999. Una presentación como ésa está en la línea que el politólogo londinense Sebastian Borger a principios de 2001 caracterizó de la siguiente manera en su crítica al libro de Peter Novick

Nach dem Holocaust. Der Umgang mit dem Massenmord (en: Süddeutsche Zeitung sel 12. 2. 2001, pág.

13): „Incluso el Museo del Holocausto de Washington, tan comprometido con la verdad, borró a los comunistas de su memoria.“ De hecho, la policía de seguridad y las SS, al ocupar la Rusia Blanca recibieron la indicación de fusilar inmediatamente a todos los comunistas y a todos los komsomoles. Ver Christian Gerlach: Kalkulierte Morde. Die

deutsche Wirtschafts- und Vernichtungspolitik in Weißrußland. Hamburg 1999, pág. 1055-1060. Cap. 10 : „Kommunisten, städtischer Widerstand und „Ostmenschen“

[88] )- Yehuda Bauer: A history of the Holocaust. New York 1982, pág. 59.

[89] )- Klaus Mewes: Goldhagen oder die marxistische Bescheidenheit. In: Marxistische Blätter 1997, pág. 82-84.

[90] )- Gustave M. Gilbert: Nürnberger Tagebuch. Frankfurt/M. 1962, pág. 262.

[91] )- David North: Antisemitismus, Faschismus und Holocaust. Essen 1997, pág. 11 ss.

[92] )- En: Taz del 7. 8.  1996; Compárese con la tesis de culpabilidad formulada por la Oficina del Congreso Judío Europeo: „ Esta Alemania tiene que reconocer hoy y por toda la eternidad su culpa colectiva respecto del Holocausto y de sus víctimas“ - Citado según: Konrad Löw: Im heiligen Jahr der Vergebung.Wider Tabu und Verteufelung der Juden. Zürich 1991, pág. 9.

[93] )- Cita en: Goldhagen - ein Quellentrickser? En: Der Spiegel Nr. 33 del 11. 8. 1997, pág. 156.

[94] )- Walter Mohrmann: Antisemitismus. Berlin 1972, pág. 26.

[95] )- También Jürgen Kuczynski en 1961, citado según: Bernhard Moltmann (Hrsg.): Erinnerung. Zur Gegenwart des Holocaust in Deutschland-West und Deutschland-Ost. Frankfurt/M. 1993, pág. 55.

[96] )- Lucjan Dobroszycki (Ed.): The Holocaust in the Soviet Union. New York 1993, pág. 6.

[97] )- Alexander Abusch: Kulturelle Probleme des sozialistischen Humanismus. Berlin 1967, pág. 666 - La cita proviene del trabajo „Die nationale Aufgabe der sozialistischen Kultur in der DDR“ de 1963.

[98] )- Theodor Herzl: Der Judenstaat. Leipzig, Wien 1896, pág. 22.

[99] )- Cita según: Uwe Backes u.a. (Edit.): Die Schatten der Vergangenheit. Frankfurt/M. 1990, pág. 97.

[100] )- Ernst Bloch: Karl Marx. Frankfurt/M. 1968, pág. 13.

[101] )- Arthur Koestler: Als Zeuge der Zeit. Munich 1983, pág. 38.

[102] )- Cita según: Matthias Messmer: Die Judenfrage in der Sowjetunion. Konstanz 1992, pág. 70.

[103] )- Uli Schoeler: Despotischer Sozialismus oder Staatssklaverei. T. 1. Münster 1990, pág. 446.

[104] )- Simon Dubnow: Mein Leben. Berlin 1937, pág. 224.

[105] )- En: Rossija i Evrei. Berlin 1923, pág. 121.

[106] )- Hans Goslar: Jüdische Weltherrschaft! Phantasiegebilde oder Wirklichkeit? Berlin 1919, pág. 3.

[107] )- Ibid. Pág. 19 y ss.

[108] )- Ibid. Pág. 20

[109] )- Ibid. Pág. 21 y ss.

[110] )- Ibid. Pág. 24 y ss.

[111] )- Ibid. Pág. 32

[112] )- Aparte de la Encyclopaedia Judaica (Jerusalén 1971) consignemos al Who's Who in Jewish History (New York 21995) y a las Kurzbiographien zur Geschichte der Juden 1918-1945 de Joseph Walk, Munich 1988.

[113] )- Joan Comay (Edit.): New York, London 1995.

[114] )- Jean-Marie Lustiger: Gotteswahl, Jüdische Herkunft. Munich 1992, pág. 30.

[115] )- Karin Hartewig: Zurückgekehrt. Die Geschichte der jüdischen Kommunisten in der DDR. Köln 2000, pág. 129.

[116] )- Gabriele Eschenazi und Gabriele Nissim: Ebrei invisibili. Milano 1995, pág. 4.            

[117] )- Robert Levy: Ana Pauker. The rise and fall of a Jewish communist. Berkeley, Cal. 2001, pág. 181.

[118] )- Raymond Aron: Mémoires. Paris 1983, pág. 501.

[119] )- Amos Elon: In einem heimgesuchten Land. Reise eines israelischen Journalisten in beide deutsche

Staaten. Munich 1966. En la pág. 338 Politicon atestigua sobre Elon que „con coraje y con humor el joven redactor soporta la comparación con los mejores de Norteamérica y de Inglaterra“

[120] )- Simon Dubnow: Mein Leben. Berlin 1937, pág. 224

[121] )- Stuart Kahan: The wolf of die Kremlin. New York 1987, prefacio y pág. 17.

[122] )- Hans Noll: Jüdische Selbstverleugnung. En: Deutschland-Archiv (1989) 22, pág. 769-778 (Cita: pág. 772).

[123] )- Ibid. Pág. 774

[124] )- Chaim Noll: Nachtgedanken über Deutschland. Reinbek 1992, pág. 21.

[125] )- Michael Wolffsohn: Die Deutschland-Akte. Juden und Deutsche in Ost und West. Munich 1995, pág. 14.

[126] )- Isaac B. Singer: Verloren in Amerika. Munich 1985, pág. 58.

[127] )- Sonja Margolina: Das Ende der Lügen. Rußland und die Juden im 20. Jahrhundert. Berlin 1992, pág. 7 y 10.

[128] )- Ibid. Pág. 106

[129] )- Ibid. Pág. 101

[130] )- New York 1990, pág. 103.

[131] )- Daniel Goldhagen presupone en: Hitlers willige Vollstrecker, Berlin 1996, un „Mordeifer der

Deutschen“ (un entusiasmo asesino de los alemanes) (pág. 463) y les adjudica genéricamente „una pasión por matar judíos “ (pág. 447).

[132] )- Leon Poliakov: L'auberge des musiciens. Paris 1982, pág. 34.

[133] )- Karl Schlögel: Berlin. Ostbahnhof Europas. Berlin 1998, pág. 211.

[134] )- Hans von Herwarth: Zwischen Hitler und Stalin. Frankfurt/M. 1982, pág. 53.

[135] )- Deutsche Geschichtsquellen des 19. und 20. Jahrhunderts. T. 47. Göttingen 1971, pág. 80.

[136] )- Entre 1812 y  1813 perteneció en calidad de intérprete a la Logia l'Etoile Anséatique en Osnabrück. Ver Humanität (1992) 5, pág. 13-15.

[137] )- En su crítica en: Times Literary Supplement del 17. 6. 1977.

[138] )- Los enemigos de los judíos llegan al extremo de hablar de „millions of dead victims of jewish communism“ (millones de víctimas muertas por el comunismo judío). Como, por ejemplo Michael Hoffmann, residente de Idaho, en su nota „The Jewish Communists. The documentary record“ (www. hoffmann-info.com).

[139] )- Arno Mayer: Der Krieg als Kreuzzug. Reinbek 1989, pág. 26.

[140] )- Daniel Goldhagen: False witness. En: The New Republic del 17. 4. 1989, pág. 39-44.

[141] )- Compárese con la crítica del libro de Sonia Margolinas: Das Ende der Lügen. Rußland und die Juden im 20.

 Jahrhundert. Berlin 1992, por el pedagogo Micha Brumlik en: Babylon. Beiträge zur jüdischen Gegenwart (1992) 10/11, pág. 180.

[142] ) Como, por ejemplo, Micha Brumlik: Erziehung nach Auschwitz. En: Erziehung und Wissenschaft (1995) 4, pág. 6-9.

[143] )- Moshe Zimmermann: Wende in Israel: Zwischen Nation und Religion. Berlin 1996, pág. 87.

[144] )- Peter Novick: The Holocaust in American life. Boston 1999; Edición alemana: Nach dem Holocaust.  Der Umgang mit dem Massenmord. Stuttgart 2001.

[145] )- Jürgen Kocka: Über Norbert Elias aus einer Historiker-Perspektive. En: Norbert Elias en el ZIF.  Bielefeld 1993, pág. 15.

[146] )- En: Jörg Hoensch (Hrsg.): Judenemanzipation - Antisemitismus - Verfolgung. Essen 1999, pág. 13.

[147] )- Heien Fein: Genocide. A sociological perspective. London 1993, pág. 52.

[148] )- Munich 1991, pág. 51.

[149] )- Hermann Boventer (Hrsg.): Medien und Moral. Konstanz 1988, pág. 26.

[150] )- Del texto en la Internet „The Protocols of the Learned Eiders of Zion“ de la página de la Anti Defamation League con Copyright de Junio 2000.

[151] )- Isaac B. Singer: Die Familie Moschkat. Munich 1991, pág. 652 ss.

[152] )- Siegfried Thalheimer: Macht und Gerechtigkeit. Ein Beitrag zur Geschichte des Falles Dreyfus.  Munich 1958, pág. 410 y ss. - Gerhard Zwerenz, en su carta de lector reproducida en el Frankfurter Allgemeinen Zeitung del 14. 11. 2000, „Muster der Weißen, Methode der Braunen“ hace referencia a Arno Lustiger: Rotbuch: Stalin und die Juden, Berlin 1998, señalando que las "masacres antibolcheviques de judíos" durante la guerra de Hitler se hallan en la tradición de los pogroms de los Blancos de 1917-1921.

[153] ) - En su artículo: Der heutige deutsche Antisemitismus. In: Der Jude (1920-21) 5, pág. 129-139 (Cita:  pág. 135).

 

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