Denes Martos
EL PLANEAMIENTO
POLÍTICO
Métodos, procedimientos y herramientas para la
construcción de proyectos políticos
Buenos Aires - Enero 2003
INDICE
El Destino colectivo de los argentinos - y también de los pueblos hermanos del continente - depende del uso inteligente que hagamos de las cuotas de Poder que disponemos, por cuanto el gran drama argentino hoy puede sintetizarse en dos simples palabras: insuficiente Poder. Resulta vital comprender esto en momentos en que nuestro mundo se torna crecientemente violento y peligroso, a medida que los poderosos promueven sus objetivos e intereses aplicando el uso eficaz del gigantesco poder que han sabido construir y concentrar en compactas estructuras, desde las cuales ejercen un amplio control sobre los asuntos humanos, incluso sobre los Estados nacionales de los países industrializados.
El fracaso de la dirigencia política argentina
consiste en no haber sabido construir, aumentar y consolidar el Poder colectivo
necesario para promover en forma eficaz e inteligente los intereses de nuestro
pueblo. Esta dirigencia no ha conseguido entender que el mundo globalizado del
Nuevo Orden Mundial, impuesto desde los centros de poder mundial privado, se
maneja no por el poder de la Ley, sino por la Ley del Poder.
Es preciso, entonces, que diseñemos y apliquemos políticas realistas
basadas en una correcta comprensión de esta realidad. Pues, por encima
de toda otra consideración, el mundo actual se rige por el Poder, y la
Ley del Poder es una ley de hierro:
Quién tiene Poder lo utiliza para promover sus objetivos e intereses, y quienes no lo tienen deben conformarse con sufrir las consecuencias de las acciones de aquellos que ejercen su Poder para promover sus propios objetivos e intereses.
Es una realidad dura y fría; pero es la realidad,
nos guste o no. De forma tal que la gran asignatura pendiente de la Argentina
surge clara y simple: debemos construir Poder.
El Poder se construye desde la Política y debe fundamentarse en conceptos
normativos. Pero también debe abarcar una praxis coherente, consistente
y secuencial que permita prever y planificar distintos aspectos que hacen a
la conducción, administración y gerenciamiento del Poder dentro
del ámbito de una Política con mayúscula.
En el presente ensayo, Martos trata, precisamente, aspectos muy prácticos
y concretos que hacen al ejercicio del Poder político. El planeamiento
es una pieza clave para enderezar el rumbo de la gran Nave Patria, hoy a la
deriva, pues no sólo hemos confiado el timón de esa nave a ineptos
carentes de talento y visión, sino que encima les hemos permitido que
desguasen el motor y se roben todo el combustible. Es así que hoy nos
hallamos varados, sin rumbo y hasta sin propulsión.
Ironía del Destino, pues, ha sido precisamente, la Argentina la que le ha dado a los pueblos del continente excelentes doctrinas y ejemplos de voluntad soberana. Generadora de doctrina, la Argentina no supo, sin embargo, crear escuela para garantizar la aplicación de esa doctrina - en forma continua y sostenida - a la solución de los problemas reales y concretos que plantea un mundo peligroso e injusto. El mérito de este ensayo de Martos es el aporte que hace para suplir esta falencia, poniendo a nuestro alcance los métodos, los procedimientos y las herramientas que permiten la construcción de proyectos políticos, desde su etapa de diseño y pasando por la fase de puesta en marcha, hasta la previsión de los riesgos que podrían llegar a hacerlos fracasar.
Dicen que una de las manifestaciones más peligrosas de la locura es cuando existe falta de concordancia entre los objetivos y los medios para lograrlos. Es entonces cuando se construyen "castillos en el cielo", sin asidero ni viabilidad. Cuando se reemplaza la realidad por las maquinaciones de la imaginación el deseo y el voluntarismo se apasionan en desmedro del pensamiento lógico, coherente y secuencial. Pero ocurre, también, que la realidad rápidamente se impone, pues la Señora Lógica no admite de buena gana que se vulneren sus preceptos. Soportará que se los tuerza por algún tiempo pero, a la larga, terminará imponiendo sus principios con mucho dolor y daño para aquellos transgresores que se dejan seducir por vacuas palabrerías.
Así, nuestros "dirigentes" políticos creen que todo puede lograrse aplicando crecientes dosis de voluntarismo y declamaciones - que a menudo no hacen más que encubrir caprichos ignorantes y mentiras flagrantes. Pero tarde o temprano la realidad se impone y, debido a los múltiples, inesperados y crecientes fracasos, las frustraciones comienzan a erguir sus cabezas monstruosas. En una última y decadente etapa, al final se impone el "pensamiento mágico"; último refugio de quienes han ignorado toda razonabilidad y lógica. Carente de una base realmente sólida, el supuesto "dirigente" recurre al escapismo de lo mágico, escondiendo su total esterilidad creativa detrás de frases tan grandilocuentes como vacías: "síganme, no los voy a defraudar ", "con democracia se come, se cura y se educa", "si quieren venir, que vengan ", "¡se puede! "
Pero en Política debe guardarse una adecuada consonancia entre objetivos logrables y los medios para llegar a ellos, pues: otra ley de hierro:
En Política se hace lo que se debe y no lo que se quiere; con lo que el secreto del éxito consiste en saber qué es posible y que no es posible, para luego hacer posible lo necesario.
Naturalmente, todo ello es mucho más complejo
de lo que nuestras "clases dirigentes" creen. Es que las cosas no
siempre son lo que parecen. A menudo, uno puede claudicar por ignorancia; o
sea: por no saber que aún dispone de fuerzas y oportunidades no identificadas
ni explotadas. Algo así como aquél hombre que se murió
de sed en medio del desierto, sin saber que apenas 40 cm debajo de dónde
se dejó caer vencido yacía enterrada una cisterna repleta de agua
fresca. De haberlo sabido, fácilmente hubiera transformado una situación
de muerte en otra de supervivencia. Claramente, el conocimiento es Poder; y
el primer conocimiento es el auto-conocimiento. Saber lo que uno puede y lo
que no puede hacer; conocer las propias limitaciones y potencialidades. Toda
fuerza propia no descubierta o identificada, para nada sirve pero, una vez descubierta,
se transforma en Poder y a menudo con una proyección sorprendente.
Simétricamente, un enemigo o adversario, por más formidable que
parezca, siempre tiene alguna debilidad. Si se identifica correctamente una
debilidad en el adversario, la misma se transforma en una fuerza propia. Si
debemos negociar con alguien muy, muy poderoso, seguramente nos sentiremos muy
vulnerables. Pero, si le descubrimos alguna debilidad, algún temor, algún
"muerto en el ropero", alguna fobia o irracionalidad, esa debilidad
se transformará en un arma que podremos utilizar en el momento más
oportuno. Y ese momento oportuno surgirá de una estrategia adecuada,
que será tanto más exitosa si se la implementa con prudencia y
se utiliza el factor sorpresa. De ahí una tercera ley de hierro:
Para acrecentar el Poder, es necesario conocer las fuerzas propias, desarrollándolas al máximo, al tiempo que se identifican las debilidades del adversario para atacarlo dónde y cuando menos lo espera.
En este ensayo, Martos propone un método riguroso, secuencial y coherente para diseñar un proyecto político y, además, para determinar si los objetivos de ese proyecto se condicen (o no) con las posibilidades ofrecidas por una realidad que incluye fortalezas, debilidades, oportunidades y amenazas. Así, el método no solamente le hace honor a la máxima de que la única Verdad es la Realidad sino que obliga, además, a incluir en esa Realidad también al adversario con todas sus fortalezas y debilidades. Con ello, lo que obtenemos es una herramienta que permite aumentar al máximo las posibilidades de éxito en la Política.
En la Argentina es necesario que la opinión pública aprenda a diferenciar los proyectos bien estructurados de las simples propuestas. Un proyecto no solamente se compone del objetivo sino, además, de todos los caminos y de todas las alternativas viables para lograrlo. A modo de ejemplo, si una persona que vive en Buenos Aires se propone almorzar mañana con un amigo en Tucumán, no basta con que exclame, exultante y convencido, "¡mañana almorzaré en Tucumán!", - al estilo de nuestros politiqueros con sus frases huecas al estilo de "¡vamos a sacar al país adelante!" "¡vamos a mejorar la economía y el nivel de vida del pueblo!", y las consabidas promesas de "¡vamos a levantar las persianas de las fabricas!" o "¡haremos la revolución productiva!". Pues, hecha la enunciación de algún objetivo - el famoso "Vamos a ." - el punto clave es determinar cómo se lo va a lograr.
Siguiendo con nuestro amigo que se propone almorzar mañana en Tucumán, queda claro que deberá saber elegir inteligentemente entre las opciones que tiene para trasladarse de Buenos Aires a Tucumán. En teoría, puede hacerlo en bicicleta, o incluso caminando, pero ello le demandará un enorme esfuerzo que seguramente no se condice con la importancia del objetivo y, desde ya, le llevaría semanas de tiempo. Si debido a sus limitados recursos económicos, decide realizar su viaje en ómnibus, entonces tendrá que moverse rápido y embarcarse esta misma noche, soportando la incomodidad de dormir en una incómoda butaca; pero al menos llegará a tiempo a su cita. Por último, le queda la mucho más atractiva opción de dormir cómodamente en su cama y emprender su viajar a la mañana siguiente por avión. Sin embargo para ello deberá antes determinar si dispone de los medios financieros para solventar el alto costo de un pasaje aéreo. Y también deberá tener en cuenta que, mientras un viaje más extenso y barato en micro le garantiza que su viaje difícilmente se verá desarticulado por un eventual mal tiempo, si decide ir en avión bien podría ocurrir que su vuelo se frustre a raíz de alguna adversidad meteorológica; lo que haría que no llegue a Tucumán en absoluto.
Como se ve, cada opción tiene sus pro y sus contra en términos de recursos en dinero, tiempo, riesgos y otros aspectos. Cada uno, representa un camino lograble en marcos diferentes y se deberá decidir cual de ellos se ha de transitar. El planeamiento, verificable en un ejemplo tan prosaico de la vida privada, aumenta enormemente en su complejidad cuando se lo aplica a la Política de toda una nación.
Por eso, cuando oímos a nuestro políticos
enunciar sus consabidas manifestaciones de lo que "van a hacer",
una opinión, pública esclarecida debería exigirles que
nos digan "cómo" lo piensan hacer. Si no consiguen explicar
eso, sus propuestas no serán más que castillos construidos en
la arena, prontos a ser barridos por la primera ola de Realidad...
Es así que en Política, el planeamiento es un factor clave de
éxito. Sobre este factor, Martos expone una síntesis de los lineamientos
metodológicos necesarios para que el logro de objetivos colectivos superiores
en un entorno mundial muy hostil y peligroso, tenga las mayores posibilidades
de prevalecer. Va de suyo que se trata de una metodología que se inserta
dentro del amplio ámbito de la Conducción Política que
no sólo es una ciencia, sino por sobre todo, un Arte. Y este arte de
hacer posible lo necesario necesita de buenos proyectos. Pero, una vez logrados
los buenos proyectos, para su ejecución siempre se necesitarán
equipos de verdaderos Estadistas, con hombres y mujeres que reúnan las
tres cualidades fundamentales e indispensables de todo Estadista: idoneidad,
voluntad e intuición.
Adrián Salbuchi - Buenos Aires, Enero 2003
Estamos a comienzos del Siglo XXI y si hay algo que nos está quedando en claro ese algo es que las ideologías y las cosmovisiones políticas del Siglo XX - en gran medida heredadas, a su vez, de la mitología intelectual de los Siglos XVIII y XIX - necesitan una profunda revisión.
Precisamente, luego de la caída
del Muro de Berlín, que simbolizó de alguna manera el atascamiento
definitivo del socialismo dogmático, el fenómeno de la globalización
impulsó una revisión diseñada por los intelectuales del
sistema capitalista quienes, desde diversos think tanks (
[1] ) propusieron, esencialmente un nuevo "modelo" económico
pero requiriendo, a su vez, otro nuevo "modelo" político para
el Estado.
Surgió así la propuesta - explícita o implícita
- de la "progresiva disolución controlada de los Estados-Nación
soberanos" según la ya casi clásica definición
de Zbigniew Brzezinsky, en un marco conceptual que, en lo político, si
bien retenía la estructura formal de las democracias capitalistas del
Siglo XX, exigía no obstante una sustancial limitación de las
funciones del Estado a cuatro áreas básicas, mediáticamente
definidas como salud, educación, seguridad y justicia.
Este "neoliberalismo" - que existe como desarrollo intelectual aún cuando sus propios partidarios, por cuestiones tácticas y propagandísticas últimamente tienden a negarlo - dejó por el camino justamente a las tres funciones básicas y esenciales de todo Estado: la síntesis, entendida como la capacidad de armonización de las fuerzas divergentes siempre presentes en todo organismo sociopolítico; la previsión, entendida como la facultad de planificar la acción política en función de un futuro necesariamente positivo; y la conducción, entendida como el arte de dirigir y gobernar a conjuntos políticamente organizados de seres humanos.
Los resultados concretos del proyecto político neoliberal, montado a modo de una casi clásica "superestructura" marxista sobre el proyecto económico de la globalización, están hoy bastante a la vista después de varias décadas de elaboración, promoción, ejecución y - en algunos casos - hasta de imposición a través de presiones ejercidas por organismos internacionales. Y estos resultados, son altamente controversiales, por decir lo menos.
En términos estrictamente políticos, aplicables aún a aquellos países en dónde el proyecto ha conseguido mantener o alcanzar un alto nivel socioeconómico, lo que se ha logrado en realidad es convertir a las democracias dependientes de ideologías políticas en democracias dependientes de factores financieros. Del gobierno de partidos políticos adscriptos a determinada ideología hemos pasado al gobierno de sectores políticos adscriptos a los intereses de organismos económico-financieros. Con lo que la democracia liberal - que ya venía desde su nacimiento fuertemente relacionada con la burguesía económica - se ha convertido hoy en una plutocracia manifiesta dónde lo que primordialmente decide el acceso al Poder político formal es la cantidad de dinero disponible para las campañas mediáticas mientras el Poder financiero real se mantiene en la posición del decisor que determina quién tendrá, y quien no tendrá, los medios suficientes para solventar una campaña electoral.
En la Argentina hemos asistido en las últimas décadas a una implementación imperfecta de este modelo. Con ello, a los políticos e intelectuales neoliberales locales les ha quedado como argumento el mismo recurso que otrora tenían los marxistas cuando se les señalaba la inviabilidad intrínseca del materialismo dialéctico aplicado a la Política. Porque, así como los dirigentes marxistas argumentaban antaño que el "Paraíso Proletario" comunista sería una realidad una vez terminado de "construir el socialismo"; del mismo modo los partidarios del modelo neoliberal en la Argentina argumentan hoy que las bondades de la globalización y del Estado administrador propuesto no se han logrado debido a que, en realidad, el modelo no ha sido todavía implementado o, lo que es peor aún, ha sido pésimamente manipulado por una corporación política fundamentalmente corrupta e inepta.
El gran problema aquí es que la discusión resulta, en gran medida, circular. Porque, si bien es muy cierto que la dirigencia política argentina es increíblemente corrupta y la política argentina se financia más con dinero robado al Estado que con dinero pedido a las corporaciones económico-financieras; si bien también es inocultablemente cierto que la implementación del modelo neoliberal en la Argentina fue por demás chabacana, poco sería, parcial e ineficiente; tampoco deja de ser cierto que el Estado argentino ha terminado prácticamente paralizado en cuanto a la posibilidad de cumplir con sus funciones esenciales arriba apuntadas ya que, mal o bien implementado, el modelo mismo propone un "Estado residual" embretado en un sistema plutocrático en dónde el margen de maniobra para las decisiones políticas fundamentales es casi inexistente.
Al final de un análisis desapasionado, lo único que resulta claro es que ni la dirigencia política argentina ha sabido estar a la altura de las circunstancias ni tampoco el modelo propuesto es viable dentro del marco de un mínimo indispensable de decisión política soberana y un Estado orientado a sus funciones específicas.
Dados estos datos de la realidad, los escenarios que pueden preverse para las próximas décadas de nuestro recién nacido Siglo XXI no son demasiado difíciles de construir.
El modelo neoliberal - más allá de los procesos inherentes al desarrollo global económico y tecnológico - está condenado al fracaso casi exactamente por los mismos motivos por los cuales el modelo marxista fracasó - más allá de las también naturales aspiraciones a la justicia social inmanentes al socialismo.
Ambos modelos han fallado en comprender al Estado y en entender la naturaleza básica de la Política como actividad relacionada con el Poder. Ambos modelos tienden a una distorsión de las funciones del Estado y ambos modelos proponen una Política como actividad relacionada con otros objetivos sin tomar en consideración que es el Poder político (y no la Política en si) lo que puede hacer eventualmente posible el logro de esos objetivos.
Lo previsible para el mediano y largo plazo, pues, es:
A)- Una
revisión de la Política como disciplina y como actividad;
B)- Una reestructuración y reingeniería
de los sistemas políticos;
C)- Una revalorización de las funciones
esenciales del Estado y
D)- Una renovación sustancial de la dirigencia
política.
Estas cuatro tendencias básicas marcarán, sin duda, la orientación de la Política a lo largo del Siglo XXI.
Dentro de este marco, el presente trabajo está dedicado puntualmente a una de las funciones esenciales del Estado: la función de previsión y planificación. Intentaremos mostrar aquí los métodos y las herramientas disponibles para la construcción de proyectos políticos viables, así como las nociones básicas de su utilización y aplicación.
Queda implícito por todo lo dicho, que éste es sólo un aspecto parcial de un terreno mucho más amplio en dónde hasta todavía se discute - y muy probablemente se seguirá discutiendo - cuanto hay de ciencia y cuanto de arte.
Pero, sea como ciencia o como arte, los buenos proyectos son imprescindibles. Sin un buen proyecto, lo único bueno que se puede llegar a tener en Política son buenas intenciones. Y con estas buenas intenciones se podrá construir un buen discurso pero muy difícilmente se pueda desarrollar una buena gestión de gobierno.
Con todo, sea subrayado aquí también que aún los mejores proyectos de muy poco servirán si no cuentan con las personas adecuadas para ejecutarlos. En muy última instancia, nunca dejará de ser cierto que ninguna actividad política será jamás mejor que las personas que la hacen. Precisamente esto es lo que hace imperiosamente necesaria la renovación sustancial de la actual dirigencia política que, a grandes rasgos y quitando rarísimas y honrosas excepciones, ha fracasado en prácticamente toda la línea.
Sin embargo, no olvidemos que la inversa también es cierta: buenas personas, sin proyecto, nunca tendrán grandes oportunidades en Política.
De modo que el desafío es lograr ambas cosas. Porque así como el camino al infierno está sembrado de las buenas intenciones de buenas personas, también es cierto que muchas veces los problemas que padecemos no provienen tanto de malos proyectos de malas personas sino más bien de muy buenos proyectos construidos por malas personas, o de proyectos increíblemente estúpidos de personas que, en el fondo, no dejan de ser buenas personas.
Denes Martos, Enero de 2003
Notas:
[1] )- "Tanques" de cerebros o "Bancos
de Cerebros". Una expresión familiar que denota a los equipos
de intelectuales, expertos y especialistas, contratados o reclutados por grandes
instituciones o empresas, con la misión principal de diseñar
planes o alternativas de acción y de opción. (Volver
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